LA NIÑA
Sentada en una mesa en un bar con mi cerveza enfrente, fría y humeante por el calor que hacía a mi alrededor veía como unos niños jugaban, se reían y veían la vida con colores más vivos de lo que la sentía yo.
En ese momento contemplando la cerveza me pregunté ¿En qué momento empezaste a gustarme?
En qué momento deje de ser una niña a la que le daba reparo ver a dos personas besarse, la que no soportaba el olor del café o el sabor de la cerveza que ahora estaba postrada delante de mí.
En ese momento me di cuenta que había crecido y ni cuenta me había dado, ya no tenía esa alegría, ya no veía las cosas con los ojos brillantes y llenos de vida, ya no sentía la energía de un día de verano ya no tenía nada de eso, lo había perdido, en ese instante me sentí vacía por completo, desilusionada conmigo misma, acababa de madurar de golpe.