Donde empezó a doler
No entendía por qué aquel día Evan actuaba tan extraño.
Todo se sentía distinto, como si algo no cuadrara.
Él le había dicho que solo tenía un pequeño asunto que arreglar, que no era nada importante, y tal vez solo debió creerle.
Pero casi por intuición, y quizá porque en el fondo conocía tan bien a Evan, que sabía que ese "nada", no podría ser solo nada, Aiden ya se encontraba yendo hacia el final del pasillo que conducía a la biblioteca.
Y sin pensarlo, en un breve instante, lo vio.
Solo pasaron unos segundos, aunque se sintieron como horas.
Todo lo que pudo ver fue a Evan. Pero no estaba solo. De todos con quien pudiera estar, estaba con él.
Lucien Vance.
No podía creer lo que estaba pasando ante sus ojos.
No... no podía ser real.
Pero aunque cerrara los ojos una y otra vez, la imagen al frente de él era la misma.
Evan, a pocos milímetros de Lucien, mostrando que no le molestaba realmente esa minúscula distancia que había entre ambos.
Se arrepentía tanto el haber hecho caso a sus instintos, porque definitivamente creía que no saber nada hubiera sido lo mejor.
Todo pasó tan rápido, que no pudo reaccionar.
Lucien no apartaba la vista de Evan, y se acercaba lentamente a sus labios.
Muy despacio, casi como si le diera tiempo para apartarse.
Pero Evan no se apartó. Se quedó justo ahí, quieto. Muy cerca.
Y eso fue lo que lo sepultó.
No el contacto. No la cercanía. Ni siquiera el beso en sí.
Sino que, no solo no lo evitó, lo aceptó.
Aiden sentía que no podía respirar. Sentía el aire pesado, y podía escuchar como su corazón latía fuertemente.
Sus manos temblaban ligeramente.
Aiden dio un paso atrás, casi involuntario. Queriendo pensar que si se daba media vuelta, todo lo que vio, tal vez no hubiese pasado.
Tal vez si se iba, podría fingir que no pasó nada, y que podría aún seguir junto a Evan, como siempre.
Pero no funcionó. Evan abrió los ojos.
Sus miradas se cruzaron.
Solo un segundo. Pero eso fue más que suficiente.
Aiden solo podía sentir que todo dentro de él se quedaba en silencio.
Todo quemaba. Ardía. Todo dolía.
Se giró, listo para irse, y solo empezó a caminar, sin rumbo ni dirección.
— Aiden...
No se detuvo.
Sentía que todo se le nublaba, como si el mundo se le viniera abajo.
Sus pasos fueron perdiendo fuerza, pero no se detuvo.
No miró atrás.
Porque sabía que sí lo hacía, iba a sacarlo todo y se rompería ahí mismo, en frente de él.
Todo lo que podía sentir en el fondo de su corazón, era que Evan no era suyo.
Y eso, era algo que no estaba dispuesto a aceptar.
Nunca.