Encuentro casual
Rebeca tomaba un sorbo de su segundo vaso de whisky, mientras miraba a Carlos del otro lado de la mesa, quien acariciaba su vaso de whisky y lo miraba sin levantarlo aun.
- ¿Te avergüenza hacerlo frente a mi? - preguntó ella poniendo su vaso en la mesa.
Él levantó la mirada hacia ella, y sonrió cansado.
- Me has visto en peores condiciones- le dijo él.
Ella miró las ojeras de aquel hombre, el vello facial que debía ser rasurado con urgencia, las pupilas dilatadas de sus ojos cafés y el desaliñado cabello negro.
- No- dijo ella con pesar- Yo creo que no.
Él suspiró y fingió sonreír, para ocultar la vergüenza que sentía.
- Hablé con Katherine- dijo ella- Dice que no has ido a las sesiones desde hace una semana. ¿Por qué?
- No está ayudando- negó él con fastidio- Cada vez que escucho a esas personas dando su testimonio, solo me deprimo más. En lo único que puedo pensar es en salir de allí y beber hasta que ya no pueda sentir nada.
- Carlos, esas personas también han pasado por cosas horribles- dijo ella- Hablar sobre ello es su forma de combatir su dolor.
- Hablar sobre lo que pasó no les devolverá la vida a esas niñas- gruñó él.
- ¿Y beber hasta morirte si lo hará? - preguntó ella con reproche.
Ella tomó aire y trató de calmarse a sí misma y de entender una vez más la situación de su amigo.
- Carlos, no fue tu culpa- dijo con honestidad y tristeza- hiciste lo que pudiste. Pero no puedes salvar a todo el mundo siempre, tú me enseñaste eso ¿Recuerdas?
Él contuvo un nudo en su garganta mientras sus ojos cansados se humedecían.
- Pude haberlo evitado- dijo aguantando las ganas de llorar.
- No, Carlos- dijo ella, sintiendo como sus propios ojos se humedecían también- No había forma de que lo pudieras evitar, y debes aceptar eso. Fue horrible lo que les pasó a esas niñas, pero no fue tu culpa.
El se llevó las manos a la cara y afincó sus codos en la mesa mientras trataba de controlar sus emociones. Al mismo tiempo, el celular de Rebeca sonó, y ella miró la pantalla.
- Es López- dijo extrañada- Que raro.
Ella atendió la llamaba, mientras Carlos se recostaba en la silla tomando aire.
- ¿Qué hay, López? - preguntó ella con el celular en el oído- ¿Qué? - se extrañó aún más- ¿Que estás haciendo ahí? Ya te hacía en tu casa.
Carlos miró la repentina cara de preocupación de Rebeca.
- Okey...- dijo ella un poco acelerada- No te muevas ¿Si? Voy para allá.
Ella colgó el celular, manteniendo su cara de preocupación.
- ¿Qué pasa? - preguntó Carlos.
- Está en problemas- dijo ella tomando su whisky de un solo trago- Dice que está en medio de un tiroteo y necesita apoyo.
- ¿Y por qué no lo pidió por radio?- dijo Carlos confundido, mientras Rebeca ya se ponía de pie.
- No lo sé- dijo ella acomodándose su pistolera- Tu ya sabes cómo es él. Yo pediré refuerzos en el camino.
- Okey...- dijo él, aun confundido.
- Te llamaré más tarde ¿Si?- dijo ella, y luego le dio un beso en la mejilla- Cuídate.
Sin decir más nada, ella caminó hacia la puerta del bar y salió. Carlos suspiró con resignación y bebió su whisky de un solo trago, al tiempo que la mesonera se acercaba a la mesa.
- ¿Otro trago? - le preguntó
- Mejor la botella- Murmuró él cansado.
Rebeca ya había pedido refuerzos por radio mientras conducía a toda velocidad la patrulla de la policía.
- Es la última vez que lo dejo tomar un taxi- murmuraba mientras veía la oscura carretera frente a ella.
Miró su celular; el reloj de la pantalla marcaba las doce y media de la noche.
- Joder, esta noche sí que va lenta.
Ella buscó la llamada de López en el registro y la devolvió. Pero tras sonar varias veces, la llamada se fue al buzón de mensaje.
- ¡Mierda! - gritó preocupada.
Una vez más, llamó a aquel número.
- Vamos, López- dijo realmente preocupada- Contesta el maldito teléfono.
Pero no contestó; la llamada fue enviada de nuevo al buzón.
- ¡Carajo! - exclamó mientras volvía a marcar.
Estaba tan nerviosa y preocupada por su amigo, que, al intentar poner su dedo tembloroso en la pantalla táctil del celular, este resbaló de su mano y cayó a sus pies.
- ¡Hijo de...! - gritó mientras comenzaba a buscar el celular con su mano.
No lo encontraba, así que bajó la mirada hacia el piso del auto solo un segundo, sin detenerse. Pudo verlo, y rápidamente lo tomó con su mano. Pero al volver a mirar hacia la carretera, pudo ver una silueta frente a ella.
Estaba de espalda, y caminaba lentamente, y lo único que pudo ver ella fue que llevaba una bata blanca y su cabello era negro y largo.
- ¡Mierda! - Gritó asustada, mientras giraba desesperadamente el volante para esquivar a aquella persona.
Derrapó mucho sobre sus neumáticos, hasta que casi choco contra las barandas de cemento del puente por el que iba.
- Dios...- dijo recuperando el aliento.
Entonces miró hacia la carretera, y vio a aquella persona, aún caminando lentamente, como si nada estuviese pasando.
- ¿Qué carajos...? - se dijo confundida y preocupada.
Bajó del auto rápidamente, y comenzó a caminar hacia aquella persona.
- ¡Oiga! - dijo mientras se iba acercando.
Pero ella no parecía escucharla, pues seguía caminando con lentitud, sin siquiera voltear a verla.
- ¡Deténgase! - le gritó.
Al acercarse más, se dio cuenta de que aquella persona iba descalza y sus pies estaban cubiertos de un líquido rojo.
- Oh, por Dios- murmuró Aterrada y comenzó a correr hacia ella
Llegó hasta ella y se le puso en frente para mirarla.
- Dios...- dijo, ahora tan preocupada como aterrada.
Era una chica muy joven, blanca, con unos ojos cafés que parecían ver a la nada. Su cara estaba muy golpeada y salía sangre de su sien izquierda.
- ¿Qué te paso? - preguntó Rebeca tratando de no gritar- ¿Quién te hizo esto?
La chica no respondió, solo estaba allí parada, mirando la nada. Entonces Rebeca miró su bata empapada de sangre, al igual que sus piernas y sus brazos.
- Mierda...
Ella tomó la radio que colgaba de su cintura y se la llevó a los labios rápidamente.
- Aquí la agente Rebeca Valencia- dijo con un nudo en la garganta- Necesito una ambulancia.
De pronto la chica se desplomó en el suelo, inconsciente.
- ¡Oye!- gritó Rebeca asustada.
Ella se arrodilló a su lado y tomó su cabeza en sus brazos.
- Vamos, bebé, reacciona- lloró ella mientras tocaba sus mejillas.
La voz de la radio preguntaba la dirección una y otra vez, pero Rebeca estaba casi en shock ante aquello.
- Vas a estar bien- lloró ella.
Movía sus ojos buscando algo que pudiera identificarla, pero lo único que alcanzo a ver, fue una serie de citarices en su muñeca derecha, las cuales, formaban letras, que, por el trazo violento, parecían haber sido hechas en contra de su voluntad. Esas horribles letras formaban la palabra "Laly”.
Rebeca tomó a la chica en sus brazos, pues sabía que la ambulancia tardaría. Así que la llevó a su patrulla y la acostó en el asiento trasero. Luego fue a su asiento y puso en marcha la patrulla.
- Lo siento López- Dijo en voz baja- Esta niña me necesita más.