Vigilados (bajo vigilancia)

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Summary

En el Reino Ghordian, Miguel, un zombie, y su mejor amigo Víper, un híbrido entre humano y serpiente, descubren en el bosque a una misteriosa chica proveniente de otra dimensión, caída junto a una extraña luz celeste. Su llegada no es casual. Pronto, ambos se verán arrastrados a un conflicto que no comprenden del todo, donde fuerzas desconocidas comienzan a moverse y nada es lo que parece.

Genre
Fantasy
Author
Richard
Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Un Encuentro Casual

Escena 1:

En el muelle del Reino Ghordian, las pequeñas olas del mar que golpean los barcos, sacudiéndolos de tal manera que los tripulantes se tambalean, se caen o se le caen las cosas de las manos.

También golpean la arena de la playa, en la cual varios niños juegan haciendo castillos de arenas, asumiendo roles de reyes, caballeros, princesas o bestias.

Normalmente son los niños orcos, o niños humano-orcos, los que hacen de bestias junto a otros niños con apariencia monstruosa.

Mientras que los niños humanos, o de apariencia hermosa como los niños hadas, son los que hacen de reyes o guerreros.

A un par de metros, en una zona llena de piedras que las olas golpean, está sentado un joven de piel verde y con partes de su cuerpo expuestas, como la carne y huesos, pero podridos.

El joven miraba la escena con sus grises ojos, mientras el aire movía su negro cabello.

Su mirada está fijada en un niño que es como él y que obviamente hace el rol de bestia. El joven gira su mirada hacia el mar. Sólo mira, sin ninguna expresión mas que la seriedad, a su lado hay un viejo diario, con una peculiar cinta marcadora rojo oscuro y el marco igual o más desgastado que la piel del joven.

El viejo diario ya parecía querer irse con el viento, pero justo una mano lo agarra, una mano de piel amarillenta pero pálida. Luego, se sienta al lado del joven un chico con un dorado cabello largo, bien peinado, ojos verdes pero con pupilas como de una serpiente.

El joven ve hacia el mar, pero luego gira su vista al chico zombie, más específico a su rostro.

—¿Cómo hacesss esso? —pregunta, mientras su delgada lengua de punta separada en dos salía de forma natural.

—¿Hacer qué? —pregunta, confundido, el chico zombie.

—Resspirar sin narizzz, jaja —responde, mientras reía, enseñando sus perfectos dientes blancos con dos colmillos.

—Eres un maldito idiota — el chico zombie también sonríe, sorpresivamente, sus dientes son perfectos. Que mal que el resto de él no—, Víper te tenias que llamar.

—¿Y qué mierda significa esso? ¿Qué todoss los Víper son iguales de hermososs y chisstososs? —pregunta, Víper, mientras seguía sonriendo y le daba su diario.

—Puede ser, si — El chico zombie recibe el diario.

—Entonces, bajo essa lógica, todoss losss Miguel serían como tú —dice, Víper, mientras señala con su dedo todo el cuerpo de Miguel.

—Puede ser, como sea — Miguel se pone de pie—, Ya me tengo que ir, ¿Me acompañas?

—Ssiempre, mi queridissimo amigo putrefacto — Víper se pone de pie también.

Ambos caminan hacia la playa y se detienen a un lado de los niños jugando.

—Hektor, ya es hora de irnos —dice, con un tono de voz algo alto, Miguel a su hermanito.

El niño, igualito a Miguel, se acerca sonriendo y corriendo hacia su hermano mayor, quien lo carga con algo de dificultad.

—¿Enserió?, ya estass grande para eso, pequeño —dice, con una sonrisa, Víper.

Hektor solo le saca el dedo de en medió, provocando que la sonrisa de Víper se ampliará.

—Míralo, tan pequeño y ya tan machito — Víper le alborota el cabello.

—Pues tu fuiste quien se lo enseñó — Miguel sonríe, y baja a su hermanito, quien ahora camina agarrado de la mano de Miguel.

Escena 2:

Cerca de ahí, en un puesto de hierbas medicinales, dos jóvenes morenos, hermanos, uno hace guardia mientras que el otro mira una de las hojas mitigulosamente.

—¡Will, rápido! —dice uno, chequeando a cada rato del que el dueño no los vea.

—Aguanta... aguanta... ¡Lo tengo, agarra las otras 5! ¡De prisa, Bill! —dice el otro, mientras agarra unas 6 hierbas.

Bill agarra las otras.

Justo el dueño los ve.

—¡Oigan, malditos ladrones! —gritó, llamando la atención de todos.

Los dos hermanos salen corriendo a toda prisa. El dueño los ve irse, sabiendo, por experiencia, que seguirlos es inútil.

—Malditos desgraciados —dice para si mismo, mientras que una pelirroja chica se le acerca por detrás.

—Tranquilo señor Berb, esto va a parar a algún día — la pelirroja, que viste como toda una vendedora de puestos, pone su mano en el brazo del señor Berb.

—Si le dijieras a tus padres, sería más rápido — El señor Berb regresa a sus asuntos con el puesto.

—Créame que lo hago, pero de tanto trabajo que tienen, se les olvida —dijo, apenada, la pelirroja poniendose al lado del señor Berb.

—Esta bien, Emma, ayúdame atendiendo a los clientes — Señala el señor Berb y la pelirroja solo asiente y va.

Emma se acerca a la barra, donde Hektor, Miguel y Víper están parados del otro lado.

—Hola, ¿En qué puedo ayudarlos? —exclamá Emma con una sonrisa.

—Ah, me da un par... de esas hierbas que están por... ahí —dice Miguel, apuntando su vista y dedo hacia la izquierda.

Su vista se regresa a Emma, por unos instantes.

Sus ojos grises se cruzan con los verdes de ella.

—Esta bien, aquí tienes — Emma, soltando una risita, agarra un par de hierbas y se las da a Miguel.

—Ah... much... muchas... gracias — Miguel deja el libro a un lado y de su bolsillo saca, torpemente, unas monedas y las empieza a contar.

—Wow, que libró más peculiar, ¿Qué contiene? —pregunta Emma, intentando tocar el libro, pero Miguel lo aparta.

—Aquí tienes, muchas gracias —dice, de forma rápida y brusca, Miguel a la vez que le da unas monedas a Emma

Luego, Los tres se retiran, tropezando entre si, sin decir nada más.

Escena 3:

—¡Demonioss!, pero que hermosa es esa princesa —dice, con sus manos en su cara, Víper subiendo las escaleras, que rechinan un monton, de un hotel junto a Hektor y Miguel.

—Si... lo es —dice Miguel agarrando el libro con fuerza, mientras mira los escalones.

Los tres se detienen en una puerta de madera, casi desgastada, y la abren.

Adentró, un hombre de unos 55 años camina de un lado al otro con un palo de madera en sus manos.

Al verlos, corre hacia ellos para golpearlos, mientras grita.

Miguel empuja a Hektor contra una esquina, mientras que Víper y él esquivan al hombre. Víper lo abraza desde atrás, reteniendo sus brazos.

—¡Rápido carajo, denle su maldita medicina! —grita Víper, haciendo fuerza contra los brazos, extrañamente fuertes, del hombre.

—¡No, no! ¡No me van a silenciar! ¡Los voy a enmascarar! ¡Asesinos, usurpadores, vigilantes! — Eso y entre otras cosas salían de la boca del hombre.

Miguel, agarra una jarra de cerámica y sirve un líquido en un vaso del mismo material.

Se acerca al hombre, le abre la boca a la fuerza y le mete el líquido.

Cubre la boca del hombre con su mano, para que no escupa el líquido. Poco a poco, el hombre pierde fuerzas y sus ojos se cierran, hasta que todo el peso de su cuerpo cae en los brazos de Víper.

—Ah, carajo, ¿Dónde te lo pongo? —dice Víper sintiendo que la fuerza en sus brazos se le va.

—En la cama —dice Hektor apuntando hacia una de las tres camas que hay en el cuarto.

Miguel ayuda a Víper a echar al hombre en la cama.

—Ah mierda, eso sí estuvo de la mierda —dice Miguel respirando aliviado y apoyado en la desgastada pared del cuarto.

—Cada día Ben se pone peor, enserió Miguel tienes que enviarlo a uno de esos lugares para ancianos —dice Víper respirando igual que Miguel, sentado en el pisó con la espada apoyada en la desgastada pared.

—¿Tienes idea de cuando cuestan esos lugares? No tengo dinero suficiente — Miguel avanza hacia una mesa, agarra una jarra pequeña de cerámica y sirve té en un vaso grande.

Miguel toma un sorbo del té y cierra los ojos, mientras exhala lentamente y abre los ojos.

Mientras tanto, Hektor se echa en otra de las camas y cierra sus ojos, sin decir nada, se va durmiendo.

—¿Y descubriste donde conseguir más hierba de este tipo? —pregunta Miguel agarrando una de las hierbas que acaba de comprar.

—Si, en un bosque cerca de aquí, aunque entre tantos exploradores, cazadores y mercenarios; encontrar aunque sea una será difícil —dice Víper poniendose de pie.

Miguel toma otro sorbo de té.

—Pues, no se pierde nada si vamos, si encuentro aunque sea unos 12, no tendré que preocuparme tanto sobre gastos y esas cosa — Miguel, atentamente, mira por la ventana, que esta algo tapada por tablas de madera.

—Bueno, a tu lado siempre putrefacto amigo — Víper camina hacia la puerta—, Iré por unas cosas a mi casa y pasó por ti, nos vemos.

Víper se va.

Miguel, se sienta en una de las camas, agarra el libro que está que dejó caer al pisó.

Y lo abrió en una parte al hazar y lee.

"Querido Miguel, la vida suele darte inesperadas sorpresas, ja, créeme lo sé por experiencia propia"

El diario de su padre, desaparecido hace mucho cuando se fue a hacer una misión en el mar. Posiblemente este muerto, algo irónico para un zombie.

Miguel acaricia el diario con una suavidad, en especial la cinta marcadora que trae, al tocarla, Miguel, con el ceño fruncido, siente el raro material del que está hecho.

Deja el diario a un lado y toma otro sorbo de té.

Escena 4:

Miguel y Víper caminan por el bosque, mirando hacia abajo esperando encontrar las tan dichosas hierbas.

—Ah, carajo, Miguel ya llevamoss aquí como 2 horas — Víper se sienta, apoyándose en un árbol.

—No seas perezoso, no encontraremos nada si sigues con esa actitud pesimista — Miguel examina cada hierba que ve, esperando encontrar la que desea.

Pero todas son hierbas normales.

—Pues a este paso solo encontraremos mercenarios que intentarán matarnos — Víper se pone de pie, avanzando.

Miguel va detrás de él.

—Pues, por suerte trajiste tu navaja ¿O no? — Miguel se pone a la par de Víper y lo detiene.

Víper se queda callado sin decir nada, mirando a todos lados menos a Miguel.

Miguel estampa su mano contra su frente.

—Ah lo que nos faltaba —dice sin mirar a Víper.

Víper desenvaina su navaja.

—Ja, ess broma nunca salgo sin ella — Víper sacude la navaja como si de un juguete se tratase, mientras sonríe burlón.

—Aah, pero como mataría por estar en otro lugar ahora missmo —dice Víper mientras bosteza.

—Yo también —dice, Miguel, en voz baja, con una ligera sonrisa.

Miguel mira al suelo, pensando en su padre. En eso nota algo que le abre los ojos como platos.

—¡Mierda, si! — Miguel se pone de rodillas y empieza a recoger hierbas de Ekury, una de las mejores hierbas medicinales.

Víper se da la vuelta rápidamente, se arrodilla junto a su amigo, mientras sonríe.

—Si, carajo ¡Somos los mejores! — Víper recoge las hierbas mientras grita.

Miguel ríe al escucharlo.

Al terminar, ambos caminan de regresó.

Hablando de varias cosas normales, hasta que escuchan a fuerte sonido de tambor.

Al girar, como suricatas, hacia donde provino el sonido, ambos poco retrocedian.

Sin hacer ningún tipo de ruido, y calmarse. Sin embargo, una gran luz celeste apareció de la nada, cegando momentáneamente a ambos amigos.

—¡Mieeeerda! —grita Víper tapándose los ojos mientras intenta que el fuerte aire no lo saque volando.

Miguel, sin ver, se agarra de Víper y de un árbol. Haciendo tanta fuerza, que parecía que se le iban a romper los brazos y piernas.

Para su suerte, la luz empezó a desvanecerse poco a poco, y ambos cayeron al piso exhaustos.

Respirando aliviados, mientras la visión volvía a sus ojos.

Se quedan en el suelo, mientras recuperan fuerza y energía. En eso, ven a alguien echado frente a ellos.

Entre ellos, se ponen de pie y se acercan a la persona.

Una chica, de ropa rara, un largo y lacio cabello castallo y una piel mestiza.

—¿Y quién putass ess ella? —dice Víper mirando a la chica.

—No sé —contesta Miguel, para después, sin él mismo entender, mira a su alrededor una y otra vez.

Víper hace lo mismo.

Ambos saben que sin duda alguna, esto fue algo muy unusual, poderoso y peligroso.