El rastro equivocado
El rastro casi invisible los llevaba directo al bosque, la luz del día se filtraba entre la espesura, cayendo en franjas irregulares sobre el suelo. El camino se hacía difícil: las raíces brotaban de la tierra, gruesas como serpientes adultas, y no había sendero claro por donde avanzar, solo el rastro tenue que los guiaba así casi a ciegas. Caminaron durante un largo trecho hasta que lo perdieron por completo, pero ahí estaba el cuerpo, apoyado en un árbol, sostenido por su propia espada. Parecía descansar, aunque desde cierto ángulo se asemejaba más a un rezo; el último, quizás. Ambos se acercaron para revisarlo, permanecía inmóvil y pálido como la nieve.
–¿Es él? ¿Será el que estamos buscando? –preguntó uno de ellos que estaba de pie, mientras el otro, agachado, lo examinaba con mayor detención.
–...Mmm… No lo sé. Es extraño, no logro reconocer si es su rostro.–El que permanecía de pie volvió a hablar mientras se alejaba unos pasos.
–Iré a mirar los alrededores, a ver si encuentro algo. –Su compañero asintió con la cabeza sin despegar los ojos del cuerpo, y el otro desapareció entre los árboles.
–Como es de suponer, no respiras. –murmuró para sí mismo. La situación no le generaba agrado alguno: revisar un cuerpo con semejante deterioro tenía algo perturbador que iba más allá del olor o el frío. –Voy a… tomar esto.
Mientras intentaba mover la espada, noto que los dedos del muerto la sostenían con una fuerza extraña para alguien sin vida. Tiro con más fuerza hasta arrancarla. Era una espada de tono escarcha, pero con el brillo apagado, como si algo hubiera drenado el filo de toda la luz. Al quitársela movió el cadáver y detrás de este pudo ver otra espada, que tenía atada a su cintura. Al momento en que tomaba la segunda espada, creyó oír un susurro.
Algo surgió por detrás, pensó que era su compañero, pero el sonido era demasiado extraño para serlo. Giro y no había nadie, las palabras eran ininteligibles, pero el susurro mantenía una entonación constante, como si alguien le hablara al oído desde todos los ángulos a la vez inundado el espacio entero. No alcanzó a reaccionar: el susurro se apagó tan repentino como había llegado, y un proyectil lo golpeó por el costado con una fuerza bestial, acompañado de un silbido agudo y fino. Lo lanzó varios metros, los ropajes y la armadura amortiguaron parte del impacto, pero la herida era profunda. No llego a quedar inmóvil y por la dirección del golpe calculo de dónde venía el ataque, entonces llegaron dos silbidos más, uno tras otro, tan agudos como el primero. Vio pequeños destellos y anticipó el movimiento: esquivo uno y repelió el otro, pero iban con tanta fuerza que una de las espadas que había recogido salió volando de sus manos. Se movió rápido y se refugió detrás de un árbol.
–Mierda… Cómo duele. –Deslizó la mano por el costado buscando una flecha, pero no había ninguna. Lo habían atacado con magia. –Lo que faltaba…– Pensó en voz alta.
Desenvainó su espada. En el aire volvió a aparecer el susurro, palabras que lo envolvían por completo hasta que de pronto parecieron ahogarse, succionadas por su propia fuente. El ambiente cambió: sintió que los colores del bosque se apagaba como si algo absorbiera la vida misma del lugar. Luego un silbido, único pero mucho más agudo, seguido de un destello cegador que impactó en el árbol donde se ocultaba. El árbol estalló, las astillas, las ramas y las hojas, todo voló en un mismo instante de caos. Cayó sobre su espalda, perdió el aire y quedó aturdido. Escucho pisadas firmes acercándose. Sostuvo la espada e intentó ponerse de pie, pero el cuerpo le pesaba demasiado.
Cerró los ojos un momento, fue solo un instante en el que le pareció oír una voz, la misma que lo había ayudado días antes. El aire frío y la incomodidad del suelo… todo era demasiado parecido a aquel entonces, aquel momento en el que se separaron.
–Vamos Drael, levántate. – Cuando abrió los ojos estaba en los Montes. –Vamos, corre. No hay mucho tiempo que perder, esas cosas nos pisan los talones.– Corrían con suma prisa, sorteando los obstáculos del camino. Más adelante, una figura gritó: –¡Vamos, debemos cruzar pronto!.
Los ocho avanzaban sin detenerse. El terreno era traicionero: las piedras impiden un paso firme y, aunque eran ágiles, no iban tan rápido como necesitaban. Al pasar junto a la figura que esperaba de pie, era Corvann, el líder del grupo. Un veterano experimentado, el hombre al mando de aquella compañía.
–¡Sigan, sigan avanzando! Si combatimos aquí, esas cosas nos van a destrozar. –Mantenía la mano en el mango de su espada.
En la retaguardia iba la mano derecha del líder, Nyxara, una guerrera igual de curtida aunque mucho más joven. Habían ganado algo de tiempo abatiendo algunos, aunque eran criaturas duras con una piel demasiado gruesa, y la nieve en los montes complicaba aún más esta tarea. El resto seguía corriendo hacia delante hasta dar con el sendero. Lo tomaron, pero el invierno lo había convertido en una trampa: más adelante, un derrumbe bloqueaba el paso por completo. Se detuvieron buscando otra ruta pero fue entonces cuando Corvann y Nyxara los alcanzaron.
–Esto complica aún más las cosas. Busquemos otra salida.– Encontraron un paso estrecho que bordeaba el monte por un precipicio, donde solo cabían en fila india. Cuatro avanzaban ya cuando aparecieron los Trolls: grandes, robustos, con una solidez que hacía pensar más la piedra que en carne. Dos del grupo dispararon sus ballestas y los hirieron, pero no fue suficiente. Corvann y Nyxara combatieron con ferocidad mientras las ballestas se volvían a cargar. Eran tres trolls, pero detrás de ellos se sentían las pisadas de varios más.
Drael impacto una flecha en el ojo de uno de ellos. El troll gruñó, y en su dolor movió su arma con torpeza ciega, golpeándolo. Este aguanto la maza, pero algunos de los pinchos de esta se incrustaron en su piel. Corvann corto con un esfuerzo casi sobrehumano una de las piernas de la criatura; el Troll tropezó y cayó por el barranco, pero en la caída arrastró consigo a Drael quien había quedado atrapado entre la masa y la criatura, y Corvann quien al cortar a la misma había enredado su ropa en unos gruesos hilos que colgaban de esta. Nadie alcanzó a llegar a tiempo, solo los vieron desaparecer en la caída.
Cuando Drael abrió los ojos, estaba encima de la bestia. Había caído junto a ella y logrado apartar la maza antes de que lo aplastara. Pensó en lo mucho que el cuerpo le dolía, sus heridas no eran leves ni tan graves, considerando la altura desde la que había caído. Miró a su alrededor y vio a Corvann limpiando la hoja de su espada, este estaba herido al igual que el pero se veía más como alguien que acaba de terminar con su víctima más que de haber sufrido una caída.
Drael se puso de pie con dificultad y se deslizó bajando por un costado de la criatura, su cuerpo aún le acusaba del golpe. Miro en la dirección desde donde había caído, asombrado de haber sobrevivido o por lo menos poder seguir en pie, en eso escucha la voz de Corvann.
–Estás despierto, muchacho –la voz venía desde el otro extremo de la criatura.
–Sí, casi no la cuento –Respondió, estirando y sacudiéndose el polvo mientras busca entre los restos del suelo. Entonces su ballesta, rota. –Mi arma no tuvo la misma suerte.
–Al menos no fuiste tú.– respondió Corvann
Extrañado Drael miró a su alrededor, solo estaban ellos dos juntos al cadáver del Troll.
–Solo nosotros dos caímos. ¿Y el resto? –volvió a alzar la vista para mirar desde donde habían caído.
Corvann quien acomodaba su equipo respondió. –Si, y esperemos que puedan salir de ahí. –Escruto el horizonte buscando orientarse.
–deberíamos seguir en esa dirección, si el juicio no me falla. –
Drael se sintió extrañado de la decisión, lo miró con duda, no tardó en hablar.–¿No vamos a ir por ellos?
–No.–dijo Corvann mientras caminaba. –Subir nos tomaría demasiado tiempo y aunque lo hiciéramos rápido, seguiría siendo tiempo perdido. Además, estábamos intentando bajar, así que podríamos decir que tuvimos suerte de salir con heridas leves. Seguiremos al sur y esperaremos que ellos corran la misma fortuna.
Drael aunque sentía la necesidad de ir en busca de sus compañeros, escuchó las palabras de su líder, le extrañaba la calma que mantenía y a pesar de que le pesaba la decisión escuchó en silencio y aceptó. Ambos caminaron alejándose del monte. La lluvia había comenzado a caer sin apuros.
Caminaron hasta encontrar un sendero de tierra marcado por la huellas de los carromatos que solían transitarlo, un río lo acompañaba a un costado como el reflejo de un espejo. Siguieron por largo trecho hasta dar con un campesino cuya rueda había cedido. Lo ayudaron a levantarla, y él, agradecido, les ofreció llevarlos y ambos subieron sin dudarlo. El carromato avanzaba con calma y en este trayecto aprovecharon para descansar.
–Aún hay algo que me tiene inquieto sobre los Trolls que nos atacaron. –dijo Drael, apoyado mirando el camino pero no hubo respuesta inmediata, solo una mirada atenta. –Su comportamiento fue raro, aparecieron de la nada como si nos esperaran. Tengo una sensación extraña.
Corvann lo estudió un momento antes de hablar. –Sí, fue extraño. Pero también es cierto que entramos en su propia boca sin darnos cuenta. No habría sido tan complejo si no nos hubiesen emboscado, tenían un comportamiento raro, inusual como mencionas. Por un momento sentí que nos atacaba algo distinto a una bestia.
Drael escuchaba atentamente respondió. –Lo que me lleva a otra duda. –continúo Drael. –¿Por qué no simplemente combatimos desde el principio?
Corvann lo miró con detenimiento y luego habló. –Podríamos haberlo hecho, pero también podrían haber llegado muchos más. Cuando se trata de decidir si el combate es necesario, hay que pensar en el enemigo que tienes enfrente. A veces no es cuestión de fuerza: podríamos habernos visto superados en un instante y además piensa en el terreno, éramos como peces intentando escalar un árbol.
Drael quedó pensativo, había razón en las palabras de Corvann pero le seguían pesando las decisiones de su líder. El carromato frenó, el campesino les indico que ahí se desviaba. Bajaron agradeciendo el gesto y siguieron a pie hasta el próximo pueblo.
Tharkren se llamaba el lugar al que llegaron: un pueblo de cazadores con las calles a medias empedradas, tranquilo bajo la luz fría de un mediodía nublado. Un anciano los vio desde lejos y les habló antes de llegar.
–Tan pronto de vuelta por el pueblo.
La pregunta los tomó por sorpresa, no sabían a qué se refería. El anciano, al no recibir respuesta, entrecerró los ojos y noto que no eran quienes creía.
–Mis disculpas, los confundí con alguien más.
Corvann aprovechó el momento. –No tiene mayor importancia, pero quisiera preguntarle algo: estamos buscando a un amigo, alguien con una vestimenta similar a la nuestra, aunque de mayor edad. –Drael asintió en silencio, cruzando los brazos.
–La memoria me falla mas que la vista.– Respondió el anciano, pensativo. –Pero es demasiado vago el relato como para saber. Amigo, más anciano, similar o no… no recuerdo. –Unos lugareños jóvenes lo llamaron desde lejos y con un gesto amable se despidió y marchó.
Siguieron caminando en busca de algún lugar más concurrido cuando desde una casa les llegaron unas palabras.
–Normalmente los viajeros llegan directo a la taberna. –No fue hostil con sus palabras, pero su tono lo era. Un hombre les hablaba desde el umbral: la casa era de ladrillo y madera, construida con el espíritu práctico de los campamentos de caza, y resaltaba ligeramente entre el resto del pueblo.
Corvann y Drael se miraron, algo sorprendidos.
–Puede que sí, y quizás pasemos por ahí. Veo que compartimos oficio y no nos vendría mal una indicación.
–Gracias, de todos modos.– Añadió Drael.
Pero el hombre cruzó la puerta y se acercó despacio, favoreciendo una pierna herida.
–Quizás me di a entender mal. Los viajeros pasan directamente a la taberna, el resto no debería aparecer después de lo que hicieron. No comparto el mismo oficio con mercenarios Errantes.
Era más hostil ahora. Corvann y Drael se miraron de nuevo, desconcertados. Drael dio un paso al frente y habló con un tono firme.
–Creo que nos confundes con alguien más, nosotros solo estamos buscando a… –No termino la frase. Un golpe directo le llegó al rostro y lo tiró de espaldas, la sangre le corrió por la nariz. Pero Drael era tenaz: en un instante estaba de pie otra vez, pero Corvann se interpuso entre ambos antes de que fuera a más.
–No es necesaria una disputa, creo que nos confundes. –Corvann había visto niños dentro de la casa, además de la gente que estaba cerca. –No hay razón para esto, míranos las caras y veras que no nos conocemos.
El hombre no cedió y habló. –Sé quienes son, ya tuvimos suficiente con los de tu clase. –El hombre caminaba lento hacia la puerta nuevamente mientras hablaba, se apoyo en la puerta como quien recoge algo que deja a propósito. –Una sola vez bastó para entender. Las ropas similares, la misma actitud de noble causa, y al final no son más que otros mercenarios.
Corvann volvió a hablar. –No se que esperas que digamos, pero claramente nos confundes o simplemente nos… –
El hombre cortó las palabras de Corvann nuevamente. Había tomado un arma de fuego de pólvora que escondía detrás de la puerta; parecía lista y cargada.
–Buscan a ese bastardo entonces. No tienes mucho que justificar, por su culpa perdimos a dos hombres cuando cazamos al sur. Debería tomar sus vidas aquí, como advertencia a los suyos.
Drael sintió el frío del peligro y pensaba en cómo enfrentar la situación, pero si el impacto era mortal o podría siquiera esquivarlo, era casi absurdo considerarlo siquiera. No había forma de que pudiera salir ileso, su mano desde hace un momento la había deslizado hasta la empuñadura de su espada y ahí la mantenía.
Corvann habló antes de que cualquier movimiento lo decidiera todo. –Usa tu sensatez, no hay necesidad de derramar sangre. Si quieres una disculpa, te la ofrezco, pero esto es un malentendido. No tengo intención de combatir aquí, en medio del pueblo. Nos iremos si no somos bienvenidos.
Se retiró sin añadir nada más, Drael lo siguió despacio, con la mirada fija en el hombre y la mano descansando en la empuñadura de su espada, esperando que la descarga del arma no se llevará a cabo. Caminaron un trecho en silencio, hasta que salieron del pueblo y Drael habló.
–Líder, ¿Qué fue eso?¿No deberíamos haber aclarado todo de mejor manera? –Drael sentía molestia pues él había sido golpeado después de todo. Corvann no respondió de inmediato. Cuando Drael vio su rostro noto algo: no era preocupación exactamente, era el ceño de quién lleva un pensamiento que todavía no cierra, entonces habló.
– Quizás habría sido lo correcto, pero habría provocado un combate. Lo que me parece extraño es que nos confundan pero con ¿quien?
Drael lo miró pensativo también, por la molestia del golpe no había reflexionado en las palabras. –No creo que el resto del grupo haya llegado primero y mantenido el ritmo, sería imposible. Pero es verdad. ¿Quién será…? Tampoco creo que sea el, a menos que se haya vuelto un loco senil y haya decidido atacar a los cazadores del pueblo.
Corvann lo miró con un gesto que no llegaba a ser sonrisa. –No lo creo, o esperemos al menos encontrarlo pronto.