UNA SESIÓN CONTIGO

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Summary

Para Gabriel, la vida real es un infierno. Acorralado por la indiferencia de sus padres y la brutalidad del acoso escolar, su única vía de escape llega al encender un casco de realidad virtual. Somnus promete ser el refugio perfecto. Un videojuego hiperrealista donde el dolor físico y emocional no existe. En ese entorno digital conoce a Lis, una joven enigmática capaz de sanar su soledad. Sin embargo, el avatar de Lis sufre fallos extraños y ecos de alarmas ajenas al código se filtran por su micrófono. Gabriel iniciará una búsqueda para descubrir el secreto oculto detrás de la identidad de Lis.

Genre
Romance
Author
Angel F.
Status
Ongoing
Chapters
29
Rating
n/a
Age Rating
13+

Capítulo 1

Vivía en Cold Spring, un pueblo alejado de la ciudad de Manhattan. Mi papá trabajaba en la metrópoli, así que siempre llegaba cansado por las noches. Mi mamá era médica y digamos que tampoco tenía mucho tiempo para mí. A veces me quedaba solo en casa cuando él no quería volver por haber discutido con ella. Era probable que se acostara con la secretaria de turno y mamá anduviera con el director de la clínica.

Con quince años creía que el mundo se abría ante mis ojos, pero yo era el típico friki fracasado de la secundaria. Era alimento de los depredadores de los cursos superiores. Para aliviar mi soledad, compré una membresía mensual a una desarrolladora de videojuegos independiente. Solicitaban gente dispuesta a probar el futuro de la realidad virtual.

Me senté un sábado por la tarde frente a la laptop. Encendí la cámara web y un hombre de mediana edad, de cabello largo y grasiento, con una camiseta que llevaba el logo de un pan tostado, apareció en la pantalla.

—Saludos, Gabriel. Soy el director ejecutivo, Jhofiel Aman —anunció con un ademán de manos—. Bienvenido a la revolución de la realidad virtual. Hoy serás testigo de un mundo sin límites, donde miles de jugadores se conectarán y podrán vivir una segunda vida...

—Como SecondLife —interrumpí.

La fachada de vendedor astuto casi se le desmoronó. Se recompuso de inmediato con un leve asentimiento.

—Correcto. Pero nosotros nos diferenciamos de SecondLife...

—Entonces buscan algo similar al fracaso de Meta.

Tragó saliva. Los labios le temblaron un poco.

—No, buscamos el éxito. Y si me permites continuar... —Hizo una pausa a la espera de alguna imprudencia mía—. ¡Bien! El proyecto Somnus busca ofrecer la inmersión de un sueño lúcido. A diferencia de SecondLife, aquí no solo podrás trabajar como en la vida real o crear tus propios mundos con tu imaginación, sino vivirlos en su totalidad.

—Somnus guarda relación con el sueño. Entonces quieren que experimentemos los sueños de cada persona.

—¡Muy inteligente, muchacho! —exclamó con fingida emoción—. Como sabrás, los sueños no tienen límites y son una puerta al inconsciente del ser humano. Para evitar la proyección de la sombra de cada persona, diseñamos un sistema de seguridad conocido como Lis. Este sistema permitirá moderar escenarios con modificaciones extremistas o que regulen las pulsiones de cada usuario. El punto aquí es evitar a los pedófilos, depredadores sexuales y demás...

—Algo que no hace Roblox. —aduje.

Me señaló con el dedo. Asintió como si ya hubiera enganchado al potencial cliente.

—Exacto. Nos diferenciaremos por dar inmersión y seguridad a los usuarios que deseen escapar de su propia realidad.

Justo lo que buscaba. Un alivio a aquella soledad de mierda.

—Bien, Gabriel. Hemos creado diez servidores. Tenemos en la cola de espera unos... eh... mil y tantos jugadores —proferió como si no fuera un gran número—. Ahora, debes buscar tus cascos VR una vez que enviemos el enlace de descarga a los correos registrados. ¿Estás preparado?

—Sin duda —aseguré con entusiasmo.

Aplaudió una vez más.

—¡Esa es la actitud!

A las ocho de la noche recibí el correo. Hice clic en el enlace e inició la descarga. En cuanto estuvo instalado el juego titulado «Somnus, vive tu sueño», me puse el casco y seleccioné la plaza central.

Los gráficos eran hiperrealistas. Era de día y el sol transmitía una sensación cálida, aunque hiciera frío en mi habitación. La fuente central destilaba vida con el agua que emergía de sus salidas. Había un montón de personas a mi alrededor. Iban de acá para allá con diferentes atuendos, colores de piel y demás características de un avatar personalizado. Busqué la tienda, introduje los datos de la tarjeta de crédito de mi papá y compré un paquete de ropa estilo friki elegante que incluía unos zapatos casuales, un cárdigan rojo, una camisa a cuadros, un reloj inteligente y unas gafas rectangulares. Era mi manera de vestir en aquel entonces y quería proyectarlo a la sociedad digital de Somnus.

Algunos avatares volaban o conducían autos para circular por la ciudad abarrotada de personajes controlados por el sistema. Yo preferí buscar mi lugar de paz. Vi que en el fondo se alzaban unos riscos. Caminé hasta llegar al límite de la urbe y logré salir de ella sin problemas. El asfalto se transformó en pasto. Un hermoso prado se cargó frente a mis ojos. Juraría que podía oler el aroma a lavanda de mi alcoba mezclado con hierba fresca. Me dirigí a los riscos y escalé hasta sentarme en el borde. Esperé a que se hiciera de noche. Contemplé las luces de la ciudad en la lejanía. Me recosté con las manos en la nuca a modo de almohada y admiré las estrellas. Respiré profundo. Me sentí como si de verdad estuviera allí, en ese sitio tan irreal pero tan palpable a la vez.

—Oye, ¿quién eres?

La voz de una chica me sacó de mis ensoñaciones. Al levantarme de golpe, divisé a una joven de mi edad. Llevaba el cabello corto hasta la nuca. Tenía pecas en la cara, piel nívea y unos ojos grises tan profundos que creí perderme en ellos. Usaba un sombrero de campo, sostenía una cesta con rosas blancas y lucía un vestido púrpura con patrones florales.

—¿Estás bien? ¿Interrumpí algo? —preguntó con timidez.

Carraspeé. Tenía el chat de voz desactivado. Lo encendí e intenté que mi voz sonara lo más masculina posible.

—Estaba reflexionando sobre la vida. Ya sabes, cosas de hombres —repuse con aire casual.

Ella se llevó una mano a la boca y rio por lo bajo.

—¿Por qué suenas como si tuvieras ganas de ir al baño?

Me sonrojé de la vergüenza y apagué el micrófono. Escribí que me apenaba mi propia voz. Cuando ella leyó la burbuja de mi chat, hizo una expresión que no sabía que podía realizarse dentro del juego. ¿Sería una versión beta dentro de la programación? ¿Un paquete de expresiones faciales? ¿Un periférico nuevo? Quizás era como esas Vtubers, un avatar capaz de captar cada gesto a través de la cámara. Se acercó y tomó asiento a mi lado.

—Oye, no te sientas mal por ser tú mismo. Puedes hablarme con tu voz.

Le expliqué que los matones de la secundaria decían que yo tenía voz de ratón.

—¿Y ellos qué sabrán de voces si no son capaces de ver sus propios actos? —inquirió al inclinar la cabeza—. No le des importancia a esos idiotas.

Sonreí en mi habitación. Ella correspondió con una leve sonrisa en los labios, como si hubiera podido verme. Entonces, sacó una rosa blanca de su cesta y me la entregó.

—Para ti.

Sonreí de lado a lado y la acepté. La guardé en mi inventario. Era el primer objeto que almacenaba en mi cuenta y... el primer regalo de una chica. Mi corazón se aceleró de un salto. Entonces, encendí el chat de voz.

—Gracias —murmuré.

—No hay de qué. —Se levantó y me tendió la mano—. ¿Amigos?

—Amigos. —Estreché su mano—. Espera un momento. ¿Cómo te llamas?

—Lis. Mi nombre es Lis.

—Como el sistema de seguridad del juego, ¿eh?

Ella volvió a reír. Ese sonido se convirtió en mi música favorita.

—Algo así. Pero no soy un sistema de seguridad. Soy real.

—De acuerdo, de acuerdo, lo entiendo.

—Hasta luego... Eh... —Me señaló con el índice y el pulgar alzado.

—Gabriel —respondí.

Asintió despacio y se marchó. Con aquel encuentro, soñé despierto hasta quedarme dormido por el sonido de la naturaleza virtual.