La última llamada

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Summary

A pesar de estar desaparecido, Lucas hace una última llamada. Desde ese momento, recuerdos y memorias llegan en ráfagas y, con ellos, la verdad… pero esta, ¿siempre tiene que salir a la luz?

Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
16+

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Era de noche y llovía a cántaros. Todo estaba en paz, todo era tranquilidad, hasta que mi celular vibró. Un número desconocido. Contesté por inercia y, al otro lado, solo escuché una respiración pesada. Pensé que se trataba de un error y, cuando estaba a punto de colgar, una voz pronunció mi nombre. Enseguida pude reconocer esa voz. Era Lucas.

Lucas era mi exnovio, que había desaparecido hace tres meses, al que todos creían muerto, aunque en realidad aún no habían dado con su paradero. Traté de convencerme a mí misma de que no era él, que se trataba de una confusión o una broma de mal gusto, pero su tono, su voz, eran inconfundibles. Cuando traté de formular una palabra, la línea se cortó.

Esa noche no pude dormir nada. Al día siguiente, en cuanto pisé la escuela, fui a buscar a Isabel, mi mejor amiga. Después de platicarle de todo, noté algo raro en ella: estaba nerviosa, diferente. Dijo que no volviera a mencionar nada de Lucas, que dejara el tema en paz. Yo sabía desde antes que a Isabel no le agradaba Lucas, pero después de su desaparición creí que iba a actuar más sensible y compadeciente. No fue así, sino todo lo contrario.

Después de clases decidí ir a la casa donde se había organizado la fiesta la noche en que Lucas desapareció. El lugar estaba horrible, olía a humedad, y con cada paso que dabas, todo crujía y rechinaba. Pero algo llamó mi atención, ya que había algo brillante tirado en el suelo: un dije de luna, el que yo le había regalado.

En cuanto lo toqué, una desagradable sensación me recorrió el cuerpo, un escalofrío, porque todo llegó a mi mente como un golpe de realidad. No. Nadie podría saber.

Esa noche estábamos todos eufóricos por la fiesta. Recuerdo que me había molestado con Lucas, recuerdo que salimos de la fiesta para hablar, recuerdo pelear con él, recuerdo ver a Isabel llegar, recuerdo que trató de intervenir, recuerdo haber escuchado un grito, recuerdo un empujón y nada más.

Fue como si mi mente hubiera borrado esa escena de mi cabeza, esa escena espantosa de ver a mi novio caer al vacío tras un empujón con fuerza y furia.

Tomé mis cosas para irme lo más rápido posible del lugar, pero entonces escuché ruidos tras de mí. Algo o alguien me estaba siguiendo. Pude visualizar una silueta tras la ventana que daba afuera de la casa, así que traté de esconderme. De pronto empecé a escuchar una voz que repetía: “No quise hacerlo, pero ya no puedo con la culpa.” Estaba a punto de ir a ver de quién se trataba, pero oí un golpe fuerte y, cuando salí, no había nadie. Pensé que había sido producto de mi mente para engañarme o una simple confusión. Dejé de investigar y fui directo a mi casa.

La mañana siguiente llegué a clases, pero Isabel no estaba. Pensé que se le había hecho tarde o algo así, pero no se presentó ese día ni el resto de la semana. Pensé que quizás podría estar enferma, pero aun así no había respuesta de nada. Ni siquiera me contestaba los mensajes ni las llamadas.

Después de semanas en las que no supe nada de Isabel, decidí ir a su casa a preguntar por ella. Su madre me abrió la puerta y me dijo que Isabel había desaparecido y estaban a punto de iniciar el proceso para avisar a las autoridades. Quedé pálida. ¿Por qué a todos los que quiero están desapareciendo?

Los siguientes días fueron de caos: murmullos por los pasillos, reportes en las noticias, miles de preguntas sin respuestas… hasta que finalmente las hubo. Un día, saliendo de clases, quise volver a la casa donde se había organizado la fiesta, pero cuando llegué estaba llena de policías y reporteros. Asustada, me acerqué a preguntar de qué se trataba. Nadie me hacía caso. Vi a lo lejos a los padres de Isabel, así que me acerqué con ellos y volví a preguntar. Su madre estaba envuelta en llanto y su padre, con la mirada perdida, me respondió: “Acaban de encontrar los cuerpos de Lucas e Isabel. Aparentemente, Lucas fue empujado y cayó al vacío, y el cuerpo de Isabel es más reciente. Las autoridades piensan que se pudo tratar de un suicidio.” No pude creer todo lo que me decían. No podía ser verdad…

Conforme el tiempo pasó, las investigaciones terminaron y se dio a conocer el reporte final: “Durante la fiesta, Lucas y su novia (yo) habían estado discutiendo. Isabel decidió intervenir, pero fue tanta su furia que lo empujó al barranco, lo que lo llevó a la muerte instantánea. Días después de lo sucedido, Isabel no pudo con la culpa y fue al mismo lugar a suicidarse.”

Me hicieron interrogatorios y yo expliqué que no recordaba nada. Tras tratamiento psicológico, se dedujo que mi mente bloqueó el recuerdo y, por ello, no recordaba nada.

La policía me tomó como víctima y me dejaron ir sin ningún problema, pues la culpable ya se encontraba muerta. Así que el caso siguió para sus padres. Han pasado meses después de lo ocurrido y mi madre siempre suele decirme: “Al final, la verdad siempre sale a la luz.” Tal vez sea cierto, madre… pero ¿cómo podría salir a la luz mi verdad, si a él lo maté empujándolo al vacío y ella se suicidó por no aguantar la culpa de verme hacerlo y no poder decir nada?