Chapter 1
“El amor que conocí demasiado pronto”
Recuerdo que cuando todavía era una niña, tendría como 9 o 10 años, conocí por internet a un vato mucho mayor que yo; él tendría unos 15 o 16. Lo conocí en una página de Facebook de fans —que por cierto, era mi banda favorita en ese entonces— y según yo, me enamoré de él.
Duró años presente en mi vida. Y sí, amor de lejos está bien culero, pero más culero es cuando eres una niña y no entiendes nada de lo que realmente está pasando.
Él vivía en la CDMX y jamás lo conocí en persona. Siempre había una excusa para no venir. Yo sí llegué a pensar muchísimas veces en ir, pero no tenía la libertad ni el dinero que hoy tengo de grande. Y aun así… seguí ahí.
Viéndolo ahora, me doy cuenta de la manipulación tan enorme que existía. Él tenía novias de su edad, me contaba cosas que yo ni siquiera tendría que haber escuchado, como por ejemplo que ya había cogido con tal chava y así, incluso una vez se asustó pensando que una de esas chavas estaba embarazada. ¿Y saben qué hice yo? Bueno pues… no importaba, estaría con él incluso si ella decidía tener al bebé, por Dios, ¡Qué pendeja!.
Neta…por qué no me pusieron un estate quieto.
Durante mucho tiempo normalicé demasiadas cosas. Situaciones para las que emocionalmente yo ni siquiera estaba preparada. Muchas veces tuve encuentros de sexting y cibersexo, con él fue la primera vez que me masturbe, que me desnudaba enfrente de una cámara. A veces yo accedía porque creía que eso era querer a alguien; otras veces simplemente me sentía presionada a hacerlo para que no se fuera. Me hacía sentir inferior a él todo el tiempo: que yo no sabía nada de la vida, que era una niña, que me faltaba muchísimo por vivir.
Y claro… ¿cómo no iba a faltarme vivir cosas si apenas tenía 12 años?
También había reclamos constantes porque según él yo era “privilegiada”. Y sí, quizá tenía ciertas comodidades, pero él nunca entendió que mi mamá se partía la madre trabajando para darme lo mejor que podía. Para él yo solo era una niña que “lo tenía fácil”.
Intenté dejarlo muchísimas veces, pero nunca podía del todo. Incluso hubo ocasiones donde amenazó con hacerse daño si yo lo dejaba, y ahí iba yo otra vez, regresando. Pasábamos temporadas sin hablar, pero tarde o temprano volvíamos a encontrarnos para volver a “estar juntos”, ascote de caso ¿verdad?.
Incluso hubo una ocasión donde mi mamá me encontró mensajes con él, era solo mi “novio”, aún no existían esas videollamadas, sin embargo, yo le tenía un pavor a mi mamá. Por cosa de suerte esa noche ella me revisó el teléfono, aunque no habían mensajes comprometedores, mi mamá se enojó tanto que cerró mi cuenta de Facebook, me quitó el celular y todo medio de contacto con internet, para al final llamarme “puta”, qué pena ser su hija puta a tan corta edad; pude ponerme en contacto meses después con el para volver una vez más y así estuve de manera muy constante hasta los 13 mínimo, pero ocurrió un lapso donde simplemente dejé de sentir “amor” por él para así dar paso a decidir alejarme de él.
Y aun así, él seguía apareciendo. Siempre buscándome, rogándome volver, mientras yo vivía entre el enojo por todo lo que me hizo y la costumbre de tenerlo ahí. Porque sí, también era esa persona que siempre estaba disponible cuando me sentía sola, cuando quería desahogarme o simplemente sentir que alguien me elegía.
Y creo que justo ahí estuvo el problema.
Confundí dependencia emocional, costumbre y necesidad afectiva con amor.
Durante años viví atrapada en una relación que me hizo desarrollar una idea completamente equivocada de lo que era sentirme querida. Me acostumbré a sentirme responsable de emociones ajenas, a quedarme aunque algo me lastimara, a creer que amar era aguantar.
Hasta que un día simplemente pensé:
“¿Qué carajos estoy haciendo conmigo?”
Y por primera vez hablé claro. Le dije que ya no iba a conseguir nada conmigo, que por favor siguiera con su vida y me dejara ir, así como yo ya estaba intentando hacerlo. Que ya no nos debíamos nada.
Y después de eso, dejó de buscarme.
Tiempo después me enteré de que se convirtió en papá. Y sinceramente… me alegró. Porque recuerdo que alguna vez dijo que no quería tener hijos, pero hoy entiendo que muchas de las cosas que decía venían desde la manipulación, la dependencia y el miedo a quedarse solo.
Crecí demasiado rápido emocionalmente. Normalicé situaciones que nunca debieron ser normales para una niña. Me acostumbré a vivir sintiéndome responsable de emociones ajenas y creyendo que amar era aguantar. Pero también aprendí.
Aprendí a poner límites, a cuestionarme muchas cosas y a entender que no todo lo que duele es amor. Hoy veo esa etapa como algo que me marcó muchísimo, sí, pero también como una experiencia que me ayudó a entenderme mejor y a no volver a permitirme ciertas cosas jamás.
