𝑻𝒉𝒆 𝒑𝒂𝒄𝒕 𝒘𝒊𝒕𝒉 𝒕𝒉𝒆 𝒖𝒏𝒌𝒏𝒐𝒘𝒏.

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Summary

꒷꒦︶꒷꒦︶ ๋ ࣭ ⭑꒷꒦꒷꒦︶꒷꒦︶ ๋ ࣭ ⭑꒷꒦꒷꒦︶꒷꒦︶ ๋ ࣭ ⭑꒷꒦꒷꒦︶꒷꒦︶ ๋ Devon lleva una vida trabajando como mecánica en los barrios bajos, ganándose la vida con lo poco que le pagan y los malos tratos que recibe, sin saber que una noche todo cambiaría al encontrarse con una pequeña criatura en un callejón, la cuál ella decidió ayudar sin saber que eso la sentenció a algo completamente desconocido. ﹌﹌﹌﹌﹌﹌﹌﹌﹌﹌﹌﹌﹌﹌﹌﹌﹌﹌﹌﹌﹌﹌﹌﹌

Status
Ongoing
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
16+

♦Capítulo 1: El ruido bajo la lluvia♦

La lluvia siempre caía más fuerte en los barrios bajos.

Devon lo sabía bien: el agua se filtraba por las chapas oxidadas de los techos, corría por las paredes desconchadas y hacía del lugar un laberinto de charcos oscuros donde las sombras parecían cobrar vida. Ese era su mundo, gris, frío y predecible.

Justo como le gustaba . . .

Caminaba encorvada bajo una capa empapada, sus botas salpicando barro en cada paso. Había terminado un trabajo mal pagado, arreglar una radio que nunca funcionó, solo quería llegar a su habitación, tirarse en la cama y no pensar en nada.

Pensar le agotaba...

Hablar con la gente también . . .

Los milagros, eran como magia . . . ni siquiera entraba en la lista. Para ella no existía más que como historias absurdas que algunos usaban para evadir su miseria.

Solo quería silencio y soledad.

Eran sus dos únicas certezas.

Pero esa noche, el silencio decidió abandonarla.

Al doblar por uno de los callejones estrechos, un sonido extraño atravesó el murmullo de la lluvia: no era un ladrido, tampoco un motor fallando, y mucho menos un grito humano. Era algo... profundo. Un rugido contenido, como si la tierra misma respirara con dolor.

Devon se detuvo en seco y su estómago se encogió sin saber por qué.

-Genial... otro problema - Murmuró apretando los dientes.

Intentó ignorarlo. Dio media vuelta.

Pero el ruido volvió, más fuerte, casi suplicante. Un lamento que atravesó la lluvia y se metió en su pecho como una apuñalada helada.

No era curiosidad lo que la hizo avanzar.

Era pura molestia.

Quería que se callara para poder dormir.

El sonido provenía de los túneles que corrían bajo el barrio, antiguas alcantarillas que nadie usaba salvo los que no tenían dónde caer muertos. Bajó una escalera metálica resbaladiza, maldiciendo en cada escalón.

El olor a moho y metal oxidado la golpeó como un puño.

Su corazón latía demasiado rápido para algo que supuestamente no le importaba.

Pero seguía avanzando.

La luz de su linterna tembló y el ruido sonó más cerca.

Al girar una esquina del túnel, Devon se detuvo de golpe.

Allí, rodeada de agua negra y pedazos de cadenas rotas, yacía una criatura extraña, como salida de un sueño imposible. Su cuerpo tenía un brillo tenue, casi lunar, que iluminaba el concreto húmedo.

Tenía alas plegadas cubiertas de heridas profundas.

Su respiración era irregular.

Y sus ojos...

Sus ojos eran de un azul tan vivo que parecían ver a través de ella.

Devon sintió un escalofrío recorrerle la espalda.

Miedo.

No lo admitió en voz alta, pero era miedo puro.

-¿Qué mierda... eres? - Susurró con la voz temblorosa.

La criatura no respondió con palabras, pero su mirada transmitía algo: dolor y miedo.

Un miedo que Devon reconoció demasiado bien y era el mismo que ella había sentido tantas veces en esas calles olvidadas.

Se obligó a respirar hondo y pensó en irse.

Pensó en que no era su problema, que ella no debía meterse, que la magia no existía y que lo que fuera esa cosa era solamente una alucinación de alguna droga que ella no recordaba haber consumido.

Pero entonces vio algo que la hizo maldecir internamente: las cadenas.

Eran gruesas, viejas, con símbolos grabados.

Simbolos que parecían... arder.

Y lo peor: había restos de sangre que parecía ser humana y de criatura marcando el suelo.

-Te hirieron... - Dijo sin querer.

La criatura bajó la cabeza, como si confirmara sus palabras.

Devon apretó la mandíbula y el corazón le golpeaba el pecho. Sabía que debía irse.

No era una heroína, ni buena persona., ni siquiera alguien valiente.

Y aun así...

Sus pies se movieron solos.

-No sé qué estás haciendo aquí - Murmuró mientras se acercaba - Pero si morís acá, los gritos no van a parar. Y no voy a dormir nunca más.

Era una excusa tonta, ambos lo sabían.

Se agachó junto a la criatura mientras sus manos temblaban, la piel del ser brillaba con un calor tibio, casi reconfortante, como si quisiera tranquilizarla.

Devon inhaló y agarró una barra metálica del suelo. La metió entre las cadenas.

- Dale... ¡rompete puta mierda!... - Gruñó usando toda la fuerza que tenía.

La cadena cedió de golpe, soltando una chispa de luz que la dejó ciega por un segundo.

En ese instante, la criatura alzó la cabeza y los ojos de ambos se encontraron.

Y el mundo estalló.

Un aullido silencioso atravesó el aire y a lluvia fuera del túnel pareció detenerse, la luz se contrajo y luego se expandió en un destello blanco.

Devon sintió un dolor punzante recorrerle el brazo, como si algo se incrustara en su piel.

Cayó de espaldas sin aire.

La criatura también se desmoronó, pero su cuerpo fue envuelto por una luz que la hizo desvanecerse en cuestión de segundos.

Para cuando Devon pudo parpadear nuevamente, estaba sola en el túnel.

Sólo quedaba el eco de la lluvia regresando a su ritmo normal.

Y en su brazo, justo donde había estallado el brillo, un símbolo ardía como fuego bajo la piel, la misma runa que vio grabada en las cadenas.

Su respiración se quebró y la garganta se le cerró.

¿Qué había hecho?

¿Qué era esa cosa?

¿Y por qué sentía que algo oscuro, en algún lugar, acababa de despertar?

Devon no tenía respuestas.

Sólo tenía miedo.

Por primera vez en mucho tiempo...

────୨ৎ────

Devon avanzó calle abajo con el cuerpo todavía tenso, como si su sombra siguiera esperando otro ruido extraño a sus espaldas. La lluvia empezaba a mezclarse con un prenuncio de tormenta; podía oler el metal del aire, ese aviso silencioso que siempre la hacía sentir un poco más sola en un barrio donde nadie preguntaba por nadie.

En sus brazos, el pequeño ser rescatado respiraba con dificultad. El sonido era pequeño, húmedo, como si cada inhalación fuera una lucha contra algo invisible. Devon trató de ignorar el impulso que se apretaba en su pecho, ese impulso que le decía que debía preocuparse más de lo que quería admitir.

No es mi problema, se decía, con una insistencia casi desesperada. Sólo lo saqué de un basural...Nada más.

Pero sus manos no lo soltaban.

Lo llevó bajo un viejo techito de chapa corroída a unos metros de su casa. El refugio hacía un ruido nervioso cuando las gotas lo golpeaban, como si la tormenta quisiera arrancarlo. Devon dejó la criatura sobre una pila de cartones secos y se agachó para examinarlo mejor.

El ser desconocido abrió un ojo, un ojo enorme, brillante, de color azul turbio y la miró como si la conociera o como si temiera que desapareciera.

Devon sintió un vuelco en la boca del estómago.

-No me mires así... -murmuró, más para sí que para él.

Le retiró un trozo de tela mojada que tenía pegada a la piel. La criatura se estremeció; sus alas pequeñas, aún arrugadas y lodosas, temblaron de dolor. Algo parecido a culpa la pinchó en la espalda. No sabía por qué se molestaba: nadie jamás se había molestado así por ella.

-Estás haciendo el estúpido papel de heroína, Devon. Y no te queda.- Se reprochó mientras tanteaba la herida para ver si era profunda.

Pero el ser soltó un chillido suave, casi ahogado, y algo dentro de ella se quebró, no era un simple animal, no era como los perros callejeros que alguna vez había visto tirados en los callejones, esto era distinto.

Se incorporó un poco, respirando hondo.

- Bien, lo encontré, lo cuido un rato, después lo dejo en algún lugar seco y vuelvo a mi vida normal. Fin de la historia.-

La lluvia caía ya en cortinas espesas, Devon se apartó un mechón empapado de la cara y lo miró otra vez. Su piel parecía emitir un brillo muy tenue, como si algo debajo de ella quisiera despertar... No era natural. No era humano. Y no era una alucinación suya, aunque hubiera deseado que lo fuera.

-¿Qué eres...? - Preguntó en voz baja, casi con rabia como si él debiera responderle por arruinarle la noche.

La criatura solo la observó, un parpadeo lento, una especie de sonido gutural, diminuto, muy parecido a un ronroneo cansado.

Devon rodó los ojos, frustrada consigo misma.

-Debería dejarte donde estabas - Dijo, levantándose para marcharse.

Pero dio un paso.

Luego otro.

Y no pudo continuar.

El eco del basural volvió a su mente: la lluvia batiendo contra el metal, las voces, el golpe, el miedo en ese gemido casi humano.

¿Y si lo dejaba morir?

Ese pensamiento, absurdo y molesto, fue suficiente para hacerla girar sobre los talones.

-Ay, maldita sea - Se quejó, regresando al refugio y sentándose a su lado.

Lo tomó otra vez en brazos, la criatura apoyó la cabeza contra su pecho, exhalando un suspiro que parecía de alivio. Devon se tensó al sentir el contacto cálido, vivo... confiado.

No estaba acostumbrada a que nadie confiara en ella, ni a que nadie la necesitara.

La lluvia arreciaba, oscureciendo todo alrededor pero allí, en ese rincón miserable del barrio pobre, el calor pequeño de una criatura desconocida comenzó a perforar poco a poco el muro de indiferencia que Devon siempre mantenía firme.

Y aunque intentó convencerse de que solo lo hacía por no dejarlo morir, una sensación extraña se instaló en su pecho: una mezcla de inquietud e intriga.

- Creó que... te llamaré Lyren, ¿te gusta?...-Lo miró nuevamente notando como este seguía observándola fijamente con curiosidad, obviamente sin entender una sola palabra.

-Puff...deja de verme así te eh dicho...- Apartó la vista hacia la calle lluviosa.

Devon permaneció en su lugar, sola en compañía de su nueva y extraña mascota esperando que la lluvia pasará, sin tener idea de lo que le esperaba más adelante...

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