Chapter 1
Adrenalina. Euforia. Eso es todo lo que recorría el cuerpo de Asher en aquel momento. Llevaban alrededor de una hora en una persecución que parecía interminable y hubiesen podido salir de ella si la policía no hubiese intervenido. Ahora no solo tenían a los secuaces de Johnny tras ellos, sino también a la ley.
El cómo habían terminado él y sus dos mejores amigos junto a un chiquillo entusiasta, siendo perseguidos por los hombres de uno de los gangsters más temidos era una larga historia. Todo había comenzado por un intento fallido de estafar a Johnny, una jugada, que ahora lo sabían, había sido un error fatal.
Asher y sus compañeros se habían desviado en diferentes rutas para despistarlos un poco, su tarea y la de Farid era atraer a sus perseguidores para que Jace tuviera una ruta de escape lista y pudiera llevarse al niño con él. ¿El niño? Un joven huérfano que conocieron por accidente hace un par de años, Asher seguía fingiendo que el chico no le agradaba, sin embargo tenía que admitir que en el fondo le tomó un gran aprecio al igual que los otros dos, y es que era imposible no hacerlo. Thomas era un chico encantador, apenas tenía diecinueve y aún así poseía un talento increíble para robar y estafar.
Desde que eran muy jóvenes siempre habían sido solo Asher, Jace y Farid. Eran simplemente inseparables. Cambiar de un trío a un cuarteto había cambiado por completo su rutina, haciéndole difícil adaptarse a tener un nuevo integrante que los acompañara en sus atracos, pero Jace y Farid se aferraron a la idea de tenerlo en el equipo, tomándole un cariño especial al muchacho y comportándose casi como unos padres para él.
Es por ello que en ese momento Jace tenía que sacarlo de ahí, los había acompañado en múltiples ocasiones, pero esta vez era diferente. Era demasiado peligroso y aunque ninguno lo dijera, a todos les preocupaba que pudiese ocurrirle algo.
El sonido de las sirenas se escuchaba a lo lejos y el sudor perlaba su frente, jamás había tenido una persecución tan larga en su vida y eso comenzaba a inquietarle, sin embargo, confío en su instinto y se movió a través del asfalto como tantas veces lo había hecho. Una cuadra después se reencontró con el auto de Farid y con un par de señas se pusieron de acuerdo para que uno de ellos desviara a la policía y el otro a los hombres de Jhonny. Asher se encargó de esto último.
Realizó un par de cálculos y encontró una ruta de escape, tomando un atajo y perdiéndolos por un momento, tenía el camino libre hasta que un Lamborghini Urus lo interceptó bloqueando la única salida. Asher frenó de golpe sin saber de dónde había salido, ese auto no había estado durante la persecución.
Pusó el auto en reversa listo para tomar otra ruta, pero los hombres de Jhonny lo habían alcanzado de nuevo, sin tener nada planeado, pero sabiendo que era imposible escapar en auto, se bajó del vehículo y entró en un pequeño callejón a su izquierda, antes de entrar miró hacia atrás y notó cómo el conductor del lamborghini se bajaba para ir por él. Le causó curiosidad que este no vistiera traje como los otros, usaba ropa deportiva y un pasamontañas. No parecía ser uno de los trabajadores de Jhonny.
Corrió. Corrió tan rápido como sus piernas se lo permitieron.
Logró tomar bastante ventaja de sus perseguidores, pero al hombre del pasamontañas aún no lograba perderlo. Siguió corriendo entre callejones trepando vallas y muros, se sintió como un maldito adolescente de nuevo.
Siguió corriendo y por primera vez en su vida maldijo fumar tanto, sentía que sus pulmones no soportarían por mucho tiempo más. Aún con el pecho quemando en su interior Asher, no redujo la velocidad y en la cuadra siguiente se adentró en un callejón creyendo que este lo llevaría del otro lado de la calle, pero se llevó una sorpresa del demonio cuando vió que no tenía salida.
Cuando quiso dar la vuelta para regresar por donde vino, aquel sujeto enmascarado ya se encontraba en la entrada del callejón, cuando lo vió sacar un arma se maldijo internamente, había dejado la suya en el auto. En un movimiento rápido y arriesgándose a recibir un balazo intentó llegar a una de las escaleras de emergencia que había en uno de los costados del edificio.
Dio unos cuantos saltos antes de poder alcanzarla y cuando estaba por comenzar a subir unas manos lo tomaron de su hoodie jalandolo hacia atrás y haciendo que cayera de espaldas en el suelo estrepitosamente. El sujeto del pasamontañas le apuntó de nuevo con su arma, pero antes de que pudiera jalar el gatillo Asher le dio una patada y se levantó con rapidez intentando tomar la pistola, causando un pequeño forcejeo entre ambos.
No tenía idea de quién era su oponente o por qué razón lo quería muerto, pero no iba a permitir que terminara con su vida en un sucio callejón de Londres. Siguieron forcejeando hasta que el tipo del pasamontañas le dio un cabezazo, provocando que Asher se aturdiera un poco y tomándolo como ventaja para asestarle un golpe en el estómago. A pesar de que se había quedado sin aire, Asher recobró la compostura enseguida y esta vez fue él quien le propinó un puñetazo en la cara logrando aturdirlo, pero no lo suficiente como para quitarle el arma.
Fueron varios minutos de golpes y forcejeo en el que ninguno de los dos parecía querer rendirse, pero Asher no se daría por vencido tan rápido, tomó el arma de nuevo dispuesto a terminar con todo de una vez por todas, la pistola se encontraba entre ambos cuerpos y cuando Asher sintió que por fin se la arrebataba de las manos, el sonido de un disparo lo dejó estático.
En ese momento ambos dejaron de forcejear.
Asher no sabía que acababa de pasar hasta que sintió un inmenso calor en el abdomen, desvió su mirada hasta ahí y entonces notó la sangre a través de su sudadera. Miró de nuevo a su atacante, sus ojos grises eran lo único que se podía distinguir, no había culpa en ellos, solo calma y determinación. Por un momento sintió como si todo a su alrededor se detuviera y se juró a sí mismo que jamás olvidaría ese par de ojos.
Para ese momento el sonido de las sirenas ya podía oírse a lo lejos, estuvo tan concentrado peleando con ese sujeto que no había notado que la policía seguía buscándolo y ahora estaban cerca, el sujeto del pasamontañas lo empujo levemente haciendo que cayera al suelo, ni siquiera notó en qué momento se había aferrado a su cuerpo para no caer, todo estaba sucediendo demasiado rápido.
Desde su posición sólo pudo observar al hombre salir corriendo, sentía el calor a través de la herida y la sangre no dejaba de salir de su cuerpo, intentó decir algo, tal vez pedir ayuda, pero lo único que salió de su boca fue un gorgoteo y después sangre, el dolor no tardó en hacerse presente. Fue entonces cuando realmente se asustó, y por primera vez en su vida anhelaba que la policía lo encontrara rápido. Intentó levantarse, pero no le quedaban fuerzas para nada, así que simplemente comenzó a arrastrarse a la salida del callejón, donde fuera más fácil que lo divisaran, donde pudieran encontrarlo.
Avanzó un par de metros, pero sus párpados pesaban y sus ojos se cerraban poco a poco, quería luchar, quería ser fuerte, pero simplemente era demasiado. Entonces se rindió, dejó que sus ojos se cerraran y que la oscuridad se apoderara de él.
Mackenzie se encontraba teniendo la peor cita de toda su vida y él tipo frente a él no parecía notarlo, o simplemente no le importaba. Había aceptado salir con Nick porque parecía ser un sujeto simpático, todos los días sin falta, iba a la cafetería donde él trabajaba, había comenzado a recurrir el local unos meses atrás y siempre mostró cierto interés en Mackenzie.
Nick había insistido en varias ocasiones para poder conseguir una cita con él, sin embargo, el pelinegro no tenía ningún interés más allá de la amistad con el castaño. A pesar de haberlo rechazado educadamente, Nick no paró de insistir hasta que Mackenzie por fin aceptó tener una cita amistosa con él.
Esa noche fueron a cenar a un restaurante demasiado elegante para su gusto y en el cual no se sentía del todo cómodo, le había dicho a Nick que aceptaría una salida amistosa para que se divirtieran un rato, pero en cambió lo llevó a cenar a un restaurante elegante e intentaba volver todo romántico.
—¿Te estás divirtiendo? —la voz de Nick lo sacó de sus pensamientos, haciendo que volviera su atención en él.
—¿Cómo una cena así podría ser divertida? —las palabras escaparon de su boca antes de que pudiera pensarlo bien, no intentaba ser grosero, sin embargo, su cara demostraba lo aburrido que estaba.
En realidad el restaurante no era el problema, aunque no se sentía cómodo en ese lugar Mackenzie era un fiel creyente de que no importaba el lugar siempre y cuando estuvieras con buena compañía, y en esta ocasión... No aplicaba realmente aquello.
Al principio la cena iba bastante normal, pero después de un rato Nick se dedicó únicamente a alabarse a él mismo, mencionando la increíble persona que era y como tenía a miles de chicos que morirían por estar en el lugar de Mackenzie ahora mismo, no había permitido que el pelinegro pronunciara más de cinco palabras durante la noche y si le preguntaban, estaba comenzando a hartarse.
A pesar de su constante insistencia en invitarlo a salir, Nick siempre lo había tratado de manera amable cuando visitaba la cafetería, así que jamás imaginó que una salida con el podría resultar tan desastrosa. Nick le estaba pareciendo cada vez más desagradable.
—¿Disculpa? —Nick parecía ofendido por sus palabras—¿Qué es lo que está mal contigo? te he traído a uno de los mejores restaurantes de Londres, no paré de darte halagos y realmente estoy intentando ser amable contigo, aún después de que no me has prestado atención en toda la noche.
Mackenzie se quedó perplejo, ¿de verdad este sujeto estaba reclamándole todo esto?
—Wow amigo, para ahí. Para empezar yo no te pedí que me trajeras a este lugar, creo que te dije bastante claro que no quería venir aquí, pero tú realmente insististe.
—Y además de todo eres un malagradecido—le interrumpió.
Mackenzie se sintió apenado porque Nick había levantado la voz en aquella frase y algunas personas ya se encontraban mirando la escena.
—A ver, cálmate.
—¡No!— Nick dio un golpe sobre la mesa causando que Mackenzie se sobresaltara ante el estruendo— Quería que esta fuera una linda cita para nosotros y tú ni siquiera me has prestado atención en toda la noche, si no querías salir conmigo simplemente me lo hubieses dicho y no me hacías perder mi tiempo en alguien que no lo vale.
—¡Esto ni siquiera era una cita! te dije que no quería salir contigo, y si no te he prestado atención es porque no has hecho otra cosa que decir lo enamorado que estás de ti mismo.
Para ese momento la mayoría de las personas miraban en silencio a la pareja que discutía en una de las mesas, cuando Mackenzie se percató de ello sus mejillas se tiñeron de rojo. Tomó sus cosas rápidamente y dejó un par de billetes sobre la mesa para evitar que el idiota de Nick pudiera reclamarle por eso también.
Salió del restaurante a paso rápido y mientras se detenía para llamar a un taxi desde su teléfono, Nick salió para alcanzarlo.
—¿Qué?, ¿ya te vas? —preguntó cuando llegó junto a él.
—¿Acaso esperas que me quede?
—Al menos déjame llevarte a casa.
—No gracias, he tenido suficiente por esta noche.
—Por dios Mackenzie, no puedo dejar que te vayas solo a casa.
Mackenzie se odió por siquiera considerarlo, pero revisó su teléfono y no había taxis por esa ruta por él momento y él no tenía ganas de quedarse parado en el frío a esperar a que llegase. Así que terminó cediendo a las insistencias de Nick.
Estuvieron parte del camino en un incomodo silencio hasta que a Nick se le ocurrió romperlo.
—Solo quería hacer algo lindo por ti, ¿sabes? no tenías que ser tan grosero.
—¿Qué?
—Solo te daré un consejo, Kenzie porque creo que es obvio que no volveremos a salir.
— ¿Tú crees? —dijo con sarcasmo, pero nuevamente fue ignorado.
—No deberías tratar a los chicos con los que sales de esa forma, mucho menos si están dispuestos a darte cualquier cosa que desees como lo estaba yo. A veces es mejor mantenernos callados, para evitar pasar malos momentos, yo no hice nada malo y tú te alteraste de esa forma. Simplemente pudiste esforzarte un poco más en nuestra cita.
Y eso fue todo. Mackenzie no soportaría ni un minuto más estando junto a él, definivamente era el idiota más grande que había conocido, y vaya que había conocido a varios.
—¿Dices que debería actuar como un maldito sumiso simplemente para complacer a un idiota con dinero? ¿Que simplemente tengo que callar aunque algo no me guste o me incomode para evitar problemas con un imbécil que ni siquiera merece mi tiempo? Lo siento, pero es la mayor mierda que he escuchado en mi vida. Para el auto.
—¿Qué dices?
—¡Qué pares el maldito auto!
Nick frenó en seco provocando que se fueran hacia enfrente, afortunadamente no tuvieron ninguna lesión debido al cinturón de seguridad.
—¿Qué es lo que te pasa, acaso estás mal de la cabeza?
—¡No!, pero al parecer tú si y yo ya no te soporto—desabrochó su cinturón y antes de que Nick dijera algo más salió hecho una furia y cerrando con un portazo. —¡Y esto no era una puta cita!
—¿Cómo piensas volver a casa, princesa?—Nick lo miraba de manera burlona desde el interior del auto.
—Ese no es tu jodido problema—dijo mientras le mostraba una señal obscena con su dedo.
—Como quieras — y después de decir esto, arranco el auto dejando a Mackenzie en medio de la fría noche.
El pelinegro se quedó analizando por un momento todo lo que acababa de ocurrir. No sabía muy bien donde se encontraba, pero la calle se encontraba vacía y algunos faroles no funcionaban. A lo lejos escuchó algunas sirenas de ambulancia y logró divisar las luces de la policía, no tenía idea de que había ocurrido, pero pensó que acercarse era mejor idea que permanecer solo en las calles solitarias.
Cuando Asher abrió los ojos lo primero que notó es que ya había oscurecido por completo, cuando había tenido el altercado en el callejón apenas estaba atardeciendo, pero ahora el cielo estaba completamente oscuro. ¿Cuánto tiempo estuvo inconsciente?
El sonido de las sirenas se escuchaba aún más cerca. Asher se puso de pie y se sorprendió al darse cuenta que ya no le dolía nada, la herida de bala ya no quemaba en su abdomen e instintivamente llevó sus manos ahí. Nada. No tenía absolutamente nada. Ni un solo rasguño.
Estaba totalmente desconcertado, estaba seguro de que aquel sujeto le había disparado. Antes de que pudiera procesar todo lo que ocurría oyó el sonido de un auto en la entrada del callejón, desvió su mirada hasta ahí y observó a una ambulancia estacionarse juntó a dos patrullas. Contempló la idea de huir de nuevo ya que no parecía estar lesionado, pero se quedó estático cuando vió a dos paramédicos pasar junto a él sin prestarle atención, los siguió con la mirada y los observó arrodillarse junto a un cuerpo.
El pánico se apoderó de él, aún estando a cierta distancia Asher pudo distinguir el cuerpo frente a él, de pronto nada tenía sentido. Caminó lentamente hasta los paramédicos y solamente comprobó lo que ya sabía. Aquel cuerpo ensangrentado era el suyo.
Estaba tan desconcertado que no sabía que hacer, solo se quedó ahí, observando cómo los paramédicos atendían su cuerpo mal herido, pero lo que escuchó después fue lo que realmente lo dejó helado.
—No tiene pulso.
Se quedó inmovil por un tiempo tratando de asimilar lo que estaba ocurriendo, observó como acordonaron el área y seguidamente a los peritos procesar el lugar, en su mente se arremolinaban millones de preguntas y cada vez se sentía más desorientado. Volvió a observar su cuerpo sobre el pavimento, divisando su piel pálida y algunos rastros de sangre sobre su barbilla, y en ese momento no pudo soportarlo más.
—¡¿Qué están haciendo?!, ¡Ese es mi cuerpo, ¿no lo ven?!
Pero nadie parecía escucharlo, todos estaban tan absortos en sus tareas que no notaban al muchacho parado frente a ellos. Asher se sentía confundido, frustrado y asustado, siguió intentando que alguien lo escuchara o lo viera, pero era en vano, no parecía que eso fuera posible.
Pasaron varios minuto antes de que finalmente se diera por vencido, en algún punto sintió que su cabeza comenzó a dar vueltas y la sensación de vacío era lo suficientemente grande como para agobiarlo. Sin saber realmente qué planeaba hacer se echó a correr para alejarse lo más posible de todo ese caos, necesitaba pensar, necesitaba encontrar a sus amigos.
Siguió corriendo y no se detuvo, ni siquiera cuando vio al chico pelinegro acercarse, no se detuvo porque sabía que iba a atravesarlo, es lo que había ocurrido cuando intentó tocar a un policía, su mano había traspasado el brazo del hombre y éste ni se inmutó.
Siguió corriendo, pero se llevó una gran sorpresa cuando chocó contra él y ambos cayeron al suelo, el joven frente a él no lo había visto porque lleva la vista fija en el teléfono, pero Asher quedó desconcertado por lo que acababa de pasar, sobre todo porque no se sintió como si hubiera chocado contra él realmente, sino más bien contra un muro, como si hubiera una pared invisible que los separa.
El chico se levantó torpemente mientras se tallaba la cabeza y Asher solo se quedó sentado en el suelo esperando cuál sería la reacción de aquel chico al darse cuenta de que no había nadie ahí.
—¿Por qué no te fijas por donde vas, idiota?—el chico lo estaba mirando a los ojos.
—¿Me estás hablando a mí? — preguntó con incredulidad.
—¿Acaso ves a alguien más?—Mackenzie estaba más que furioso, ese definitivamente no era su día.
—No lo puedo creer, tú puedes verme, ¡y escucharme! —Asher se levantó de un saltó —espera, ¿tú también estás muerto?
—¿Estás drogado? Oye realmente no tengo tiempo para esto, solo fíjate por donde vas la próxima vez.
Mackenzie se puso en marcha de nuevo, pero Asher lo detuvo enseguida, no podía dejar que la única persona que pudo verlo y escucharlo se fuera. No tenía idea de porque aquel chico de cabello azabache podía verlo, pero fuera cual fuera la razón no podía desaprovechar esa oportunidad, tal vez él podría ayudar.
—¡Espera!—Mackenzie se dio la vuelta para mirarlo—tienes qué ayudarme.
—¿Ayudarte? Lo lamento, es que tengo algo de prisa.
Mackenzie no era tonto, no iba a confiar en un tipo que encontró en medio de una calle solitaria y que fingía necesitar ayuda.
—No, no lo entiendes, me acaba de pasar algo horrible.
—Lo lamento amigo, pero de verdad no tengo tiempo.
—Por favor, acabo de descubrir que estoy muerto y tú eres la única persona que puede verme, necesito que me ayudes a encontrar a mis amigos.
Asher se maldijo cuando vio la cara llena de terror en el chico, definitivamente sonaba como un loco, pero estaba realmente desesperado, el pelinegro murmuró un lo siento y se fue prácticamente corriendo del lugar. Asher no quería asustarlo, pero no podía dejar que una oportunidad así se le escapara, así que impidiendo que el chico lo notara comenzó seguirlo.
Se dio cuenta que el pelinegro se detuvo en el lugar de donde él había venido, aún había varios policías alrededor del lugar. Lo observo a la distancia mientras lo veía hablar con un oficial.
Después de un par de minutos lo vio alejarse del lugar y entonces aprovechó la última oportunidad que le quedaba.
—¿Me seguiste?— fue lo que Mackenzie preguntó cuando vio al chico que se había chocado con él hace un momento.
—Por favor déjame demostrarte que no miento, no voy a hacerte nada lo juro, solo mira a tu alrededor, está lleno de policías, déjame decirte algo.
Mackenzie no entendió lo que quería ese sujeto, pero debido a que efectivamente estaba rodeado de policías y se sintió seguro, supuso que no tenía nada que perder.
—Muy bien, te escucho.
—¿Sabes qué pasó aquí?
Mackenzie dudó un momento.
—El policía no quiso decirme.
—Pues yo te lo diré, morí ahí—por la expresión del pelinegro supo que no estaba entendiendo nada o simplemente no le creía y con justa razón — yo tampoco entiendo que sucedió, solo sé que hace unas horas yo estaba en ese callejón y un sujeto me disparó, cuando desperté vi a la ambulancia y a la policía... después vi mi cuerpo.
—Así que eres un fantasma, es eso lo que me quieres decir—una sonrisa se asomó en sus labios —amigo yo también quiero de la que fumas.
Asher no podía creer que se estuviera burlando cuando él estaba a punto de echarse a llorar.
—Estoy hablando en serio—dijo con frustración.
—Seguro que sí.
—¿Sabes qué? Te lo voy a demostrar—antes de que Mackenzie reaccionara Asher llevó sus manos a la boca simulando ser un megáfono y comenzó a gritar— ¡Hey! ¡Policías de mierda! ¿Qué se siente que haya muerto y jamás hayan podido poner a Asher Young tras las rejas? ¡Bola de panzones!
Mackenzie se quedó en shock, pensó que algún policía se acercaría a callarlo por el atrevimiento del chico, pero sorprendentemente nadie se inmutó.
—Lo ves, no pueden oírme.
—Eso no prueba nada.
—Oh, ¿quieres una prueba de verdad? Mira esto.
El pelinegro lo observó caminar hasta uno de los oficiales e intentar tocar su hombro, pero cuando lo intentó su mano traspasó el cuerpo del hombre.
—¿Ahora me crees?
—Tú... ¿cómo es qué? No entiendo... ¿cómo hiciste eso? — Mackenzie estaba demasiado confundido en ese momento, pero Asher no pudo responderle porque otro oficial se le acercó.
—Joven, ¿Con quién habla? ¿Se encuentra bien?
—Estoy hablando con él —dijo mientras
levantaba su dedo y señalaba a Asher.
El oficial lo miró confuso.
—Ahí no hay nadie, niño.
—!Claro que sí! ¿Acaso no ve a ese chico? —Mackenzie estaba empezando a exaltarse, ¿Qué clase de broma era esa?
—Oye, tranquilo muchacho, ahí no hay nadie, ¿Consumiste algo?
—¡No estoy drogado!
Escuchó la risa de Asher, pero se escuchó lejana, de un momento a otro todo se volvió negro. Y se desmayó.
Hacía alrededor de una hora que Farid había escapado de la policía, le había tomado un poco de tiempo, pero finalmente logró perderlos, durante la hora que estuvo esperando intentó contactar a Asher, pero su teléfono lo enviaba directo al buzón de voz y eso comenzaba a inquietarle. Así que antes de suponer cosas, tomó su teléfono y llamó a su novio.
—¡Hey! Hasta que apareces, estaba comenzando a preocuparme—la voz de Jace se escuchó del otro lado de la línea—¿todo salió bien? ¿Ya vienen?
—Sí, todo salió bien, pero en realidad te llamaba para saber si ya hablaste con Asher, no atiende el teléfono.
—¿Asher no está contigo?
—Supongo que no lo has contactado entonces.
—No, no sabía nada de ustedes hasta ahora, creí que estaban juntos.
—Nos hemos separado hace un rato mientras yo distraía a la policía, pero hace una hora que la persecución terminó y aún no se nada de él.
—Espera, ¿Crees que lo han arrestado? —Jace sonaba realmente preocupado.
—Tranquilo amor, es Asher. Estoy seguro de que está bien, de todas maneras tendré que volver para asegurarme, tal vez solo se quedó escondido.
—De acuerdo—no sonaba muy convencido—solo ten cuidado ¿Si?
—Estaré bien. Volveremos pronto.
—Te amo.
—Y yo a ti.
Terminó la llamada y se dispusó a volver al lugar por donde había visto a Asher por última vez, no sabía exactamente que planeaba encontrar después de que ya había pasado una hora, pero no volvería a casa sin su mejor amigo.
Emprendió la ruta de vuelta, esta vez a pie para evitar que alguien pudiera reconocer su auto o por si la policía seguía rondando por ahí.
Recorrió las calles por las que había conducido antes en busca de alguna señal de Asher, llevaba puesta una gorra y su capucha para evitar ser visto.
Después de un par de minutos escuchó el sonido de las sirenas a lo lejos. Era bastante estúpido ir derectamente hasta allá, sería como ir a la guarida del lobo, pero si la policía seguía ahí significaba que algo había ocurrido, así que siguió aquel sonido con la esperanza de que no hubiesen arrestado a su amigo.
Cuando llegó al lugar divisó a dos patrullas y una ambulancia.
—Por dios Asher, ¿Qué hiciste? —susurró para sí mismo.
Se detuvo detrás de un auto a unos metros de distancia, en donde estaba fuera de la visión de los policías. Observó el lugar acordonado con confusión y tuvo que esperar varios minutos hasta que finalmente divisó a un par de peritos salir del lugar seguidos de dos paramédicos cargando un cuerpo sobre una camilla.
En ese momento el corazón de Farid se detuvo, sus manos comenzaron a temblar y su cerebro olvidó como respirar. Reconocería ese hoodie en cualquier lugar, lo reconocía perfectamente porque era suyo. A Asher siempre le había gustado y aprovechaba cualquier situación para poder usarlo, justamente ese día habían tenido una discusión por ello, el morocho le había reclamado por tomar sus cosas sin permiso y Asher había alegado que de todas formas se le veía mejor a él.
Miró a los camilleros subir el cuerpo inerte de su amigo a la ambulancia y finalmente cerrar la bolsa cadavérica; un enorme agujero se formó en su pecho, quería correr hasta él para abrazarlo y decirle que todo estaría bien, pero no podía arriesgarse a que la policía lo viera y terminara arrestado.
No supo en qué momento había comenzado a llorar, pero las lágrimas caían sobre sus mejillas sin que pudiera controlarlo. Sus rodillas le fallaron y se dejó caer sobre la acera. Ha sido culpa mía, jamás debí dejarlo solo. Eso era todo lo que podía pensar en ese momento, se sentía culpable porque ellos no debieron separarse en primer lugar.
Y mientras se encontraba tirado en la calle con el corazón roto, pensó en Jace. ¿Cómo iba decirle a su novio que su mejor amigo estaba muerto? No estaba listo para ver lo destrozado que su novio estaría con esas palabras.
Y después pensó en Tom.
El pequeño que todos los días demostraba la admiración que tenía por Asher, desde que se unió a su equipo no dejaba de decir lo asombroso que era y cuánto deseaba poder ser como él cuando fuera mayor. Aquel chiquillo quedaría devastado, y Farid no sabía si sería capaz de soportar tanto.
No supo cuánto tiempo estuvo tirado sobre la acera, pero cuando finalmente pudo tranquilizar su respiración se puso de pie. Se sentía débil y su corazón dolía demasiado, pero finalmente se alejó de ahí. Dejando atrás a una de las únicas personas a las que realmente quería.