Único capítulo
Era de esperarse esta fría y solitaria noche, típica del invierno aquí en la ciudad. Mis manos se aferraban con fuerza al volante y mi vista al camino para no perderlo de repente. Gracias a Dios ya era época de vacaciones, juraría que me iban a enloquecer los niños. Ser maestra para mí siempre fue mi vocación, impartir conocimiento me encantaba, pero nunca imaginé que fuera tan agotador.
Lo único que me hizo sentir un poco de calor aquella noche, fue la cena que preparó mi esposo. Apoye mi cabeza con fuerza contra el volante cuando vi la fecha vibrante en la pantalla del celular "13 de febrero " lo había olvidado por completo, era nuestro aniversario. El cálido brazo de Jon me recibió junto con un beso. El sabía mi estado actual, eso no compensaba el descuido pero, siempre era yo la que lo sorprendía, lastimosamente eso había cambiado en el último año, sin embargo, no era un problema para ninguno de los dos.
Este era el ritual de casi todas las madrugadas, una taza de café y una mirada perdida a través del ventanal. Tenía un trabajo de ensueño, un esposo envidiable y puedo decir que soy una nepobaby. Soy como un lápiz, útil, pero no tengo mina.
"Mi esperanza estaba en su punto más alto, pero no sabía que los pasos que escuché llegar realmente se iban.. La perdí, lo perdí todo"
Se lo decía a mi terapeuta mientras hacía inútiles esfuerzos para no llorar. Pero recordar esa noche era muy doloroso ¿Cómo se puede estar tan cerca del cielo y del infierno en el mismo día? No tengo respuestas claras de lo que pasó pero, lo que si se, es que no lo merecía.
Ella hacia su labor, que para mí era expulsar palabras vacías de su boca , eso de ser "profesional" con el dolor ajeno. Ella no tenía derecho a hablar sobre ese tema, ella no sabía lo que se sentía ¿Por qué lo sé? Esa foto sobre su escritorio tenía mucho que ver. A pesar de sus intentos, inútiles intentos, el dolor no se iba, el dolor me invadía.
A pesar de mi decadente estado emocional las semanas transcurrían con normalidad, hasta ese día. Una junta de negocios que surgió de la nada me dejó sin John. EL quería obligarme a quedar con una cuidadora y no es que yo fuera odiosa pero no estoy vieja, ni demente, me resultaba deprimente la idea. Pero el problema se resolvió por sí solo. La mañana antes de irse a tomar el vuelo, una llamada hizo que hasta el semblante de la casa cambiara, había llegado mi cuñada. Mary vivía en Londres con su esposo y una hermosa niña, Cloe. Estaba aquí de vacaciones para visitar y su tiempo correspondía con el viaje de negocios de Jhon, asique ella se quedaría conmigo. Fue un completo alivio para mí.
¿Sabes qué se siente haber trabajado por algo durante años y que de repente lo veas irse de tus manos en segundos?
Me dirigía Mary y esta me miraba con ojos de pesar, más de preocupación pero podía sentir esa mezcla de sentimientos raros ir y venir dentro de la sala. Jugaba yendo y viniendo a mí con el cigarrillo dando grandes bocanadas de humo, estaba en abstinencia según mi esposo pero, cuando me invadía ese sentimiento buscaba la forma de tomar uno. Lo había contenido tomando jarras de café pero con mi cuñada aquí tenía un descanso de los comentarios cortantes de John sobre el consumo. No la juzgo, la había tomado por sorpresa la pérdida. Somos una pareja bastante cerrada, queríamos pasar nuestro dolor y proceso en paz, lejos de todo el mundo.
No quería las palabras hipócritas de mi cuñada, me parecían igual de repugnantes a las de mi terapeuta. Podía oír su voz pero muy en el fondo de mi cabeza. Me había quedado estática apoyando el cigarrillo en mi pierna derecha mientras este se consumía. Veía atravez del ventanal a Cloe, saltaba de aquí para haya jugando con los charcos de agua resultado de la lluvia torrencial de la noche anterior. Su cabello jugaba con el viento, su piel tostada era casi color miel bajo el sol y sus ojos de un color azul eran lo más hermoso que había visto en años.
Toda esa belleza fue interrumpida en un mili segundo. Un simple resbalón y después un golpe seco. La escena a continuación iba en cámara lenta. Mary corriendo al jardín, después sosteniendo desesperadamente a Cloe en el carro camino al hospital. Un grueso y escandaloso hilo de sangre manchó su cabello. Estaba inconsciente.
A pesar de haber sido un pequeño golpe, la pérdida de sangre era alarmante. En pocos minutos la niña ya se encontraba débil, nauseabunda, con bajos niveles de sangre y en un punto crítico, lo peor era que su madre no era compatible. Pero afortunadamente yo sí, pude donarle gran parte y quedó estable.
Fueron varios días angustiantes, donde la niña no despertaba, para los médicos eso era hasta desconcertante. Un tipo de coma que apareció de la nada. Sus signos vitales estaban bien, todo marchaba bien. Pero ella sencillamente no reaccionaba.
En cuanto a Jhon se le diría, si algo más grave pasaba. Afortunadamente casi una semana y media después por fin abrió los ojos.
Mary se quedó firmando unos papeles para la salida, medicamentos y posteriores exámenes. Un papeleo enorme y yo me acerqué para poder verla.
No me habló por un rato, solo me miro, yo me senté a su lado y tomé sus manos. Por un segundo la analicé y me detuve en sus ojos, ya no eran los mismos y no hablo de que se había pagado su brillo, era un brillo particular, un brillo que yo ya conocía pero en el momento no podía recordar de dónde. Ese día sentí un lazo fuerte, un lazo de madre e hija.
Repentinamente Cloe se inclinó, me ofreció un abrazo y susurró en mi oído "Mami ya estoy aquí" Se meló la sangre por completo, no era su voz, era una voz dulce para nada temerosa, para nada monstruosa era una voz angelical pero, no era su voz . Lo que me sacó de mi trance fue la llegada de Mary que se abalanzó sobre nosotras acompañando la conmovedora escena.
Muy pronto todo volvió a la rutina y hasta sin querer con el paso de las horas y los días me olvidé de ese pequeño suceso. Una semana antes de que John llegara todo parecía con total normalidad. Mary, Cloe y yo jugábamos, reíamos, veíamos películas casi como una familia tradicional, hasta esa noche.
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Ahí estaba yo acostada en la camilla del hospital intentando sobrellevar un dolor inimaginable. El parto recién comenzaba pero lo sentía como si fuera una eternidad, los dolores habían empezado desde la mañana pero solo hasta ahora a las ocho comenzaba el verdadero martirio. Entre uno y otro pujo intenté que Hermaioney saliera pero era más complicado de lo que pensé, lloraba de la frustración y me preguntaba por qué, mientras agarraba la mano de mi esposo con fuerza. La niña se había atorado con el cordón umbilical dijo el doctor. Así que después de una maniobra bastante dolorosa en el último pujo, en el último intento, en el último suspiro, en el que casi siento que muero por fin salió y la pude tener en mi pecho. Vi sus ojos , manchados de dos colores distintos pero sin duda los más hermosos.
Pero no había ruido, había mucho silencio ¿Por qué no lloraba? Me la arrebataron y entre maniobras, el desespero del médico y las enfermeras se la llevaron, lo último que pude ver de ella fue su silueta desaparecer entre los brazos del doctor. Fue la última vez que la vi. El veredicto, muerte súbita. Incluso para los mismos doctores fue algo inexplicable, según los reportes sí llegó a llorar, llegó a respirar pero segundos después su cuerpo se desvaneció. A pesar de que se investigó, se analizó y si hizo lo posible, no se encontró ningún culpable, de hecho, no había ninguno, solamente sucedió.
Me desperté de golpe llorando, con el corazón acelerado. En ese momento algo más tomo mi cuerpo. Ya no era yo, podía ver hacia dónde iba y que hacia pero era como un títere en manos de no sé quién . Era eso de las dos de la mañana y me dirigí a la habitación de Cloe. Ahí me esperaba sentada, parecía que ella sabía que esto pasaría, parecía que ella quería que eso pasara y así fue. Me dijo que lo hiciera, me dijo que la ahorcara, me dijo que sabía que yo no era feliz y ella tampoco, solo quería descansar y para que ambas pudiéramos yo tenía que acabar con ella, tenía que hacer eso, tenia que hacerlo por Hermaioney.
- Quien te dijo que lo hicieras ¿Cloe?
- Si, dijo que sí no lo hacía Hermaioney no se iría en paz, que las dos podríamos descansar. Así y podía apagar esas voces en mi cabeza, que decían que mis entrañas no quería que ella naciera.
- Lo que hiciste fue un intento de asesinato, Kelly - Estaba en una sala fría, en una mesa de metal y frente a un policía que me hablaba - Esto es bastante grave pero, a juzgar por tu historial mental, no estás en facultades ni mucho menos consciente de lo que has hecho, yo no soy juez, así que el veredicto llegará en su momento.
Como balde de agua fría vinieron a mí todos los recuerdos de esa noche. En medio de mi frenesí y mi locura. Después de haber bebido tantas jarras de café como fuese posibles y tantas cajetillas de cigarrillos que ya no cabían en el sesto, lo decidí. Quería tal vez qué todos sintieran lo que yo sentí, quería dejar de escuchar esas voces en mi cabeza, no quería más esas palabras repugnantes de "lo siento" "entiendo" "comprendo". Por eso entre a su habitación e intenté acabar con ella. Afortunadamente no fue posible porque esa noche Mary me pudo quitar de encima.
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Internada aquí, he llegado a la conclusión de que el dolor me consumió y la pérdida se apodero de mí, aun así, tengo una pregunta:
¿Por qué esos ojos brillantes me recuerdan tanto a ti?