Chapter 1
Resulta que ver fijamente el suelo opaco del baño no te da respuestas inmediatas a ninguna duda, en realidad los mosaicos solo te confunden más y terminas con muchísimas ideas amontonadas.
Scarlett Roschel entiende demasiado tarde que mirar el piso de su baño no la llevara a ningún lado.
Le resulta tan absurdo como hacerle preguntas existenciales a un gato, el gato quizás solo se burle de ti y te vea con las respuestas sin ganas de dartelas, el mosaico no porque es básicamente algo inanimado.
Y entonces ella está atrapada en un espiral sin sentido, raro, molesto y que ciertamente pica en su cabeza, como gusanos, pequeños gusanos removiendose en su cerebro buscando incomodarla, tanto como sus propios recuerdos la incomodan a ella.
De alguna forma es más seguro permanecer sentada en el inodoro, con las bragas abajo y los codos clavados en sus muslos. Hay algo ciertamente poético en estar sentada a oscuras en su baño. De alguna forma es más sencillo y siendo honestas alguien como Scarlett jamás iría a un bar o pasaría el tiempo con una amiga para ahogar sus penas, ella prefiere llegar a su casa, sentarse en su cama y pensar, en esta ocasión no se encuentra enredada en la seguridad que le brindan sus mantas.
Esta vez acabó sentada en la taza mirando el mosaico sucio. Y ella no es una persona desordenada, por supuesto que no, Dios sabe cuanto odiaría ver su apartamento hecho un basurero, la verdad tras su repentino desorden solo fue culpa de su apuro, del intento desesperado de llegar a casa y encerrarse en esa habitación con los zapatos llenos de barro.
En ningún momento se frenó a ver que usaba, es parte del encanto que trae el pánico, jamás te fijas en tus tonterias.
Era un lindo desastre, ella quiere pensar que es lindo porque es más sencillo lidiar con su afán de limpiarlo. A veces es demasiado tonto, a veces demasiado necesario.
El punto, del cual se está desviando otra vez, es que precisamente esa noche, Scarlett necesita tener respuestas certeras, de inmediato. Hay muchas situaciones que le ponen los pelos de punto y, sinceramente, pocas veces se toma el tiempo de reflexionar al respecto, hoy no es de esos días, hoy es una completa basura llena de cuestiones que le provocan dolores de cabeza de solo recordarlo.
Pero vamos al punto, el pequeño palito de plástico que descansa sobre el lavabo. Oh la dichosa tortura que a cualquier mujer le pone los pelos de punta.
Ella amaría decir que su inquietud nace del resultado de esa prueba de embarazo, pero lo cierto es que no, realmente no tiene interés en saber de la probabilidad.
Scarlett es completamente consciente de que el sabor amargo en su boca tiene el nombre de Frederick Castro. Ese desagradable hombre que conoció un viernes en su pastelería favorita. Honestamente recordarlo es un asco.
Entonces el frío de la habitación resulta demasiado reconfortante y Scarlett, quien ya está pensando en que quizás comprar ese artefacto no fue buena idea finalmente decide suspirar.
Últimamente lo ha hecho demasiado. Especialmente desde que conoció a Castro.
Ese pequeño bastardo que rodea su mente como una mosca molesta que quiere aplastar con todas sus fuerzas.
Y es difícil no pensar "Estúpido doctor sin clase" cuando prácticamente ese hombre se ha adueñado de cada uno de sus pensamientos.
Entonces su mente divaga sobre recuerdos, sobre su vida desde que tuvo que lidiar con Frederick castro e inevitablemente vuelve a voltear la cara hacia el lavabo.
No hay nada de especial en el resultado, positivo, negativo, Scarlett sabe que de todos modos terminará con ella volviendo al trabajo un día más.
De todos modos vuelve a cerrar los ojos, vuelve a apoyar su mentón sobre sus palmas, vuelve a pensar en él.
Divino será el día en el que ella descanse de esos recuerdos.