Capitulo I – LA PANADERA DEL PUEBLO
El invierno había llegado temprano aquel año.
El humo salía lentamente de las chimeneas mientras Vallegrís despertaba bajo un cielo gris y silencioso. Las calles estaban húmedas por la lluvia de la madrugada y el aire olía a leña mojada. Aun así, había un lugar donde siempre hacía calor.
La panadería de Linda Estévez.
El aroma del pan recién hecho escapaba por las ventanas abiertas mucho antes del amanecer, atrayendo a los habitantes del pueblo como si se tratara de un hechizo.
—Buenos días, señor Beltrán —saludó Linda con una sonrisa cansada mientras envolvía una hogaza caliente en tela.
El anciano sonrió apenas.
—Tus panes son lo único bueno que le queda a este pueblo. —
Linda soltó una pequeña risa.
Todos en Vallegrís la conocían. Y todos la querían.
Trabajaba sola desde hacía años, después de la muerte de su madre, y aunque la rutina era agotadora, amaba el silencio de las mañanas, el sonido de la masa golpeando la mesa y el calor del horno abrazando las paredes.
Era simple. Tranquilo. Seguro.
Hasta que el bosque comenzó a silbar.