Zero-nen no kodoku

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Summary

En su último año de secundaria, Itsuki conoce a Ayae, una chica con un carisma y una energía poco común que llega a su vida para cambiar algo que él creía inamovible. Ahora están en la misma escuela. En el mismo lugar donde Itsuki llevaba tiempo aprendiendo a no complicarse, a no involucrarse demasiado, a no sentir más de lo necesario. Porque Itsuki no es alguien sencillo cuando se trata de emociones. Su pasado lo marcó más de lo que admite. Es alguien que piensa demasiado antes de hablar y que prefiere callar antes que arriesgarse a sentir. Alguien que hace lo correcto, incluso cuando eso significa hacerse daño. Ese es su problema. Vive bajo un código moral del que no sabe escapar. Siempre prioriza a los demás, siempre reprime lo que quiere y siempre termina perdiendo algo en el proceso. Y entonces está Ayae. Alguien con el que se siente el mismo, alguien que llegó para hacerlo sentir seguro y que poco a poco empieza a desordenar todo lo que Itsuki creía tener bajo control. Pero no es la única. Porque en su vida ya existe alguien que nunca se ha ido: su mejor amiga. La única constante. La que lo entiende incluso cuando él no dice nada y la que convierte cualquier cambio en algo mucho más complicado. Y así, lo que parecía simple deja de serlo. No son solo decisiones. Son miradas a destiempo, palabras que nunca se dicen, personas que llegan sin avisar y que, aun así, se vuelven

Genre
Drama
Author
Zero
Status
Ongoing
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
16+

El inicio de... ¿qué

Último año de secundaria.

Salí de mi casa con el rostro todavía cargando el peso del sueño. No era algo que los demás pudieran notar fácilmente; aprendí hace tiempo a disimular el cansancio. Después de todo, hoy es el primer día de clases tras unas vacaciones bastante agradables. Se supone que debería verme animado.

Pero la verdad…

—Qué pereza, en serio… —murmuré mientras caminaba.

No es que odie la escuela. Tampoco es que quiera evitar a alguien en específico. Es solo esa sensación incómoda de tener que abandonar la comodidad de la cama y volver a la rutina.

Las vacaciones se pasaron demasiado rápido.

Aunque, si soy sincero, no me molesta del todo que hayan terminado.

Hay alguien a quien quiero volver a ver.

Monika.

Mi mejor amiga.

La chica de la que estoy enamorado desde hace años.

La conozco desde el inicio de la secundaria. Y desde entonces, cada año he intentado que nuestra relación sea algo más que amistad… pero siempre termina igual.

Cuando me declaré, me rechazó con la misma razón de siempre.

No quiere arruinar lo que tenemos.

No quiere cambiar nuestra amistad.

Puedo entenderlo… creo.

Desde hace tres años tiene novio.

Y desde entonces dejé de intentarlo.

No porque haya perdido el interés.

Es algo más complicado que eso.

A veces me preguntan por qué no lo intento otra vez.

Por qué no lucho más.

Por qué no intento separarla de él si supuestamente la amo tanto.

Podría intentar enamorarla en secreto. Podría quedarme a su lado esperando el momento en que su relación falle. Podría aprovechar cada discusión que tenga con su novio para acercarme más.

Pero… ¿qué clase de persona haría eso?

Amar a alguien no debería significar desear que su felicidad se rompa.

Si Monika sonríe cuando habla de él…

si sus ojos brillan cuando lo menciona…

¿qué derecho tengo yo de querer apagar eso solo para cumplir mi deseo?

No quiero que me elija porque alguien más falló.

No quiero ser el reemplazo que aparece cuando todo se derrumba.

Si algún día ella me mirara de otra manera, quiero que sea porque realmente me eligió… no porque fui la única opción que quedó en pie.

Además, si estuviera en el lugar de su novio…

si yo lograra estar con la persona que amo…

no soportaría la idea de que alguien más intentara interponerse desde las sombras, esperando que yo cometiera un error.

Eso sería miserable.

Y yo no quiero convertirme en alguien miserable por amor.

Tal vez soy cobarde.

Tal vez estoy renunciando antes de tiempo.

Pero prefiero cargar con un amor silencioso…

antes que destruir algo que la hace feliz.

—¡¡Itsuki!!

Una voz me sacó de mis pensamientos.

Me giré y la vi corriendo hacia mí con una sonrisa que parecía iluminar la calle.

Ayae.

Nos conocimos durante estas vacaciones, el mismo día que se mudó al vecindario. Desde entonces se volvió una presencia constante en mis días. Es alegre, directa y tiene esa facilidad de hacer que cualquier momento se sienta más ligero.

A veces me pregunto si fue casualidad o destino haberla conocido justo ahora.

—Eres malo, no me esperaste —dijo con tono infantil.

—Perdón, salí un poco tarde. Pensé que ya ibas adelantada.

—Está bien —respondió, aunque por un segundo bajó la mirada—. ¿No estás emocionado por volver a clases?

Lo pensé un momento.

—Un poco… supongo. Me preocupa volver a estar ocupado, pero contigo no creo aburrirme. Además, quiero ayudarte a que te sientas cómoda con todos.

Sus ojos brillaron.

—Gracias, Itsuki. Quiero llevarme bien con todos… y pasarla bien contigo.

Sonreí sin pensar demasiado en lo que eso significaba.

Caminamos juntos hasta la escuela. En el trayecto nos encontramos con Kunze y Jeremy.

—¡¿Qué tal, Itsuki?! —gritó Kunze apenas me vio—. Tres meses sin verte.

—¿Pero de que hablas?—respondí, aunque me alegraba verlo—. A veces iba a tu casa a jugar videojuegos.

Jeremy soltó una pequeña risa.

—hay que disfrutar este último año, pero no descuiden los deberes.

—Claro que sí —respondimos casi al mismo tiempo.

Entonces noté algo.

Ayae estaba a mi lado… pero ellos ni siquiera la habían saludado.

—Ahora que lo pienso… ¿quién es esta niña? —preguntó Kunze con tono burlón.

—¡No soy una niña! —protestó de inmediato—. Tengo su misma edad. Además, soy amiga de Itsuki.

A Jeremy le dio curiosidad.

—¿Amiga? ¿Y desde cuándo tienes amigas que no conocemos?

Sentí un poco de vergüenza.

—La conocí en vacaciones… pero es extraño. Siento como si la conociera desde hace mucho más tiempo.

Ayae me miró sorprendida. Yo desvié la mirada.

El timbre sonó antes de que la conversación pudiera seguir.

—Vaya... bueno, hay que apresurarnos si no queremos llegar tarde—dijo Kunze.

Jeremy se despidió y tomó rumbo a su salón.

Dimos unos pasos cuando recordé algo.

—Ah, por cierto… Ayae estará en nuestro salón.

—¿En serio? —Kunze sonrió con entusiasmo—. Entonces ya eres parte del grupo.

—Espero llevarme bien con todos —dijo ella con una mezcla de nervios y emoción.

—Lo harás —le aseguré—. Confía en mí.

Finalmente llegamos a la puerta del salón.

Nos detuvimos frente a ella por unos segundos. No sé por qué, pero ninguno parecía querer entrar primero.

Tal vez porque cruzar esa puerta significa más que comenzar clases.

Es el último año.

El último conjunto de recuerdos antes de que todo cambie.

No sé qué pasará.

Pero hay algo dentro de mí que me dice que este año…

no lo olvidaré jamás.