Capitulo 1: Primera sesión
Psicólogo: —Y bien Barry ¿como te encuentras el día de hoy?
Barry: —Es difícil decirlo con exactitud, no puedo decir si estoy bien o mal, solo estoy aquí, estoy en...
Psicólogo: —Automatico... Es lo que los demás pacientes en tu estado suelen decir siempre
Barry tiene la mirada perdida, rara vez mira a los ojos a su psicólogo; está en un estado casi zombificado, pero mantiene una conversación coherente en todo momento
Psicólogo: —¿Sabes cuántos casos como el tuyo ha habido últimamente Barry?
Barry: —No.
(pausa)
—Y tampoco me interesa.
El psicólogo lo observa unos segundos antes de responder.
Psicólogo: —Más de diez mil.
(se inclina ligeramente hacia él)
—En seis meses.
Barry no reacciona, el silencio se alarga más de lo necesario, solo se escucha el leve tic-tac de un reloj en la pared.
El psicólogo toma unas hojas y comienza a ojearlas mientras habla con Barry
Psicólogo: —Aquí dice que antes eras... distinto, energético, hablabas mucho, reías más, tus compañeros del trabajo dijeron algo curioso.
(pausa breve)
—Que no fue gradual.
Barry parpadea lento, pero sigue sin decir nada.
—Fue de un día a otro, como si alguien hubiera ocupado tu lugar.
Por primera vez, Barry desvía ligeramente la mirada.
—Normalmente, cuando alguien se desconecta así... hay un motivo, trauma, estrés, algo que rompe a la persona.
El psicólogo levanta la mirada, directo a Barry
—Pero en ustedes no hay nada, es como si... lo hubieran elegido.
Barry frunce apenas el ceño, es mínimo, pero es algo. El psicólogo lo nota.
—Y eso es lo que nos tiene aquí.
Se inclina un poco más.
—Porque ninguno recuerda cómo empezó.
(Silencio)
—Excepto tú, Barry.
—Tu eres el primero que dice que recuerda algo, aunque sea fragmentos de como llegaste a dónde estás ahora, y si lo que me dices es cierto, lograriamos un increíble avance con lo que está pasando, y quien sabe tal vez podamos
(Pausa breve)
—Curarlo... ¿Que es lo último que recuerdas Barry?
Barry toma un suspiro y por primera vez mira al psicólogo a los ojos.
Barry: —Lo último que recuerdo es que llegaba del trabajo... estaba bastante agotado y algo triste, desecho en pocas palabras, ni siquiera recuerdo el porque, solo quería descansar pero no podía, escuchaba mis mismos pensamientos intrusivos, todas decían lo mismo, *nunca serás suficiente*, *mírate sin familia, ni amigos, nadie que en verdad se preocupe por ti* toda esa mierda que trataba de callar para poder dormir.
—Pero aquí viene la parte interesante, la parte que nadie recuerda, pero por alguna razón que desconozco, yo si.
El psicólogo toma rápidamente una libreta y un bolígrafo
—Nunca me he sentido especial ni mucho menos, no creo que sea algun elegido o algo de esas mierdas, pero por alguna razón, recuerdo gran parte de lo que me pasó antes de despertar, cuando al fin pude dormir, cuando al fin pude cerrar los ojos y descansar... estaba yo allí...
(Pausa)
—Ya no estaba en mi cuarto, estaba en un edificio.
El psicólogo no lo interrumpe.
—No estaba abandonado... pero tampoco tenía vida.
—Todo estaba... limpio, demasiado limpio como si alguien lo hubiera dejado listo para algo... que nunca pasó.
—Las luces... eran blancas, no parpadeaban, no hacían ruido, solo estaban ahí... encendidas.
(pausa)
—Afuera estaba lloviendo.
Los ojos de Barry se pierden un poco, como si volviera a verlo.
—Pero no era una lluvia normal, no sé cómo explicarlo... no me molestaba, al contrario, me hacía sentir... tranquilo.
El psicólogo levanta ligeramente la mirada, atento.
—No había pensamientos, no había ruido en mi cabeza, nada de eso que no me dejaba dormir.
(pausa más larga)
—Por primera vez en mucho tiempo... todo estaba en silencio.
—Y... me gustó.
El psicólogo anota algo rápidamente.
—Había ventanas... pero no podía ver mucho más allá de la lluvia.
—Solo... gris, así que me senté.
(pausa)
—No sé cuánto tiempo estuve ahí, minutos... horas... no importaba, no tenía prisa.
(Silencio)
—No quería irme.
El psicólogo deja de escribir por un segundo. Barry continúa, casi en automático.
—Pero en algún momento...me levanté, no porque quisiera, sino porque... sentí que debía hacerlo.
(pausa breve)
—Empecé a caminar, los cuartos estaban vacíos, todos los cuartos, algunos eran demasiado grandes... otros demasiado pequeños, como si el lugar no entendiera cómo debía verse.
El psicólogo frunce ligeramente el ceño.
—Había pasillos que no llevaban a ningún lado, puertas que se abrían... a más de lo mismo.
—Y escaleras...
Barry se detiene un segundo.
—Escaleras que subían para terminar en una pared.
Ahí fue cuando entendí que algo no estaba bien.
(pausa)
—Pero tampoco me importó.
El psicólogo deja la pluma lentamente.
—Solo... seguí caminando.
Barry levanta la mirada vacía otra vez.
—Hasta que encontré otras escaleras.
(pausa)
—Y esta vez... decidí bajar.
(pausa)
—Estas escaleras parecían especiales, no tenían barandal y tampoco parecía que tenían final.
(Silencio)
—Aun así... seguí bajando.
cada paso... sonaba igual... hueco, como si no hubiera nada debajo, no sé cuántos pisos baje, perdí la cuenta, las escaleras eran todas iguales: ese mismo cemento pulido, y en cada descanso, la misma puerta gris. Intenté abrir algunas, la mayoría estaban con llave, las que abrían... bueno, esas eran las extrañas.
Psicólogo: (Sin dejar de escribir, con voz baja)
—¿Qué había detrás, Barry?
Barry: —Nada que tuviera sentido, una puerta abría a un cuarto que era idéntico al pasillo, pero el suelo estaba inclinado en un ángulo de cuarenta y cinco grados, otra abría a una habitación inmensa, tan grande que no alcanzaba a ver la pared opuesta, y el techo estaba lleno de esas mismas luces luminiscentes, cientos de ellas, zumbando al unísono, el sonido era ensordecedor allí dentro, un bzzzzzz constante que te vibraba en los dientes, cerré esa puerta rápido, el silencio del pasillo era mejor.
Barry hace una pausa, traga saliva, su expresión sigue siendo una máscara de apatía.
—Lo curioso es que, a pesar de lo absurdo del lugar, no sentía miedo, no sentía esa angustia que solía tener en el mundo real cuando algo salía mal, allí solo había... curiosidad plana, y paz. Seguía escuchando la lluvia, como si el edificio entero estuviera envuelto en una tormenta eterna, pero ya no volví a ver una ventana una vez que estaba bajando por esas escaleras, ni una sola.
Seguí caminando, los pasillos a veces se volvían tan estrechos que tenía que caminar de lado, y otras veces se ensanchaban como autopistas subterráneas, y entonces... lo vi.
El Psicólogo detiene su pluma y levanta la vista hacia Barry
Psicólogo: —¿Qué viste?
Barry: —Al final de un pasillo larguísimo, había una zona diferente, una zona tan grande e inmensa, que parecía como si el edificio entero hubiera desaparecido, me daba incluso la sensación de que había encontrado la salida del edificio, pero no... yo aún estaba atrapado allí, después de caminar por varios minutos enfrente de mi había una puerta negra, la única puerta negra de todo el lugar.
Las paredes a mi alrededor estaban tan limpias y tan pulcras que parecía un espacio vacío, hacían lucir como si la puerta estuviera flotando así sin más, en esa puerta habia algo escrito, no con pintura, parecía... quemado o tallado en la madera. No eran letras de ningún idioma que yo conociera, eran símbolos, patrones geométricos que me mareaban si los miraba mucho tiempo.
Sentí que algo me atraía hacia ella, no una fuerza física, sino una certeza, sabía que si abría esa puerta encontraría la respuesta, sabía que si cruzaba ese umbral, el Barry que estaba cansado, el Barry que sufría por no ser suficiente, dejaría de existir y eso... eso era lo que más deseaba, pero al mismo tiempo lo que más me asustaba.
Barry vuelve a mirar al psicólogo a los ojos, hay una chispa mínima, no de emoción, sino de una fría resolución.
—Estuve parado frente a esa puerta negra, con la mano en el picaporte, durante horas, incluso me atrevo a decir que parecieran dias. Podía sentir el frío del metal en mi palma, podía escuchar mi propia respiración, y detrás aún podía escuchar el sonido reconfortante de la lluvia, sabía que si giraba el picaporte, no habría vuelta atrás, y hasta cierto punto estaba bien con eso.
Barry: (Con los ojos fijos en la nada, su voz se vuelve un hilo casi inaudible)
—Finalmente... la giré.
Un silencio absoluto se apodera de la consulta. Incluso el tic-tac del reloj parece haberse detenido.
Psicólogo: (Con la voz baja pero atento a lo que Barry le está diciendo)
—¿Qué... qué viste, Barry?
Barry: —Al principio... nada, no había luz detrás de esa puerta, pero tampoco era oscuridad. La oscuridad es la ausencia de luz, ¿Cierto?, esto era... otra cosa, era como si el espacio mismo hubiera sido borrado, un vacío absoluto, como si la puerta se abriera a una página en blanco que todavía no había sido escrita.
Barry hace una pausa larga, su respiración se vuelve más superficial
—Y entonces, el sonido de la lluvia... cambió, ya no estaba afuera, estaba allí, dentro de ese vacío, empapandome... con cada gota que caía me sentía más tranquilo, sentía mas paz, era como si alguien limpiara y borrara todas las voces malas de mi cabeza, después, ya no era solo lluvia, también era el sonido de millones de voces mas, pero estas no gritaban, ni hablaban, solo existían, en una especie de murmullo constante y reconfortante, como una marea que subía y bajaba.
Sentí un alivio que no puedo describir con palabras, era como si todo el peso de mi vida, todas esas voces que decían "no eres suficiente", fueran limpiadas por esa lluvia y absorbidas por ese vacío.
—Entendí, de alguna forma, que lo que había allí dentro era el Final de la Espera, no había más de qué preocuparse, no había más decisiones que tomar, no había más dolor, ni alegría, ni tristeza. Solo un estado de ser... plano, eterno, y era perfecto.
El psicólogo se queda helado, su pluma cae al suelo con un sonido seco, pero Barry no reacciona
Barry: —Sabia que si daba un paso más, tan solo uno más, una parte de mí, el último rastro del Barry que conocían dejaría de existir para siempre, y el miedo que sentía antes... se disolvió en ese murmullo, no importaba, nada importaba.
—Di el paso hacia adelante, y fue suficiente para que ese aire, ese aire que olía a ozono y a ozono viejo, tocara mi cara por primera vez y fue cuando...
Barry se detiene en seco, su mirada vacía recupera un brillo momentáneo de pura confusión
—Fue cuando escuché una voz, no en mi cabeza, ni en el pasillo, venía de dentro de ese vacío.
El Psicólogo traga saliva con dificultad
Psicologo: —¿Qué... qué te dijo la voz?
Barry: —Me dijo...
(Pausa dramática)
—"Ya casi es hora".
Y entonces... me desperté.
(Silencio)
El aire en la consulta se siente más denso, el psicólogo no se mueve, no escribe, ni siquiera parpadea por un segundo.
Psicólogo: —Es... es un relato fascinante Barry, pero debemos ser realistas, todo eso, la puerta, la voz... fue una manifestación de tu subconsciente buscando alivio al estrés que mencionaste, una fantasía de escape.
El psicólogo intenta forzar una sonrisa profesional, pero Barry no lo mira, Barry tiene la cabeza ligeramente inclinada, como si estuviera sintonizando una frecuencia de radio lejana.
Barry, con una calma que resulta aterradora.
Barry: —Eso mismo pensé yo al despertar... que solo había sido un sueño.
Barry extiende su mano derecha sobre el escritorio, está seca, pero cuando cierra el puño y vuelve a abrirlo, una pequeña mancha de agua queda sobre la madera barnizada, una sola gota, clara y fría.
—Pero hoy me desperté y mis sábanas estaban empapadas, y no era sudor, olían a ozono.
El psicólogo se queda mirando la gota de agua en su escritorio, en ese momento, un trueno lejano retumba, a pesar de que afuera el cielo está despejado y el sol brilla con fuerza
—La voz también dijo otra cosa.
El psicólogo aún absorto por lo que está viendo, le pregunta a Barry.
Psicólogo: —¿Que es lo que te dijo, Barry?
Barry: —Que el tiempo se agota, y lo peor... es que ya no tengo miedo de que llegue la hora, lo que me tiene intranquilo es que usted todavía no pueda escuchar la lluvia.
Barry se pone de pie con una lentitud inhumana y camina hacia la salida sin decir una palabra más. El psicólogo se queda solo en la oficina, mirando fijamente la mancha de agua en su escritorio, que se niega a evaporarse.