Los libertadores: el frío eterno

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Summary

Evangeline Navarro. una chica de la tierra en el año 2357. una chica universitaria común y corriente, descubre en su primera ida a la excursión al museo. un artefacto que le llama mucho la atención. "El mapa del almirante" este, al llamarle, le causa intriga. investigando sobre este artefacto, es investigada por el servicio secreto. al descifrar está tonta cosa. la teletransporta a una nave con una chica gato, una monja asesina y un retirado almirante de la república. ahora, sin posibilidad de regresar a casa. vivirá aventuras en el espacio, visitando planetas e investigando sobre "el frío eterno" un mal primigenio que busca desaparecer el universo. ¿podrá volver a casa?

Status
Ongoing
Chapters
6
Rating
n/a
Age Rating
16+

Chapter 1 una chica de campo

Capitulo 1


Vamos a ver.


Estoy en una nave alienígena con dos chicas y un hombre. ¿Qué podría salir mal?


Me llamo Evangeline Navarro y, hasta hace unas semanas, mi vida era tan normal como la de cualquiera en la tierra del año... ¿2356? No, espera. Año nuevo. 2357. Je. Sigo escribiendo el 2356 como si el universo hubiese acabado en diciembre.


-¡Niña, no olvides desayunar algo! -grito mi abuela desde la cocina


Mi abuela tan hogareña, desde temprano, el olor a café y tortillas calientes flotaba por la casa. Nosotros, somos de una economía... digámosle, austera. En un mundo que ya colonizaba estrellas más allá del sistema solar. Desde pequeña, aprendí que tener becas escolares por calificación, era la única escalera para salir de esta situación.


Por eso, cuando terminé bachillerato, y entré a la Universidad Mundial de la Republica Humana (UMRH), solo tenia una meta en mi cabeza. Que alguien importante notara mi intelecto y tener un puesto de prestigio para poder comer comida caliente todos los días, y ayudar a mi familia.


-¡Desayunaré en la universidad, abuela, lo prometo! -grite, mientras me servía un vaso de agua y lo bebía de un trago.


Le planté un beso rápido a mi abuelo, que leía las noticias en su tableta, y salí corriendo hacia el autobús.


El profesor de Ingeniería Náutica Espacial nos llevó al museo fuera del campus. Primer día de clases y ya teníamos excursión obligatoria. El tipo, un ingeniero retirado de la Armada, nos guió por la sala dedicada a la flota de la República. Hologramas de planetas. Maquetas de batallas. Y cuatro estatuas: los Cuatro Grandes Almirantes.


María Zaragoza -La de los mil nombres-, Feldmann Eisenhard -el Painkiller-, John Kelvin -el Piromante- e Ivan Dragunov "El Horizonte de la República".


Mis ojos se detuvieron en un artefacto extraño: un cubo metálico lleno de paneles y botones. Un Rubik diseñado por un ingeniero psicópata.


Un chico de tez morena se acercó a la vez que yo.


-El mapa del almirante -dijo con tono histórico-. Según las historias, manda al portador a donde se encuentra el lord almirante.


Solté una risa seca.


-Son tonterías.


Él me miró, sorprendido.


-El profesor dice que en el espacio hay que mantener la mente abierta. Hay descubrimientos que ya estaban ahí antes de que llegáramos.


Crucé los brazos.


-Las fantasías no alimentan familias.


Su mirada se endureció.


-Creí que era broma cuando lo dijiste en clase.


-Mi familia debe comer -respondí-. Y yo soy la única que les dará un buen estatus.


Se marchó sin decir más.


Me quedé sola con el cubo. Entonces lo vi: un punto de luz. Pequeño, rojo, parpadeante. Como un latido.


Parpadee, para volver a ver. Nada, debió ser mi imaginación.


Salimos del museo. Una alarma sonó a nuestras espaldas.


Salieron tres jóvenes riéndose del peligro, detrás, unos guardias que corrían.


-¡Atrápenlos!


No lo pensé. Me quité del camino, extendí el pie justo cuando pasaba el ladrón y el objeto salió volando.


Era el cubo.


Aterrizó con un ruido sordo a mis pies. El ladrón, viendo que no podría recuperarlo a tiempo, siguió corriendo con sus cómplices. Uno de los guardias se acercó, doblado, intentando recuperar el aliento.


-gracias, señorita...- dijo, con su respiración agitada.


Me agaché y recogí el mapa, el cual si pesaba. Al sostenerlo, la luz parpadeó de nuevo, más intensa. Y se lo entregué.


-¿Es normal que tenga esa luz parpadeando? -pregunté.


Él, solo río. -no, debes de estar loca. Esta cosa no tiene ningún brillo desde hace años. Está más muerta que mi matrimonio.


Tras ese comentario, simplemente río y se regresó.


Esa noche, el parpadeo no me dejó en paz. Busqué en foros, enciclopedias y teorías conspirativas. Nadie mencionaba una luz. Así que creé un post anónimo:


UsuarioAnónimo2357: "Oigan, ¿alguien ha visto parpadear la luz del mapa del almirante? ¿O será que estaré loco"


Eso último, evitando revelar mi identidad de mujer.


No pasaron más que cinco minutos, para tener varios comentarios en el foro.


"¿De qué color era la luz?"


"Nah, es otro idiota queriendo fama. Recuerden que el otro decía oír una voz que le hablaba y que venía del mapa. Resultó ser falso"


"¿Cómo podemos creerte? Foto o fake."


Pensé en como revelar la información.


Estaba frente al computador tratando de analizar que decir.


Hasta que me arme de valor.


"Unos tipos quisieron robarlo del museo. Pero tropezaron frente a mí y lo dejaron caer. Ahí vi que estaba parpadeando. ¿Saben si es una réplica? ¿O era la original?"


Una espera, unos cinco minutos más y vi más preguntas.


"¿A qué hora fue?"


"sigue siendo falso. No te creo."


"oigan, es una buena pregunta. ¿Saben si es real?"


Hasta que de un momento a otro. El administrador del foro pauso mi publicación.


Al día siguiente, fue otro día aburrido y lento en la universidad, salvo que... en mis descansos, notaba miradas. Volteaba a ver en los momentos en el que el rabillo de mi ojo notaba alguna persona mirándome, espiándome.


Pero al voltear directo, no veía a nadie...


Ya en el tren, regreso a casa. El vagón estaba vacío, salvo unas personas que no les había dado importancia.


Un hombre de traje se acercó, sentándose demasiado cerca. Me aleje. Luego otro a mi otro lado. Y otro. Esta vez, enfrente.


Y cuando menos lo noté. Una bolsa negra cayó sobre mi cabeza. El pánico me cegó. Pataleé, grité, arañé. Mis gritos se ahogaban en la tela. Forcejeé con todas mis fuerzas, pero alguien me sujetó. Sentí un trapo húmedo y frío contra mi nariz. El olor químico me quemó la garganta.


-¡No...! -


La oscuridad me tragó.


Desperté en una silla, esposada, frente a un espejo negro. Ya había visto suficientes películas como para saber que querían interrogarme.


Un tipo con gafas oscuras y cara de pocos amigos entró, se sentó frente a mí y abrió un expediente.


-No te preocupes, no te haremos nada malo


Empezó a ojearlo.


-Si, Evangeline Navarro. Señorita de 18 años, hija de Catherine Navarro. Una... mujer muy bonita. Según estos archivos. Y tú padre, sigue siendo un misterio.


Bajo el expediente sin quitarme los ojos de encima. Examinándome.


-Dime Eva, ¿Cómo sabes que ese aparato parpadea? -pregunto directo.


Mi enfado creció. -vaya, ¿Así que es por eso que me tienen en contra de mi voluntad? ¿son los idiotas del foro que quieren saber si digo la verdad? Pues si, es la verdad. Pero ese guardia dijo que esa cosa tiene años sin servir.


El agente, o en este punto, uno de los idiotas del foro. Me miró largamente.


Solo para continuar.


-El guardia tiene razón, esa estúpida cosa no sirve- se inclino hacia mi, decisivamente -. A menos que tengas algún linaje de sangre


Yo palidecí un poco -¿L-linaje de sangre? - cuestioné - Debe ser una broma. Mi abuela dijo que mi padre huyo cuando supo que mi mamá estaba embarazada. Y mi madre murió de depresión después de tenerme.


Pero el agente no se inmutó sobre mi historia.


-No creemos que sea esa la historia real...- pauso, dándome una carta de presentación en blanca. -. Y, si quieres saber la verdad, bueno, ya lo sabrás cuando sea el momento. -


Y acto seguido, me volvieron a sedar.


Desperté en el tren, vacío, directo a casa. Me dolía la cabeza. ¿Fue real? Busqué la carta. Estaba ahí.


En el foro, mi publicación había sido borrada. Pero había un mensaje privado:


"Te veo en el museo hoy a las 8 de la noche."


Cuando llegue al museo a la hora acordada. Las 8:00pm, el museo apenas estaba cerrando.


Un sujeto me silbo.


-Hey


Voltee a todos lados, hasta que, detrás de unos árboles cercanos, me hablaba el sujeto.


Me le acerque con miedo y un gas pimienta en mi maleta. A punto de rociarle la cara.


El sujeto hablo seguro.


-¿Eres el...? - pauso al verme.


El sujeto, que tenía un pasamontañas, se lo quito para mostrar su rostro.


Era el mismo tipejo que me habló sobre el mapa.


-Tu... -dije, apuntándole con el dedo.


El solo negó con la cabeza -Eva, ¿haces esto para tener amigos?


Me enfurecí con un rubor en mi cara.


Le di una cachetada fuerte.


Él se tocó el cachete, pero me agarró de la mano y me jalo atrás del museo.


En los callejones, el me soltó.


-Mira...- se defendió torpemente -Se que no tienes amigas, pero no sé si realmente esto que dices es real


Yo me ofendí más, dando pisotones con furia -¡C-claro que es real! Te lo puedo demostrar...


El suspiro, sacando unas llaves.


-bueno, ya me dirás tú...


Entramos por la puerta trasera. El museo, a oscuras, olía a polvo y a madera vieja. Entre cajas y bultos, avanzamos en silencio.


-¿Cómo es que tienes llaves de este lugar?


-Mi papá es el guardia nocturno. Por eso sé tanto de la Marina. -hablo.


Apenas iba a abrir la boca. Pero sentí vibrar algo de mi bolsa. Pero no era mi celular. Era... ¿La tarjeta?


El agarro la tarjeta, la luz roja y la vibración empezó a resonar fuerte.


-carajo, son ellos.


-¿Ellos? ¿Quiénes? - pregunté con cierto temor.


-Servicio secreto de la republica- dijo simplemente. -Están tras cualquiera que tenga una mínima posibilidad de descifrar el mapa del almirante, creí que era un mito, pero al parecer ya es real.


Yo vacile un poco. -¿P-pero por qué irían por una chica universitaria que solo tiene curiosidad?


El solo se encogió -Oye, no lo sé -dijo, pisoteando la tarjeta, que en realidad era un localizador, echando a andar de nuevo-. Preguntémosles cuando nos atrapen. -


Llegamos a la sala del mapa. La luz roja parpadeaba ahora con más fuerza, como un corazón acelerado.


-Soy Ramsés -dijo, desde la puerta.


Yo le sonreí, cortésmente le extendí la mano. -Eva


El apretón fue firme, breve. Luego, con la soltura de quien ya lo ha hecho antes, Ramsés sacó el cubo de su pedestal. Me lo tendió.


-Anda, haz algo con el


Dijo, cediéndome el cubo.


Yo mire dudosa al cubo -¿cómo quieres que haga?


-no lo sé, sigue tu instinto. - dijo Ramsés -. Mi padre suele decir que es más útil seguir tu instinto cuando no sabes que hacer


Lo pensé, miré con detenimiento el cubo.


Sostuve el cubo. Mis dedos empezaron a moverse solos, guiados por el latido de la luz. Giraba, presionaba, deslizaba paneles que aparecían de la nada.


De un momento a otro, parecía que sabía lo que hacía


La luz cambió: rojo, amarillo, blanco... y finalmente, un verde profundo, intenso, como un faro en la noche.


-l-lo hice, creo. -dije apenas escéptica.


El lo miro, riéndose de asombro, su cara lo decía todo "no lo puedo creer"


-dios, m-mira ese color, ese verde intenso. - me sujeto de los hombros con intensidad -. ¡lo hiciste! - exclamó.


-¿y... y ahora qué?


Nada. Solo la luz verde, zumbando suavemente.


-no lo se...- dijo con una sonrisa incrédula


Pasos empezaron a resonar.


Y ahí los vi, hombres vistiendo algún tipo de uniforme negro.


-¡alto ahí! ¡Bajen el cubo!


Grito la voz distorsionada del sujeto.


El instinto me traicionó. Levanté las manos. El cubo cayó.


Cuando cayó, el cubo me envolvió en un aura del mismo color.


-no...- dijo una voz apenas audible.


Yo no sabía que estaba pasando, no me podía mover.


-¡Ramsés! -alcancé a gritar. - ¡Ayuda...! -


Después solo sentí oscuridad.


Desperté en el suelo de metal. El techo era bajo, con conductos y luces tenues. Olía a aceite de máquinas y a polvo. Pero no polvo como tal, un polvo... extraño.


Me incorporé con cuidado. Estaba en un almacén, lleno de cajas selladas. Nave. Definitivamente, una nave. ¿Me habrían atrapado los del Servicio Secreto?


No había nadie. Salí del almacén. Pasillos estrechos, metal por todas partes. No sentía vibración de motores. ¿Estábamos parados?


Llegué al puente de mando. Los asientos vacíos. Las pantallas apagadas. Y al frente, una ventana enorme. Mi corazón se detuvo.


La nave estaba parada en algún muelle de carga a una altura que no me podía imaginar, ni calcular. Mis manos empezaron a temblar, mi mente a nublar. Vértigo, definitivamente sentí vértigo. Afuera, estaba oscuro con luces a lo lejos de una metrópolis grande y enorme. No reconocía la arquitectura de aquí. No era terráqueo.


¿D-donde estoy? Ni siquiera reconozco este planeta.


Pasos, alguien estaba subiendo.


Unas risas, femeninas.


Me escondí lo más que pude en el puente de mando. Detrás de un panel de control.


-No, enserio. - reía baja, serena pero elegante -. Ahí estaba el diciendo "Ustedes no saldrán con vida" y solo me basto unos movimientos para dejarlo desarmado y con el acceso de la celda para salir.


La otra voz femenina solo reía


-Vaya, ja, ja. Te la pasaste mejor que yo. A mí me metieron en una celda del tamaño de un gato. Fue molesto tener que estar de ese tamaño un largo tiempo


¿Piratas? ¿O contrabandistas?


Tenía que salir de aquí lo más pronto posible.


Espere que se fueran al almacén y me apresure a bajar. Sin hacer mucho ruido.


Cuando bajaba por la rampa de la nave, la cual estaba abierta. Ahí, tope con un hombre.


Era alto, complexión atlética, pero sin ser enorme. Pelo muy corto, color de piel aperlada tirándole a "güero" y una sonrisa... una sonrisa cansada, pero amable. Sus ojos se abrieron con sorpresa.


Yo retrocedí apenas pensativa.


-vaya- Su voz era más dulce de lo que esperaba. Nada que ver con un pirata o contrabandista. Tenía un acento extraño, cantadito. -tenemos a una polizona aquí...


Vacile -y-yo no soy un polizona. Solo resolví ese cubo y...


-Espera...- Levantó una mano, y la caja que llevaba cayó al suelo con un golpe sordo -. ¿Dijiste "cubo"? - hizo énfasis en eso último.


Asentí, muda de miedo.


El me miró otro momento detenidamente. Parpadeando.


-el mapa del almirante...- susurro, incrédulo.


Volví a asentir.


Me agarró del brazo. No con violencia, pero sí con una urgencia que me asustó más. Me llevó a rastras de vuelta, hacia el almacén de la nave. Ahí estaban las dos chicas.


-oye, suéltame. - a este punto pensaba que me fuera a hacer daño.


Ahora veía a las chicas que estaban platicando.


Una era... mitad gato. Literalmente. Orejas puntiagudas, cola larga, un pelaje blanco con manchas naranjas, y una ropa negra ceñida que gritaba "espía ninja". La otra, con una túnica roja y negra, tenía una venda cubriéndole los ojos, cabello corto y de color rojo, pero sus labios, perfectamente dibujados, sonreían con una calma inquietante. No, definitivamente no eran piratas.


El hombre entro rápido, me soltó a un lado de ellas.


Y ellas me sujetaron rápidamente, casi por instinto.


Él buscaba entre sus cosas algo.


Hasta que lo vi, la caja. El mapa del almirante.


Me lo mostró. -¿Me estás diciendo que tú, una niña, resolviste esto?


Las chicas aflojaron el agarre.


-Es imposible -dijo la gata.


-Solo si tienes la combinación o si tienes el linaje... -completó la de la venda, y se giró hacia él. - Maestro. Eso significa que...-


El hombre no dijo nada. Solo me miraba. Sus ojos pasaron de la incredulidad a una emoción tan profunda que parecía dolerle. Se dejó caer en un asiento, pasándose una mano por la cara.


-Significa -dijo, con la voz rota por algo que no podía descifrar- que tuve una hija.


El silencio en el almacén era tan denso que se podía cortar. Las dos chicas me miraron como si de repente me hubiera convertido en un fantasma. Yo solo podía quedarme ahí, temblando, mirando a ese extraño que decía ser mi padre.


Mi padre, el que había huido. Mi padre, el misterio. Mi padre, que resultaba ser...


-¿Quién... quién eres? -logré susurrar.


Él me miró, y por primera vez, su sonrisa cansada se volvió genuina, aunque con un dejo de tristeza infinita.


-Me llamo Yael. - Pauso, mirando al cubo. -P-parece que con esto demuestras que eres mi hija...