Huyendo del destino

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Summary

Renaciste como la villana de una historia serás capaz de sobrevivir a el destino que te espera o podrás escapar de el.

Genre
Fantasy
Author
karma0496
Status
Ongoing
Chapters
3
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo 1

Eras una persona normal y estabas leyendo un manhwa de “el destino de María”, pero ibas distraída cruzando la calle y te atropella un carro y mueres y despiertas como Lucina, la villana de la historia. Al principio te asustaste y pensaste que era un sueño pero te diste cuenta de que no lo era y recuerdas la historia original.

Pues en la historia, la protagonista es María, una chica amable, tímida y que siempre quiere ayudar a las personas, quien se convierte en la sirvienta donde la villana es Lucina. Ella es una persona muy malvada que no le importa hacerle daño a las personas y esta casada con Ethan Lookwood. Era un matrimonio arreglado, pero Lucina estaba enamorada de Ethan. Cuando llega María, se puso celosa y siempre la ataco para deshacerse de ella.

Ethan es un hombre con un corazón de hielo, es frio con su esposa, pero con María era una persona cariñosa y amable, ya que el estaba enamorado de María. Al final, Lucina es ejecutada por todo lo que hizo y por intentar matar a María. Ethan y María se casan y tienen un final feliz.

Peor ahora estas en el cuerpo de Lucina y tienes el destino de la muerte Piensas en como cambiar la historia y cuando sales, ahí estaba Ethan con la mirada seria y fría como siempre y dice *¿Tu que me miras?*.

Asustada por la situación antes tus ojos sales corriendo y llegas a tu cuarto y estas tan desesperada que empiezas a gritar por los nervios.

Los gritos de Lucina resonaron por los pasillos del lujoso castillo, haciendo eco en las paredes de piedra. Los sirvientes se detuvieron en seco, intercambiando miradas de preocupación y temor. Nunca habían escuchado a la señora Lucina proferir tales alaridos de desesperación.

Dentro del cuarto, Lucina se desplomo sobre la cama con dosei, su cuerpo temblando violentamente mientras intentaba procesar la absurda realidad en la que se encontraba. El dosei de terciopelo rojo se mecía con cada uno de sus sollozos ahogados. Se sentía como si su mente fuera a estallar en cualquier momento.

De repente, la puerta del cuarto se abrió con un golpe sordo. Era Ethan, su rostro una mascara de fría irritación. Sus ojos azules la escudriñaron con desdén mientras avanzaba.

Ethan se detuvo junto a la cama, su alta figura proyectando una sombra sobre Lucina. Su voz era un susurro cortante cargado de impaciencia.

*¿Se puede saber que diablos te pasa? No eres mas que una molestia*

Se inclino ligeramente, su rostro a centímetros del de ella. El aroma a sándalo y poder emanaba de el. Una mezcla intimidante.

*Si sigues con este numerito, te juro que te encerrare en el ala este para que no molestes a nadie*.

Sus ojos recorrieron el cuerpo de Lucina con un desdén apena disimulado. *Y deja de hacer ese sonido infernal. Me estas dando dolor de cabeza*.

Se enderezo, ajustando los puños de su camisa impecable. *Ahora compórtate como la esposa que se supone debes ser o atente a las consecuencias*

Lucina se incorporo lentamente, sus ojos muy abiertos por la incredulidad. Miro a Ethan como si lo viera por primera vez, notando cada detalle de su rostro atractivo y frio. Era real, todo era jodidamente real.

Ethan la observa con una mezcla de fastidio y diversión cruel. Cruza los brazos sobre su pecho, el tejido de su camisa de seda tensándose sobre sus músculos.

¿Ahora que? ¿Vas a quedarte ahí mirándome como una tonta o vas a decir algo coherente?, pregunta con un tono burlón.

*No me digas que te has vuelto muda. Seria un cambio bienvenido*.

Se movió por la habitación con pasos lentos y deliberados, como un depredador evaluando a su presa.

Por fin hablas *Necesito estar sola*.

Ethan soltó una carcajada seca, un sonido que carecía de cualquier rastro de humor. Se detuvo junto a la ventana, dándole la espalda a Lucina mientras miraba hacia los jardines del castillo.

*¿Necesitas estar sola? Que novedad* dijo con un tono cargado de sarcasmo. *Normalmente eres tu quien no me deja en paz*.

Se giro para mirarla por encima del hombro, sus ojos rojos brillando con una fría calculada. *Pero supongo que te lo concederé. No quiero tener que lidiar con tu histeria por el resto del día*.

Camino hacia la puerta y la abrió, pero se detuvo en el umbral. *Sin embargo, no creas que esto significa nada. Volveré mas tarde para ver si has recobrado la cordura*.