177⛔una araña en París

Summary

Creador: nogueda link de Fanfiction:https://m.fanfiction.net/s/14532632/1/una-ara%C3%B1a-en-Par%C3%ADs Naruto Namikaze, un chico con poderes de araña tras un accidente en Oscorp, llega a París y se convierte en Spider-Man para combatir akumas. Se une a Ladybug y Cat Noir contra Hawk Moth, mientras maneja amistades nuevas, secretos y un romance con Marinette. ¿Soportará su doble vida? Crossover con acción, héroes y drama. naruto x Miraculous: las aventuras de Ladybug. Naruto & Miraculous: Tales of Ladybug & Cat Noir

Genre
Action
Author
Ailonklat1
Status
Ongoing
Chapters
6
Rating
n/a
Age Rating
16+

1

1: una nueva responsabilidad

Nueva York. Una ciudad que respiraba a todas horas. Rascacielos iluminados, tráfico sin descanso y un cielo nocturno que nunca estaba realmente oscuro. Entre todo ese ruido y movimiento, ese había sido el hogar de Naruto Namikaze Uzumaki desde que tenía memoria.

A los diez años, su vida cambió de golpe. Su padre, Minato Namikaze, un diseñador de moda reconocido por su creatividad y perfección, murió durante un evento importante.

El lugar donde se realizaba el desfile fue atacado; un incendio arrasó con todo antes de que los equipos de rescate pudieran entrar. El informe oficial lo clasificó como un "accidente". La ciudad siguió adelante. Naruto y Kushina no.

Su madre, Kushina Uzumaki, había sido una chef famosa antes de casarse. Había dejado las cocinas para dedicarse por completo a la familia. Pero un año después de la muerte de Minato, los ahorros de emergencia se agotaron y tuvo que volver a trabajar. Cocinar era su pasión, pero trabajar sin descanso la alejaba más y más de su hijo.

Naruto creció rodeado de maestros privados, entrenadores y niñeras contratadas para compensar la ausencia diaria de Kushina. Ella lo amaba, eso lo sabía, pero el tiempo... el tiempo era algo que casi nunca tenían. Aprendió a arreglárselas solo. A ser independiente. A moverse por la ciudad como si fuera parte de ella.

De repente, bajo la luz del sol entre los edificios, una figura humanoide se columpiaba entre las calles con lo que parecían ser... telarañas.

Si prestabas un poco más de atención, podrías ver la ropa que llevaba puesta: una sudadera roja sin mangas con una araña dibujada en el pecho, una camiseta azul de manga larga debajo, pantalones del mismo tono y guantes rojos con un pequeño mecanismo en las muñecas.

La máscara roja le cubría toda su cabeza y los lentes blancos destacaban como ojos amplios que miraban la ciudad desde lo alto.

La gente que lo miraba desde el suelo o desde los edificios parecía más feliz al verlo. Incluso algunas personas gritaban su nombre al unísono:

¡SPIDER-MAN!

Spider-Man empezó a descender rápidamente desde un edificio directo al suelo, y cuando estuvo a punto de tocarlo, una telaraña salió de su muñeca derecha y se enganchó al edificio de enfrente, impulsándolo hacia arriba. El movimiento fue limpio, casi juguetón, como si hiciera un poco de show para los transeúntes.

De repente, a lo lejos, Spider-Man escuchó las sirenas de múltiples patrullas acercándose en su dirección. Sus sentidos arácnidos lo alertaron al instante, como un golpe de electricidad recorriéndole el cuerpo.

Spider-Man pudo ver cómo, en la siguiente calle, una camioneta blindada escapaba de múltiples patrullas. Los criminales incluso disparaban contra los oficiales mientras avanzaban sin frenar.

En el aire, Spider-Man giró con una maniobra rápida y cambió su trayectoria directo hacia la persecución.

Debajo de la máscara, Naruto empezó a analizar la situación. Esto parecía un trabajo más serio de lo habitual. Tendría que balancearse más rápido para alcanzar la camioneta blindada e intentar detener a los criminales antes de que alguien saliera herido.

Algunos oficiales de policía por los retrovisores alcanzaban a ver a Spider-Man encima de ellos, así que rápidamente comunicaron esto por radio.

La opinión de los policías hacia él variaba mucho. Aunque él era considerado un héroe de Nueva York, los policías, bomberos y paramédicos eran los verdaderos héroes, ya que desde siempre habían salvado millones de vidas más que él. Pero Naruto los entendía; si él estuviera en su lugar y viera cómo un idiota disfrazado de superhéroe con poderes se llevaba todo el crédito por su trabajo, estaría igual de enojado con el superhéroe.

Pero, por otro lado, muchos policías y rescatistas creían que su presencia hacía todo más seguro. Tener a un superhéroe con ellos significaba que la persecución sería más controlada... bueno, excepto para quienes habían decidido robar algo en la ciudad de Spider-Man.

Naruto vio cómo la camioneta blindada dio un giro brusco hacia la izquierda. Varios autos de policía siguieron de largo, perdiendo la línea visual y quedándose atrás.

Para Spider-Man, seguirlos era tan fácil como respirar. Cambió de dirección con otra maniobra rápida y se lanzó directo hacia la camioneta.

Cuando por fin quedó justo encima de ella, empezó a lanzar varias telarañas al techo del vehículo y, al mismo tiempo, a los edificios a su alrededor. En pocos segundos, la camioneta quedó atrapada por múltiples anclajes tensos que la obligaron a detenerse de forma abrupta.

Los criminales, usando máscaras y cargando armas de alto calibre, salieron de la camioneta con bolsas grandes llenas de dinero.

Spider-Man cayó al suelo con clase, a unos metros del vehículo detenido.

Cuando los criminales lo notaron, levantaron sus armas y las apuntaron directo hacia él. Spider-Man alzó ambos brazos en señal de rendición.

Uno de ellos empezó a reír con ganas.

-¿En serio tú eres Spider-Man? Eres bastante inútil si creíste que tus malditas telarañas serían suficientes para detener a seis personas con armas pesadas, ¡idiota!

Spider-Man se veía calmado, aunque por dentro estaba nervioso. Observaba cada arma, cada movimiento de los seis hombres frente a él.

-Bueno, planeaba patearles el trasero a cada uno de ustedes a mano limpia, pero ahora que traen armas... ¿no creen que esto es muy injusto? Creo que sería una pelea limpia si me deshago de ellas.

Apenas terminó la frase, seis telarañas salieron disparadas de sus muñecas. Los criminales apenas tuvieron tiempo de mover los ojos antes de que sus armas fueran arrancadas de sus manos.

Las armas volaron hacia la parte trasera de la camioneta y, en cuanto chocaron con ella, Spider-Man lanzó otra telaraña para dejarlas pegadas e inútiles.

-Bueno, ahora sí es una pelea justa. ¿No lo creen, muchachos?

Los criminales no se sintieron intimidados. El más cercano a Spider-Man intentó golpearlo directo en la mandíbula, pero el héroe saltó por encima de él, hizo una pirueta y lanzó una telaraña que se pegó en su espalda antes de caer al suelo.

Apenas tocó el pavimento, otro criminal trató de sorprenderlo con una patada a la cabeza. Spider-Man simplemente se agachó, dejando que la pierna pasara de largo. Por la fuerza del movimiento, el criminal terminó dándole la espalda, así que Spider-Man le respondió con una patada directa que lo mandó volando contra una estación de autobús cercana.

En el mismo instante en que aquel hombre salió disparado, Spider-Man jaló la telaraña que había dejado pegada al primer criminal, enviándolo de golpe contra su propio compañero. La fuerza del impacto los hizo caer a ambos sin oportunidad de recuperarse.

-¡Bien! Dos menos, ahora quedan cuatro más.

Después de hablar, el sentido arácnido de Naruto se activó de golpe. Sintió la vibración en la nuca y dio un salto hacia atrás, esquivando una daga que pasó rozando su máscara y cayó al pavimento.

Cuando vio qué criminal la había lanzado, se molestó de inmediato.

-¡Oye tú! ¿Qué, acaso tus padres no te dijeron que jugar con cuchillos puede herir a alguien?

El criminal corrió hacia Spider-Man lanzando múltiples golpes sin control. Naruto los esquivó sin moverse del lugar, girando el cuerpo apenas lo necesario. Cuando vio una abertura clara, lanzó un gancho derecho directo a la mandíbula del atacante.

El impacto levantó al hombre unos centímetros del suelo antes de hacerlo caer inconsciente.

-Ups... creo que aún no controlo bien mi fuerza.

Antes de que pudiera terminar la frase, su sentido arácnido volvió a encenderse. Esta vez, dos hombres más se lanzaban sobre él al mismo tiempo, intentando acuchillarlo con dagas similares a la anterior.

Pero Spider-Man parecía estar jugando con ellos.

-Vamos, chicos, si se entregan a la policía prometo enviarles múltiples obsequios de mi parte. Así se ahorran la molestia de que sus traseros sean pateados por mí.

Naruto, ya un poco aburrido por la torpeza de los criminales, esperó a que ambos lo atacaran al mismo tiempo. En cuanto estuvieron lo bastante cerca, agarró sus muñecas con firmeza. La presión fue suficiente para obligarlos a soltar los cuchillos.

Apenas las armas cayeron al suelo, Spider-Man sujetó las cabezas de ambos hombres y las estampó una contra la otra, dejándolos inconscientes al instante.

-Bien, seis de seis. Supongo que mi trabajo está hecho por hoy.

Cuando estaba a punto de irse, múltiples policías lo rodearon y apuntaron sus armas hacia él. Naruto, bajo la máscara, frunció el ceño. Acababa de detener una persecución peligrosa, había evitado que alguien saliera herido... y así era como le pagaban.

Un oficial se abrió paso entre los demás. Caminaba con calma, con postura firme. Parecía ser el encargado del operativo.

-Spider-Man, soy el oficial George Stacy. Quedas bajo arresto por vigilantismo sin autorización, interferencia en procedimientos policiales, daño a propiedad pública durante una persecución, uso indebido de habilidades que ponen en riesgo a civiles y obstrucción de una investigación en curso.

El oficial sacó unas esposas de su chaleco antibalas, pero antes de que alguien pudiera reaccionar, Naruto corrió a toda velocidad. Subió por encima de varias patrullas, usando los cofres como escalones, y saltó al techo de una de ellas. Su brazo izquierdo se estiró al instante, lanzando una telaraña hacia un edificio cercano para impulsarse.

George Stacy no se sorprendió. Ya esperaba que Spider-Man intentara huir, así que no ordenó disparar ni hizo ningún movimiento brusco. Simplemente lo dejó ir.

Pero uno de los oficiales no tenía la misma calma. El dedo en su gatillo estaba más tenso de lo que debería. Siguió apuntando a Spider-Man incluso cuando el héroe ya estaba en el aire... y, sin querer, su arma se disparó.

La bala salió disparada y alcanzó de lleno el brazo de Spider-Man justo cuando empezaba a columpiarse. El impacto lo sacudió de inmediato. El dolor le recorrió el hombro y el agarre de la telaraña tembló.

Naruto, bajo la máscara, apretó los dientes y forzó su respiración para ignorar el dolor. No podía detenerse ahí. Usó su otro brazo para lanzar telarañas y seguir columpiándose entre los edificios, dejando que el herido colgara sin moverse. Cada balanceo le dolía, pero no se detuvo hasta estar lo suficientemente lejos.

Al final llegó al tejado de un edificio alto y se dejó caer de rodillas, respirando agitado. Se quitó la máscara con una mano temblorosa y la dejó a un lado mientras inspeccionaba su brazo. Solo tocarlo le arrancó un gruñido. La bala seguía dentro, enterrada en el músculo. No había salido.

-Mierda... ughh... tendré que sacar la bala antes de que se me infecte la herida. Tengo que ir rápido a mi departamento.

10 minutos después. Ubicación: Central Park Tower.*

Este gran edificio de Nueva York era el único lugar que Naruto podía llamar "hogar". Desde que tenía memoria había vivido allí junto a su padre y su madre... bueno, ahora solo con ella.

El departamento era enorme, lo suficiente para que cinco personas vivieran cómodamente sin problemas. Pero Naruto prácticamente vivía solo. Su madre siempre estaba trabajando y, cuando al fin llegaba a casa, estaba tan agotada que apenas cruzaba la puerta de su habitación antes de quedarse dormida. Él ya se había acostumbrado a ese silencio.

En el baño de la habitación de Naruto, la ventana comenzó a abrirse desde afuera. Era pleno día, así que la luz entró de golpe cuando el marco cedió lo suficiente para dejar paso. Spider-Man se deslizó con dificultad hacia el interior y cerró la ventana detrás de él, respirando entrecortado mientras se apoyaba con la mano sana en el lavabo. El departamento estaba en completo silencio, como siempre cuando Kushina trabajaba. Así que Naruto no se contuvo en demostrar el dolor que sentía.

Naruto se quitó con cuidado la parte superior de su traje improvisado, dejándolo caer al suelo mientras examinaba la herida con más detenimiento. La sangre seguía saliendo en pequeños pulsos alrededor del orificio, y el músculo estaba tenso por el impacto.

Su brazo sano, algo tembloroso, se estiró hacia el pequeño mueble empotrado en la pared del baño. Lo abrió y reveló un botiquín que no tenía nada de básico: jeringas estériles, anestésicos locales, suturas quirúrgicas, gasas médicas de alta calidad, antibióticos, pinzas de precisión, tijeras curvas, vendas adhesivas especiales y hasta un pequeño bisturí empaquetado.

Naruto respiró hondo. Sabía lo que tenía que hacer.

Primero, tomó una jeringa con lidocaína y la preparó con cuidado. Pinchó la piel alrededor del orificio de entrada, el dolor inicial lo hizo apretar los dientes, pero el adormecimiento llegó rápido.

Después tomó unas pinzas de punta fina y un pequeño bisturí.

-Ok. Naruto, es solo una bala. He pasado por cosas peores. -murmuró intentando convencerse.

Usó el bisturí para abrir ligeramente la carne alrededor del punto donde la bala estaba atorada. La visión del metal oscuro asomando entre el tejido dañado le revolvió el estómago, pero no se detuvo. Insertó las pinzas y las empujó con firmeza.

Un dolor punzante cruzó su brazo. Apretó los dientes, inspiró profundo... y tiró.

La bala salió acompañada de un hilo grueso de sangre. Naruto retrocedió un milímetro por el dolor, pero sostuvo la pieza entre las pinzas antes de dejarla caer en el lavabo con un clink.

-Ahí estás, maldita...

De inmediato vertió solución desinfectante sobre la herida. El ardor le recorrió todo el lado derecho del cuerpo, obligándolo a apoyarse contra la pared.

Después tomó una aguja curva con hilo de sutura estéril y respiró para estabilizar el pulso. Con movimientos lentos empezó a coser la herida, puntada por puntada. Cada entrada de la aguja provocaba un pequeño tirón interno, pero Naruto mantuvo la vista fija en su brazo hasta cerrar completamente la abertura.

Al terminar, colocó una venda alrededor del brazo, asegurándose de que quedara firme en su lugar.

Se dejó caer sentado en el escusado de su baño agotado, sudando y con el corazón todavía acelerado. Su traje seguía en el piso, la bala en el lavabo, y él respiraba intentando recuperar la calma.

Pero al menos la herida estaba atendida. Y seguía vivo.

((Pensamiento))

-mierda, creo que... es todo por hoy. Pensé que duraría hasta el anochecer pero esto es demasiado para mí. En tan solo cuatro meses he estado al borde de la muerte más veces que en toda mi vida. Ser un superhéroe es demasiado difícil, si no tuviera el dinero suficiente para comprar todas estas herramientas estoy seguro que moriría en la primera semana por alguna bala o fractura.-

Tomó el vendaje con cuidado y lo ajustó alrededor de la sutura recién hecha, presionando solo lo necesario. Su mano temblaba un poco, ya fuera por el dolor o por el cansancio acumulado.

((Pensamiento))

-si yo fuera a algún hospital estoy bastante seguro de que me darían atención médica gratuita pero no puedo arriesgarme a que me saquen sangre y sepan quién es en realidad Spider-Man. Le agradezco a mi madre por mandarme a esas lecciones de medicina. Si no fueran por ella estoy seguro que más de una herida tendría infectada.-

Cerró el botiquín con un leve golpe, más por agotamiento que por fuerza. Se quedó allí un momento, mirándose en el espejo: sudado, herido, ojeroso, con restos de sangre seca en la piel. No parecía un héroe.

Naruto salió del baño con pasos lentos, sosteniéndose el brazo vendado mientras un suspiro cansado escapaba de su pecho.

-Esta ciudad tiene a múltiples héroes... creo que puedo tomarme un día de descanso -dijo, casi convenciéndose a sí mismo mientras avanzaba hacia la puerta.

Su metabolismo ya estaba trabajando a toda velocidad. Una herida así, que a cualquier otra persona la dejaría fuera de combate por semanas, para él solo sería un mal recuerdo después de una buena siesta. Era una de las pocas ventajas de su cuerpo mutado, y una de las que más agradecía.

Al salir del baño, bajó las escaleras que conectaban la parte superior de su habitación con la planta baja. Sí, su cuarto tenía dos pisos. Era ridículo, extravagante, una locura para alguien de su edad... pero ahí estaba.

La parte inferior parecía una mezcla entre mini-sala de cine y zona gamer: una televisión enorme, estéreos de gama alta que hacían retumbar hasta el alma, un sillón puff gigantesco que te devoraba al hundirte en él, y varias consolas conectadas como si fueran una pequeña colección de museo.

Aun así, Naruto prefería pasar su tiempo de otra forma.

Aunque lo tenía todo, eligió seguir formándose. Aprender. Pulirse. Convertirse en alguien digno del traje que llevaba. Ahora más que nunca, siendo un héroe a tiempo completo, sentía que cada libro que leía era una herramienta más para sobrevivir.

Miró la pared repleta de estantes: libros de medicina, ingeniería, literatura clásica, matemáticas avanzadas, novelas, manuales de primeros auxilios, filosofía... Una mezcla extraña. La mayoría habían sido de su padre. Minato también había amado leer, perderse en mundos nuevos, aprender cosas nuevas solo por el gusto de hacerlo.

Naruto se acercó y pasó los dedos por la costura de los libros, deteniéndose solo cuando encontró el que buscaba.

-Medicina, anatomía humana. Bingo.

Abrió el libro y comenzó a hojear con rapidez, buscando la sección indicada. Quería saber cómo reaccionaba el cuerpo humano después de una extracción de bala exitosa. Entre diagramas y descripciones clínicas, encontró el dato que necesitaba.

Según el texto, una herida de bala en el brazo, incluso tratada a tiempo, solía tardar de seis a doce semanas en sanar por completo. Entre el daño muscular, la inflamación y el riesgo de infección, la recuperación era larga y dolorosa.

Naruto frunció el ceño. Para él, lo más probable era que estuviera casi recuperado para el día de mañana.

Mientras leía, comenzó a quitarse con calma su traje de héroe. Sabía que tenía que hacerle varias modificaciones, pero eso sería cuando tuviera tiempo libre. Y cuando no tuviera una bala recién extraída en el brazo.

Cuando por fin encontró la información que buscaba, dejó el libro en el suelo con un suspiro. Mañana, antes de irse a la escuela, ordenaría su cuarto para que no pareciera un... basurero.

Naruto empezó a subir las escaleras hacia la parte alta de su habitación. Iba solo en calzoncillos, pero no le importaba en lo más mínimo; estaba tan acostumbrado a andar así en su propio cuarto que ya ni lo pensaba. Estaba agotado, adolorido y con el cuerpo pesado. Lo único que quería era dejarse caer en su cama y dormir como si no hubiera un mañana.

Mi madre la última vez que entró a mi cuarto fue hace dos años, cuando decidí traer los libros de mi padre de su oficina a mi cuarto.

Tal vez ella no quiere entrar a su habitación porque al ver los libros le recordarían a su padre.

Naruto abrió la puerta de su cuarto y la cerró detrás de él. En un día normal, estando entero, se habría lanzado de cabeza a la cama como siempre. Pero el dolor en su brazo lo obligó a moverse con una lentitud. Caminó hasta su cama y se recostó despacio, hundiéndose en las sábanas aún tibias por el sol que entraba por las grandes ventanas.

-Veamos... hoy es viernes. Y no tengo ninguna tarea importante que hacer el día de hoy. Así que puedo dormir hasta mañana. Me merezco este descanso, total... ¿qué es lo peor que puede pasar?

Tres horas después.*

Naruto abrió los ojos lentamente. Por las ventanas de su cuarto podía ver cómo el sol ya comenzaba a descender, tiñendo el cielo con ese tono anaranjado que anunciaba que pronto serían las seis de la tarde.

Su celular empezó a sonar y vibrar sobre la mesa de noche. No necesitaba mirar el nombre en la pantalla para saber quién llamaba.

Estiró su brazo izquierdo, tomó el teléfono y deslizó el dedo hacia arriba para contestar. Se lo llevó al oído mientras seguía medio recostado.

-¿Sí, mamá? ¿Qué necesitas?

-Naruto, esta noche te tengo una sorpresa. Por favor vístete formalmente y no uses una de tus sudaderas, por favor.

Naruto cerró los ojos. Las sorpresas de su madre siempre eran... especiales. La última había sido en su cumpleaños. Ella había conseguido un recorrido para dos personas en los laboratorios de Oscorp, la empresa conocida por su tecnología avanzada, sus proyectos genéticos y desarrollos tecnológicos. Ella sabía muy bien su fascinación por cómo se crean nuevos avances científicos a través de investigación, así que movió algunos contactos y consiguió dos entradas.

Ese mismo día, cuando visitaron los laboratorios de Oscorp, esa extraña araña radiactiva lo picó en la mano... dándole sus poderes. Aunque claro, él nunca le revelaría eso a su madre.

Esa noche no había ninguna fecha importante que celebrar, así que lo más probable era que se tratara de una visita de los amigos de su padre para ver cómo se encontraban él y su madre.

Pero ahora, Naruto no podía evitar preguntarse quién o quiénes podrían ser.

-¿Podrías decirme de quién se trata, mamá?

Del otro lado del teléfono se escuchó una pequeña risa juguetona.

-Vaya, tan rápido descubriste que alguien nos visitará, ¿eh? El señor Gabriel Agreste vendrá a cenar a casa. Al parecer tiene una oferta de trabajo para mí en Francia.

Naruto frunció el ceño. El señor Gabriel Agreste era una de las pocas personas que realmente odiaba ver. No era un mal tipo, pero sí un mal padre. Sabía perfectamente sobre la muerte de su esposa... y sobre su hijo, Adrien Agreste.

El chico tenía, al parecer, su misma edad. Así que naturalmente los dos se llevaron bien al instante. Tal vez por sus pasados similares... o porque enfrentaban el mismo destino.

-¿El señor Agreste está contigo ahora mismo?

-S-sí... el señor Agreste reservó el restaurante Eleven Madison Park por la tarde. Así que pidió ver al chef que había cocinado su comida, y cuando yo salí a verlo, él y yo empezamos a platicar sobre ti... y sobre Adrien. ¿Sí recuerdas a Adrien Agreste, el hijo del señor Gabriel, cierto?

-Claro, ¿cómo podría olvidarme de él? Dime, ¿cómo se encuentra?

Del otro lado del celular, la voz del señor Agreste se escuchaba de fondo, aunque para Naruto era completamente inaudible lo que le decía a su madre.

-¿Qué tal si tú mismo le preguntas? Él también vino con su padre a Nueva York, así que vendrá esta noche a cenar con nosotros. Y quién sabe... ustedes dos podrían hablar cosas de chicos.

En el rostro de Naruto se dibujó una pequeña sonrisa, imaginando todos los videojuegos que podría jugar con Adrien mientras sus padres hablaban sobre la oferta de trabajo.

-Bueno... supongo que tendré que arreglar un poco mi cuarto.

-Bien. Entonces nos veremos en la noche. Te quiero, Naruto.

-Yo también te quiero, mamá.

El celular de Naruto dio un pequeño pitido. Kushina había colgado.

Naruto se reincorporó de su cama lentamente; su brazo aún le dolía, pero por lo menos podía moverlo un poco sin que el músculo le quemara.

Tenía mucho trabajo que hacer en su cuarto, sobre todo esconder sus trajes improvisados de Spider-Man y los múltiples planos que había hecho para un traje nuevo y mucho mejor.

Dos horas después.*

Naruto estaba en la cocina del departamento, terminando de preparar la cena. Había optado por algo seguro: pollo glaseado con miel y limón, puré de papas, una ensalada de espinaca con tomate cherry y una sopa de verduras que aún mantenía el aroma cálido en el ambiente.

Colocó los platos en la mesa y puso cuatro pares de cubiertos. Todo se veía decente.

Cuando terminó, tomó las pastillas que había dejado en la barra junto a un vaso de agua. Se las bebió sin pensarlo demasiado. Su brazo ya podía moverlo un poco, pero el dolor seguía ahí, punzante, y no quería que se notara durante la cena.

El timbre del departamento sonó. Naruto se dirigió con calma a la puerta y, al abrir, encontró a su madre junto al señor Gabriel Agreste. Un poco detrás de él estaba su hijo, Adrien Agreste.

-Bienvenido, señor Agreste -dijo Naruto, extendiendo la mano derecha a pesar del dolor.

Gabriel Agreste sonrió con cortesía y estrechó su mano sin dudar.

-Naruto, es agradable ver con mis propios ojos lo grande y sano que estás. Tu madre me ha contado mucho sobre ti. Al parecer heredaste su inteligencia.

Kushina, a su lado, se sonrojó levemente por el comentario.

-Igualmente es un gusto volverlo a ver, señor Agreste. Por favor, pase, siéntase como en casa.

Naruto se hizo a un lado para dejar entrar a su madre y a Gabriel.

Entonces lo vio. En la entrada, un rubio de ojos verdes le sonreía con la misma expresión tranquila de siempre.

-Hola, Naruto. ¿Cómo has estado? -preguntó Adrien Agreste, una de las pocas personas que realmente podían entenderlo.

-Estoy... mejor que nunca. ¿Y tú, Adrien? Dime, ¿aún practicas esgrima o estás interesado en algún otro deporte?

-Para nada. Soy bastante bueno en esgrima y dejarlo sería una tontería para mí. ¿Y tú? ¿Aún sigues con tu sueño de ser científico?

-Claro que sí. Seré el próximo Albert Einstein, ya lo verás -dijo Naruto, un poco entusiasmado.

Adrien entró al departamento siguiendo a su padre.

Cuando los tres llegaron al comedor, pudieron ver varios platillos que se veían realmente bien.

Naruto se colocó junto a su madre, que lo miraba con sorpresa y orgullo por la comida que había preparado.

-¡Wow! Esto se ve realmente delicioso -dijo Adrien, acercándose para ver los platillos más de cerca.

Gabriel observó la mesa con calma.

-Al parecer tu hijo sería un gran chef en el futuro, igual que tú, Kushina. Aunque sé muy bien que su meta es convertirse en un gran científico -comentó con un tono ligero.

-Sí, supongo que Naruto obtuvo lo mejor de su padre... y de mí -respondió Kushina con una leve sonrisa.

-¿Y bien? ¿Gustan comer? -preguntó Naruto, apartando una silla para que su madre tomara asiento.

Gabriel, Adrien y Kushina se acomodaron en la mesa, listos para probar la comida que Naruto había preparado.

Ambas familias comieron mientras charlaban tranquilamente de cosas simples: la ciudad, el clima, algunos recuerdos del pasado. Pero Naruto sabía muy bien que esa no era la razón por la que Gabriel Agreste había cruzado medio mundo desde París hasta Nueva York. No vino solo a cenar. Venía por algo más.

Cuando todos terminaron, Gabriel dejó los cubiertos sobre el plato. Luego se aclaró la garganta, adoptando un tono más serio.

-Bien, Kushina, Naruto. ¿Qué tal si hablamos sobre el motivo de mi visita? -preguntó Gabriel con calma.

-Oh, sí, claro. ¿Qué es lo que tienes en mente ahora, Gabriel? -respondió Kushina, acomodándose en su asiento.

-Mi motivo para venir personalmente es por ti, Kushina. -Gabriel entrelazó las manos sobre la mesa-. Durante una cena para festejar el cumpleaños de la hija del alcalde de París, se mencionó que en el hotel Le Grand Paris había renunciado el chef principal por... múltiples inconvenientes.

Kushina y Naruto escuchaban con atención cada palabra. Ambos intuían hacia dónde se dirigía aquella historia.

-El alcalde comentó que había intentado contratar a varios chefs de gran prestigio, pero todos rechazaron la oferta por motivos personales. Y cuando mencionó que el puesto de chef principal seguía libre... así que naturalmente te mencioné a ti.

Kushina suspiró. Gabriel no tenía que decir nada más para que ella entendiera a dónde iba todo.

-Gabriel... sabes muy bien que no me gusta abandonar Estados Unidos. Además, si aceptara tu propuesta de tomar el puesto como chef principal en el hotel, tendría que dejar todo atrás. Y dudo mucho que mi hijo deba dejar su vida aquí en Nueva York para empezar desde cero en París.

Naruto, por un segundo, estuvo a punto de decir que la propuesta del señor Agreste era una locura. Si aquello hubiera ocurrido cuatro meses atrás, habría apoyado sin duda la decisión de su madre, fuera cual fuera.

Pero... ahora que era un superhéroe, la idea de dejar Nueva York le pesaba distinto. Sentía la presión de cuidar una ciudad entera, de enfrentar cada día nuevos crímenes que no podían ignorarse. Y si se iba... era como abandonar a esa gente a su suerte.

Aunque sabía que no era el único héroe en la ciudad, él lo sentía así.

Por otro lado, Gabriel ya había previsto el rechazo de la esposa de su antiguo amigo. Así que, con un suspiro, suavizó la voz más de lo que jamás lo hacía.

-Kushina. Sé perfectamente que no te gusta dejar tu hogar. Pero esto no será permanente. Llegué a un acuerdo con el alcalde de París. Tú estarás a cargo del hotel solo por seis meses. Si no te agrada el puesto, podrás dejar el cargo cuando quieras. Pero si después de ese tiempo decides quedarte... podrás reiniciar tu vida como la legendaria Habanera Sangrienta.

A Kushina se le escapó una sonrisa. Había pasado tanto tiempo desde que alguien la llamaba por su viejo apodo de chef... que escucharlo de nuevo, y encima en la voz del antiguo amigo de su esposo, fue como oír a Minato otra vez: "Habanera sangrienta".

Gabriel sabía muy bien que había movido los hilos a su favor. Ahora solo faltaba escoger las palabras adecuadas para que Kushina aceptara ir con él y con Adrien a Francia.

Naruto también lo notó. El señor Agreste estaba manipulando a su madre. Y él no se quedaría de brazos cruzados.

-¿Qué pasará conmigo? -preguntó Naruto, llamando la atención de todos en la sala-. Sé que Adrien recibe educación en casa, pero con todo respeto, señor... yo no soy su hijo para estar tomando clases encerrado en un cuarto.

Kushina abrió los ojos de par en par. Sabía que el comentario de Naruto había sido irrespetuoso y estaba a punto de levantarse para reprenderlo, pero Gabriel se le adelantó.

-Naruto -respondió con calma-, te comprendo. Sé que tus estudios son más exigentes que los de mi hijo, así que investigué por mi cuenta. Y descubrí que tu escuela también ofrece clases en línea para estudiantes en distintos países. Durante estos seis meses, tus mismos maestros podrán darte clases... solo que esta vez será a través de una pantalla.

O, si lo prefieres, puedes asistir a cualquier escuela local de tu elección.

Naruto entrecerró los ojos. Sabía que entrar a cualquier escuela de París sería sencillo para él gracias a sus calificaciones. Y, si decidía escoger una escuela menos exigente, incluso podría tomarse un respiro de tanta presión.

Pero no todo era negativo. Por lo que sabía, Francia no contaba con héroes locales como Estados Unidos, Japón o Alemania. Tal vez Spider-Man podría hacer la diferencia en otro continente. Tal vez allá también había gente necesitada.

-Emm... Naruto. -Adrien habló en voz baja, rompiendo la tensión-. Sé que estudiar solo en una habitación puede ser aburrido. Así que, ¿qué tal si tú y yo asistimos a la misma escuela estos seis meses? Mi padre me prometió que este año podría ir a clases por primera vez.

El entusiasmo del chico contrastaba completamente con el ambiente cargado de la sala.

Gabriel, por su parte, ocultó la molestia tras una expresión neutral. Aún no renunciaba a la idea de mantener a su hijo estudiando en casa, pero podía usar lo que acababa de decir Adrien a su favor.

-Es cierto, Naruto. Serías de gran ayuda para que mi hijo se adapte a un salón de clases. Aunque ambos serían nuevos en una escuela francesa, estoy seguro de que encajarían bien.

Kushina suspiró. Gabriel había manejado la situación con habilidad, y además su hijo estaba apoyando la idea de ir a estudiar con Adrien. No sabía hasta qué punto aquello sería bueno... pero tampoco veía cómo podría negarse sin cerrar una puerta importante.

Naruto no sabía en qué pensar. Sentía cómo todo avanzaba sin él, como si su opinión hubiera dejado de importar desde el primer momento en que Gabriel Agreste entró por la puerta. Ahora, la decisión estaba en manos de su madre. Así que respiró hondo, forzó una sonrisa y giró hacia ella, intentando ocultar el nudo en su estómago.

-Entonces... ¿qué eliges, mamá?

Una semana después.*

Kushina había cedido a la petición de Gabriel, así que en menos de una semana ella y Naruto empacaron únicamente lo esencial. Naruto decidió cambiarse temporalmente de escuela, así que tendría que investigar qué preparatoria elegiría una vez instalados en Francia.

Adrien, por su parte, no podía ocultar su emoción. Iba a asistir a la escuela por primera vez y, gracias a Naruto, sentía que ese nuevo mundo sería menos complicado de enfrentar.

Ahora mismo, Naruto, Kushina, Adrien y Gabriel aterrizaban en el Aeropuerto de Orly. Al bajar del avión, varias personas contratadas por el alcalde de París se encargaron de trasladar el equipaje que madre e hijo habían llevado. Nada costoso, solo lo necesario para empezar una nueva vida.

El problema de dónde vivir no tardó en resolverse. Gabriel les informó que se quedarían en el hotel donde Kushina trabajaría durante los próximos seis meses, sin pagar ni un centavo. Eso significaba que madre e hijo pasarían más tiempo juntos del que habían podido compartir desde la muerte de Minato.

Pero para Naruto, también significaba otra cosa... algo no tan bueno.

-¡Adrien, Naruto! -gritó de pronto una voz femenina.

Frente a ellos en el aeropuerto se detuvo una chica rubia de su misma edad, con el cabello recogido en una coleta alta, ojos azules brillantes y una chaqueta amarilla impecable que combinaba con unas gafas de sol sobre la cabeza. Su postura elegante y segura anunciaba claramente a Chloé Bourgeois, la hija del alcalde.

Naruto suspiró. Sabía perfectamente que Chloé podía ser... molesta.

-Hola, Chloé. ¿Aún me recuerdas? -preguntó Naruto, casi rogando que la respuesta fuera un no rotundo.

-¡Claro que te recuerdo, Naruto! La segunda persona más guapa que han visto estos ojos -respondió Chloé, guiñándole un ojo con descaro.

Detrás de ellos, Kushina observaba con diversión. La dinámica entre los adolescentes le resultaba extrañamente tierna.

-Naruto, ¿podrías presentarme a tu amiga? -preguntó ella con un tono curioso.

-Oh... usted debe ser la señorita Kushina. La legendaria Habanera Sangrienta, ¿cierto? -Chloé dio un paso adelante, cambiando de actitud con una velocidad sorprendente-. Debo decirle que se ve aún más hermosa en persona que en las fotografías.

Kushina se sonrojó ligeramente ante el cumplido, sin esperarlo.

-Me presento: soy Chloé Bourgeois, hija del alcalde de París. Es un honor conocerla, señorita Kushina.

Naruto y Adrien intercambiaron una mirada de completa sorpresa; no podían creer el nivel de educación que Chloé estaba mostrando.

Lo que ninguno de ellos sabía era que, por dentro, la chica estaba maldiciendo a su padre por obligarla a "humillarse" así delante de su amado Adrien.

Naruto, por lo poco que recordaba de la chica, sabía que Chloé era terriblemente clasista. La había conocido cuando tenía ocho años, durante el primer cumpleaños al que Adrien lo invitó.

Ambos estaban jugando en el patio cuando ella lo apartó bruscamente para decirle un montón de cosas desagradables que un niño de esa edad no debería escuchar.

Pero en cuanto descubrió que Naruto era hijo de padres adinerados, su actitud cambió por completo. Aquello había sido suficiente para dejarle una impresión difícil de olvidar.

-Dime, Chloé. ¿Tú nos vas a llevar al hotel?

-¡Por supuesto que sí! Mi padre me encomendó la tarea de ser su guía. Así que, por favor, síganme hasta la salida del aeropuerto. Uno de mis mayordomos más fieles nos está esperando.

Sin muchas opciones, los cuatro caminaron detrás de Chloé. Al cruzar las puertas automáticas, la luz del exterior los recibió junto a la presencia de dos autos estacionados frente al camino.

-¿Por qué hay dos autos? -preguntó Kushina, confundida.

-Bueno, Kushina. Creí que sería mejor si hablaras con el alcalde sin mi presencia. Así que Adrien y yo regresaremos a casa. Mañana pasaré personalmente a ver cómo se están adaptando... y para saber si Naruto decidió a qué preparatoria asistirá dentro de dos días.

Chloé apretó los labios. No le gustaba nada que Adrien se alejara de ella, pero al menos sabía que en dos días lo volvería a ver en la escuela. Esa idea le devolvió un poco el ánimo, suficiente para recuperar su sonrisa forzada.

-Bueno, bueno. Creo que ya fue mucha plática por hoy. ¿Qué tal si nos apresuramos a llegar al hotel? Mi padre los está esperando, así que será mejor darnos prisa.

Kushina y Naruto no alcanzaron a responder. En cuanto se dieron cuenta, Chloé ya había dado media vuelta con paso decidido y su mayordomo les abría la puerta del auto. Madre e hijo solo intercambiaron una mirada resignada antes de subir y acomodarse en los asientos traseros.

Y así, casi sin darse cuenta, ambos se dirigían al Hotel Le Grand Paris. Su nuevo hogar.

Durante todo el trayecto, Kushina observó por la ventanilla con una mezcla de nostalgia y calma. París tenía una forma particular de llenarle el pecho: las calles angostas, los balcones de hierro, las luces cálidas... todo le resultaba familiar, como si hubiera vuelto a un lugar que nunca terminó de soltar.

Naruto, en cambio, iba reclinado con los audífonos puestos, dejando que la música lo aislara del peso de la situación.

El auto se detuvo frente a las grandes puertas del Hotel Le Grand Paris. Naruto pausó la canción y dejó los audífonos colgando de su cuello antes de bajar junto a su madre. En la entrada esperaba un hombre robusto y elegante, con bigote perfectamente recortado y un traje azul impecable: el alcalde André Bourgeois.

No bien ambos tocaron el suelo, un grupo de mayordomos abrió el maletero y comenzó a llevar sus maletas con eficiencia militar. Naruto asumió que esas maletas terminarían directo en sus habitaciones.

El alcalde avanzó con pasos cortos pero seguros, ignorando por completo a Chloé y también a Naruto. Extendió la mano hacia Kushina con entusiasmo exagerado.

-¿Tú eres Uzumaki Kushina, cierto? El señor Agreste me ha hablado maravillas sobre ti. En nombre de París, te doy la más cordial bienvenida. Espero que estos seis meses sean de total confort para ti y tu hijo.

Apenas mencionó a Naruto, giró bruscamente hacia él, como si recién recordara su existencia.

-Tú eres Namikaze Naruto, ¿cierto? El señor Agreste mencionó que necesitarías una escuela provisional durante tu estadía. Así que me tomé la libertad de inscribirte en la misma preparatoria a la que asiste mi querida hija, Chloé.

Naruto parpadeó. Chloé abrió los ojos como si acabara de escuchar la mejor noticia del día. Y Kushina... solo suspiró, resignada a que su nuevo comienzo en París había empezado más rápido y más caótico de lo esperado.

-Pe-pero... -Naruto apenas pudo protestar cuando Chloé se le lanzó al cuello con un grito que retumbó en toda la entrada del hotel.

-¡Gracias, papá! Ahora que tú también asistirás a la misma escuela que yo y Adrien, ¡seremos la envidia total de París! ¡Míranos! Somos rubios, con ojos azules y verdes, y además somos realmente guapos.

Chloé hablaba como si estuviera narrando un comercial, mientras el alcalde y Kushina observaban la escena con una mezcla de vergüenza y resignación.

Naruto, por su parte, no reaccionó. O no entendía las indirectas... o prefería ignorarlas por completo.

-Em... Chloé, querida -intervino André con una sonrisa tensa-. ¿Por qué no acompañas a Naruto a su nueva habitación? De paso podrías mostrarle un poco de la ciudad.

-¡Claro que sí, papi!

Antes de que Naruto pudiera abrir la boca, Chloé ya lo estaba arrastrando hacia el interior del hotel, casi como si fuera una maleta más.

Kushina los siguió con la mirada por un segundo, luego giró hacia el alcalde con serenidad profesional.

-¿Y bien? ¿Cuándo empiezo? -dijo Kushina al mirar al alcalde de París.

-Por favor, señorita Kushina, acompáñame hacia la cocina, donde conocerá a todo su personal.

Dos días después.*

Naruto se encontraba de camino a la casa de Adrien. Chloé le había hecho el favor de pasarle su número de celular y hablar con él por mensajes. Así que cuando Adrien le contó que su padre no le estaba dando permiso para asistir a clases como cualquier persona normal, se enojó, y mucho.

Naruto no soportaría seis meses solo con Chloé. Adrien tenía que estar con él para poder aguantar el tiempo que estaría en París. Además, hoy era el primer día de clases. ¿Quién se pierde el primer día?

Naruto se acercó a una gran pared que delimitaba el terreno de la mansión Agreste. Frente a él estaban las rejas de la entrada, las que se abrían para dejar pasar el auto o a las personas. Vio un extraño interruptor y supuso que sería el timbre, así que sin pensarlo mucho lo presionó.

Una extraña cámara con un brazo robótico salió disparada desde la pared. El sentido arácnido de Naruto se activó al instante, obligándolo a dar un paso atrás antes de que el aparato le golpeara la cara.

El brazo metálico se detuvo frente a él y comenzó a analizarlo de pies a cabeza.

-¿Tú eres Namikaze Naruto? -preguntó la cámara robótica con una voz calmada.

-¿S-sí? -respondió Naruto, vacilante.

-El señor Agreste tenía previsto que vinieras por Adrien para ir juntos a la escuela. Temo informarle que usted tendrá que asistir solo, ya que Adrien no tiene permitido asistir a la escuela. Que tenga un buen inicio de clases.

El brazo se retrajo de inmediato, desapareciendo dentro de la pared como si nunca hubiera salido.

La ceja de Naruto empezó a temblar. Su enojo era evidente. No solo tendría que soportar seis meses en una ciudad desconocida, sino también hacerlo sin la persona que lo consideraba como un igual, y acompañado únicamente de una chica bastante molesta.

Hinchó las mejillas, soltó un suspiro frustrado y empezó a caminar rumbo a la escuela. Por suerte, Chloé le había enseñado el camino el día anterior, así que ya estaba algo familiarizado con la zona.

Llevaba su nuevo traje de Spider-Man dentro de la mochila. Y mientras avanzaba entre las calles parisinas, solo pensaba en que, al final del día, podría patrullar la ciudad, conocerla mejor y asegurarse de que París estuviera a salvo.

Pero sus pensamientos sobre ponerse el traje tuvieron que ser abruptamente detenidos, su sentido arácnido estaba por las nubes. Por instinto dio un brinco hacia el lateral izquierdo hasta llegar al otro extremo de la calle.

Un autobús había sido mandado a volar hacia su dirección. Cuando este explotó pudo ver que el causante del desastre era un... ¿golem de piedra?

Naruto en sus cuatro meses como héroe en Nueva York había visto cosas extrañas y, esta era sin duda la más grande de todas.

El golem de piedra al parecer seguía su camino apartando cada obstáculo que se cruzaba en su camino lanzándolo por los aires.

((Pensamiento))

-no tengo tiempo para pensar de dónde salió un maldito golem de piedra. Ahora mismo tengo que detenerlo a toda costa antes de que alguien salga herido.-

Naruto corrió a un callejón sin salida, respirando rápido por el susto del autobús estrellado a media calle. El ruido del golem retumbaba entre las paredes. Abrió la mochila y sacó el nuevo traje.

Este, a comparación con el anterior improvisado, era de un color negro con detalles rojos marcados en el pecho, las mangas y las botas. El símbolo de la araña ocupaba todo el torso y otra más grande cubría la espalda. La tela era elástica, ligera y mucho más resistente que la anterior. El diseño tenía líneas rojas en forma de telaraña que recorrían brazos y piernas, y la capucha roja cubría bien la cabeza. Los ojos blancos de la máscara eran más amplios y expresivos.

Naruto se puso el traje a toda prisa. La tela se ajustó a su cuerpo; se acomodó la capucha, respiró hondo y levantó la mirada hacia la salida del callejón. Ahí vio cómo varios policías disparaban al gólem... y, para su sorpresa, la criatura absorbía la energía de los disparos, creciendo visiblemente.

El gólem lanzó varios objetos a su paso, intentando herir a los policías.

Lo último que Naruto alcanzó a ver fue cómo la criatura avanzaba, saliendo del perímetro de su visión desde el callejón sin salida.

((Pensamiento))

-Tengo que detenerlo... y después averiguar cómo destruirlo.-

En alguna parte de la ciudad, una chica de cabello azul oscuro recogido en dos coletas bajas, ojos azules y vestida de manera sencilla observaba la televisión desde su computadora con evidente nerviosismo. Por primera vez en París, un supervillano había aparecido, así que subió un poco más el volumen.

-Tan increíble como parece ser, se ha confirmado que París está bajo ataque por un supervillano. La policía lucha por mantener la situación bajo control.

-Tengan confianza, el brazo fuerte de la ley aplastará a... auch. Mi otro brazo.

La televisión continuó dando información sobre la ruta del supervillano, así que la chica dejó de prestarle atención.

-Odio el primer día de clases. -murmuró, antes de notar una extraña caja negra con un símbolo rojo sobre su superficie.

Al principio pensó que pertenecía a su madre, pero ella nunca dejaba cosas en su cuarto.

-¿Qué hace esto aquí? -se preguntó a sí misma la chica antes de abrir con cuidado la caja. Cuando la caja se abrió, un brillo rosado llenó la habitación. Cuando la luz desapareció, frente a la chica flotaba una pequeña criatura: de cuerpo diminuto, cabeza redonda, ojos grandes y rosados, antenitas cortas y un suave tono rojizo con manchas negras que parecía emitir un ligero resplandor.

La chica, al ver a la criatura, se echó hacia atrás todo lo que pudo y dejó escapar un grito lleno de miedo.

-¡Ayuda, un bicho gigante! ¡Un-un ratón! ¿Un ratón bicho?

La pequeña criatura, al notar el susto de la chica, intentó tranquilizarla.

-Todo está bien, no tengas miedo.

La chica, al escucharla hablar, entró aún más en pánico y comenzó a lanzarle lo primero que tuvo a la mano. La criatura esquivó cada objeto con facilidad, girando en el aire como si fuera lo más natural del mundo.

La chica, al intentar alejarse aún más, tropezó con su propio pie y terminó cayendo de sentón al suelo.

Aún en el piso, siguió arrastrándose hacia atrás hasta golpear la espalda contra un mueble.

-Escucha, Marinette, sé que te parezco algo extraño, pero...

La pequeña criatura no pudo terminar la frase. Marinette, en un movimiento desesperado, tomó un vaso del mueble detrás de ella y lo estampó encima de la diminuta criatura, encerrándola como si fuera una cucaracha.

La pequeña criatura, al ver que Marinette se había calmado un poco, siguió hablando con suavidad.

-Bueno... esto está bien si te hace sentir segura.

Marinette observó la criatura, y como no tenía salida. Finalmente, logró hablar.

-¿Q-qué eres? ¿Y cómo sabes mi nombre?

-Soy un Kwami, y mi nombre es Tikki. Ahora... permíteme explicarte.

Marinette recordó de golpe que sus padres estaban en las habitaciones de abajo, así que decidió llamarles para que ellos mismos lidiaran con ese Kwami.

-¡Mamá, papá!

Tikki, al percatarse, atravesó el vaso de vidrio como si no existiera y se lanzó hacia ella con evidente urgencia.

-¡No, no, no, no! ¡Soy tu amiga, Marinette! Confía en mí. Eres la única que puede detener a Corazón de Piedra.

Marinette empezó a negar con fuerza, soltando excusas tontas para que Tikki entendiera que ella no era ninguna superheroína. Pero la Kwami le respondió todo lo contrario, explicándole cómo podía devolver a la persona transformada a la normalidad.

Mientras se colocaba unos pendientes, los mismos que había encontrado dentro de la caja, Marinette intentó repetir lo que había escuchado para asegurarse de entenderlo.

-A ver... ¿solo tengo que destruir el objeto donde esa cosa está escondida?

-Se llama akuma -corrigió Tikki-. Y luego tienes que capturarlo.

-Sí, eso. Capturarlo... ¿y qué era lo del amuleto?

-El amuleto encantado. Es tu superpoder secreto.

-Yo... no sé si podré hacerlo, Tikki.

-Confía en ti, Marinette. Solo di: "¡Tikki, motas!".

-¿Motas? -dijo Marinette, confundida.

Antes de que pudiera agregar algo más, Tikki se transformó en un rayo de energía roja que se dirigió directamente a los pendientes de Marinette. En menos de un segundo, un traje rojo con puntos negros, flexible, ajustado y hecho para la agilidad, apareció sobre su cuerpo como si hubiera surgido de la nada junto con un antifaz con el mismo patrón.

-Ay... ¿cómo me quito esto? Tikki, si puedes oírme, quiero que me devuelvas mi ropa. No voy a ir a ningún lado.

Marinette giró hacia la computadora, donde el noticiero seguía transmitiendo en vivo.

-Después de destruir múltiples edificios y herir a varios civiles, incluyendo oficiales de policía... el supervillano parece dirigirse al estadio de fútbol, aquí en París, donde se encuentran múltiples personas evacuadas -decía la reportera con tono de urgencia.

Marinette no alcanzó a escuchar el resto. Algo la distrajo. La trampilla de su habitación se abrió de golpe.

Rápidamente corrió hacia la azotea, sin pensarlo dos veces, para evitar que quien fuera que hubiese entrado la viera vestida así.

Marinette no pudo escuchar lo que seguía en el reporte. La reportera, con la voz temblorosa, alcanzó a decir.

-¡Esperen! Al parecer alguien... ¿acaba de lanzarle un árbol al supervillano?

La incredulidad en el tono de voz de la reportera era evidente mientras el helicóptero mostraba las imágenes en vivo.

Naruto había visto cómo el gólem estaba destruyendo todo a su paso. Cualquier disparo o golpe que recibía lo hacía crecer aún más, así que tenía un plan.

Encerrarlo, cubrirlo con todas las telarañas que su cuerpo pudiera generar y atraparlo como una araña atrapa a su presa.

Spider-Man se lanzó entre los edificios, balanceándose con rapidez. La gente volteaba a verlo pasar... todos menos el helicóptero, que seguía atento únicamente al monstruo de roca.

Naruto tomó aire, tensó las telarañas entre sus manos y gritó:

-¡Oye tú! ¡Roca con patas! ¿Acaso perdiste tu camino hacia el museo?

El gólem giró la cabeza, sorprendido por la voz de Spider-Man.

Sin previo aviso, con la mano libre, arrancó un pequeño árbol del suelo y lo lanzó con brutal fuerza hacia él.

Naruto reaccionó al instante. Saltó hacia el aire, girando el cuerpo con agilidad, y disparó una telaraña al árbol justo cuando pasaba detrás de él. Aún suspendido en el aire, tiró con todas sus fuerzas, desviando la trayectoria del árbol para enviarlo de regreso directo hacia el gólem, con incluso más fuerza y velocidad que antes.

El monstruo no pudo defenderse. El impacto le dio de lleno en el rostro, haciéndolo retroceder varios pasos mientras fragmentos de roca salían disparados.

Spider-Man tenía ahora la atención total del helicóptero. En miles de televisiones de toda Francia se proyectaba la imagen de un héroe completamente desconocido para ellos... aunque no pasaría mucho tiempo antes de que comenzaran a descubrir quién era realmente.

El gólem se enfureció aún más. Su cuerpo creció de manera exponencial, elevándose varios metros. Ahora, con ese tamaño, podría alcanzar el helicóptero con facilidad.

Al ver esto, Naruto reaccionó de inmediato. Lanzó una telaraña directo a la cámara del helicóptero, cubriendo el lente. La reportera, alarmada, ordenó al piloto evacuar el área de inmediato.

Naruto sabía que no podía pelear ahí. Necesitaba envolver al monstruo en telarañas, pero no en medio de la calle, rodeado de civiles y cámaras.

Entonces, al ver el estadio de fútbol tan cerca, tuvo una gran idea.

En otro punto de París, cerca del estadio de fútbol, Chat Noir y Marinette, todavía confundida por el traje de heroína que acababa de obtener, se encontraron por primera vez. Ambos habían recibido un Miraculous y, con él, un kwami que les otorgaba habilidades distintas.

Al escuchar el fuerte estruendo que provenía del estadio, los dos se miraron sin decir una sola palabra. Algo estaba ocurriendo dentro de él.

Por otro lado, Naruto había decidido llevar al golem hacia el estadio, pero surgió un problema evidente: ¿cómo metería algo tan grande por una puerta tan pequeña?

Naruto no tuvo que pensarlo demasiado cuando vio cómo el golem clavaba lo que parecían ser sus dedos en el muro exterior del estadio. Poco a poco empezó a trepar por la pared, asomándose por encima de ella.

Bajo la máscara, Naruto sonrió al ver que su plan ya no tenía complicaciones. Para molestarlo un poco más y mantener su atención fija en él, comenzó a hacerle varios gestos exagerados, como si estuviera provocando a un bebé enorme.

Naruto, al notar que el golem estaba a punto de subir, decidió dar un salto hacia el interior del estadio de fútbol.

Pero para su mala suerte, se dio cuenta demasiado tarde de que dentro del estadio había varios chicos de su misma edad. Todos venían de distintas escuelas de Francia; al parecer, el estadio servía como espacio para clases de educación física.

Cuando Spider-Man cayó desde lo alto y aterrizó justo en el centro, se convirtió al instante en el centro de atención.

Gritos surgieron en todas direcciones mientras los estudiantes levantaban sus celulares para grabarlo.

-"¡Oye, tú! ¿Quién eres?"

-"¿Acaso eres algún héroe?"

-"¿Podemos tomarnos una foto?"

Sin embargo, la emoción fue reemplazada rápidamente por el miedo cuando todos levantaron la vista hacia la parte superior del estadio, justo donde se encontraba la estructura que sirve como visera de sombra. Allí, el golem de roca los observaba sin moverse ni mostrar emoción alguna.

Su ceño de piedra se frunció lentamente al ver a un chico en particular.

- "¡Kim! ¡Ahora quién es el cobarde!", gritó el golem de roca antes de lanzarse desde lo alto hasta el centro del campo.

Todos los estudiantes corrieron hacia las salidas y Naruto tuvo que dar un salto enorme hacia atrás para evitar ser aplastado.

Cuando el golem cayó desde aquella altura, el impacto sacudió el suelo y todos los estudiantes alrededor terminaron en el piso.

Un chico de cabello castaño oscuro, piel morena y complexión atlética, Kim intentó levantarse al ver que el golem avanzaba directamente hacia él. Sin embargo, su pierna estaba lastimada por la caída, así que apenas pudo reincorporarse.

Solo logró levantar ambos brazos frente a su rostro para protegerse del puñetazo del golem.

Pero el golpe nunca llegó. Varias telarañas se pegaron a la espalda y los brazos del golem de piedra, tensándose al instante. Spider-Man tiraba con toda su fuerza, frenándolo antes de que alcanzara al chico.

Los pies de Naruto se estaban hundiendo en el pasto bajo él, dándole un mejor soporte para detener al golem con todo lo que podía. El chico que estaba cerca seguía demasiado paralizado por el miedo como para moverse.

Naruto le había gritado que se moviera, pero parecía no escuchar nada.

Finalmente, algunas telarañas empezaron a romperse, haciendo que el puño del golem se dirigiera de nuevo hacia el chico.

Pero antes de que lo golpeara, una barra de metal cayó entre ambos, deteniendo el ataque.

Un chico de traje negro, orejas felinas y un cinturón que imitaba una cola descendió de la barra con rapidez, sorprendiendo a los presentes.

En la mente de Naruto solo había una pregunta: ¿quién era ese tipo? ¿Un nuevo superhéroe como él? ¿O un idiota jugando a serlo?

Kim aprovechó la distracción del chico disfrazado de gato para correr hacia la salida más cercana.

-Oye, no es amable pelear con personas más pequeñas que tú.

-¿Te refieres a ustedes dos, enano?

-¿Nosotros dos?

Cat Noir se quedó confundido por el comentario del golem. Antes de poder preguntar a qué se refería, tuvo que esquivar varios golpes seguidos.

Cuando vio una abertura en su defensa, se preparó para darle un golpe directo en la parte superior de la cabeza. Antes de lograrlo, una telaraña se pegó a su espalda y lo tiró hacia atrás.

Cat Noir cayó de pie a un costado de Spider-Man. Al verse, los dos preguntaron al mismo tiempo:

-¿Quién demonios eres tú?

-¿Sabes que? creo que las presentaciones podemos dejarlas para después. Primero tenemos que acabar con este golem -exclamó Spider-Man, provocando que Cat Noir frunciera el ceño por el comentario.

-Eso es exactamente lo que estaba haciendo, pero tú evitaste que lo golpeara.

-Los golpes no le hacen nada. Le lancé un maldito árbol en la cara y lo único que pasó fue que creció hasta ese tamaño... aunque sí le hice unas grietas -bromeó Spider-Man.

-Entonces ¿cómo lo destruimos? ¿Se te ocurre alguna idea, chico araña?

-Podemos intentar separar su cabeza del cuerpo, pero no creo que eso funcione.

El golem, al ver que sus dos enemigos estaban planeando cómo vencerlo, corrió hacia ellos con fuerza. El suelo vibró bajo los pies de Cat Noir, que tragó saliva al sentir el impacto.

-¡Dónde estás, compañera!

Naruto se preguntó a quién se refería el chico gato. Al levantar la vista hacia la parte superior del estadio, justo en la zona del techado, alcanzó a ver a una chica con un traje rojo lleno de puntos negros. Tenía el cabello recogido en dos coletas y sostenía un yo-yo rojo, aunque su postura era rígida, casi tensa, como si no supiera qué hacer o no se atreviera a moverse. Era evidente que estaba paralizada por el miedo.

Spider-Man corrió en dirección del golem, con Cat Noir siguiendolo justo detrás. Lanzó varias telarañas directo al rostro de la criatura, cubriéndole la vista. Luego se deslizó por debajo de sus piernas con un impulso rápido y preciso.

Naruto aprovechó ese ángulo bajo. Disparó telarañas en ráfaga, una tras otra, girando alrededor del golem como si estuviera trazando un círculo perfecto. Cada giro hacía que el hilo blanco se apretara más.

Saltó a un costado, rodó, volvió a disparar y se impulsó a la parte trasera. Alcanzó la espalda del golem y usó dos tirones secos para tensar la telaraña por completo, atrapando los brazos y el torso del monstruo de roca igual que un capullo.

Cat Noir observó con una mezcla de sorpresa y respeto al ver cómo Spider-Man giraba alrededor del golem, amarrándolo con una velocidad que apenas podía seguir con la vista.

Cuando Naruto terminó, cayó de pie frente a Cat Noir, respirando rápido.

Naruto tensó las telarañas alrededor del golem, sintiendo cómo cada fibra vibraba por la fuerza bruta de la criatura.

-Okey, eso debería detenerlo por un segundo. ¡Oye, chico gato, ¿puedes ayudarme un segundo?!

Cat Noir cayó a su lado de un salto ágil. Naruto le entregó las dos telarañas principales, las que mantenían tensas a las demás.

Cat Noir las tomó sin entender del todo el plan, pero al ver la seguridad con la que Spider-Man actuaba, no cuestionó nada y simplemente obedeció.

Las telarañas zumbaban entre sus manos mientras mantenía la presión. El golem gruñía, intentando liberar los brazos.

Naruto retrocedió un paso, tomó aire y dio un salto enorme. Disparó dos telarañas hacia lo alto, ascendiendo a toda velocidad entre las estructuras del estadio hasta llegar al borde del techo.

Naruto aterrizó justo al lado de Ladybug. La chica estaba rígida, los pies tensos sobre la superficie metálica. Sus ojos estaban completamente abiertos, paralizados por la escena que se desarrollaba abajo. El yo-yo temblaba ligeramente en su mano. No tenía idea de qué hacer. Naruto la miró, temblorosa.

((Pensamiento))

-Está en shock... genial.-

Naruto se colocó a su costado, evaluando el campo desde arriba mientras Cat Noir seguía intentando contener al gólem él solo.

-¿Oye, estás bien?

Marinette se tensó al instante. No sabía qué hacer; tenía miedo de enfrentar a ese gólem con su compañero gatuno.

Pero cuando rmma vio a Spider-Man pelear contra el gólem, se quedó impactado. Ella no había sido informada por sus kwami sobre otro portador de un Miraculous.

Cuando las telarañas del héroe arácnido empezaron a romperse, Marinette solo pudo cubrirse el rostro con ambas manos para no ver cómo el chico quedaba hecho puré por el gólem.

Pero antes de que eso pasara, su compañero saltó por instinto al campo de batalla, ayudando al chico arácnido.

Escuchó a su compañero gritar por ayuda, pero ella no podía moverse. Solo pensaba que saldría herida si se metía... o que sería un estorbo para ambos.

Y entonces se sorprendió al ver al chico arácnido desaparecer del campo de batalla y colocarse a un costado de ella en un parpadeo.

-¿Q-quién? ¿Yo? ¡S-sí, sí! Estoy genial...

Marinette intentó sonar creíble, pero aunque sus palabras lo dijeran, su cuerpo la delataba. Sus piernas temblaban.

-No. No lo estás. Sé que esto puede asustarte tanto como a mí... pero tienes que quitarte ese miedo para poder luchar contra ese gólem de allá abajo.-Naruto señaló al gólem, que parecía a punto de liberarse de sus telarañas.

-No... yo no podré hacerlo.

Exclamó Marinette, triste... justo antes de ver cómo el gólem se liberaba de las telarañas de Spider-Man para seguir luchando en solitario contra Cat Noir.

Spider-Man agarró con suavidad ambos hombros de la chica, tratando de estabilizarla. Su respiración seguía temblando, los ojos clavados en el golem, que estaba rompiendo poco a poco las telarañas.

-Escucha... si quieres ser una heroína, eso implica luchar contra cosas que te superan. En fuerza, en tamaño... o en todo.

Marinette bajó la mirada. Estaba avergonzada de sí misma.

Naruto entendió ese miedo. Lo había visto antes. Lo había sentido antes.

-Mírame un segundo -dijo con voz firme pero tranquila-. Yo tampoco nací sabiendo qué hacer. Nadie te da un manual para ser un superhéroe. A veces solo estás ahí... y tienes que decidir si te quedas paralizada o si das un paso. Uno. No diez, no cien. Solo uno.

Marinette levantó un poco la vista, apenas para mirar la máscara de Naruto.

-No tienes que ser la más fuerte. Solo tienes que ser lo bastante valiente para intentarlo. Aunque te tiemblen las piernas. Aunque sientas miedo. Eso ya te hace más heroína de lo que crees.

Un estruendo sacudió el estadio. El golem finalmente había atrapado a Cat Noir después de lanzarle una portería de fútbol a una chica de piel morena, cabello rizado y lentes rojos.

-No sé quién eres -admitió Naruto sin apartar su mirada de la suya-. No sé tu nombre, ni por qué estás aquí. Pero sé que estás en este techo, con ese traje, porque tienes algo dentro de ti que quiere ayudar. Y ese algo... no desaparece solo porque tengas miedo.

Marinette apretó ambos puños, dejando de temblar y levantando aún más la vista.

-Tú puedes. -dijo Naruto con una convicción tan clara que parecía imposible que no fuera verdad-. Da un paso. Solo uno a la vez. Yo estaré abajo cubriéndote la espalda.

Naruto, al ver cómo la mirada de la heroína cambiaba, supo que algo dentro de ella había despertado. Pasó de ser una chica paralizada por el miedo a alguien con verdadera determinación. Así que retiró lentamente sus manos de sus hombros, esperando ver qué iba a hacer.

Dentro del estadio, la chica a la que Cat Noir había salvado gritaba desesperada hacia Marinette, pidiéndole que ayudara a su compañero gatuno.

Sin más tiempo que perder, Marinette saltó del techo directamente hacia el campo de fútbol. Cayó torpemente pero sin caerse, y con un movimiento rápido y casi instintivo, lanzó su yo-yo. El cable rojo se envolvió alrededor de ambos pies del golem mientras ella deslizaba por debajo de sus piernas, tirando con todas sus fuerzas para desestabilizarlo.

El golem cayó de espaldas, y su mano, que tenía apresado a Cat Noir, se abrió de golpe, permitiendo que el chico gato saltara junto a Ladybug.

Naruto descendió justo al lado de la chica con lentes, intentando sacarla del lugar antes de que volviera a ponerse en peligro.

Pero en cuanto ella se dio cuenta de que el héroe que había llegado primero ahora estaba a solo unos pasos, levantó su teléfono y comenzó a grabarlo con aún más emoción.

-¡Oh por Dios, no puedo creerlo! ¡Ustedes tres son realmente asombrosos! Dime, ¿cuáles son los superpoderes de cada uno? ¿Cómo obtuviste los tuyos, chico araña? ¿Fuiste un experimento de laboratorio? O ¿tienes un objeto antiguo que te dio habilidades? O...

La chica con anteojos se quedó callada de golpe al ver cómo Ladybug y Cat Noir, sin dudarlo, se lanzaban directo hacia las manos del golem.

Naruto, debajo de la máscara, quedó completamente incrédulo al ver cómo ambos se dejaban capturar así de fácil.

-¡Chico araña! ¡Abre el grifo junto a ti!

Naruto escuchó gritar a la chica del traje rojo y manchas negras. Giró la cabeza y vio que una manguera estaba conectada al grifo a solo unos pasos de él, extendiéndose directamente hacia la mano del golem.

Spider-Man giró en dirección hacia el grifo y lo abrió al máximo. El agua salió disparada con fuerza, recorrió la manguera y terminó inflando el traje de baño que la mano gigante usaba para mantener atrapada a Ladybug. La roca comenzó a resquebrajarse... hasta que, con un crujido seco, la palma del gólem se abrió.

Ladybug cayó al suelo con un golpe leve. Apenas recuperó el equilibrio, rompió con rapidez la extraña roca morada que el monstruo había dejado caer al abrir la mano. El fragmento estalló en pedazos, liberando una mariposa envuelta en energía oscura.

De inmediato, el gólem fue tragado por un remolino de humo negro con destellos morados. Su cuerpo de roca se deshizo como si nunca hubiera existido.

Y, en su lugar, apareció un chico de piel clara, cabello rubio corto y ojos azules, desorientado, como si acabara de despertar de una pesadilla.

La chica que estaba junto a Naruto se acercó rápido para ver de cerca lo que ocurría con los dos héroes y con el aparente supervillano.

Por otro lado, Naruto tenía otros planes. Ese se suponía que sería su primer día de clases y ahora no había asistido por culpa de este villano. Necesitaba encontrar a Chloé para preguntarle si sabía algo de Adrien.

Así que, antes de que los presentes se dieran cuenta, lanzó una telaraña lo más alto que pudo y comenzó a balancearse hasta salir del estadio de fútbol.

Marinette, que se había despedido de Chat Noir después de revelarle su nuevo nombre de heroína como: Ladybug, notó rápidamente que el chico araña que la había ayudado antes con sus miedos internos había desaparecido.

Se preguntaba quién era ese tipo, y por qué Tikki no le había comentado nada sobre otro portador de un Miraculous.

Así que, después de despedirse de su amiga Alya, corrió directo a su casa para destransformarse y preguntarle a Tikki sobre el chico arácnido.

Marinette, ya en su cuarto, se había destransformado, haciendo que Tikki saliera de sus pendientes en una especie de energía rosada hasta tomar forma.

Al ver la expresión de Marinette, Tikki sonrió. Sabía que ella y Cat Noir habían salvado el día, pero algo claramente la estaba preocupando.

-Tikki... ¿por qué no me habías dicho sobre un tercer portador de un Miraculous?

-¿Qué?

Tikki quedó confundida al escuchar que otro humano, además de Marinette y del portador de Plagg, tenía un Miraculous.

Al principio pensó que podría tratarse del Miraculous del Pavo Real. Pero al notar que las noticias en la computadora de Marinette seguían transmitiendo en vivo, voló rápido hacia la pantalla para ver con sus propios ojos a qué se refería Marinette.

-Y en otras noticias, el supervillano Corazón de Piedra acaba de ser derrotado por tres nuevos superhéroes aquí en París. Aunque solo tenemos el nombre confirmado de dos de ellos: Ladybug y Cat Noir, se desconoce totalmente la identidad del tercer héroe con poderes de araña. Pero múltiples parisinos lo han estado comparando con el superhéroe de Nueva York, Spider-Man.

Marinette se colocó a un lado de Tikki para mirar la pantalla, donde aparecían dos imágenes distintas. Una mostraba el primer traje que Naruto había usado como Spider-Man en Nueva York, y la otra correspondía al traje que había llevado ese mismo día en París.

Aunque los colores habían cambiado, el diseño de la araña en el pecho y la postura eran exactamente los mismos. Eso delataba quién era realmente el tercer héroe de París.

-¿¡Spider-Man!?

Ambas dijeron al unísono al ver que el héroe de Nueva York estaba ahora en París, muy lejos de su ciudad natal.

-Marinette... ¿estás segura de que "Spider-Man" es el héroe que los acompañó a ti y a Cat Noir?

-B-bueno. Él no me dijo su nombre de héroe. Solo me ayudó a superar mi miedo de ser una heroína. Supuse que, al hablarme tan naturalmente sin preguntar quiénes éramos nosotros... él también sería un portador de un Miraculous. Pero sí. Es el mismo héroe que nos ayudó a derrotar a Corazón de Piedra.

Tikki estaba realmente preocupada. Se suponía que esto no debería haber pasado. Esperaba que Plagg estuviera al tanto de la situación, igual que ella. Pero ahora tenía que mantenerse tranquila frente a Marinette. Si ese chico, Spider-Man, había ayudado a su portadora, tal vez su presencia les ayudaría más de lo que parecía.

((Pensamiento))

-solo espero que el maestro esté viendo esto. Si cree que el chico detrás de Spider-Man es de gran ayuda para Ladybug y Cat Noir, tal vez le dé un Miraculous... aunque viendo los extraños poderes que tiene dudo que él necesite uno. Tengo que averiguar quién es la persona detrás de Spider-Man e informarle al maestro.-

Lo que Tikki no sabía era que, en ese mismo momento, en algún rincón de París, un hombre de edad avanzada, cabello gris recogido hacia atrás, bigote recortado, ojos castaños profundos, vestido con su habitual camisa hawaiana roja, pantalones claros y sandalias, observaba las noticias desde su sala. A su lado estaba su kwami Wayzz, una tortuga diminuta de ojos amarillos, con caparazón verde oscuro y manchas claras, flotando ligeramente cerca del televisor.

-Maestro, ¿y ahora qué sucederá? Ese héroe Spider-Man no es un chico malo. Al parecer viene de muy lejos, pero aún no puedo entender cómo es que sabía que hoy empezarían a aparecer villanos por toda Francia.

El anciano sonrió con calma. Sabía que la repentina aparición de un tercer héroe en París, uno que no formaba parte del mundo de los Miraculous, podía generar múltiples incidentes. Había que encontrarlo y asegurarse de si era un chico en quien confiar el secreto.

Pero también había otros problemas que resolver. Así que, por ahora, simplemente pediría a Tikki y a Plagg que, en sus tiempos libres cuando no hubiera un akuma suelto, investigaran por su cuenta quién era exactamente Spider-Man.

-No lo sé, Wayzz. Supongo que tal vez fue solo casualidad que él estuviera en Francia el día de hoy. Pero, juzgando solo por la primera impresión, se puede ver que es un verdadero héroe. Además, en Nueva York están igualmente conmocionados al ver que uno de sus mejores héroes apareció de la nada en la otra mitad del mundo. Me pregunto si se quedará un tiempo o solo está de paso. Solo el tiempo lo dirá.

Wayzz solo pudo suspirar, esperando que Ladybug y Cat Noir lograran adaptarse a la presencia de Spider-Man.

-Entonces... dígame, maestro. ¿Usted cree que Spider-Man pueda seguir el ritmo de Ladybug y Cat Noir? Es que, desde lo que sabemos, él no cuenta con magia como la que los Miraculous otorgan a sus portadores. Él es más vulnerable a los ataques mortales y... puede llegar a morir.

El anciano apagó la televisión justo cuando un reportaje anunciaba que extrañas mariposas de energía oscura estaban invadiendo París, transformando a las personas en gólems de roca, aunque estos no parecían moverse. Suspiró con molestia.

-Lo sé. Probablemente su traje esté hecho de tela común y corriente. Sería de gran ayuda que lo ayudáramos con ese problema. Pero por ahora es mejor mantenernos en el anonimato, no solo por él, sino también por Ladybug y Cat Noir.

Naruto había presenciado con sus propios ojos cómo varias mariposas de energía oscura salían desde lo más alto de la Torre Eiffel. Supuso que los dos héroes novatos aparecerían de nuevo, pero... nunca llegaron.

Él no podía hacer nada contra esas extrañas mariposas capaces de transformar a las personas en gólems de piedra, así que se limitó a salvar París como lo había estado haciendo en Nueva York.

Durante el transcurso del día había detenido asaltos, secuestros y extorsiones. También evitó un robo armado en una joyería, detuvo a un par de motociclistas que intentaban huir después de arrebatar bolsos en plena calle, desactivó una pelea de pandillas cerca del metro y frustró un intento de incendio provocado en un almacén.

La ciudad entera estaba en caos por las akumatizaciones, aumentando el índice de robos más de lo normal. Pero la presencia de Naruto hizo que muchos criminales pensaran dos veces si realmente querían hacer algo ese día.

Cuando Naruto finalmente se sintió cansado, decidió dejar el resto en manos de la policía. Suficiente había hecho por hoy. Se merecía un buen y largo descanso.

Spider-Man llegó al callejón donde había ocultado su mochila. La tomó sin perder tiempo y se dirigió directamente al hotel Le Grand Paris.

Escaló con sigilo por la pared sin que nadie se diera cuenta y, cuando finalmente alcanzó la azotea del hotel, se cambió rápidamente a su ropa de civil.

Metió su traje, algo dañado, en la mochila y sacó el celular. Notó varias llamadas perdidas: su madre y... ¿Chloé?

Mientras caminaba hacia su habitación marcó a su madre, esperando que no lo regañara por no haberle contestado en todo el día.

-¡NAMIKAZE UZUMAKI NARUTO! ¿¡En dónde diablos has estado todo el día!?

Naruto tragó saliva. Cuando su madre lo llamaba por su nombre completo significaba una cosa.

-Mamá, yo...

-Nada de "mamá". ¿Sabes cuántas veces te llamé hoy? ¡Naruto, estuve muy preocupada por ti! Incluso le pedí a Chloé que te llamara para ver si estabas bien. Cuando vi esas extrañas mariposas transformando a la gente en esos... monstruos, yo... yo...

La voz de Kushina se quebró del otro lado de la línea. Naruto se maldijo por dentro: en Nueva York no tenía que contarle a su madre cada movimiento. Pero ahora que vivían más juntos, tendría que avisarle más seguido. Habló con la voz lo más calmada posible.

-Mamá... perdóname. Estoy bien. La policía nos resguardó en un lugar seguro, lejos del caos que generaron ese villano. Y como ese gólem provocó mucha destrucción, cerraron las calles para repararlas, así que tuve que seguir un camino más largo de lo habitual.

La respuesta de Naruto calmó un poco a Kushina.

-Entonces... ¿estás bien? ¿No te sucedió nada?

-No, mamá. Estoy bien. Te lo prometo.

Naruto llegó al pasillo donde se encontraba su habitación y empezó a sacar sus llaves de la mochila.

-Bien. De igual manera, si me estás mintiendo, le pedí a Chloé que revisara que estuvieras bien. Así que lo más probable es que te esté esperando en tu habitación -dijo Kushina con la voz más tranquila.

Naruto se quedó en silencio. Se sorprendió al saber que Chloé estaba justo detrás de la puerta frente a él. Ahora no sabía si abrir la puerta o buscar otro lugar para dormir esa noche.

-Estoy justo enfrente de mi habitación, mamá. Así que será mejor que te cuelgue. Mañana por la mañana hablamos, ¿vale?

-Descansa, Naruto.- Dijo Kushina antes de colgar el teléfono.

Antes de que Naruto se diera media vuelta para irse del pasillo, la puerta de su habitación se abrió de golpe. Dos brazos lo jalaron hacia el interior del cuarto, cerrando la puerta detrás de él.

Cuando menos lo pensó, Chloé ya lo había envuelto en un abrazo.

-¡DIOS MÍO, ESTÁS BIEN! -dijo Chloé, inspeccionándolo de pies a cabeza, notando los raspones y el fuerte olor a sudor.

Chloé se tapó la nariz, haciendo un gesto de desagrado.

-¿En dónde has estado, Naruto? Hueles a toda Francia.

Naruto solo se limitó a suspirar. Esa noche sería larga.

-me perdí en el camino de la vida.

Un día después.*

Naruto decidió levantarse más temprano de lo habitual. Chloé le había dicho que pasaría por él para llevarlo a la escuela, así que si salía por su cuenta se ahorraría la molestia de que ella estuviera con él todo el tiempo.

Además, Adrien le había dicho que se escaparía de su casa para asistir a la escuela. Así que tenía otro motivo para salir temprano; tal vez podría encontrarlo al llegar. También podía usar a Adrien como escudo contra Chloé.

Naruto se vistió con una sudadera negra de cierre abierto y capucha, con el interior color naranja. Debajo usó una camiseta gris sencilla que apenas se ajustaba a su cuerpo. Se colocó un cubrebocas negro, cubriéndole la nariz y la boca, más por costumbre de ocultar su rostro debido a la máscara de Spider-Man que por verdadera necesidad. Finalmente, eligió unos pantalones negros tipo jogger, ajustados en los tobillos, cómodos y discretos, perfectos para moverse rápido sin llamar demasiado la atención.

Antes de salir, se pasó una mano por el cabello aún desordenado y tomó sus llaves. No quería llegar tarde, pero tampoco quería cruzarse con Chloé en la puerta del edificio.

Naruto agarró su mochila, dentro llevaba su traje de Spider-Man aún algo dañado, pero nada grave, junto con algunas cosas importantes que usaría en la escuela.

Le escribió a su mamá para avisarle que se iría temprano, así ya no tendría que preocuparse por él.

Naruto abrió la ventana de su gran habitación y, con cuidado, lanzó una telaraña hacia un edificio cercano. Comenzó a columpiarse entre los edificios, desplazándose de techo en techo hasta llegar a una zona cercana a su escuela.

Al ver que no había mucha gente en las calles, dio un salto hacia un callejón y salió de él como si nada hubiera pasado.

Cuando llegó a la calle frente a la escuela, notó que llamaba demasiado la atención. Justo lo contrario de lo que quería. Varias chicas, de distintas edades, se le quedaron viendo con curiosidad.

Escuchó algunos murmullos entre ellas. No alcanzaba a distinguir las palabras, pero sabía perfectamente que era por su apariencia... y por el cubrebocas.

Al entrar al edificio, se convirtió al instante en el centro de atención. Aun así, algo más captó su interés.

Un grupo de chicos hablaba con la persona que se había destransformado del gólem de roca. No había duda: era el mismo chico.

Lo vio visiblemente molesto, y antes de que alguien más lo detuviera, entró por una puerta lateral. No parecía un salón, así que decidió seguirlo.

Sintió las miradas del grupo clavadas en su espalda, pero les restó importancia. Cerró la puerta detrás de él y se encontró en un largo pasillo lleno de casilleros metálicos.

Avanzó en silencio, mirando de un lado a otro, hasta encontrar al chico sentado en el suelo, con los audífonos puestos y la mirada perdida.

Naruto lo observó con atención. No tenía pinta de ser un supervillano. Parecía un chico común... uno más de esa escuela.

Si quería averiguar cómo había terminado convertido en eso, tendría que ser cuidadoso.

-Hola. ¿Te encuentras bien? -dijo Naruto, llamando su atención.

El chico abrió los ojos, volteando a verlo. Por un segundo pensó que sería otra persona que venía a burlarse de él por haberse transformado en un monstruo.

-Vete de aquí. Déjame solo -reclamó el chico, sin quitarse los audífonos del todo.

-Tranquilo. No vine a burlarme. Todo lo contrario... vine a ver cómo estás -respondió Naruto, sentándose en el suelo a su lado.

El chico se quitó los audífonos y los dejó a un costado. Su expresión era menos agresiva que antes.

-Tú... no eres de aquí, ¿verdad?

-No. Digamos que soy nuevo en la ciudad. Me quedaré unos meses por el trabajo de mi madre. -Naruto hizo una breve pausa-. Pero eso no importa ahora. Lo importante eres tú.

El chico lo miró en silencio. En la voz de Naruto no había ni una pizca de mentira, y eso lo hizo relajarse un poco.

-Es que... hay un tipo que me molesta todo el tiempo. Gracias a él no puedo decirle lo que siento a la chica que me gusta, y... ni siquiera sé por qué te estoy contando esto. No te conozco de nada.

Naruto sonrió, con un aire tranquilo y sincero.

-Porque a veces solo necesitas hablar con alguien que te escuche... y para tu suerte, soy bueno en eso. -Se inclinó un poco y añadió con una sonrisa leve-. Por cierto... soy Naruto.

Naruto alzó su puño, esperando que el otro chico entendiera el gesto. No tuvo que esperar mucho. El chico lo miró por un instante y luego chocó su puño contra el suyo.

-Y yo me llamo...

-¡Iván!

Ambos voltearon hacia el inicio del pasillo. Una chica estaba allí de pie. Cabello azul oscuro recogido en dos coletas desordenadas, ojos claros y expresión tensa. Su ropa era sencilla, pero su postura mostraba decisión.

Naruto parpadeó varias veces. Juraría que ya la había visto antes. ¿Pero dónde?

-¿Marinette, qué haces aquí? -dijo Iván al verla avanzar, visiblemente sorprendida y molesta, en dirección a Naruto.

-Oye tú. -La voz de la chica era firme-. No estés molestando a Iván. Ya tiene suficiente con que toda la escuela lo haga.

Marinette se detuvo frente a Naruto.

-Por favor, si no quieres más problemas... sal de aquí.

Naruto volteó a ver a Iván. Ninguno de los dos sabía qué decir. Para Iván, verla así era extraño. Marinette no solía alzar la voz.

Pero ella tenía sus razones para hablarle de esa manera a un completo desconocido. Para ella, Naruto ahora mismo no era más que otro chico entrometido en el peor momento posible.

Cinco minutos antes.*

Marinette y Alya habían entrado juntas a la escuela. Caminaban por el pasillo principal mientras el ruido de estudiantes y casilleros llenaba el lugar.

Marinette hablaba nerviosa sobre una heroína enmascarada. Decía que no podía salvar a todos, que a veces era imposible. Alya, con una sonrisa segura, le mostró en su celular mensajes y publicaciones. Los parisinos confiaban en sus tres héroes.

Pero rápidamente tuvieron que cambiar su atención al ver cómo su grupo de amigos estaba discutiendo sobre su compañero Iván.

Chloé estaba recargada en un poste del patio junto a su única amiga, Sabrina. Parecía burlarse de Iván mientras sus compañeros intentaban no explotar de enojo en ese momento.

-Lo digo y lo recalco. Si una vez fue un monstruo, Iván seguirá siendo un monstruo.

Alya, al escuchar esas palabras, se colocó detrás de Chloé. Su voz fue firme, molesta.

-¿Cómo acabas de llamar a Iván? ¿Acaso tienes un corazón de piedra?

Chloé giró lentamente la cabeza, con una sonrisa cargada de desprecio.

-¿Uh? ¿Acaso yo fui quien le rompió el brazo al papá de Sabrina? ¿Acaso fui yo? Solo porque tu estúpido video de esos tres héroes salió en la televisión no significa que ahora te conviertas en una chica fuerte y poderosa.

-Tú... eres... ahora entiendo por qué no tienes amigos, a excepción de Sabrina, que solo te soporta porque tu papá es su jefe.

Chloé se sintió ofendida por el comentario de Alya. Apretó ambos puños, intentando controlarse.

-Para tu información, tengo muchos amigos. Incluyendo a Naruto y Adrien.

-¿Esos dos otra vez? -respondió Alya-. Ayer quitaste a Marinette y a Nino de sus asientos con la excusa de que tus amigos imaginarios vendrían el primer día de clases. Yo no he visto a esos tales Naruto y Adrien por aquí... ¿o sí?

-Para tu información, Alya, Adrien es tan popular que solo una estúpida como tú no sabría quién es. -Chloé levantó el mentón con arrogancia-. Y Naruto...

Sus mejillas se sonrojaron visiblemente. Desvió la mirada apenas un segundo.

-Naruto es como yo... en todos los sentidos. Es como verme en un espejo... pero transformado en un hombre perfecto.

Kim, que había permanecido en silencio todo ese tiempo, levantó la mirada. Lo que Chloé acababa de decir despertó su curiosidad. Ahora quería saber cómo era ese tal Naruto para que ella lo considerara un "hombre perfecto".

-¿Y cómo luce ese tal Naruto?

-Bueno... Naruto es un chico rubio, guapo, de ojos azules. Le encanta el color naranja. Muchas de sus ropas tienen el interior naranja y, sobre todo, le gusta usar chamarras y sudaderas con gorro.

Los chicos alrededor de Chloé quedaron en silencio. La descripción era demasiado precisa.

Era exactamente igual al chico que había entrado detrás de Iván al pasillo de los casilleros.

-Pues... creo que ese chico entró a las habitaciones de los lockers justo después de que Iván entrara.

Marinette abrió los ojos con fuerza. Su respiración se tensó.

Si Chloé consideraba a ese tal Naruto como un amigo... y había dicho que era como su versión masculina, entonces lo más probable era que ese chico estuviera ahí para molestar a Iván. Para humillarlo. Para recordarle que había sido un monstruo. Ella no podía quedarse quieta con los brazos cruzados.

Sin decir nada más, Marinette salió corriendo hacia el pasillo de los casilleros. Iván corría peligro.