La rendición del alfa

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Summary

Ryan, el Alfa Supremo de Valdris, siempre tuvo un omega diferente cada noche. Hasta que Einar llegó. Con su cabello rubio y ojos azules, el tímido omega despertó en él una obsesión peligrosa y posesiva. Por primera vez, Ryan quiso a alguien solo para sí. Pero un error imperdonable lo cambió todo.

Genre
Erotica
Author
Kaldrex
Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo 1

En las tierras fértiles del antiguo reino de Valdris, donde ya existían aldeas con casas de madera y piedra, caminos empedrados y salones de banquetes, Ryan gobernaba como Alfa supremo. Alto, de cuerpo poderoso y marcado por cicatrices de batalla, tenía el cabello negro y ojos dorados que brillaban con autoridad y hambre. Como señor de aquellas tierras, cada noche elegía a un omega distinto de entre los clanes que le rendían tributo. Los llevaban a su gran casa señorial

Pero una noche, todo cambió.

El omega del clan de las colinas del norte entró en la cámara principal con pasos tímidos. Su cabello rubio dorado que reflejaba la luz cálida de las antorchas, y sus ojos azules claros miraban al suelo, llenos de nerviosismo. Era esbelto, de piel pálida y suave, con una delicada curva en las caderas y un trasero redondo que temblaba ligeramente bajo la fina túnica. Su aroma, miel silvestre mezclada con lavanda fresca, se extendió por la habitación como una niebla invisible.

Ryan, de pie junto a la gran cama, sintió un tirón inmediato en el pecho. Se acercó con lentitud, como un lobo acechando. Einar contuvo la respiración cuando el Alfa se detuvo justo detrás de él, tan cerca que podía sentir el calor que emanaba su cuerpo

—Levanta la vista —ordenó Ryan con voz grave y profunda.

Einar obedeció lentamente. Sus ojos azules se encontraron con los dorados del Alfa solo un instante antes de bajar de nuevo, las mejillas ardiendo de vergüenza.

—Eres... distinto —murmuró Ryan. Inclinó la cabeza y hundió la nariz en el cuello del omega, inhalando profundamente. El aroma lo golpeó con tal fuerza que su miembro se endureció al instante dentro de los pantalones—. Tan dulce... tan puro.

Einar tembló cuando sintió las manos grandes del Alfa posarse en sus caderas.

—Mi señor... —susurró con voz apenas audible.

—Quítate la túnica. Muy despacio. Quiero verte.

Con dedos temblorosos, Einar desató los cordones.

La prenda cayó al suelo, dejándolo completamente desnudo. Ryan lo rodeó, observándolo con hambre contenida. Pasó una mano por su pecho, rozando los pezones rosados que se endurecieron al instante. Einar soltó un pequeño jadeo ahogado y cerró los ojos.

—No te escondas de mí —dijo Ryan suavemente, pero con autoridad—. Eres mío esta noche.

Lo atrajo hacia sí y lo besó. Al principio fue un beso lento, casi exploratorio, labios cálidos presionando contra labios suaves. Luego Ryan lamió el borde de la boca de Einar, pidiendo entrada. Cuando el omega entreabrió los labios con timidez, el Alfa invadió con la lengua, saboreándolo profundamente, devorándolo con una lentitud que hacía que las rodillas de Einar temblaran. Una mano grande bajó hasta apretar su nalga derecha, separándola ligeramente mientras el beso se volvía más húmedo y urgente.

Einar gemía bajito contra su boca, abrumado. Nunca lo habían besado así.

Ryan lo guió hasta la cama y lo tumbó de espaldas. Se colocó entre sus piernas, separándolas con cuidado pero firmeza. Einar, sonrojado hasta las orejas, intentó cerrarlas por instinto.

—Tranquilo... —susurró Ryan, besando el interior de su muslo—. Déjame prepararte. Quiero que sientas placer, no dolor.

Bajó la cabeza y besó su vientre plano, lamiendo la piel sensible. Subió hasta tomar uno de sus pezones en la boca, succionándolo con lentitud mientras su mano acariciaba el otro. Einar arqueó la espalda con un gemido entrecortado, las manos aferradas a las sábanas.

—Mi señor... es demasiado... —susurró, la voz temblorosa.

Ryan sonrió contra su piel y continuó bajando. Tomó el miembro semierecto de Einar en su boca caliente, chupándolo con movimientos lentos y profundos, la lengua presionando la parte inferior. Al mismo tiempo, sus dedos encontraron la entrada ya húmeda y resbaladiza del omega. Acarició el borde palpitante con un dedo, dibujando círculos suaves, antes de introducirlo lentamente.

Einar soltó un largo gemido, tapándose la boca.

Ryan añadió un segundo dedo, moviéndolos con paciencia, curvándolos en busca del punto sensible. Cuando lo encontró, Einar dio un respingo y sus caderas se movieron involuntariamente.

—Ahí... —jadeó el omega, los ojos azules vidriosos.

Ryan levantó la cabeza, los labios brillantes.

—¿Te gusta? —preguntó mientras seguía moviendo los dedos, abriéndolo con cuidado.

—Sí... mi señor... por favor... no pare...

Preparó a Einar durante largos y tortuosos minutos, tres dedos gruesos entrando y saliendo, la boca alternando entre su miembro y su entrada, lamiendo y succionando. Einar temblaba entero, pequeñas lágrimas de placer escapando de sus ojos. El placer era tan intenso que apenas podía pensar.

Finalmente, Ryan se incorporó. Se quitó los pantalones, revelando su miembro grueso, largo y venoso. Frotó la cabeza gruesa y caliente contra la entrada empapada de Einar, presionando solo un poco.

—Respira hondo —susurró, inclinándose para besarlo de nuevo.

Empujó lentamente. Einar abrió mucho los ojos, sintiendo cómo su cuerpo se abría centímetro a centímetro alrededor de aquella invasión caliente y dura. Ryan entraba con control absoluto, gruñendo contra su cuello.

—Tan apretado... tan caliente y suave por dentro... —murmuró.

Cuando estuvo completamente adentro, se quedó quieto, besando los labios temblorosos de Einar, su frente, sus mejillas.

—¿Estás bien? —preguntó con voz ronca.

Einar asintió, respirando agitado.

—Se siente... muy lleno... como si me estuvieras ocupando entero...

Ryan comenzó a moverse. Primero con embestidas lentas y profundas, salía casi por completo, dejando solo la cabeza dentro, y luego volvía a hundirse hasta el fondo con un movimiento fluido. Cada embestida hacía que Einar soltara gemidos suaves y entrecortados. Poco a poco aumentó el ritmo, embistiendo con más fuerza, el sonido húmedo y obsceno de piel contra piel llenando la habitación junto con los jadeos de ambos.

—Mírame —exigió Ryan.

Einar abrió los ojos. La intensidad de la mirada dorada del Alfa lo hizo sentir aún más vulnerable y excitado.

—Eres mío —gruñó Ryan, acelerando, sujetando sus caderas con fuerza mientras lo embestía más profundo—. Dilo.

—Soy... suyo... mi señor... —susurró Einar, la voz rota por el placer.

Cuando el nudo se hinchó por completo, Ryan empujó hasta el fondo y lo hinchó dentro de Einar, uniéndolos. El omega gritó suavemente al correrse entre sus cuerpos, el placer explotando en oleadas. Ryan se derramó dentro de él con gruñidos profundos llenando su interior. Se quedaron unidos durante mucho tiempo, Ryan besando su cuello y acariciando su cabello rubio con una ternura posesiva que contrastaba con su fuerza.

—No quiero que te vayas —susurró contra su oído—. Quiero que te quedes aquí. Conmigo.

A partir de esa noche, Ryan ordenó que Einar permaneciera en la casa señorial, en una habitación contigua a la suya. La obsesión creció con cada encuentro.

La segunda noche, Ryan entró en su habitación cuando Einar estaba junto a la ventana, mirando la luna con nerviosismo. Sin decir una palabra, lo tomó en brazos y lo llevó a su propia cama. Lo desnudó con deliberada lentitud, besando cada centímetro de piel que quedaba expuesta, la clavícula, el vientre, la cara interna de los muslos. Lo colocó de lado, levantó una pierna y lo preparó durante casi media hora con lengua y dedos, lamiendo su entrada con devoción hasta que Einar sollozaba de placer, el rostro escondido entre las sábanas.

—Mi señor... por favor... ya no aguanto más... —suplicó con voz quebrada.

Ryan entró en él desde atrás, abrazándolo contra su pecho amplio y caliente. Lo folló con embestidas lentas y profundas, una mano acariciando su miembro al mismo ritmo, la otra sujetando suavemente su cuello.

—Sientes cómo te lleno, ¿verdad? —susurró contra su oreja—. Cómo tu cuerpo me acepta como si estuviera hecho para mí.

Einar solo pudo gemir, abrumado por las sensaciones y por la intensidad de los sentimientos que despertaba en él aquel Alfa.

Noche tras noche, Ryan se volvía más posesivo.

Vigilaba que nadie se acercara a Einar. Lo quería solo para sí. Cada encuentro era más largo, más íntimo y más intenso. El Alfa pasaba horas explorando su cuerpo, preparándolo con paciencia obsesiva, besándolo hasta dejarlo sin aliento y embistiéndolo hasta que Einar solo podía llorar de placer y repetir su nombre como una plegaria.

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Días después de que Einar empezara a creer que realmente era especial para Ryan, llegó el problema.

Un mensajero del Lord Kael, uno de los aliados más importantes del norte, apareció en la casa señorial con un tributo prometido meses atrás, mucho antes de que Einar existiera en la vida de Ryan.

Era un omega llamado Lirien de cabello castaño oscuro, cuerpo voluptuoso y aroma fuerte y especiado. Venía como parte del acuerdo de protección y comercio entre ambas tierras.

Ryan recibió la noticia con el rostro tenso. Sabía que rechazar el tributo insultaría gravemente al Lord y podría romper la alianza en un momento delicado.

Aquella noche, después de cenar en silencio, ordenó que llevaran a Lirien a la cámara principal.

Einar estaba en su habitación contigua cuando oyó las voces. Al principio no entendió. Luego escuchó claramente cómo Ryan hablaba con uno de sus guardias.

—Que lo preparen y lo traigan. Cumpliré con el acuerdo.

El corazón de Einar dio un vuelco. Se quedó quieto junto a la puerta entreabierta, sintiendo un nudo frío en el estómago.

Poco después, los sonidos comenzaron.

Ryan no perdió tiempo con palabras innecesarias. Empujó a Lirien contra la gran cama y lo desnudó con movimientos eficientes y dominantes. El omega nuevo gemía ya, excitado por el poder del Alfa.

—Date la vuelta —ordenó Ryan con voz grave.

Colocó a Lirien en cuatro y separó sus piernas. Sin preliminares largos, bajó la cabeza y lamió su entrada con lengua firme y experta, mojándola abundantemente mientras introducía dos dedos gruesos de golpe. Lirien soltó un gemido fuerte y placentero, empujando hacia atrás

—Carajo... qué apretado estás —gruñó Ryan, añadiendo un tercer dedo y moviéndolos con fuerza, abriéndolo sin delicadeza pero con habilidad. El sonido húmedo de sus dedos entrando y saliendo era claramente audible.

Einar, al otro lado de la pared, sintió que le faltaba el aire. Se tapó la boca con una mano, los ojos azules llenos de lágrimas mientras escuchaba cada detalle.

Ryan se incorporó, liberó su grueso pene ya completamente duro y frotó la cabeza contra la entrada empapada de Lirien. Empujó de un solo golpe fuerte, enterrándose hasta el fondo. Lirien soltó un grito ahogado de placer.

—Dioses... es enorme... —jadeó el omega.

Ryan sujetó sus caderas con fuerza y empezó a follarlo con embestidas profundas y constantes. El sonido de piel chocando contra piel llenaba la habitación, fuerte, rápido, obsceno. Cada embestida hacía que Lirien gimiera alto, sin vergüenza.

—Más fuerte, Alfa... por favor... —suplicaba.

Ryan gruñó y aceleró, embistiendo brutalmente, saliendo casi por completo y volviendo a clavarse hasta el fondo. Agarró el cabello de Lirien, tirando de su cabeza hacia atrás mientras lo penetraba sin piedad.

—Qué bien se siente... —masculló Ryan entre dientes, sintiendo puro placer físico. Su cuerpo respondía con fuerza, el calor apretado alrededor de su miembro, la humedad resbaladiza, los gemidos del omega. Pero no había esa conexión que sentía con Einar. Solo necesidad y satisfacción carnal.

Cambió de posición. Puso a Lirien de espaldas, le levantó las piernas sobre sus hombros y volvió a entrar de una vez. Ahora lo embestía más profundo, Lirien se masturbaba a sí mismo, gimiendo sin control.

Ryan lo besó brevemente en la boca, solo para callar sus gemidos, y siguió embistiéndolo con fuerza.

Sudor cubría su espalda ancha. Sus ojos dorados brillaban de puro instinto animal mientras sentía cómo el placer se acumulaba en su vientre.

—Voy a llenarte —advirtió con voz ronca.

Empujó su pene completo dentro de Lirien con un gruñido gutural. El omega gritó de placer al sentir cómo se corría dentro de él. Lirien se corrió también, manchando su propio vientre.

Se quedaron así durante varios minutos. Ryan respiraba agitado, apoyado sobre los codos, sintiendo las últimas contracciones de placer, recuperando el aliento.

Desde la habitación contigua, Einar lo había escuchado todo.

Cada gemido, cada embestida, cada palabra sucia. Las lágrimas corrían por sus mejillas mientras permanecía sentado en el suelo, abrazando sus rodillas. El dolor era profundo. Había creído las palabras de Ryan, había creído que era especial, que era el único. Ahora se sentía usado, reemplazable y estúpido.

Cuando finalmente se separaron el omega nuevo jadeó satisfecho.

—Cuando quieras repetirlo, Alfa... estaré disponible.

Ryan solo gruñó una respuesta neutra y ordenó que lo llevaran a una habitación aparte para pasar la noche.

Se quedó solo en la gran cama, mirando el techo. El placer físico había sido intenso, pero sentía un vacío extraño en el pecho. Sabía que Einar estaba en la habitación de al lado. Sabía que probablemente lo había escuchado todo.

Y por primera vez en mucho tiempo, Ryan sintió algo parecido a culpa.

Al día siguiente, la mañana transcurrió en una extraña quietud dentro de la casa señorial. Ryan desayunó solo, esperando que Einar bajara como solía hacerlo. Cuando uno de los sirvientes le informó que el omega seguía encerrado en su habitación y se negaba a salir, Ryan dejó escapar un suspiro largo y se dirigió hacia allá.

Abrió la puerta sin golpear y entró. Einar estaba de pie junto a la ventana, completamente vestido, con los brazos cruzados sobre el pecho. Su postura era rígida, y aunque tenía los ojos enrojecidos, su expresión no era solo de tristeza.

—Einar —dijo Ryan con voz calmada pero firme, cerrando la puerta tras de sí—. Llevas toda la mañana aquí encerrado. Estás haciendo un berrinche.

Einar giró lentamente la cabeza hacia él. Por un segundo sus ojos azules lo miraron con intensidad.

—¿Un berrinche? —repitió con tono burlón, casi sarcástico—. Qué forma más conveniente de llamarlo.

Ryan frunció el ceño ligeramente, pero mantuvo la voz controlada.

—Sé que escuchaste lo de anoche. Era un tributo acordado hace meses con un Lord, mucho antes de conocerte. No podía rechazarlo sin poner en riesgo la alianza. Tuve que cumplir con el acuerdo.

Einar se rio de forma seca, sin humor, mientras negaba con la cabeza.

—Cumplir con el acuerdo... —murmuró, casi para sí mismo—. Claro. Y por casualidad disfrutaste cada segundo, ¿verdad? Escuché cómo lo hiciste. Escuché sus gemidos, cómo le hablabas, cómo lo embestías sin pensarlo dos veces. Sonaba muy placentero para ti.

Ryan dio un paso más cerca, pero no invadió su espacio.

—Físicamente sí, lo disfruté. No voy a mentirte. Pero eso no cambia lo que hay entre nosotros. Eres importante para mí, Einar. Más que cualquier tributo.

Einar lo miró directamente a los ojos. Ya no había lágrimas, solo una mezcla de dolor y orgullo herido. Volvió a soltar una risa seca, más corta y cortante que la anterior.

—Importante —repitió con ironía—. Qué palabra tan bonita usas ahora. Anoche parecía que ese otro omega también era bastante "importante".

Se giró completamente hacia Ryan, con la mandíbula tensa.

—No soy un niño haciendo un berrinche, Señor. Estoy herido. Creí que lo que teníamos era diferente. Creí que ya no necesitabas traer a otros a tu cama. Y ahora me entero de que solo fue... conveniente mientras duró.

Ryan lo observó en silencio unos segundos, claramente sorprendido por la firmeza de Einar. Esperaba lágrimas y súplicas, no esa risa amarga y esa mirada directa.

—Nunca dije que dejaría de cumplir mis obligaciones como Alfa —respondió con seriedad—. Pero tú sigues siendo mío. Eso no ha cambiado.

Einar sonrió sin ganas, una sonrisa fría que no llegó a sus ojos.

—Qué reconfortante —dijo con sarcasmo—. Ahora, si no te importa, prefiero seguir aquí. Solo. Al menos así no tengo que fingir que no me importa escuchar cómo te follas a otros.

Ryan se quedó mirándolo, tenso. Por primera vez en mucho tiempo, no sabía exactamente cómo manejar la situación. Einar no se estaba derrumbando como esperaba; estaba dolido, sí, pero también estaba mostrando dientes.

—Vendré más tarde —dijo finalmente Ryan—. Cuando estés más calmado.

—Como quieras —respondió Einar, dándole la espalda y mirando de nuevo por la ventana.

Ryan salió de la habitación, cerrando la puerta con más fuerza de lo necesario. Dentro, Einar dejó caer los hombros, pero no lloró. La risa seca se le había quedado atravesada en la garganta, junto con el nudo de decepción y rabia.

Esa misma noche, cuando la casa ya estaba en silencio y las antorchas encendidas, Ryan regresó a la habitación de Einar. No llamó. Abrió la puerta y entró, cerrándola tras de sí con un clic firme.

Einar estaba de pie junto a la ventana, aún completamente vestido. No se giró al oírlo, pero su cuerpo se tensó visiblemente.

Ryan se acercó por detrás, despacio. Rodeó la cintura del omega con sus brazos fuertes y lo atrajo contra su pecho. Inhaló el aroma de su cabello rubio y besó su nuca con labios cálidos.

—Basta ya de esto —murmuró contra su piel, besándolo de nuevo, esta vez más abajo, en el cuello—. Llevas todo el día encerrado. Ya es suficiente.

Einar no se apartó, pero tampoco se relajó. Ryan deslizó una mano por su torso, subiendo bajo la túnica para acariciar la piel suave de su vientre, mientras su boca seguía besando y succionando suavemente su cuello.

—¿Su cuerpo se sentía igual que el mío? —preguntó Einar de repente, con voz baja y cortante.

Ryan se detuvo un segundo, pero no lo soltó. Siguió besando su cuello, bajando hacia el hombro mientras sus dedos rozaban uno de los pezones de Einar, endureciéndolo.

—Einar... —advirtió.

El omega continuó, sin girarse.

—¿Era tan suave como el mío? ¿Lo tocaste así también? ¿Pasaste la mano por su vientre de la misma forma?

Ryan gruñó suavemente y lo giró con firmeza para que lo mirara. Sin darle tiempo a más palabras, capturó su boca en un beso intenso, profundo, sujetando su mandíbula con una mano mientras la otra bajaba hasta apretar su trasero por encima de la ropa.

Einar respondió al beso por unos segundos, pero luego separó sus labios y habló contra la boca del Alfa.

—¿Lo besaste igual? ¿Metiste la lengua en su boca como ahora?

Ryan soltó un suspiro irritado y lo empujó suavemente contra la pared, presionando su cuerpo grande contra el de Einar. Lo besó con más fuerza, casi con hambre, invadiendo su boca mientras una mano bajaba entre sus piernas y acariciaba su miembro por encima de la tela, frotándolo con movimientos firmes.

—Basta —ordenó Ryan entre besos, la voz ronca—. Deja de hablar de él.

Pero Einar no se detuvo. Mientras Ryan le desataba la túnica y la abría para exponer su pecho, besando y chupando uno de sus pezones rosados con fuerza, Einar jadeó y preguntó de nuevo.

—¿Su pecho era más grande? ¿Chupaste sus pezones igual que ahora? ¿Se ponía tan duro como yo?

Ryan levantó la cabeza, los ojos dorados brillando con una mezcla de deseo y molestia. Bajó la mano y metió directamente dentro de los pantalones de Einar, envolviendo su miembro semierecto con la palma caliente, masturbándolo con movimientos lentos y largos.

—Te dije que te detengas —gruñó, mordiendo el labio inferior de Einar antes de besarlo con rudeza, follándole la boca con la lengua mientras su mano subía y bajaba por su longitud, frotando el pulgar sobre la cabeza sensible.

Einar gimió contra su boca, pero en cuanto Ryan bajó un poco para besar su cuello y su clavícula, volvió a hablar, la voz entrecortada pero firme.

—¿Lo preparaste igual? ¿Le metiste los dedos igual de profundo? ¿Lo sentiste apretado como a mí o... era mejor?

Ryan soltó un gruñido de frustración. Lo levantó en brazos de repente y lo tiró sobre la cama. Se colocó encima de él, sujetando sus muñecas por encima de su cabeza con una mano mientras con la otra terminaba de desnudarlo por completo. Besó su torso con besos húmedos y posesivos, bajando hasta lamer su ombligo y luego más abajo, hasta tomar el miembro de Einar en su boca con un movimiento profundo.

Chupó con fuerza, moviendo la cabeza arriba y abajo, la lengua presionando la parte inferior mientras una mano separaba sus muslos y un dedo grueso acariciaba su entrada ya húmeda.

Einar arqueó la espalda y soltó un gemido, pero incluso así, entre jadeos, habló.

—¿Él... gemía más fuerte que yo? ¿Te gustó más su sabor?

Ryan saco el miembro de su boca con un sonido húmedo y subió bruscamente, cubriendo el cuerpo de Einar con el suyo. Lo miró directamente a los ojos, respirando agitado, su propia erección gruesa presionando contra el muslo del omega.

—Basta, Einar —dijo con voz grave y autoritaria, casi un gruñido—. Deja de hablar del otro omega. Ahora.

Lo besó con fuerza, devorando su boca.

El beso había sido duro, posesivo, y su mano seguía sujetando las muñecas de Einar por encima de su cabeza. Pero las palabras de Einar no cesaban.

—¿Lo ibas a follar igual de fuerte? —preguntó Einar con voz entrecortada pero cortante, mirándolo a los ojos sin apartar la mirada—. ¿O con él te dejaste llevar más porque no te importaba tanto?

Ryan se detuvo. Su mandíbula se tensó visiblemente. Empujó solo la cabeza de su pene dentro de Einar, pero no siguió. Se quedó ahí, respirando con fuerza, los ojos dorados ardiendo.

—Einar... —advirtió con voz grave.

Pero el omega, herido y con el orgullo aún en alto, no se detuvo.

—¿Su entrada se sentía mejor que la mía? ¿Estaba más mojada? ¿Te gustó más cómo te apretaba cuando lo penetraste?

Ryan soltó un gruñido bajo y se apartó bruscamente. Sacó su miembro de golpe y se sentó en el borde de la cama, pasándose una mano por el rostro con evidente frustración. Su erección seguía dura y palpitante, pero su expresión había cambiado por completo.

—Suficiente —dijo con tono seco.

Einar se incorporó lentamente sobre los codos, aún desnudo, con la respiración agitada y la piel sonrojada. No dijo nada más, solo lo miró.

Ryan se quedó en silencio unos segundos, intentando controlar su irritación. Finalmente habló sin mirarlo.

—Esto no va a funcionar así. Tus palabras me están irritando demasiado. Cada vez que intento tocarte, estar cerca... sacas al otro omega a relucir. Me quitas las ganas.

Se levantó de la cama y empezó a ajustarse los pantalones, guardando su erección aún dura con gesto molesto.

—Pensé que podríamos arreglarlo esta noche —continuó Ryan, con voz más fría—. Que si te cogia fuerte ibas a callarte y a recordar a quién perteneces. Pero claramente no estás de humor para eso. Y yo tampoco estoy de humor para seguir escuchando tus comparaciones.

Einar se sentó completamente en la cama, cubriéndose con una de las sábanas. Su expresión era una mezcla de dolor y desafío.

Ryan lo miró por encima del hombro.

—Es mejor que no continuemos esta noche. Ni siquiera sé si quiero tocarte ahora mismo. Tus celos y esa actitud... me están hartando.

Caminó hacia la puerta, pero antes de abrirla se detuvo y añadió sin girarse.

—Cuando estés dispuesto a comportarte como mi omega y no como un amante despechado que solo quiere herirme con palabras, avísame. Hasta entonces, quédate en tu habitación si tanto te molesta mi presencia.

Abrió la puerta y salió, cerrándola con un golpe seco que resonó en la habitación.

Einar se quedó solo en la cama, desnudo, con el cuerpo aún caliente por las caricias y el casi-encuentro. El corazón le latía con fuerza. Parte de él se sentía victorioso por haber logrado irritar al Alfa, pero otra parte, más grande, se sentía vacía y dolida.

Ryan caminó por el pasillo con paso pesado, aún frustrado y con el cuerpo ardiendo. Su erección seguía dura dentro de los pantalones, palpitando incómodamente después de haber estado tan cerca de acostarse con Einar. Entró en su gran cuarto, cerró la puerta con fuerza y se sentó en el borde de la cama, pasándose una mano por el rostro.

No habían pasado ni cinco minutos cuando escuchó tres golpes suaves en la puerta.

—Adelante —gruñó, pensando que sería un sirviente.

La puerta se abrió y entró Lirien, el omega del tributo. Llevaba solo una túnica ligera que apenas cubría sus muslos, el cabello castaño revuelto y una expresión claramente interesada. Cerró la puerta tras de sí y sus ojos bajaron inmediatamente a la notable erección que marcaba los pantalones de Ryan.

—Mi señor... —dijo con voz suave y sugerente, sin apartar la mirada del bulto—. Vi que salió de la habitación del otro omega con cara de pocos amigos. Y eso... —señaló con la barbilla la erección visible— parece doloroso. ¿Quiere que le ayude a aliviarlo?

Ryan lo miró en silencio unos segundos. Todavía estaba irritado por las palabras de Einar, por sus comparaciones constantes. Su orgullo y su deseo frustrado hablaron por él.

—Ven aquí —ordenó con voz ronca.

Lirien sonrió con satisfacción y se acercó sin dudar. Se arrodilló entre las piernas abiertas de Ryan con movimientos seguros, sus manos subiendo por los muslos fuertes del Alfa hasta llegar al cordón de los pantalones. Los desató con rapidez y liberó su miembro griego y venoso.

—... es aún más grande de cerca —murmuró Lirien, claramente impresionado.

Sin esperar más, sacó la lengua y lamió desde la base hasta la cabeza gruesa y enrojecida, dando vueltas lentas alrededor del glande mientras su mano envolvía lo que no cabía en su boca.

Ryan soltó un gruñido bajo y apoyó una mano en la cabeza del omega, empujándolo ligeramente hacia abajo.

Lirien abrió la boca y lo tomó lo más profundo que pudo. Chupó con fuerza, moviendo la cabeza arriba y abajo con ritmo constante, haciendo sonidos húmedos y obscenos mientras saliva corría por su barbilla. Su lengua presionaba la parte inferior del pene, lamiendo las venas marcadas.

—Más profundo —ordenó Ryan, tirando de su cabello.

Lirien se esforzó, relajando la garganta y tragando más de la gruesa longitud. Ryan gruñó de placer y empezó a mover las caderas, follándole la boca con embestidas controladas pero firmes. El omega gemía alrededor de su miembro, vibraciones placenteras recorriendo toda la longitud.

—Ah... sí, así —masculló Ryan, cerrando los ojos y dejando que el placer físico lo invadiera. No pensaba en Einar en ese momento. Solo sentía el calor húmedo de esa boca experta, la lengua hábil y la forma en que Lirien tragaba alrededor de su miembro.

Lirien usó una mano para masturbar la parte que no entraba en su boca, apretando y girando en la base, mientras con la otra masajeaba. Chupaba con hambre, sacando el pene casi por completo para lamer y besar la cabeza hinchada antes de volver a tragarla entera, gimiendo como si estuviera disfrutando tanto como el Alfa.

Ryan respiraba con fuerza, sujetando la cabeza de Lirien con ambas manos ahora, follándole la boca con más intensidad. El sonido húmedo de arcadas controladas y saliva llenaba la habitación.

—Buen chico... —gruñó Ryan—. Sigue así. Quiero correrme en tu garganta.

Lirien redobló sus esfuerzos, chupando más fuerte, moviendo la cabeza más rápido. Sus ojos lagrimeaban por el tamaño, pero no se detenía. Ryan sintió el orgasmo subir rápidamente. Con un gruñido gutural empujó profundo y se corrió con fuerza.

El omega tragó todo lo que pudo, gimiendo mientras parte del semen escapaba por las comisuras de sus labios. Ryan siguió moviendo las caderas, vaciándose por completo con gemidos roncos de placer.

Cuando terminó, sacó su miembro de la boca de Lirien, dejando hilos de saliva y semen conectándolos. Lirien jadeaba, los labios hinchados y brillantes, con una expresión satisfecha.

—¿Mejor, mi señor? —preguntó con voz ronca.

Ryan se recostó hacia atrás en la cama, respirando agitado, la polla todavía brillando por la saliva.

—Mucho mejor —admitió con honestidad.

Fuera de la habitación, en el pasillo oscuro, Einar había salido de su cuarto buscando agua y se había quedado congelado al escuchar los gemidos y las palabras claras a través de la puerta entreabierta.

El dolor regresó con más fuerza.

Después de que Ryan se corriera en su boca, Lirien se limpió los labios con el dorso de la mano, tragando lo último con una sonrisa satisfecha. El Alfa, aún recostado y respirando agitado, le hizo un gesto con la mano.

—Lárgate ya —ordenó Ryan con voz ronca y satisfecha.

Lirien se levantó, se acomodó la túnica ligera que apenas cubría sus muslos y salió de la cámara del Alfa con una expresión claramente complacida. Tenía los labios hinchados y enrojecidos, el cabello revuelto y un ligero brillo de saliva y semen en la comisura de la boca que no se había limpiado del todo.

Apenas dio unos pasos por el pasillo oscuro cuando se encontró de frente con Einar.

El omega rubio estaba parado allí, rígido, con los ojos azules abiertos de par en par. Era evidente que había escuchado todo. Lirien se detuvo y lo miró de arriba abajo lentamente, con una sonrisa arrogante y burlona que se extendió por sus labios hinchados.

—Vaya... —dijo Lirien con voz suave pero cargada de malicia—. Así que tú eres el famoso Einar. El que tiene al Alfa tan... distraído últimamente.

Einar no respondió. Solo apretó los puños a los costados, mirando fijamente los labios hinchados del otro omega y la expresión de pura satisfacción en su rostro.

Lirien dio un paso más cerca, sin vergüenza alguna.

—Acabo de salir de su habitación —continuó, casi susurrando—. Todavía tengo su sabor en la boca. Es bastante... abundante, ¿verdad? Tuve que esforzarme para tragármelo todo.

Sonrió con más amplitud, lamiéndose lentamente el labio inferior.

—Gime muy rico cuando se corre. Y su pene...es enorme. Casi no me cabía entera en la garganta, pero valió la pena. Me folló la boca como si llevara días sin descargarse.

Einar sintió que el estómago se le revolvía. El dolor era tan fuerte que le costaba respirar.

Lirien se acercó aún más, casi invadiendo su espacio personal, y habló con tono bajo y provocador.

—¿Escuchaste todo, verdad? Cómo chupaba, cómo gemía él... Te juro que lo dejé muy relajado. Si sigues haciendo tus pataletas, yo estaré encantado de ocuparme de él todas las noches que haga falta.

El omega castaño soltó una risita baja y miró a Einar con lástima fingida.

—Pobrecito. Creíste que eras especial, ¿no? Qué tierno. Pero los Alfas como Ryan siempre van a necesitar variedad. Y yo... estoy más que dispuesto a dársela.

Lirien pasó al lado de Einar rozando su hombro deliberadamente y siguió caminando por el pasillo, moviendo las caderas con descaro. Antes de doblar la esquina, miró hacia atrás una última vez y le lanzó una sonrisa victoriosa.

—Buenas noches, Einar.

Einar se quedó solo en el pasillo, temblando de rabia, humillación y un dolor tan profundo que sentía que le quemaba el pecho. Las palabras de Lirien se repetían en su cabeza, junto con los sonidos que había escuchado minutos antes.

A la mañana siguiente, Einar se levantó antes del amanecer. Apenas había dormido, pero algo dentro de él había cambiado. Ya no quería quedarse encerrado entre esas paredes, esperando a que Ryan decidiera qué hacer con él. Se vistió con una túnica sencilla de color azul claro, se puso una capa ligera y salió de la casa señorial sin decir nada a nadie.

Solo quería respirar aire fresco. Sentirse libre, aunque fuera por un rato.

Ryan despertó casi dos horas después. Se levantó con un peso extraño en el pecho. Se lavó la cara, se puso una camisa oscura y caminó directamente hacia la habitación de Einar. Abrió la puerta sin llamar.

La habitación estaba vacía.

Frunció el ceño y entró completamente. La cama estaba hecha, pero no había rastro de Einar. El aroma del omega aún flotaba débilmente en el aire, pero él no estaba.

Salió al pasillo y detuvo a la primera sirvienta que pasó.

—¿Dónde está Einar?

La mujer se inclinó ligeramente, nerviosa por el tono del Alfa.

—Salió hace más de una hora, mi señor. Dijo que necesitaba tomar aire fresco. Se dirigió hacia el sendero del río, cerca del bosque de los sauces.

Ryan apretó la mandíbula. Sin decir nada más, tomó su capa y salió de la casa con paso firme y rápido. El sol ya estaba alto, pero el aire seguía fresco. Caminó por el sendero empedrado que bajaba hacia el río, con una mezcla de preocupación e irritación creciendo en su interior.

No tardó mucho en encontrarlo.

Einar estaba de pie junto a la orilla del río, bajo la sombra de un sauce grande. No estaba solo.

Un alfa joven y alto del clan de las colinas cercanas, llamado Torren, estaba frente a él. Era un hombre atractivo, de cabello castaño oscuro y sonrisa fácil, conocido por ser buen guerrero pero de carácter más relajado que Ryan. Estaban hablando, y Einar... estaba sonriendo.

Era una sonrisa pequeña, tímida, pero genuina. La primera sonrisa real que Ryan le veía en días. Torren le estaba mostrando algo en la orilla, unas piedras lisas que brillaban con el agua, y Einar inclinó la cabeza, riendo suavemente ante un comentario del otro alfa.

Ryan se detuvo a unos veinte metros, oculto parcialmente por los árboles. Sintió un calor desagradable subir por su pecho. Sus ojos dorados se oscurecieron al ver cómo Torren se acercaba un poco más a Einar para señalarle algo en el río, y cómo el omega rubio no se apartaba.

La sonrisa de Einar le dolió más de lo que esperaba.

El Alfa apretó los puños a los costados. Ver a su omega sonriendo de esa forma con otro alfa hizo que su instinto posesivo rugiera con fuerza. Pero debajo de esa rabia también había algo más incómodo, arrepentimiento.

Porque sabía perfectamente por qué Einar estaba ahí fuera. Por qué necesitaba sonreírle a otro.

Ryan dio un paso adelante, saliendo de entre los árboles. Su presencia imponente fue imposible de ignorar. Tanto Einar como Torren se giraron hacia él.

La sonrisa de Einar desapareció al instante.

—Einar —llamó Ryan con voz grave y controlada, aunque sus ojos dorados ardían—. Es hora de volver.

Torren inclinó la cabeza con respeto, pero no pudo evitar una mirada curiosa entre ambos.

—Mi señor —saludó cortésmente.

Ryan apenas le dedicó una mirada fría antes de centrarse en Einar.

—Ahora —repitió, extendiendo la mano hacia él.

Einar miró la mano extendida, luego al rostro de Ryan. No había desafío en sus ojos, solo cansancio y una distancia que antes no existía.

—Estaba tomando aire fresco —dijo con voz tranquila—. Como usted mismo me sugirió que saliera de mi habitación.

Ryan apretó la mandíbula. La presencia de Torren lo estaba irritando profundamente, pero se contuvo.

—Podemos hablar mientras caminamos de regreso —dijo, intentando sonar más calmado—. Ven.

Einar se despidió cortésmente de Torren con una pequeña inclinación de cabeza y una última sonrisa educada que a Ryan le molestó aún más. Luego caminó hacia el Alfa, pero no tomó su mano.

Empezaron a caminar de regreso en silencio. Ryan miraba de reojo a Einar, notando su expresión cerrada. El arrepentimiento que había empezado a sentir esa mañana se hizo más pesado.

Ver a Einar sonreír con otro había sido como recibir un golpe directo.

El camino de regreso a la casa señorial se hizo eterno y tenso. Ryan caminaba a grandes zancadas, con la mandíbula apretada y los puños cerrados a los costados. Einar iba a su lado, en silencio, mirando al frente. El Alfa no aguantó ni cinco minutos antes de explotar.

—¿Qué carajos era eso? —gruñó Ryan, deteniéndose bruscamente en medio del sendero.

Einar se detuvo también y lo miró con calma fingida.

—¿Qué cosa?

Ryan dio un paso hacia él, imponente. Sus ojos dorados brillaban con celos crudos y posesión.

—Te vi sonreírle. A ese alfa... Torren. Estabas ahí, junto al río, sonriéndole como si no tuvieras ninguna puta preocupación. Como si yo no existiera.

Einar soltó una risa seca, corta y amarga, la misma que Ryan ya empezaba a odiar.

—¿Y eso te molesta? Qué curioso.

Ryan se acercó más, casi acorralándolo contra un árbol cercano. Su voz bajó, pero estaba cargada de furia contenida.

—Eres mío, Einar. Mío. No tienes que sonreírle a ningún otro alfa como si te estuviera cortejando. ¿Te gusta que te preste atención?

Einar levantó la barbilla, sin acobardarse. Sus ojos azules brillaban con una mezcla de dolor y desafío.

—¿Y por qué no podría sonreír? Tú anoche la pasaste de maravilla. ¿Ahora te molesta que yo sonría educadamente a alguien que solo estaba siendo amable?

Ryan soltó un gruñido bajo, casi animal. Apoyó una mano en el tronco del árbol, junto a la cabeza de Einar, invadiendo su espacio.

—No es lo mismo —escupió—. Tú eres mío. Nadie más debería hacerte sonreír así. Nadie más debería verte relajado y contento. Ese tipo te miraba como si quisiera probarte. Y tú... tú le sonreíste.

Einar lo miró directamente a los ojos, sin bajar la mirada.

—Tal vez porque con él no me sentía humillado. No acababa de escuchar cómo le follaban la boca a otro mientras yo esperaba como un idiota en mi habitación.

Ryan respiró con fuerza, claramente afectado por los celos. Su mano libre subió y sujetó la barbilla de Einar con firmeza, aunque no con violencia.

—No vuelvas a sonreírle así a nadie —advirtió con voz grave y ronca—. No me importa si solo estaba siendo "amable". Eres mi omega. Tu sonrisa, tus miradas, tu atención... son mías. ¿Entendido?

Einar sostuvo su mirada durante varios segundos. Luego, con voz fría y cortante, respondió.

—Qué irónico. Tú puedes descargarte en la garganta de quien quieras cuando te molesto... pero yo no puedo sonreírle a alguien que solo me mostró unas piedras en el río.

Ryan apretó la mandíbula con tanta fuerza que se le marcaron los músculos del cuello. Los celos le quemaban por dentro. Ver esa pequeña sonrisa genuina dirigida a otro alfa había despertado algo primitivo y desagradable en él.

—Te juro, Einar... —murmuró cerca de su rostro—, si vuelvo a verte sonriéndole a otro de esa forma, voy a marcarte delante de toda la maldita casa para que nadie tenga dudas de a quién perteneces.

Se quedó mirándolo fijamente, respirando agitado, con la rabia y los celos mezclados con ese arrepentimiento que empezaba a crecer. Sabía que se estaba comportando como un hipócrita, pero el instinto de Alfa era demasiado fuerte.

—¿Vamos a seguir caminando o vas a seguir reclamándome por algo que tú mismo provocaste? —preguntó Einar con tono desafiante.

Ryan lo soltó lentamente, pero no se apartó. Todavía estaba demasiado cerca.

—Esto no se queda así —advirtió en voz baja antes de continuar caminando.

El resto del trayecto lo hicieron en un silencio denso y cargado. Ryan no dejaba de mirar de reojo a Einar, con los celos aún ardiendo en su pecho.

Cuando llegaron a la casa, la tensión entre ellos era tan densa que casi se podía tocar. Ryan no dijo una palabra más en el camino, pero su expresión era oscura. En cuanto cruzaron la puerta principal, sujetó a Einar por el brazo, no con fuerza bruta, pero sí firme, y lo llevó directamente al salón privado, lejos de los sirvientes.

Cerró la puerta con un golpe seco y se giró hacia él.

—Eres mío, Einar. Mío. No quiero que nadie más vea esa sonrisa. No quiero que nadie más haga que te relajes o que te sientas bien. Esa expresión... esa que tenías junto al río... me pertenece solo a mí.

Einar dio un paso hacia él, sin acobardarse a pesar de que Ryan era mucho más grande.

—¿Y tú a mí me perteneces, Ryan? Porque anoche le pertenecías bastante a Lirien. ¿O eso solo aplica cuando te conviene?

Ryan gruñó y lo acorraló contra la mesa del salón, colocando las manos a ambos lados de su cuerpo.

—Nadie más va a hacerte sonreír así —dijo entre dientes—. Nadie. Si tengo que encerrarte en esta casa para que solo me mires a mí, lo haré. Eres mi omega. No de Torren ni de nadie, solo mío.

Einar sonrió con amargura.

—Qué fácil es decir eso después de haberte descargado en otro. Si tanto te pertenezco... ¿por qué necesitaste la boca de Lirien anoche?

El silencio que siguió fue pesado. Ryan lo miró fijamente, respirando agitado, con los celos y la frustración mezclados en su rostro.

—Porque fui un imbécil —admitió con voz ronca—. Pero no voy a permitir que busques consuelo en otro alfa solo porque yo cometí un error.

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Pasaron los días. Luego una semana. Luego casi dos.

La relación entre Ryan y Einar no mejoró. Al contrario, se enfrió hasta volverse incómoda y distante.

Einar ya no lo esperaba por las noches. Apenas hablaba si no era necesario. Comía en su habitación la mayoría de las veces o salía a caminar solo por los alrededores de la casa. Cuando se cruzaban en los pasillos o en el salón principal, Einar bajaba la mirada o respondía con frases cortas y educadas, pero sin calidez. Ya no había sonrisas tímidas, ni miradas suaves, ni ese aroma dulce y entregado que antes llenaba la casa.

Ryan lo notaba todo, no volvió a llamar a Lirien ni a ningún otro omega. Ni siquiera los miró.

Cada noche, Ryan se acostaba solo en su gran cama. El silencio de la habitación contigua le resultaba insoportable. Extrañaba el aroma de Einar en sus sábanas. Extrañaba su voz suave diciendo "Ryan..." en lugar de ese frío "mi señor". Extrañaba el peso ligero de su cuerpo cuando se acurrucaba contra él, aunque fuera sin palabras.

Una noche, después de cenar solo, Ryan no aguantó más. Fue hasta la habitación de Einar y abrió la puerta sin llamar.

Einar estaba sentado junto a la ventana, leyendo a la luz de una vela. Levantó la vista un segundo y luego volvió a su libro.

—¿Podemos hablar? —preguntó Ryan, cerrando la puerta tras de sí.

—Si es necesario... —respondió Einar sin entusiasmo.

Ryan se quedó de pie en medio de la habitación, sintiéndose extrañamente fuera de lugar en su propia casa.

—Han pasado como dos semanas —dijo con voz baja—. Sigues distante. Apenas me miras. Apenas me hablas.

Einar cerró el libro con lentitud y lo dejó a un lado. Sus ojos azules se encontraron con los dorados de Ryan, pero sin la calidez de antes.

—¿Qué esperabas? —preguntó con tono tranquilo pero frío—. ¿Que después de escuchar cómo te corrías en la boca de otro, y que ese otro me lo restregara en la cara, yo simplemente volviera a sonreírte y abrirte las piernas como si nada?

Ryan apretó la mandíbula. Se pasó una mano por el cabello negro, visiblemente frustrado.

—No he vuelto a tocar a Lirien. Ni a nadie. Ni siquiera he mirado a otro omega desde esa noche.

Einar soltó una risa seca y amarga.

—Felicidades. ¿Quieres una medalla por no follarte a otros durante dos semanas?

Ryan dio un paso más cerca, pero se detuvo al ver que Einar se tensaba.

—Te extraño —admitió por fin, con voz ronca y sincera—. Extraño cómo me mirabas. Extraño tu olor en mi cama. Extraño... tocarte. No solo tu cuerpo. Extraño que estés cerca sin que haya esta maldita pared entre nosotros.

Einar lo miró en silencio durante varios segundos. Luego desvió la mirada hacia la ventana.

—Yo también te extrañaba —dijo en voz baja—. Pero ahora cada vez que te veo, recuerdo los gemidos de Lirien y su risa burlona en el pasillo. Y se me quitan las ganas de acercarme.

Ryan sintió un peso pesado en el pecho. Se sentó en una silla frente a Einar, inclinándose hacia adelante con los codos sobre las rodillas.

—No sé cómo arreglar esto —confesó—. Nunca había tenido que esforzarme por mantener a alguien cerca. Siempre tomaba lo que quería. Contigo... es diferente. Y lo estoy arruinando.

Einar no respondió de inmediato. Se quedó mirando la oscuridad al otro lado de la ventana.

—Tal vez necesitemos más tiempo —murmuró finalmente—. O tal vez simplemente ya no sea lo mismo.

Ryan levantó la cabeza bruscamente, con algo parecido al miedo cruzando sus ojos dorados.

—No digas eso.

Einar solo se encogió de hombros con cansancio

—Estoy aquí porque me lo ordenaste. Pero no me pidas que finja que todo está bien. No puedo.

El Alfa se quedó sentado en silencio, mirando al omega que tanto extrañaba y que ahora parecía más lejos que nunca. Por primera vez en su vida, Ryan se sentía impotente. El poder, las tierras y su título no servían de nada para recuperar lo que había roto.

Los días siguieron pasando en esa fría distancia. Ryan observaba a Einar desde lejos, con un nudo constante en el pecho. Einar cumplía con su rol de omega de la casa, pero ya no era suyo de la forma que realmente importaba.

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Los días se convirtieron en semanas, y Ryan decidió que no iba a perder a Einar sin luchar.

El Alfa, acostumbrado a que todo se le diera con solo una orden, empezó a hacer cosas que nunca había hecho por nadie.

En esa semana. Ordenó que retiraran todas las habitaciones de omegas invitados. Lirien fue enviado de vuelta a las tierras del Lord con un mensaje claro, no aceptaría más tributos de ese tipo.

Cada mañana dejaba flores silvestres (las favoritas de Einar) frente a su puerta, sin nota.

Dejó de comer en el salón principal y empezó a pedir que le llevaran la comida a la habitación de Einar para compartirla. Aunque Einar comía en silencio y apenas respondía, Ryan se quedaba allí, hablando de cosas triviales, cómo iban las cosechas, un nuevo potrillo que había nacido, cualquier cosa con tal de llenar el silencio.

La semana siguiente Ryan empezó a acompañarlo en sus paseos sin ser invitado. Caminaba a su lado, a una distancia respetuosa, sin tocarlo. Cuando Einar se sentaba junto al río, Ryan se sentaba también, en silencio al principio. Luego comenzó a hablar de sí mismo.

—Nunca había tenido que esforzarme por alguien —confesó una tarde, mirando el agua—. Siempre tomaba lo que quería. Contigo... me di cuenta demasiado tarde que te traté como si fueras algo que podía reemplazar. Fui un idiota.

Einar no respondía mucho, pero ya no se levantaba e iba a otro lado.

Una noche, Ryan apareció en su habitación con un paquete envuelto en tela fina. Dentro había una capa nueva de lana suave teñida del mismo azul que los ojos de Einar, con bordados plateados.

—No es un regalo para comprar tu perdón —dijo Ryan, dejándolo sobre la cama—. Es porque vi que la tuya ya estaba gastada y pensé que te gustaría.

Einar tocó la tela, pero no dijo nada.

La siguiente semana Ryan hizo lo más difícil para él, darle espacio real. Dejó de entrar sin avisar. Empezó a pedir permiso.

—Einar, ¿puedo pasar? —preguntaba desde la puerta.

A veces Einar decía que no. Ryan aceptaba y se retiraba sin discutir.

También comenzó a entrenar menos y a pasar más tiempo en la casa. Los sirvientes notaban el cambio, el Alfa ya no tenía esa expresión dura constante. Parecía... inquieto y preocupado.

Una noche de tormenta, Ryan no aguantó más. Entró en la habitación de Einar después de pedir permiso y se quedó de pie.

—No sé qué más hacer —admitió con voz ronca, mirándolo directamente—. He rechazado a todos los omegas. He dejado de lado parte de mis obligaciones para estar aquí. Te doy espacio, te doy regalos, te hablo... y sigues lejos. Dime qué quieres, Einar. Dime qué necesitas para que dejes de mirarme como si te hubiera roto algo que no se puede arreglar.

Einar, que estaba sentado en la cama, lo miró durante un largo rato. Su voz salió baja, pero firme.

—Quiero sentir que soy el único. No el principal. No el favorito. El único. Y ahora mismo no confío en ti.

Ryan se acercó lentamente y se arrodilló frente a él, algo que jamás había hecho por nadie. Tomó las manos de Einar con cuidado, aunque el omega no las retiró.

—Entonces déjame demostrártelo cada día —dijo Ryan, con la voz cargada de emoción—. No solo con palabras. No solo una semana o dos. El tiempo que haga falta. Eres el único omega que quiero en mi cama, en mi casa y en mi vida. No quiero a nadie más. Ni ahora, ni dentro de un mes, ni nunca.

Einar miró sus manos unidas. Por primera vez en semanas, su expresión se suavizó un poco, aunque el dolor seguía ahí.

—Duele mucho todavía —susurró.

—Lo sé —respondió Ryan, apretando suavemente sus manos—. Y voy a seguir aquí hasta que deje de doler. Aunque tenga que arrodillarme todas las noches.

Se quedó allí, de rodillas, mirando al omega rubio con una vulnerabilidad que contrastaba completamente con el Alfa poderoso que era.

Los días siguieron pasando, pero ahora con pequeños cambios.

Einar ya no comía completamente en silencio, a veces respondía. Ya no salía solo a caminar; permitía que Ryan lo acompañara. Todavía no había besos, ni caricias, ni noches compartidas... pero la distancia ya no era tan gélida.

Ryan estaba dispuesto a esperar lo que fuera necesario.

Semanas después...

La casa señorial estaba en silencio bajo la luz dorada del atardecer. Ryan había pasado toda la tarde en el salón principal revisando mapas y acuerdos, pero su mente no estaba allí. Últimamente su atención siempre terminaba desviándose hacia la habitación contigua.

Escuchó pasos suaves y levantó la vista.

Einar estaba de pie en la puerta del salón, con la capa nueva que Ryan le había regalado sobre los hombros. No había entrado sin permiso como antes; esperaba.

Ryan se levantó lentamente, sorprendido.

—¿Puedo pasar? —preguntó Einar con voz baja.

—Siempre —respondió Ryan de inmediato, casi con ansiedad.

Einar entró y cerró la puerta tras de sí. Se quedó de pie a unos metros, jugueteando con el borde de su capa, claramente nervioso. Ryan no se acercó. Había aprendido que presionarlo solo lo alejaba más.

—He estado pensando... —empezó Einar, sin mirarlo directamente—. Estos días... has hecho muchas cosas que nunca imaginé que harías. Cancelaste los tributos, me das espacio cuando te lo pido, te arrodillaste... —tragó saliva—. Nunca había visto a un Alfa arrodillarse ante nadie.

Ryan permaneció en silencio, dejándolo hablar.

Einar finalmente levantó la mirada. Sus ojos azules seguían teniendo sombras de dolor, pero ya no eran tan fríos.

—No te he perdonado del todo —dijo con honestidad—. Todavía me duele cuando lo recuerdo. Pero... también extraño cómo eran las cosas antes. Extraño hablar contigo. Extraño... no sentirme tan solo aquí.

Ryan dio un paso cauteloso hacia él.

—¿Y qué necesitas de mí para que eso cambie? —preguntó con voz ronca—. Dímelo y lo haré.

Einar dudó un momento, luego dio un paso también. Ahora solo los separaban un par de metros.

—Quiero que me prometas que nunca más volverá a pasar algo como lo de Lirien. Ni por política, ni por frustración, ni por nada. Quiero ser el único, de verdad.

Ryan no dudó ni un segundo.

—Eres el único —dijo con firmeza—. Ya no quiero a nadie más. Ni ahora, ni nunca. Te lo juro por las tierras que gobierno. Si vuelvo a fallarte así, puedes marcharte y no te detendré.

Einar lo miró fijamente, buscando sinceridad en esos ojos dorados. Lo que encontró lo hizo suspirar suavemente.

Se acercó un poco más, hasta quedar frente a Ryan. Levantó una mano con timidez y la apoyó en el pecho ancho del Alfa, justo sobre su corazón. Ryan contuvo la respiración.

—Estoy cansado de estar enfadado —confesó Einar casi en un susurro—. Y estoy cansado de extrañarte mientras estás frente a mí.

Ryan cerró los ojos un momento, saboreando el primer contacto voluntario en semanas. Cuando los abrió, su mirada era más suave.

—¿Puedo abrazarte? —preguntó, pidiendo permiso por primera vez.

Einar asintió lentamente.

Ryan lo rodeó con sus brazos fuertes pero con cuidado, como si temiera que se rompiera. Hundió el rostro en el cabello rubio de Einar e inhaló profundamente su aroma, ese que tanto había extrañado. Einar tardó unos segundos, pero finalmente levantó los brazos y rodeó la cintura del Alfa, apoyando la mejilla contra su pecho.

Se quedaron así un largo rato, en silencio.

—Te extrañé tanto... —murmuró Ryan contra su cabello—. No solo tu cuerpo. Te extrañé a ti.

Einar apretó ligeramente los dedos en la espalda de Ryan.

—Yo también —admitió en voz baja—. Aunque no quería reconocerlo.

Ryan se apartó solo lo suficiente para mirarlo. Acarició con el pulgar la mejilla de Einar con una ternura poco habitual en él.

—¿Puedo besarte? —preguntó.

Einar dudó solo un segundo antes de asentir.

Ryan se inclinó lentamente y rozó sus labios con los suyos. Fue un beso suave, casi reverente. Sin prisa, sin exigencia. Solo labios cálidos moviéndose con lentitud, saboreándose. Einar suspiró contra su boca y Ryan profundizó un poco el beso, pero sin invadir. Cuando se separaron, apoyaron sus frentes juntas.

—No voy a presionarte —susurró Ryan—. Podemos ir tan lento como necesites. Solo... no te alejes más de mí.

Einar cerró los ojos y asintió ligeramente, todavía abrazado a él.

—Está bien... —murmuró—. Pero si vuelves a hacerme daño así...

—No lo haré —prometió Ryan con voz firme—. Nunca más.

Por primera después de semanas, Einar durmió esa noche en la habitación de Ryan. Solo se acostaron juntos, abrazados. Ryan lo sostuvo contra su pecho toda la noche, inhalando su aroma como si fuera oxígeno.

Einar todavía no había vuelto del todo... pero estaba empezando a ceder.

Tres días después en el balcón. Euna noche clara y fresca. Ambos estaban apoyados en la barandilla de madera, mirando las estrellas. Ryan estaba detrás de Einar, sin tocarlo al principio. Luego, con cuidado, rodeó su cintura desde atrás y apoyó la barbilla en su hombro.

Einar no se tensó. Solo suspiró.

—¿Tienes frío? —preguntó Ryan.

—Un poco.

Ryan abrió su capa y envolvió a Einar con ella, pegándolo contra su pecho cálido. Sus brazos lo rodearon con posesión suave. Inclinó la cabeza y besó lentamente el lateral de su cuello, solo un roce cálido de labios, sin succionar ni morder.

Einar inclinó ligeramente la cabeza, dándole más acceso. Ryan sonrió contra su piel y depositó varios besos suaves más, subiendo hasta detrás de su oreja.

—Tu olor me calma —confesó Ryan en voz baja—. Cuando no estás cerca, todo se siente... mal.

Einar giró un poco la cabeza y sus labios se rozaron. Fue Einar quien inició el beso esta vez. Suave, tentativo. Ryan respondió con la misma delicadeza, moviendo sus labios contra los de él sin prisa, saboreándolo. Sus manos acariciaban el vientre de Einar por encima de la túnica, solo caricias reconfortantes.

Cuando se separaron, Einar apoyó la espalda contra el pecho de Ryan y murmuró.

—Todavía tengo miedo de que vuelva a pasar.

—Lo sé —respondió Ryan, besando su sien—. Y voy a seguir demostrándote todos los días que no sucederá.

Una semana después, estaban acostados de lado, mirándose. La habitación solo estaba iluminada por el fuego de la chimenea.

Ryan levantó la mano y acarició la mejilla de Einar con el dorso de los dedos, luego bajó por su cuello, su clavícula, su brazo. Eran caricias inocentes, pero llenas de intención.

—Eres hermoso —susurró Ryan—. No solo tu cara o tu cuerpo. Todo tu ser.

Einar se sonrojó ligeramente y bajó la mirada. Ryan levantó su barbilla con dos dedos y lo besó. Esta vez el beso fue más largo, más profundo, pero seguía siendo suave. Lenguas que se rozaban con lentitud, respiraciones compartidas, pequeños suspiros.

Cuando se separaron, Ryan apoyó su frente contra la de Einar.

—¿Puedo tocarte más? —preguntó—. Solo tocarte. Nada más si no quieres.

Einar dudó solo un segundo y asintió.

Ryan deslizó la mano bajo la túnica de Einar y acarició su torso desnudo con palma cálida. Recorrió su pecho, sus costillas, su vientre plano. No bajó más allá de la cadera. Solo exploraba con ternura, memorizando cada curva como si fuera la primera vez.

Einar cerró los ojos y soltó un suspiro tembloroso cuando Ryan besó su cuello al mismo tiempo. No era un beso hambriento, era reverente. Labios suaves, lengua cálida que solo saboreaba.

—Ryan... —susurró Einar, casi sin voz.

El Alfa se detuvo al instante.

—¿Quieres que pare?

—No... —Einar abrió los ojos y lo miró—. Solo... me gusta cuando me tocas así.

Ryan sonrió con suavidad y lo besó en los labios otra vez.

—Einar —murmuró contra su boca—. Mi Einar.

Se quedaron así durante casi una hora, besos lentos, caricias suaves, palabras susurradas. Ninguno de los dos buscó más. Solo redescubrirse con paciencia.

Dos semanas después..

La paciencia de Ryan estaba llegando a su límite, pero no de forma violenta, sino de pura necesidad acumulada. Esa noche, algo en el aire cambió.

Estaban en la gran cama. Habían empezado como las noches anteriores, besos suaves, caricias lentas. Pero Einar respondió con más hambre esta vez. Cuando Ryan lo besó, el omega hundió los dedos en su cabello negro y lo atrajo más cerca, abriendo la boca con un gemido bajo.

Ryan gruñó contra sus labios y profundizó el beso. Ya no era tierno. Su lengua invadió la boca de Einar con posesión, saboreándolo con urgencia mientras una mano bajaba por su espalda y apretaba su trasero con fuerza, pegándolo contra su cuerpo.

—Einar... —murmuró Ryan con voz ronca, mordiendo su labio inferior—. Dime que pare si es demasiado.

—No pares —susurró Einar, respirando agitado. Sus mejillas estaban sonrojadas y sus ojos azules brillaban con deseo contenida.

Eso fue todo lo que Ryan necesitó.

Lo tumbó de espaldas y se colocó encima, besándolo con más intensidad, casi con desesperación. Sus bocas se devoraban, húmedas y calientes. Ryan bajó por su cuello, besando y succionando con fuerza, dejando marcas visibles mientras sus manos recorrían el cuerpo de Einar con avidez.

—Te extrañé tanto... —gruñó contra su piel, bajando la túnica de Einar hasta dejarlo desnudo. Tomó uno de sus pezones rosados en la boca y lo chupó con fuerza, mordiendo suavemente mientras su mano bajaba y envolvía la erección ya dura de Einar, masturbándolo con movimientos firmes y largos.

Einar arqueó la espalda con un gemido más alto, clavando las uñas en los hombros de Ryan.

—Ryan... ah...

Ryan siguió bajando, besando su vientre, lamiendo la piel sensible hasta llegar entre sus piernas. Separó los muslos de Einar con brusquedad y hundió el rostro en su entrada.

—Dioses... estás empapado —gruñó.

Lamió su agujero con su lengua caliente, dando vueltas lentas y firmes antes de introducir la lengua lo más profundo posible, follándolo con ella. Einar gritó de placer y agarró las sábanas. Ryan añadió dos dedos gruesos de golpe, moviéndolos con fuerza mientras seguía lamiendo y chupando.

—Más... —suplicó Einar.

Ryan añadió un tercer dedo, abriéndolo con movimientos rápidos y profundos, curvándolos para golpear esa zona sensible una y otra vez. El sonido húmedo y obsceno de sus dedos entrando y saliendo llenaba la habitación. Al mismo tiempo, chupaba el miembro de Einar con fuerza, tragándolo hasta el fondo.

Einar temblaba, con las piernas abiertas y la espalda arqueada.

—Ryan... por favor... te necesito dentro...

Ryan se incorporó, respirando agitado. Su pene estaba durísimo y goteando. Frotó la cabeza gruesa y caliente contra la entrada empapada de Einar, torturándolo.

—Mírame —ordenó.

Cuando Einar abrió los ojos azules, Ryan empujó de un solo golpe brutal, enterrándose hasta el fondo.

Ambos gruñeron. Ryan no esperó. Empezó a penetrarlo con embestidas fuertes y profundas, salía casi por completo y volvía a clavarse con fuerza, haciendo que la cama crujiera.

—Tan apretado... tan perfecto —gruñó, sujetando las caderas de Einar mientras lo penetraba sin piedad.

Cambió de posición. Levantó las piernas de Einar sobre sus hombros y lo dobló casi por la mitad, penetrando más profundo. Cada embestida era dura, precisa, golpeando su próstata sin descanso. El sonido de piel chocando contra piel era fuerte y constante.

Einar gemía sin control, las lágrimas de placer corriendo por sus mejillas.

—Más fuerte... Ryan...

Ryan gruñó y obedeció. Lo embistió con brutalidad, sujetándolo con fuerza mientras sus caderas se movían como un pistón. El sudor cubría sus cuerpos.

Se inclinó y lo besó con violencia, mordiendo su labio inferior hasta casi hacerlo sangrar mientras seguía embistiéndolo sin parar.

Luego lo puso en cuatro. Agarró el cabello rubio de Einar con una mano, tirando de su cabeza hacia atrás, y con la otra sujetó su cadera. Lo folló desde atrás con embestidas salvajes y profundas, mientras algo empezaba a crecer.

—¿De quién eres? —gruñó Ryan, tirando más fuerte de su cabello.

—Tuyo... solo tuyo... —gimió Einar, la voz rota.

Ryan aceleró, embistiendo con furia. Cuando su nudo se hinchó por completo, empujó con fuerza y lo hinchó dentro de Einar, uniéndolos con un rugido gutural. Einar gritó al correrse, su miembro palpitaba mientras manchaba las sábanas. Ryan se corrió casi al mismo tiempo, llenándolo hasta que su vientre se hinchó ligeramente.

Se quedaron unidos, Ryan cubriendo completamente el cuerpo de Einar con el suyo. Besó su nuca, su cuello y sus hombros con besos posesivos .

—Te amo —susurró Ryan contra su oído, aún profundamente enterrado—. Eres mío. Solo mío. Nunca más voy a fallarte.

Einar, temblando y exhausto, giró la cabeza lo suficiente para besarlo torpemente.

—Quédate dentro... —suplicó con voz débil—. No te salgas todavía...

Ryan lo abrazó con fuerza y los giró de lado, manteniendo el nudo bien dentro de él mientras lo besaba con más suavidad esta vez, acariciando su cuerpo con ternura posesiva.

—No pienso salir en horas —murmuró contra sus labios—. Esta noche eres completamente mío.

———————————————————————————

Un mes después

La gran sala de juntas de la casa señorial estaba llena. Los aliados más importantes de Ryan habían llegado, el Lord Kael del norte, el Lord Merrick de las tierras del este, varios jefes de clanes menores y guerreros de confianza. La larga mesa de roble estaba cubierta de mapas, copas de hidromiel y platos con comida. El ambiente era serio, cargado de política y poder.

Ryan presidía la cabecera de la mesa, imponente con una túnica negra bordada en oro. A su derecha, de pie y ligeramente detrás de él, estaba Einar.

El omega rubio vestía una túnica azul oscuro que resaltaba sus ojos, con detalles plateados y una capa fina. Llevaba el cabello bien peinado y una fina cadena de plata en el cuello que Ryan le había regalado días atrás. Se veía nervioso, pero mantenía la postura recta.

La reunión había transcurrido normalmente hasta que Ryan levantó la mano, pidiendo silencio.

—Antes de continuar con los acuerdos fronterizos, hay algo que quiero dejar claro delante de todos ustedes—dijo con voz grave y autoritaria, que resonó en toda la sala.

Todos los presentes lo miraron con atención. Ryan se levantó y extendió la mano hacia Einar, quien dudó solo un segundo antes de tomarla y colocarse a su lado.

—Este es Einar, del clan de las colinas del norte —anunció Ryan, mirando a cada uno de los aliados—. A partir de hoy, y delante de todos ustedes, lo declaro como mi único omega. No habrá más tributos de omegas. No aceptaré más ofrendas de ese tipo. Cualquier acuerdo futuro que implique omegas como pago queda cancelado.

Un murmullo recorrió la sala. El Lord Kael frunció el ceño, claramente sorprendido.

Ryan apretó la mano de Einar con firmeza y continuó, mirando directamente a sus aliados.

—Hace semanas cometí un error que casi me cuesta lo más valioso que tengo. Usé a otro omega por un viejo acuerdo político. Ese error no se repetirá. Einar es el único que estará a mi lado. El único que compartirá mi cama, mi casa y mi vida.

Tiró suavemente de Einar hacia adelante, colocándolo frente a todos. Luego, frente a la mirada de todos los presentes, Ryan se inclinó y besó a Einar en los labios. No fue un beso casto. Fue posesivo, profundo y deliberado, sujetando su nuca con una mano mientras lo besaba varios segundos. Cuando se separó, Einar tenía las mejillas sonrojadas.

—Además —continuó Ryan, sin soltar la mano de Einar—, dentro de tres semanas celebraremos el enlace. Einar se convertirá en mi consorte oficial, mi omega unido ante las leyes antiguas y los dioses. Cualquier falta de respeto hacia él será considerada una falta de respeto hacia mí.

El silencio que siguió fue absoluto.

El Lord Merrick fue el primero en hablar, levantando su copa con una sonrisa astuta.

—Entonces brindemos por el fin de los tributos de omegas y por la unión del Alfa.

Los demás alzaron sus copas, aunque algunos lo hicieron con expresiones de sorpresa. Ryan miró a Einar, que lo observaba con los ojos muy abiertos, claramente emocionado y abrumado.

Cuando la reunión terminó y los aliados comenzaron a retirarse, Ryan llevó a Einar a la habitación principal y cerró la puerta.

En cuanto estuvieron solos, Ryan lo empujó suavemente contra la pared y lo besó con intensidad, sujetando su rostro entre sus manos grandes.

—¿Estás enfadado? —preguntó entre besos—. ¿Te sentiste presionado?

Einar negó con la cabeza, respirando agitado.

—No... solo... no esperaba que lo hicieras delante de todos. Que me presentaras así... que anunciaras el matrimonio.

Ryan apoyó su frente contra la de él, mirándolo fijamente con ojos dorados llenos de determinación.

—Quiero que todos sepan que eres mío. No como un secreto o un capricho. Como mi pareja, mi consorte y mi omega.

Besó a Einar de nuevo, más lento esta vez, saboreándolo con devoción. Sus manos bajaron por su cuerpo, apretando sus caderas y pegándolo contra su cuerpo.

—Dentro de tres semanas llevarás mi marca y mi apellido delante de todos —susurró contra sus labios—. Y esa noche... te voy a follar tan lento y tan profundo que no vas a poder caminar durante dos días.

Einar se sonrojó fuertemente y escondió el rostro en el cuello de Ryan, quien soltó una risa baja y posesiva.

—¿Eso significa que aceptas? —preguntó Ryan, acariciando su espalda.

Einar levantó la mirada, con una pequeña sonrisa tímida pero real en los labios.

—Sí... acepto.

Fin...