EL NÁUFRAGO DE LONDUM

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Summary

En el año CDXCV A.U.C., El centurión Marcus naufraga más allá de los límites del mundo conocido. Despojado de su rango y sus hombres, despierta en las gélidas costas de Albión, una tierra de brumas y tribus salvajes. Armado solo con su intelecto de escriba y la disciplina de las legiones, Marcus deberá decidir: ¿Morir como el último romano en el fin del mundo o renacer como el arquitecto de un nuevo imperio?Una historia de supervivencia, choque cultural y la forja de la ciudad que el tiempo llamaría Londum.

Genre
Action
Author
RokinX
Status
Ongoing
Chapters
6
Rating
n/a
Age Rating
13+

Praefatio

Commentarii Marci — Anno CDXCV Ab Urbe Condita(Crónicas de Marcus — Año 495 desde la fundación de Roma)

El Mediterráneo no es un mar; es un contrato firmado con sangre. Roma y Cartago, las dos potencias emergentes, se baten hoy en un duelo ciego por la hegemonía de las aguas. Yo, Marcus, grabo en la cera el peso de diez vidas y un juramento, sabiendo que la cera es frágil y el juramento, quizás, suicida.

Tengo XXVI años. He pasado la última década aprendiendo que el acero corta tan profundo como la pluma. Hijo de Servio, el escriba, heredé su estilete antes que la xiphos de la República. Fui la voz de mis compañeros ante el Senado, el hombre encargado de dar nombre a sus hazañas y forma a sus informes; un ciudadano ecuestre atrapado entre la burocracia y la campaña.

Hoy, soy su centurión. No por decreto de Roma, sino por la voluntad de un muerto: Lucio, mi general, quien antes de exhalar su último aliento me confió el mando. Mis hombres me doblan la edad; aceptan mi juicio no porque me crean un héroe, sino porque saben que soy el único capaz de trazar el mapa que nos traiga de vuelta.

Gades es nuestro destino. Una misión de sombras tras las Columnas de Hércules para reducir a cenizas los suministros púnicos. El Senado lo llama mi bautismo de fuego; yo lo llamo mi examen final. Debo demostrar que el rango que llevo no es el favor póstumo de un mentor, sino un derecho ganado en el barro. Registro estas palabras para que, si el éxito nos favorece, Roma conozca la victoria que sus políticos negarán en público.

Pero mientras nos adentramos en el abismo, comprendo una verdad amarga: el Océano no sabe leer. No reconoce el honor de los hombres, ni los rangos escritos en papiro, ni la gloria de los imperios que pretenden desafiar su silencio.