𝑬𝒍 𝑳𝒂𝒛𝒐 𝒒𝒖𝒆 𝒏𝒐𝒔 𝒖𝒏𝒆

All Rights Reserved ©

Summary

Valeria y Jhonatan crecieron rodeados de secretos y mentiras. Solo se tienen el uno al otro... pero ni siquiera ese lazo está a salvo. El pasado los persigue: la muerte, un poder oculto y un plan que empezó antes de que nacieran. En un mundo donde el amor puede ser una trampa y la familia un enemigo, descubrir la verdad podría salvarlos... o destruirlos.

Status
Ongoing
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
16+

𝐴𝑁𝑇𝐸𝑆 𝐷𝐸 𝐿𝐴 𝐺𝑅𝐼𝐸𝑇𝐴


                                              VALERIA

No todo lo que falta está perdido. Algunas cosas fueron     separadas a propósito.

Un jardín tan hermoso puede albergar tantos recuerdos que, en vez de consolarte, te llenan de amargura y no te dejan avanzar. Sin embargo, el aroma de las flores hace que mi tristeza se desvanezca poco a poco... aunque no por completo. Me acerque a un árbol donde colgaba un columpio dañado; las risas de niños llegan a mi mente, épocas en las que la vida estaba llena de amor. Nunca sabemos cuándo la persona que más queremos nos faltará, y es algo que aprendemos a las malas. Al terminar el paseo por el jardín, vi varias lápidas. Este es el cementerio de las familias más poderosas de Vetham. Me acerco a tres de ellas, en las que están tallados los nombres de Bianca, David y Harmony. Dejo rosas blancas en la lápida de Bianca, las flores que más amaba recuerdo su sonrisa cada que las olía; luego me acerco a la de David y dejo lirios. Por último, me siento frente a la de Harmony, y me quedo observando al jardín al otro lado. Las flores siempre me han encantado. Estar en este lugar me llena de paz. Habían pasado varias horas cuando recibí una llamada de mamá:

- Valeria - dijo si voz fría y urgente - vuelve a casa ya. no es una petición -

Cuelgo y me dirijo a la salida del jardín, donde me teletransporto a casa.

- Bien, llegaste - dice mamá señalando que me siente junto a Jhonatan. Ella también toma asiento. Antes de hablar, inhala profundamente y mira a James, quien hace una seña para que continúe.

- Nos mudamos a Cherlotte en siete días - anunció sin una pizca de delicadeza - mi ascenso no espera nostalgia. Asi que empiecen a empacar.

Ninguno de los dos dice nada.

- Es su ciudad natal, ya conocen cada esquina... Eso debería facilitar las cosas.

- ¿Otra vez? - susurre clavando las uñas en las palmas de las manos - perdí la cuenta de cuántas veces empaque mi vida en una caja.

- Les guste o no ya está decidido - Respondió sosteniéndome la mirada - además ustedes están más preparados de lo que creen.

Me levanto y me dirijo a mi cuarto. De reojo, veo que Jhonatan hace lo mismo. Cuando escucho que todos están dormidos, subo a la azotea. Las plantas son lo que más destaca allí. En una esquina hay una pequeña sala de estar con sofás y una mesa baja. Me acerco, me siento en uno de los sillones para contemplar las estrellas. Escucho un ruido y vuelvo la vista hacia atrás. Jhonatan estaba recogiendo una bolsa. Le hago una seña para que se siente, y él lo hace. Me da unos dulces y yo los recibo. Empezamos a comer.

- ¿Sabes por qué son mis favoritos?

Él niega con la cabeza mientras come uno.

- Porque el amargo que contrasta con el dulce me recuerda la vida. -

Jhonatan iba a decir algo, pero fue interrumpido por James, quien se acerca y se sienta junto a nosotros.

- Sabía que estarían aquí. - coje uno de los dulces - Sé que es difícil para ustedes - pone una mano en el hombro de Jhonatan - pero no todo es dolor - a diferencia de mamá. James nos habla con dulzura eso hace que me relaje un poco

- Papá, eso es lo de menos... es solo que este año nos hemos mudado demasiadas veces. ya estamos cansados. - responde Jhonatan.

- Los entiendo, chicos. Yo también estoy cansado. Pero estoy seguro que esta es la última vez. -

Sonreímos y lo abrazamos.

Luego de que James se fue, nos quedamos un rato viendo las estrellas.

- a veces siento que sólo somos recuerdos vivientes - mi voz salió mas quebrada de lo que esperaba - No avanzamos...sólo repetimos los pasos de otras personas. Es como si estuviéramos atrapados en algo que no elegimos -

El solo me observa.

- ¿A qué va todo esto? - pregunta confundido.

- ¿No sientes que estamos viviendo una vida que no es nuestra? - pregunto, con la mirada fija en el cielo -. No tienes que responder... solo son estupideces que a veces pienso. - me levanto y antes de irme me despido de Jhonatan

Me levanto y voy directo a mi cuarto, sin decir nada más. - Descansa, Val - su mirada me sigue hasta que cierro la puerta. Sé que me escucho. Y se que me entendió más de lo que dije.



                                             JHONATAN

Estaba sumergido en mis dibujos cuando escuché unos pasos acercarse. Al abrir la puerta, me encontré con Vivian. Su ceño estaba fruncido y sus labios, apretados en una línea de impaciencia.

-¿Has visto a Valeria? -preguntó. No parecía enojada, pero su tono era tan serio que el aire a su alrededor vibraba con urgencia.

Negué con la cabeza. Ella se alejó murmurando: "Nunca está cuando la necesito... ¿qué se la pasa haciendo?" No necesitaba escuchar más para entender que estaba perdiendo la paciencia.

Me hizo una seña para que la siguiera hasta la sala. Papá estaba sentado en el sillón de la esquina, tamborileando con el pie de manera inquieta. Vivian tomó su celular de la mesa y marcó el número de Valeria.

-Vuelve a casa ahora mismo. No es una sugerencia -dijo con una frialdad que me puso la piel de gallina.

Colgó de golpe. El ambiente en la sala se volvió denso, casi irrespirable. Las punzadas de desesperación que salían de papá me atravesaban el pecho como alfileres.

Cuando Valeria llegó, noté enseguida su rostro enrojecido y el temblor de sus manos. Intentaba ocultarlo cruzando los brazos, pero yo podía sentirlo: gritaba por dentro que necesitaba un abrazo.

Vivian, como siempre, no lo notó. Ella nunca la ve realmente.

-Nos mudamos a Cherlotte en siete días. Mi ascenso no espera nostalgia. Así que empiecen a empacar -anunció con su voz dura.

Las palabras de Valeria salían frías, pero no era lo que sentía, por dentro era devastador, después de eso ella se levantó y se fue sin más. Yo la seguí poco después, sin mirar atrás.

Esperé hasta que papá y Vivian se durmieran. Entonces bajé a la cocina, abrí el último cajón al lado de la nevera -donde papá siempre guardaba dulces- y tomé una bolsa.

Fui directo a la azotea.

Allí estaba Valeria, sentada, mirando las estrellas. Sus pensamientos eran un torbellino imposible de controlar, y gritos silenciosos pedían que todo acabara de una vez. Intenté calmar su dolor con mi propio poder, pero sus emociones eran tan fuertes que lo único que conseguí fue un dolor agudo en la cabeza. Solté la bolsa sin querer.

Ella volteó enseguida. Recuperé el control, recogí la bolsa y me acerqué. Con una seña, me pidió que me sentara a su lado.

Le doy un dulce.

-¿Sabes por qué son mis favoritos? -me dijo, mirándolo con nostalgia. Negué con la cabeza.

-Porque el amargo que contrasta con el dulce me recuerda a la vida. No supe qué responder. Papá apareció en ese momento y se sentó con nosotros.

-No deberían enojarse tanto. Sé que es difícil, pero no todo es dolor -dijo con suavidad, colocando una mano en mi hombro.

Eso me hizo hervir por dentro. ¿Cómo podía decir eso, sin darse cuenta de lo que estaba pasando con Valeria? Aun así, sabía que sus intenciones no eran malas. Papá siempre había sido comprensivo conmigo. Pero nadie la entiende a ella. Entender a Valeria es como armar un rompecabezas al que siempre le faltan piezas. Nos abrazó antes de despedirse. Ese gesto me relajó un poco, pero no borró lo que sentía.

Cuando se fue, Valeria empezó a hablar en voz baja, palabras que parecían delirios más que frases claras. Quise entenderla, pero no pude.

Al final se levantó y se marchó a su cuarto, dejándome a solas con mis pensamientos.

Me quedé allí, mirando las estrellas, con un peso en el pecho.

"Vamos a volver a Cherlotte... el lugar donde Bianca dio su último respiro. Creí que todos queríamos olvidar eso."

La idea de regresar allí me taladraba la cabeza. Parte de mí deseaba tener el poder de borrar sus recuerdos... pero si lo hiciera, también borraría la última chispa que aún la mantiene en pie.