Heartbeat Melody by UniverseKookmin9597 at Inkitt
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HEARTBEAT MELODY

Summary

Jimin creía tener su vida bajo control: un novio estable, un mejor amigo inseparable y un futuro aparentemente perfecto. Hasta que una noche, bajo la lluvia, descubre que las dos personas en las que más confiaba llevan meses traicionándolo. Con el corazón roto y sin un lugar al que ir, termina viviendo frente al único chico capaz de desarmarlo con una guitarra y una mirada demasiado intensa: Jungkook. Compartiendo canciones en mitad de la noche, silencios que dicen demasiado y sentimientos imposibles de ignorar, Jimin descubrirá que a veces perderlo todo es la única forma de encontrar a la persona correcta.

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30
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18+

PRÓLOGO

Jimin

Le acabo de dar un puñetazo en la cara a una persona. Y no a una persona cualquiera. A mi mejor amigo. A mi compañero de departamento. Bueno, creo que desde hace cinco minutos es mi excompañero de departamento.

Le ha empezado a sangrar la nariz casi de inmediato y, durante un segundo, me he sentido mal por pegarle. Pero luego recordé que es un bastardo mentiroso y traidor y me han dado ganas de darle otro golpe. Y lo habría hecho de no ser porque Jackson lo ha impedido al interponerse entre nosotros.

Así que en lugar de dárselo a él, se lo he dado a Jackson. Por desgracia, a Jack no le he hecho daño. Al menos no tanto como me he hecho yo en la mano.

Pegarle un puñetazo a alguien duele más de lo que imaginaba, aunque tampoco es que hubiera dedicado mucho tiempo de mi vida a pensar qué se siente al propinarle un golpe a otra persona. Pero, ahora que he visto un mensaje de Jungkook en mi teléfono, me están dando ganas de hacerlo otra vez.

Otro con el que tengo que ajustar cuentas. Ya sé que, técnicamente, él no tiene nada que ver con el drama en el que estoy metido en este momento, pero podría haberme avisado un poquito antes. Sólo por eso, también me gustaría darle un puñetazo a él.

Jungkook: ¿Estás bien? ¿Quieres subir hasta que deje de llover?

Claro que no quiero subir. Ya me duele bastante la mano. Si subiera al departamento de Jungkook, me dolería todavía más después de golpearlo también a él.

Me vuelvo para mirar hacia su balcón. Está apoyado en la puerta corredera de cristal, observándome, con el teléfono en la mano. Ya casi ha oscurecido, pero las luces del patio le iluminan la cara. Me mira fijamente con sus ojos oscuros, y la forma en que curva los labios en una especie de sonrisa dulce y apenada hace que me cueste recordar por qué estoy enojado también con él. Se pasa la mano libre por el pelo que le cae sobre la frente y su preocupación se hace más patente. Aunque tal vez sea una expresión de arrepentimiento. Como correspondería.

Decido no contestar y, en lugar de eso, le muestro el dedo. Él niega con la cabeza y se encoge de hombros, como si quisiera decir “lo intenté“. Luego entra en el departamento y cierra la puerta corredera.

Vuelvo a guardarme el teléfono en el bolsillo antes de que se moje y echo un vistazo al patio del complejo de departamentos en el que he vivido durante los dos últimos meses. Cuando nos mudamos aquí, el abrasador verano de Daegu estaba devorando los últimos vestigios de la primavera, pero este patio parecía seguir aferrado a la vida. Los senderos que llevan a los distintos portales y a la fuente situada en el centro estaban flanqueados por hortensias de intensos tonos azules y violeta.

Ahora que el verano ha alcanzado su más desagradable punto álgido, el agua de la fuente se ha evaporado. Las hortensias no son más que un triste y marchito recuerdo de la emoción que sentí cuando Wonho y yo nos instalamos aquí. Contemplar ahora el patio, derrotado por el verano, se me hace un inquietante reflejo de cómo me siento en estos momentos: derrotado y triste.

Estoy sentado en el borde de la fuente de cemento, ahora vacía, con los codos apoyados en las dos maletas que contienen la mayoría de mis pertenencias, a la espera del taxi que debe pasar a buscarme. No tengo ni idea de adónde me va a llevar, pero sí sé que cualquier sitio es preferible a éste. Dicho de otro modo, soy un sintecho.

Podría llamar a mis padres, pero eso sería darles la munición que necesitan para empezar a bombardearme con el asunto ese de “ya te lo dijimos”.

“Ya te dijimos que no te fueras a vivir tan lejos, Jimin”.

“Ya te dijimos que no te entusiasmaras con ese chico”.

“Ya te dijimos que si elegías Derecho y no Música, te pagábamos los estudios”.

“Ya te dijimos que pegaras con el pulgar fuera del puño”.

Bueno, puede que nunca me enseñaran la técnica correcta del puñetazo, pero, si tanta razón tienen siempre, deberían haberlo hecho, joder.

Cierro el puño, luego estiro los dedos y después vuelvo a cerrarlo. Me noto la mano muy dolorida y no me cabe duda de que tendría que ponerme hielo. Me da pena la gente violenta. Dar puñetazos es horrible y creo que seguiré en la línea del pacifismo, de ahora en adelante de todos modos.

Y hay otra cosa que también es horrible: la lluvia. Siempre encuentra el momento más inoportuno para caer, como ahora mismo, cuando acabo de convertirme en un sintecho.

Al fin llega el taxi y me pongo de pie para tomar las maletas. Las levanto mientras el conductor baja del automóvil y abre el maletero. Antes de llegar a darle la primera maleta, se me cae el alma a los pies al recordar que ni siquiera llevo mi mochila.

Mierda.

Echo un vistazo a mi alrededor, hacia donde estaba sentado con las maletas, y luego me toco el cuerpo, como si mi mochila fuera a aparecer como por arte de magia colgada del hombro. Sé exactamente dónde está. Me la quité del hombro y la tiré al suelo justo antes de intentar darle un puñetazo a Wonho en su perfecta nariz.

Suspiro.

Y luego me echo a reír. Claro que he dejado mi mochila. De haberla llevado encima, mi primer día como sintecho habría resultado demasiado fácil.

—Lo siento —le digo al taxista, que en este momento está cargando la segunda maleta—. He cambiado de idea. Ya no necesito un taxi.

Sé que hay un hotel a poco más de medio kilómetro de aquí. Si reúno el valor necesario para entrar otra vez y recuperar mi mochila, iré a pie hasta allí y me quedaré en una habitación hasta que decida qué hacer. Total, ya estoy empapado.

El taxista vuelve a sacar las maletas, las deja en la acera justo delante de mí y se dirige de nuevo a la puerta del conductor sin mirarme siquiera. Sube al automóvil y se aleja, como si mi cambio de idea fuera un alivio.

¿Tan patético parezco?

Tomo las maletas y regreso al mismo sitio donde estaba sentado antes de darme cuenta de que también soy un sinmochila.

Levanto la vista hacia mi departamento y me pregunto qué pasaría si subiera a recoger mis cosas. La verdad es que he armado un espectáculo antes de largarme, así que casi prefiero ser un sintecho bajo la lluvia a subir otra vez allí.

Me siento encima de la maleta y analizo la situación. Podría pagar a alguien para que fuera a

buscarla, pero... ¿a quién? Por aquí no hay nadie y, además, ¿cómo sé si Jackson o Wonho le darían mi mochila a un desconocido?

Esto es una mierda. Sé que al final no me va a quedar otra que llamar a algún amigo, pero ahora mismo me avergüenza demasiada contarle a cualquiera lo ingenuo que he sido durante los dos últimos años. He vivido completamente engañado.

Ya odio tener veintidós años, y eso que aún me quedan 364 días más. Es todo tan asquerosamente patético que estoy... ¿llorando?

Genial. Ahora estoy llorando. Soy un sintecho y un engañado sin dinero llorón, dramático y violento. Y, aunque no me gusta nada tener que admitirlo, también tengo el corazón destrozado. ¿Puedo ser aún más el estereotipo de gay?

Maldita sea, estoy sollozando. Deduzco que esto es lo que se siente cuando te destrozan el corazón.

—Está lloviendo. Date prisa.

Levanto la vista y veo a un chico justo encima de mí. Se cubre la cabeza con un paraguas y me mira con inquietud mientras salta de un pie al otro, como esperando a que yo haga algo.

—Me estoy mojando. Date prisa.

Su tono es un poco autoritario, como si me estuviera haciendo un favor y yo me mostrase desagradecido. Arqueo una ceja al mirarlo y me protejo los ojos de la lluvia con una mano.

No sé por qué se queja de que se está mojando, él está bajo el paraguas de todas formas.

Este día no podría acabar peor... Estoy sentado encima de casi todas mis pertenencias, bajo una lluvia torrencial, mientras un chico con cara de pocos o ningún amigo, me mangonea.

Aún estoy absorto mirando su perfecta y enojada cara, cuando me agarra de una mano y me levanta de un tirón.

—Ya me había dicho Jungkook que actuarías así. Me tengo que ir a trabajar. Sígueme y te enseño dónde está el departamento.

Toma una de mis maletas, saca el asa y la empuja hacia mí. Luego se apropia de la otra y cruza el patio con paso decidido. Lo sigo, aunque sólo sea porque se ha llevado una de mis maletas y quiero que me la devuelva.

Cuando empieza a subir la escalera, se vuelve para gritarme por encima del hombro:

—No sé cuánto tiempo tienes intención de quedarte, pero sólo tengo una norma: ni se te ocurra entrar en mi habitación.

Llega a un departamento y abre la puerta sin molestarse siquiera en mirar si lo he seguido. Cuando alcanzo el final de la escalera, me detengo justo delante y contemplo el helecho que, ajeno al calor, crece en un tiesto al lado de la puerta. Tiene las hojas verdes y exuberantes, como si esa negativa a sucumbir al calor fuera una manera de mandar a la mierda al verano. Le sonrío a la planta y me siento orgulloso de ella. Luego frunzo el ceño al darme cuenta de que envidio la capacidad de resistencia de un helecho.

Niego con la cabeza, aparto la mirada y, con paso vacilante, entro en el departamento desconocido. La distribución es parecida a la del mío, sólo que éste tiene cuatro dormitorios en total, dos de ellos comunicados. El departamento que compartíamos Wonho y yo tiene dos habitaciones, pero la sala es del mismo tamaño que ésta.

La otra diferencia destacable es que por aquí no veo a ningún bastardo traidor y mentiroso con la nariz ensangrentada. Ni tampoco veo los platos sucios de Wonho ni su ropa desperdigada por ahí.

El chico deja mi maleta junto a la puerta, luego se hace a un lado y espera a que yo... Bueno, en realidad no sé qué espera que haga.

Con un gesto de impaciencia, me agarra del brazo y me obliga a dejar atrás el umbral y a entrar en el departamento.

—¿Qué mierda te pasa? ¿Sabes hablar? —me espeta.

Empieza a cerrar la puerta, pero de repente interrumpe el gesto y se vuelve hacia mí con los ojos como platos. Levanta un dedo.

—Espera —dice—. ¿No serás...? —Hace un nuevo gesto de impaciencia y se da una palmada en la frente—. Oh, Dios mío, eres sordo.

¿Perdón? ¿Qué le pasa a éste? Hago un gesto de negación con la cabeza y me dispongo a contestar, pero me interrumpe.

—Bravo, Hobi —masculla. Se pasa las manos por la cara y se lamenta, ignorando por completo el hecho de que le estoy diciendo que no con la cabeza—. A veces, eres un bastardo insensible.

Caray. Este chico tiene un problema grave en el terreno de las habilidades personales. Es una especie de bastardo, si, aunque se esfuerza por no serlo. Ahora cree que soy sordo. Ni siquiera sé qué decir. Sacude la cabeza, como si estuviera decepcionado consigo mismo, y luego me mira fijamente.

—¡ME TENGO... QUE IR... A TRABAJAR... AHORA! —grita muy alto y con una lentitud exasperante.

Me encojo y doy un paso atrás, lo cual debería darle una pista de que he oído muy bien sus gritos, pero no la capta. Señala la puerta que está al fondo del pasillo.

—¡JUNGKOOK ESTÁ... EN... SU... HABITACIÓN!

Antes de que me dé tiempo a decirle que deje de gritar, sale del departamento y cierra la puerta tras él.

No sé qué pensar. Ni qué hacer. Estoy completamente empapado en mitad de un departamento desconocido y la única persona a la que tengo ganas de pegar —aparte de Jackson y de Wonho, claro— está a unos pocos pasos de mí, en otra habitación.

Y hablando de Jungkook, ¿por qué mierda ha mandado al psicópata de su novio a buscarme? Tomo el teléfono y ya le estoy mandando un mensaje cuando se abre la puerta de su habitación.

Sale al pasillo cargado con unas cuantas mantas y una almohada. En cuanto establece contacto visual conmigo, contengo una exclamación. Espero que no haya resultado demasiado obvio, pero es que hasta ahora nunca lo había visto de cerca... y a escasos metros de distancia es aún más guapo que desde el otro lado del patio.

Creo que nunca había visto unos ojos capaces de hablar. No sé muy bien qué quiero decir con eso, pero es como si bastara con que él me lanzara la más discreta de las miradas con esos ojos suyos para que yo supiera con exactitud lo que quiere que haga. Tiene una mirada intensa y penetrante y... Oh, Dios mío, llevo un buen rato mirándolo.

Al pasar junto a mí para dirigirse al sofá, curva la comisura de los labios en una sonrisa de complicidad.

A pesar de ese rostro tan atractivo y de su expresión un tanto ingenua, me dan ganas de pegarle por ser tan falso. No tendría que haber esperado más de dos semanas para contármelo. Me habría gustado tener la oportunidad de planearlo todo un poco mejor. No entiendo cómo podemos haber pasado dos semanas hablando sin que él sintiera en ningún momento la necesidad de contarme que mi novio y mi mejor amigo estaban follando.

Jungkook deja caer las mantas y la almohada en el sofá.

—No pienso quedarme aquí, Jungkook —le digo con la intención de que deje de perder el tiempo mostrándose hospitalario.

Sé que me compadece, pero apenas nos conocemos y me sentiría mucho más cómodo en una habitación de hotel que durmiendo en el sofá de un desconocido.

Pero para ir a un hotel necesito dinero.

Cosa que no llevo encima en este preciso momento.

Cosa que está dentro de mi mochila, al otro lado del patio, en un departamento en el que ahora mismo se encuentran las dos únicas personas del mundo a las que no quiero ver.

Puede que el sofá no sea tan mala idea, al fin y al cabo.

Jungkook termina de preparar el sofá, se vuelve hacia mí y después baja la mirada hacia mi ropa empapada. Contemplo el charco de agua que estoy dejando en mitad de su suelo.

—Oh, lo siento —murmuro.

Tengo el pelo pegado a la cara y la camiseta que llevo resulta bastante pobre —además de bastante transparente— como barrera entre el mundo exterior y mi pecho.

—¿Dónde está el baño?

Él me señala la puerta del cuarto de baño con un gesto de la cabeza.

Me doy la vuelta, abro una maleta y empiezo a rebuscar entre el contenido mientras Jungkook vuelve a su habitación. Me alegra que no me haya hecho preguntas sobre lo ocurrido después de nuestra conversación de antes. No tengo ganas de hablar de ello.

Tomo un chandal y una camiseta, además del neceser, y me dirijo al cuarto de baño. Me molesta que todo lo que hay en este departamento me recuerde al mío, a excepción de unas cuantas diferencias sutiles. Es el mismo cuarto de baño con las mismas puertas a derecha e izquierda que dan a las dos habitaciones contiguas. Una de ellas es la de Jungkook, obviamente. Siento curiosidad por saber quién duerme en la otra habitación, pero no la suficiente como para abrir la puerta. La única norma del chico psicópata es que ni se me ocurra entrar en su habitación, y no parece de los que se andan con bromas.

Cierro la puerta que da a la sala y echo el pestillo. Luego compruebo los pestillos de las puertas que dan a las dos habitaciones para asegurarme de que no entre nadie. No sé si en este departamento vive alguien más aparte de Jungkook y el chico psicópata, pero prefiero no correr riesgos.

Me quito la ropa empapada y la dejo en el lavabo para no mojar el suelo. Abro el grifo de la ducha y espero hasta que el agua empieza a salir caliente para entrar. Me quedo bajo el chorro y cierro los ojos, agradecido de no seguir aún sentado en la calle, bajo la lluvia. Pero, al mismo tiempo, tampoco me hace muy feliz estar donde estoy.

Nunca se me habría ocurrido pensar que el día de mi vigésimo segundo cumpleaños terminaría duchándome en un departamento desconocido y durmiendo en el sofá de un tipo al que sólo conozco desde hace dos semanas, y todo por obra y gracia de las dos personas a las que más quería y en quienes más confiaba en este mundo.

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Good Writing

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Compelling Plot

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Great Character

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author

me atrapó la narración 👌

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