El primer sello- El despertar del pulso

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Summary

Sinopsis En un mundo donde la realidad depende de antiguos sellos y de una red de frecuencias que pocos comprenden, Kael descubre que algo está quebrando el equilibrio que sostiene todo lethar. Lo que comienza como una búsqueda de respuestas pronto se convierte en una persecución desesperada contra una fuerza capaz de alterar la esencia misma del mundo. Acompañado por :Elias un príncipe que oculta más de lo que revela, Beren, un estratega brillante y mordaz, y Sora, una guerrera marcada por la pérdida, Kael deberá enfrentar bestias , ruinas olvidadas, tecnologías imposibles y la amenaza de un misterioso sujeto que manipula la realidad con una precisión aterradora. Mientras el grupo avanza entre bosques, cementerios, y santuarios . Épica, misteriosa y cargada de tensión, el primer sello es una historia de fantasía original sobre el peso del poder, la memoria de los mundos y la voluntad de quienes se atreven a desafiar lo imposible. ​

Genre
Fantasy
Author
Jorge
Status
Ongoing
Chapters
3
Rating
n/a
Age Rating
16+

Capitulo 1 PULS-ET-UNK(el despertar del pulso )


Capítulo 1: PULS-ET-UNK (El despertar del pulso)


Los ojos se abren.

Oscuridad...

El techo de madera apenas se distingue entre las sombras. Kael parpadea rápido, agitado, como si sus ojos fueran trampas que aún lo mantienen cautivo en el sueño. Su respiración, en un ritmo irregular, lucha por estabilizarse. Mira sus manos: tiemblan. Su corazón golpea las costillas con la fuerza de un caballo desbocado.

-¿Es... un sueño? -susurra.

Silencio.

Traga saliva, la garganta seca como papel.

-No... algo está mal.

Cierra los ojos nuevamente, intentando forzar el despertar, pero solo encuentra fragmentos: ruido, gritos lejanos, el caos de un tiempo que ya no existe. No logra descifrarlos.

Aún no es tiempo... se dice.

Entonces, lo siente.

El Sello.

Un pulso.

Luego otro.

Un dolor seco le cruza el pecho y el aire se vuelve denso, pesado. El olor llega después: metálico, húmedo, dolorosamente familiar, como una corriente conduciendo hacia lo inevitable.

Cuando por fin abre los ojos, la duda se ha evaporado.

No era un sueño.

Solo una advertencia.

Ya ha comenzado.

Enfoca la mirada. El mundo ha mutado. El techo de madera ha desaparecido; ahora el viento sopla entre lápidas, arrastrando hojas secas por un suelo duramente castigado. Frente a él se extiende un cementerio olvidado, desgastado por los siglos.

Sus manos siguen temblando.

No por el sobresalto.

A lo lejos, ecos de acero atravesando carne resuenan entre las tumbas. Lamentos antiguos parecen pedir perdón.

Nadie debía sufrir, se repite mentalmente, como una plegaria rota, como un castigo que lo azota día a día.

El brillo de un sol mesquino acaricia su rostro con una paz ajena a la guerra.

Kael respira profundo.

Se calma.

Alza la vista al cielo buscando respuestas, como si un dios obstinado le hubiese dado la espalda para siempre. Sus oraciones se pierden en el vacío, hasta que un paso inportuno resuena tímidamente a sus espaldas.

-Vamos... aún nos queda mucho camino.

Una voz dulce, pero firme, lo saca de su trance.

El anciano no responde. Su mente parece haber sido arrancada de cuajo y traída de vuelta a rastras.

-¡Hey, Kael!

El viento arrastra polvo entre las tumbas, dejando atrás el recuerdo. Kael gira la cabeza y encuentra la mirada de Sora, frente a frente. El peso de la vida real vuelve a su cuerpo. Ella lo observa, atenta, con esa vigilancia silenciosa que siempre le dedica.

Kael responde con una leve sonrisa y avanza a paso lento, apoyado en la certeza de que nada ha sido en vano.

-Vamos, Kael. Ya va a anochecer.

El sol agoniza en el horizonte, pintando las nubes de un naranja violáceo que se derrama en el cielo con franjas de luz. Las sombras se alargan sobre el sendero oscuro.

Sora se adelanta unos pasos, titubea y gira repentinamente sobre sus talones.

-¿En qué piensas tanto?

Mira a Kael.

Este toma su báculo con ambas manos y cierra los ojos. El olor metálico del cementerio ya se desvanece, reemplazado por la fragancia del pino húmedo y la tierra fértil del bosque.

-En que la paz es un ruido muy extraño. Tan frágil que el aleteo de una mariposa puede parecer una amenaza.

Sora alza la vista. Una pequeña mariposa cruza lentamente frente a ellos, iluminada por el último resplandor del atardecer. Sus alas tiemblan apenas, como si el aire pudiera romperlas.

-Es curioso -dice ella-. Algo tan pequeño no debería poder cambiar nada.

Kael la observa avanzar entre los árboles.

-Y aun así lo hace.

Sora lo mira de reojo.

-¿Crees que una mariposa puede cambiar el mundo?

-No de golpe. -Kael cierra los ojos un instante-. Pero un solo movimiento puede alterar el camino de miles de cosas sin que nadie lo note. Una decisión. Una palabra. Una vida salvada... o arrebatada.

Hace una pausa.

-El mundo siempre se rompe por pequeñas grietas.

La mariposa se posa brevemente sobre una roca húmeda.

-Entonces es absurdo -murmura Sora-. Algo capaz de cambiar tanto... también puede morir con la lluvia más débil.

Kael asiente lentamente.

-Ese es el destino de casi todo lo importante.

El silencio cae entre ambos mientras observan al pequeño insecto mover las alas.

Entonces Kael habla otra vez, con una calma extraña.

-Dime, Sora... ¿qué clase de mariposa quieres ser tú?

Ella parpadea.

-¿Qué quieres decir?

-La que provoca vida... o la que deja ruinas cuando pasa.

Sora baja lentamente la mirada hacia sus dagas.

El bosque queda inmóvil.

De pronto, un sonido se filtra desde la espesura.

No suena como el viento.

Ni tampoco como un animal.

Simplemente es música.

Bella.

Hipnotizante.

Kael se tensa por un momento. Sora reacciona por instinto, colocándose en posición de defensa y sacando las dagas de su cintura con un movimiento fluido.

-¿De dónde viene? -murmura ella.

Kael le pone una mano en el hombro, deteniéndola.

-De todos lados, Sora... de todos lados.

La melodía cobra cada vez más fuerza; lejana e irregular, danzando entre las copas de los árboles, como si el bosque entonara una balada fúnebre.

-Es solo música... -dice Sora, intentando convencerse a sí misma.

Kael guarda silencio. Mira al suelo, se concentra... una piedra se eleva lentamente hasta su mano, desafiando la gravedad ante los ojos de su joven aliada.

Sin mediar palabra, y mientras aún Sora se convencía de aquella extraña calma, la lanza al aire.

La roca sale disparada por encima de ambos.

De pronto, detiene su trayectoria.

Una onda invisible la parte en dos con un corte limpio, casi quirúrgico.

-No es "algo"... es alguien -sentencia Kael.

La música cambia nuevamente, esta vez más acechante, más aguda, más precisa.

Una figura aparece sobre una rama, imponente. Su capa flamea al viento; su larga bufanda negra casi parece tocar el cielo.

Sobre su hombro descansa un oscuro violín.

Con la mano libre, apunta directamente al anciano.

-Tú debes ser... un Portador. ¿Verdad?

Kael no se mueve.

-Así que por fin apareces...

El hombre sonríe.

Una nota escapa del arco y el aire vibra con una frecuencia que hace doler los oídos.

-¡Basta! -Kael endurece la voz-. Te exijo que me digas qué quieres.

-Entonces sí es verdad... -susurra el misterioso sujeto, mirando al cielo-. Ya empezó a ceder.

Sus ojos vuelven a Kael.

-Necesitaba verte... conocer quién es el Arquitecto.

La música comienza a desvanecerse lentamente.

El extraño empieza a deshacerse en notas oscuras que el viento arrastra entre los árboles.

El bosque vuelve a respirar.

Pero la inquietud permanece.

Rápidamente, Kael aparta la tela de su antebrazo. El Sello sigue ahí, pero una de las líneas ha desaparecido, borrada como si nunca hubiera existido.

-Nos encontró antes de lo que pensé -dice él.

-¿Quién nos encontró? -Sora baja las dagas, confundida.

-Un Quebrador. Alguien que también puede sentir el pulso.

Kael observa el sello.

-No vino a atacarnos, Sora. Vino a estudiarnos. A ver de qué somos capaces.

Sora guarda silencio un segundo, procesando la amenaza.

-Debemos actuar rápido.

-Tenemos dos opciones: buscarlo... o adelantarnos.

Kael niega lentamente con la cabeza.

-Solo tenemos una.

Aprieta el báculo entre sus manos.

-Ir al origen.

Sus ojos se pierden entre la oscuridad del bosque.

-Donde todo comenzó... al Primer Sello.