Dos probadas de miel

Summary

Mordecai y Rigby son amigos desde pequeños. Desde que se conocieron no pueden separarse y esto, en cuestión, es lo que los ayuda a darse cuenta de lo que sienten en realidad el uno por el otro, pero ¿cuanto tiempo pueden tardar dos personas en darse cuenta de sus sentimiento?

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n/a
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16+

Capítulo 1

Narra Rigby

Me sentía raro, hacía días que no podía conciliar el sueño. Desde que Mordecai me dijo que quería salir con CJ estaba así.

—No lo entiendo... —dije mirando al techo.

—¿Qué no entiendes, Mapache?

La pregunta repentina de Mordecai me dejo clavado en el techo, creí que estaba dormido, no esperaba que de la nada me hablara. Lo miré esperando que fuera solo mi imaginación; que solo fuera mi mente simulando oír la voz de Mordecai, pero, para mi sorpresa, él me estaba mirando atentamente.

—Nada importante, solo pensaba en voz alta... —dije restándole importancia, después de todo él no sabía lo que estaba pensando—. ¿Te desperté con mi soliloquio?

Pregunté aun mirándolo, él negó con la cabeza.

—No. De hecho, no podía dormir —dijo poniéndose boca arriba—. Estoy nervioso por la cita con CJ.

Odiaba que mencionase eso, odiaba que la mencionase, antes era igual con Margarita.

—Tranquilo, hermano, va a ir todo bien —forcé una sonrisa.

—¿Eso crees? —me miro y sonrió—. Tal vez tengas razón, Mapache.

Dijo manteniendo su sonrisa. Me reconfortaba el saber que al menos era feliz con ella. Suspiré pesadamente sin poder evitarlo.

—¿Qué sucede? —dijo con tono preocupado.

—Nada, estoy cansado... Tal vez ahora si voy a poder dormir

Le di la espalda y cerré los ojos, aunque sabía que no podría dormir.

—Está bien, que descanses.

Escuché como se movía en la cama, tal vez, dándome la espalda como yo lo estaba haciendo. Me asomé con cuidado para verlo, efectivamente, estaba dándome la espalda.

Otra noche en vela...—pensé aun mirando a Mordecai—.Todo esto es tu culpa.

Me cubrí la cara con la manta que tenía debajo de la montaña de ropa, cerré los ojos con fuerza tratando de dormir, de olvidar esta mierda por unas horas, o, al menos, unos minutos.

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—Rigby, ya es hora de levantarse. Hermano, si no bajamos pronto Benson se enfadará.

Escuché su voz como si proviniera de un sueño, de hecho, creí que lo era hasta que empezó a sacudirme.

—Rigby, viejo, si no te levantas pronto tendré que tirarte agua fría como la otra vez.

¿De verdad, Mordecai? No soy un niño, no caigo en las amenazas de ese tipo.

—Ya voy... —dije pesadamente—. Solo quiero dormir unos minutos más —me cubrí la cabeza con la manta.

—Rigby, es tarde, Benson se enfadará y nos despedirá.

—¡Está bien! —me senté en el trampolín mirándolo.

—Amigo, tienes cara de no haber dormido

Qué bien que te diste cuenta, Mordo, porque así fue, por tu culpa me quedé en vela por quinta vez esta semana.

—Es tu imaginación... —me levanté y me dirigí al baño—. Tú ve con Benson y dile que no me tardo —dije antes de cerrar la puerta.

—Está bien, nos vemos abajo, Mapache.

Escuché la puerta de la habitación cerrarse, suspiré y me miré en el espejo.

—Tengo más ojeras de las que tenía antes —suspiré—. ¿Por qué el día llegó tan rápido? Él va a salir con CJ.

Hacía unas semanas lo estaba planeando, pero ¿cómo pudo llegar tan rápido el día? Mierda, me estaba comportando como si estuviera celoso o algo así. Me lavé la cara con agua fría con la esperanza que relajase un poco mis facciones y no tuviera cara de zombie por no dormir. Bajé después de asearme, Mordecai estaba esperándome en el pie de la escalera.

—Te tardaste, Mapache —me miró—. Nos toca juntar las hojas.

Asentí y nos dirigimos al cobertizo para tomar los rastrillos.

—¿Cómo es que siempre nos toca hacer esto?

—Ya, Rigby, no te quejes tanto y terminemos rápido con esto.

Dijo mirándome. Sabía perfectamente por qué estaba tan apurado para terminar esto, pero, sinceramente, prefería que nos demorásemos un par de horas.

—Sí, sí, como digas.

Seguí juntando las hojas al ritmo de siempre: lento. Me tomaba todo el tiempo del mundo para recoger las dichosas hojas que parecían multiplicarse a cada segundo. Al menos eso sería una excusa perfecta para que no me culpara de mi lentitud. Llevábamos cuarenta minutos ya y aún no terminábamos el encargo, cosa que agradecía terriblemente.

—Vamos, Rigby, no tengo mucho tiempo y lo sabes.

Ajá, sí, lo sé, ¿por qué crees que me estoy tardando la vida en terminar?

—Ya, si quieres ve con CJ y yo termino tu trabajo.

Ya estaba fastidiado por su insistencia en la maldita cita. Él suspiró y miró su celular.

—Agradece que aún tengo tiempo —contestó en el mismo tono que yo había usado.

Terminamos no mucho después de la pequeña discusión, Mordecai salió corriendo hasta la casa. Salió un rato después arreglado, se había peinado el cabello hacia atrás y llevaba puestos unos jeans negros y una camisa azul que le quedaba a la perfección. Él lo sabía, era lo que usaba cada vez que salía con alguna chica.

—Que fastidio, esta noche no tendré con quien jugar videojuegos.

Mascullé viendo cómo salía del parque. Volví a casa y, aprovechando que era viernes, tomé unas bolsas de frituras, un par de latas de gaseosa y me puse a despuntar el vicio de los videojuegos.

Me pasé jugando hasta las cuatro de la mañana, hora en la cual escuché la puerta principal abrirse, al principio pensé que era Thomas, ya que él saldría con sus amigos y Mordecai, supuestamente, no volvería hasta mañana.

—Ey, Thomas, ¿qué tal si jugamos? —dije sin girarme.

—¿Thomas también salió?

¿Mordecai? Creí que se quedaría con CJ. Me giré para verlo, él me sonrió y se acercó a mí.

—¿Thomas es tu nuevo compañero de videojuegos? Me hieres, Mapache —soltó una pequeña risa mientras se sentaba a mi lado.

—Oye, ¡claro que no! Es solo que pensé que irías a la casa de CJ —le di el otro mando.

—No iba a perderme una noche de videojuegos con mi amigo sólo por una chica.

Sonreí instantáneamente sin poder evitarlo.

—No importa que tanto me guste esa chica.

Revolvió mi cabello más de lo que estaba. Me sentía aliviado y feliz, mi amigo aún no me había cambiado por una chica.

—Bien, será mejor que empecemos con el juego antes de que se haga más tarde.

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Desperté por la luz que entraba por la ventana, abrí levemente los ojos percatándome de que estaba en la habitación, acostado en mi cama. Me sentí un poco desorientado, por la hora.

—¿Y a qué hora vine acá? —susurré girándome hacia la cama de Mordecai, en ella se encontraba él, dándome la espalda, tal vez, dormido—. ¿Tú me trajiste?

Me levanté y me acerqué a su cama, me incliné ligeramente sobre él para tener una mejor vista de su rostro, aún permanecía plácidamente dormido. Sentí que las comisuras de mis labios se curvaban ligeramente en una sonrisa boba.

—Te ves realmente lindo...

Sentí mi cara arder al pronunciar esas cuatro palabras. ¿Qué mierda me estaba pasando por la cabeza? Él era mi amigo, aunque la opresión que sentía en el pecho cada vez que hablaba de una chica no era normal; no era algo de amigos. Suspiré y me acerqué con cuidado a su rostro, deposité en su mejilla un suave beso, para luego correr a mi trampolín, acostarme, cubrirme hasta la cabeza con la manta y hacer como si nada ocurriera.

—¿Mapache? —masculló con voz ronca—. Creí que estabas despierto... —dijo en un suspiro—. ¿Soñé el beso en mi mejilla?

¡¿Estaba despierto?! Si se llegara a enterar... Si sospechara mínimamente... yo... yo estaría muerto, me mandaría al diablo y dejaríamos de ser amigos. Escuché sus pasos acercarse a mí, cerré los ojos con algo de fuerza, no demasiada para no ser tan evidente.

—Rigby... —posó su mano con suavidad sobre mi cabello—. tienes cara de niño inocente cuando duermes.

Soltó una pequeña risa. De repente, sentí su respiración chocar contra mi mejilla. Momento... ¿Qué estaba por hacer? Me giré poniéndome boca arriba. Si era lo que imaginaba, no lo haría ahora que estaba así.

No hagas lo que imagino. No lo hagas, por favor.

Pensé rogando que no lo hiciera, al menos que no me besara en los labios. ¿Qué pensaba? Él no podría hacerlo, no debería. Sentí cómo me besaba en la frente y se apartaba. Exhalé aliviado, de hecho, había dejado de respirar de los nervios. Suspiré cuando escuché la puerta de la habitación cerrarse, esperé unos minutos y abrí los ojos, él no estaba, gracias al universo que se había ido. Me levanté y fui al baño, me lavé la cara con agua fría. Aún sentía mi cara arder, me miré al espejo y, confirmado, estaba sonrojado. Rigby sonrojado, cosa de no creer. No era el tipo de persona a la cual hacían sonrojar con cualquier cosa, pero Mordecai lo lograba con un simple beso en la frente, algo que había hecho a modo de broma muchas veces. Suspiré pesadamente saliendo del baño, me cambié el pijama por la ropa que usualmente usaba y bajé a la cocina.

—Buenos días —saludó Mordecai con la boca llena de cereales, haciéndome reír de manera estúpida.

—Buenos días, Mordo.

Sonreí sirviéndome cereales en un tazón para luego empezar a comer con rapidez.

—Ey, Rigby.

Levanté la mirada del tazón para fijarla en el rostro de mi amigo, estaba serio, cosa que no era muy normal en él.

—¿Qué pasa?

—¿Esta mañana me besaste en la mejilla?

Empecé a toser como idiota al escuchar eso, fue tan repentina su pregunta que por poco me tragaba la cuchara.

—¿C-cómo se te ocurre? ¿Crees que me gustas o que soy gay?

Reí aún nervioso desviando la mirada hacia mi tazón, escuché un suspiro de su parte. Tal vez lo de ser gay no fuera cierto, pero lo otro sí... bueno, eso creía. Tal vez estuviera equivocado y me daban celos sus “amigas cercanas” porque quería cuidarlo y tal, eso también era una buena opción, después de todo, nos conocíamos desde niños, éramos prácticamente hermanos.

—No lo digo por eso, es decir, esta mañana me desperté cuando sentí algo en mi mejilla —apoyó su codo sobre la mesa y luego sostuvo su cabeza con su mano.

—¿No pensaste en un insecto?

Pregunté sin mirarle, tenía más que claro que estaba sonrojado, el ardor en mis mejillas me lo advertía.

—Tal vez fue eso... —suspiró—. Ya que... ¿pasamos la tarde jugando videojuegos?

Su tonó cambió a uno con más vida, al tono de Mordecai. Suspiré aliviado y levanté la mirada.

—Está bien.

Sonreí como niño pequeño, él levantó los tazones para ponerlos en el lavaplatos, yo, por mi parte, me levanté y fui a la sala para prender la consola. Y así pasamos todo el día y gran parte de la noche, jugando entre bromas, mientras nuestros amigos iban y venían a ver por qué hacíamos tanto ruido al jugar. Las cosas estaban yendo bien, quería que siguiera así, como había sido desde que éramos amigos.