LA LUNA QUE CONDENO AL REY ALFA

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Summary

Rose Shadow siempre creyó en el destino... hasta que su propio destino la rechazó. Como Luna, lo entregó todo a su Alfa: amor, lealtad... incluso su dignidad. Pero para él, nunca fue suficiente. Nunca fue su elección. Cuando el vínculo con su compañero destinado comienza a matarla lentamente, Rose hace lo impensable: lo rechaza frente a toda la manada... y se lanza al vacío. Debió morir. Pero el destino aún no ha terminado con ella. Ahora, en el territorio del temido Rey Alfa, Rose no es más que una sirvienta... o eso creen todos. Porque su llegada no fue un accidente. Fue una advertencia. Entre secretos, poder y un juego peligroso de deseo y control, Rose descubrirá que algunos vínculos no se rompen... solo se transforman. Y que el hombre más peligroso del reino podría ser el único capaz de salvarla... O de destruirla por completo.

Status
Ongoing
Chapters
12
Rating
n/a
Age Rating
18+

Prólogo – La Luna que eligió la libertad

—Luna… usted morirá pronto. Su loba está dormida.

Por un segundo, pensé que no había escuchado bien.

Horrorizada, miré a la Dra. Candace. Ni siquiera fue capaz de sostenerme la mirada; sus ojos permanecieron clavados en el suelo, como si ya supiera exactamente en qué momento iba a romperme.

Las palabras flotaron en el aire, pesadas… irreales.

—¿Cómo que dormida? Debe haber un error.

Mi voz salió más baja de lo que esperaba.

No sonó como la de una Luna.

Sonó como la de alguien que ya conocía la respuesta… pero se negaba a aceptarla.

Mis dedos se tensaron sobre la tela de mi vestido mientras esperaba que levantara la vista y dijera que todo había sido una equivocación.

Pero no lo hizo.

—Lo siento, Luna… —murmuró—. Repetimos la prueba dos veces. No hay error.

El silencio que siguió fue insoportable.

Podía escuchar mi propia respiración, irregular, demasiado fuerte.

—Esta condición aparece cuando el paciente sufre estrés constante… y cuando existe una desconexión física y emocional entre compañeros destinados.

Desconexión.

La palabra no me sorprendió.

Se hundió en mi pecho como una verdad que llevaba años evitando nombrar.

Mi vida en la manada Spring Moon siempre había sido exactamente eso.

Vacía, fría… controlada.

Yo sí era la pareja destinada del Alfa Carrion.

El vínculo que, según las leyendas, debía ser sagrado. Irrompible. Inquebrantable.

Pero en mi caso…

era una mentira.

Una obligación.

Un título.

Nada más.

Carrion jamás me había visto como su Luna.

No fui su elección.

Fui su deber.

Y me lo recordaba cada día desde hacía cinco años.

—Basándome en los pocos casos registrados… —continuó la doctora— debo sugerirle que su compañero la marque o que se rechacen.

Bajé la mirada.

Decirlo en voz alta dolía más de lo que esperaba.

Yo lo había amado como dicen las historias: sin miedo, sin reservas, sin pensar en el daño.

Todo comenzó en el baile anual de Alfas.

Yo era la hija del Alfa Esteban de la manada Nightmare. No asistí por deseo. Mi padre me había educado para convertirme en la Luna perfecta.

Mi deber era claro: asegurar la prosperidad de nuestra manada.

Mi hermanastro era demasiado joven para gobernar. Mi padre, demasiado viejo para protegernos.

Y mi madrastra… prefería gastar el dinero en joyas.

Ese día, sabía que tenía que salvar a mi familia.

Pero, en secreto, pedí algo más.

Amor.

Todavía recuerdo el salón lleno de Alfas.

Demasiado poder.

Demasiado ego.

Demasiada ambición.

Y entonces lo vi.

Carrion.

Destacaba.

No solo por su físico… sino por la forma en que todos se movían a su alrededor, como si el aire mismo le perteneciera.

Mi loba reaccionó antes que yo.

Mate.

La palabra explotó en mi mente.

Sonreí.

Sentí esa felicidad inmediata, irracional… esa que no cuestionas porque crees que es destino.

Pero entonces él me miró.

Y todo se rompió.

No fue duda.

No fue sorpresa.

Fue rechazo.

Puro. Frío. Despiadado.

Como si lo hubiera decepcionado con solo existir.

Esa mirada me persiguió durante años.

Me hizo preguntarme una y otra vez qué había hecho mal.

Hasta que lo entendí.

Él ya amaba a otra.

Sophie.

Sabía que no me rechazaría. Entre los lobos, romper el vínculo era mal visto. Debilitaba a un Alfa.

Y yo tampoco podía hacerlo.

Mi loba lo amaba.

Así que me adapté.

Aprendí a sonreír cuando me ignoraba.

A callar cuando hablaba de ella.

A fingir que no veía cómo su mirada cambiaba en su presencia.

A pretender que no me dolía cuando la llevaba a su habitación.

Nunca me eligió.

Pero tampoco me dejó ir.

Y yo… me quedé.

Porque eso hacen las buenas Lunas.

Se sacrifican.

Se adaptan.

Desaparecen.

Acepté el contrato.

Un matrimonio político.

Sin amor.

Sin intimidad.

Sin marca.

Creí que con el tiempo aprendería a amarme.

Pero fui una estúpida.

No solo la amaba.

La exhibía.

La mantenía a su lado.

Y me la presentaba como “su amiga del alma”.

Yo fingía creerle… mientras me rompía en silencio.

Hasta que un día lo escuché decir la verdad.

Que yo no era suficiente.

Que solo me utilizaba.

Curiosamente, eso dolió más que escucharlos besarse después.

—Un año, Luna —dijo la doctora—. Si quiere vivir, debe tomar una decisión.

Asentí.

Y me fui.

El sol caía cuando llegué al despacho de Carrion.

Su Beta, Octavio, bloqueaba la entrada.

—No tienes cita.

—Necesito hablar con mi esposo.

—Está ocupado.

—Muévete.

Usé mi voz de Luna.

Retrocedió… pero solo un paso.

—El Alfa no quiere verte.

Abrí la puerta de todos modos.

Carrion estaba con Sophie.

Como siempre.

—Lo siento, Alfa —dijo Octavio—. Nuestra Luna insiste.

Sophie sonrió.

—Tal vez deberíamos llamar a la doctora.

Algo dentro de mí se tensó.

—Salgan —ordenó Carrion.

Cuando quedamos solos, habló:

—Habla.

Respiré hondo.

—Me estoy muriendo.

No temblé.

—Mi loba está dormida. Necesito que me marques… o que me rechaces.

El silencio fue breve.

Y luego… rió.

—¿Ahora finges estar muriendo para que te toque?

Algo dentro de mí se rompió.

No con dolor.

Con claridad.

—Entonces recházame.

—No.

—¿Por qué?

—Porque un Alfa con su pareja destinada tiene más posibilidades de convertirse en Rey Alfa.

Las elecciones.

Claro.

No lloré.

Solo sonreí.

—Tienes razón.

Salí con una decisión tomada.

Esa noche, frente a toda la manada, alcé mi copa.

—Quiero disculparme con mi pareja destinada.

Los murmullos comenzaron.

—Nunca fui suficiente para él… no como su amante.

Silencio.

—Yo, Rose Shadow… te rechazo, Alfa Carrion Duskbane.

El mundo se detuvo.

Lo vi caer.

Por primera vez… afectado.

—Y rechazo mi puesto como Luna.

El caos estalló.

Y yo corrí.

Corrí hasta que el bosque se volvió borroso.

Hasta que mis patas no pudieron más.

Hasta que me rodearon.

Un risco.

Una caída mortal.

El rugido de la cascada.

Miré hacia abajo.

No tenía miedo de morir.

Tenía miedo de volver.

Así que salté.

El viento golpeó mi cuerpo.

El vacío me envolvió.

Y por primera vez en años…

sentí libertad.

El agua me tragó.

Debí haber muerto.

Pero no lo hice.

Luché.

Salí.

La corriente me arrastró lejos.

Cuando por fin pude levantarme, estaba sola.

Cansada.

Viva.

Entonces los sentí.

Lobos.

Emergieron entre los árboles, rodeándome.

Sus ojos brillaban con alerta.

No eran cualquier manada.

Eran los lobos del Rey Alfa.

Y sin saberlo…

me estaban conduciendo directo hacia mi destino.

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