Diosa De Plumas: El Despertar De Los Nahús

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Summary

Quetzalli nunca fue la princesa que el Imperio Chiquola esperaba. Rebelde por naturaleza y marcada por el don de los Dioses, preferiría mil veces el filo de una espada que el peso de una corona. Pero cuando los mismos Dioses que la bendijeron deciden reescribir el destino de su pueblo con sangre, la rebeldía deja de ser un juego para convertirse en supervivencia. ​El imperio se desmorona bajo mandatos divinos que huelen a traición y ceniza. Para salvar a su gente, Quetzalli deberá hacer lo impensable: unir fuerzas con Ikal, el guerrero cuyo nombre ha maldecido durante años. Él es su opuesto, su rival y el único con el poder suficiente para igualar el suyo. ​En medio de una guerra que amenaza con borrar su legado, ambos deberán decidir qué es más difícil: derrotar a los Dioses o ignorar la electricidad que surge cada vez que sus dones se rozan. En un mundo de profecías y campos de batalla, el odio es un lujo que ya no pueden permitirse... y el amor, la chispa que podría incinerarlo todo.

Status
Complete
Chapters
25
Rating
n/a
Age Rating
16+

Rebeldia.

Capítulo 1. Rebeldía

El agua del lago me abrazaba con una temperatura perfecta, casi como si fuera una extensión de mi propia piel. Podía sentir el cosquilleo de la corriente rozando mis marcas en los brazos y el aroma a tierra mojada y flores de loto flotando en el aire. Era el único lugar donde mi mente no se sentía atada a las expectativas de todo un imperio. Mientras nadaba, los rayos del sol se filtraban por la superficie creando hilos de luz dorada que bailaban a mi alrededor, recordando que, aunque fuera una ‘elegida’, aquí solo era una parte más de la naturaleza. Estaba tranquila disfrutando del agua, nadando en la orilla de mi lago favorito, pensando cómo podré escapar para la ceremonia de esta noche. Es la iniciación de la temporada del agua, que también es cuando más me descontrolo con mis dones, ya que uno de ellos es con el elemento del agua (nuestro calendario tiene cuatro fases como estaciones: fuego, tierra, agua y tiempo), como el poder controlarla y cosas así; pero te voy a marear con todas mis habilidades que me dieron los Dioses mientras estaba en la panza de mi mamá. En fin, volvamos a mi plan de cómo escaparme de la ceremonia...

Escucho pasos y el crack de una rama que se rompe.

—¡Aquí estás! Hasta que te encuentro, todos te están buscando desde el amanecer —dice Atzy, mi mejor amiga. También es otra elegida. Aunque estoy sumergida en el agua cristalina, puedo verla enfadada porque desaparecí, dejándola sola con los preparativos. A veces olvido lo angelical e hipnotizante que es... digo, tiene un cuerpo escultural, cintura definida, 1.75 m de altura (todas las elegidas medimos eso), su cabello lacio y largo color castaño dorado, sus ojos color dorado como los de todos los elegidos, excepto el odioso de Ikal; nariz y facciones finas. En pocas palabras, una hermosura... hasta que la escucho gritándome:

—¡Ya sé que estás sumergida! ¡Puede verse a través del agua! ¡Sal ya!

Solo saco mi cara moviendo mi dedo índice y le mando un chorrito de agua para mojar sus pies, una de todas las cosas que la hacen enojar, jejeje.

—Cinco minutos más, Atzy, y soy toda tuya.

Efectivamente, hace un puchero porque la mojé, mientras me sumerjo de nuevo haciendo burbujitas en el agua. Doy una pequeña vuelta nadando, despidiéndome de los ajolotes, y salgo saltando de un golpe hacia la cascada.

—De verdad que no te cansas de estar en este lago cuando todos te estamos esperando con los preparativos, y más que tenemos que arreglarte para el vínculo.

—No necesito que me recuerdes esa parte, y menos cuando lo más seguro será con Ikal. Tampoco lo odio, pero no me veo con él y definitivamente no siento nada por él.

—Sí, claro, “princesa elegida”, nadie te cree eso, ya que cada que lo ves babeas —dice Atzy en tono sarcástico.

—¡Solo pasó una vez! Y fue cuando apenas aprendía a controlar mis dones; qué casualidad que él iba entrando al templo.

—¿Si digo que te creo, me harás caso de ya irnos? Vamos tarde y no les gustará que no estés lista.

—No me queda de otra, vámonos —digo mientras termino de secarme con la toalla.

Estando en mi cuarto, después de tres horas de que me vistieran con el traje tradicional de ceremonia: una bata blanca con bordados dorados y azules pegada a mi cuerpo resaltando mi figura; mi cabello negro rizado al largo que me gusta, hasta mi cintura; alpargatas doradas con pequeñas piedras de aguamarina combinando con mis tatuajes azules de los brazos o, como yo les digo, “mis marcas”. Aunque eso coincide con todos los elegidos, las tenemos desde que nacimos; es un regalo de los Dioses junto con mis ojos dorados. Y para finalizar, mi corona de plumas haciendo referencia a mi otro don: el que puedo transformarme en una preciosa y aterradora serpiente emplumada, aunque aún no puedo controlarlo. De ahí mi nombre, Quetzalli: preciosa referencia a un ave emplumada.

—Bueno, ya estás lista para la ceremonia, solo me falta terminar de arreglarme yo, mi cabello, y bajamos al templo.

—Uy, qué emoción tengo por escuchar lo “bendecida” que soy por ser una elegida de los Dioses, que me besen la mano, hacer mi showcito con un poco de agua, aplausos infinitos y bla, bla, bla.

—Mira el lado bueno, hoy será oficial tu vínculo con Ikal; así serán más fáciles otras de tus responsabilidades con un complemento.

—Entonces la bendecida aquí eres tú por solo tener el don de la tierra y no otro de transformación.

—Quetzalli, tus dos dones son excepcionales a comparación de yo solo poder mover la tierra y hacerla fértil, tanto en agricultura como vegetación, a mi antojo; es algo muy “chirri”. Claro que con un vínculo fuerte combinarán ambos dones haciendo el balance perfecto, y así podrás controlar tu segundo don —dice Atzy dándome palmaditas en el hombro como ánimo.

—Lo dice la que aún le faltan dos soles (un sol es un año) para su anuncio de vínculo, y su candidato realmente es quien te atrae... pero ya me resigné a la perdición de mi destino.

Sí, soy toda una diosa del drama también. Bajamos cada escalón del templo llegando a la plazuela principal para dar inicio a la ceremonia. Todo el imperio está reunido, felices por el gran anuncio y listos para celebrarlo por tres días seguidos según la tradición. Entonces lo veo de pie; debo admitir que no está nada mal, solo su humor no es el mejor. Con sus dos metros de altura, cuerpo musculoso, sus tatuajes azules acentuándose en sus brazos, cabello negro ligeramente largo, su “arete de la suerte”, dice él, y sus ojos... ¡por los Dioses!, sus ojos color rojo vibrante totalmente te intimidan, pero son hermosos, siendo los únicos de ese color; un punto más para que se le suba el ego. Siempre, desde niños, eran discusiones con él por superarme en las prácticas de dones, con su poder del elemento fuego... y bueno, él es el otro que puede transformarse en un jaguar gigante, y sí puede controlar ambos dones a la perfección. Vuelvo a la realidad cuando el Pipilti alza la voz.

Pipilti: Rey o líder del imperio.

—Estamos aquí para celebrar la temporada del agua y el más bendecido vínculo de nuestros Dioses entre Quetzalli, Diosa de Plumas, e Ikal, Dios de Sangre. Por favor, Diosa de Plumas, da inicio a tu temporada.

Doy pasos al centro de la plazuela viendo que todos se hincan haciendo reverencia hacia mí. Muevo mis manos atrayendo una brisa de agua de las escaleras del templo hacia todos como si fuera una fuente decorativa. Empiezan a aplaudirme dando las gracias por tantas bendiciones.

—Gracias, Diosa de Plumas. Acércate, Dios de Sangre, y tómense de las manos.

Cuando sus dedos rodearon los míos, una descarga eléctrica me recorrió la columna. Sus manos estaban extrañamente cálidas, una temperatura que contrastaba con la frescura que siempre emana de mi cuerpo. No era solo un encaje físico; era como si el vapor naciera en el punto donde nuestra piel se tocaba. Sentí su pulso firme contra el mío, un ritmo dominante que me hizo olvidar por un segundo el ruido de la multitud. Sus tatuajes azules parecían brillar con una intensidad distinta bajo la luz del sol, y por un instante, el aire a nuestro alrededor se volvió denso, cargado de una energía que me pedía retroceder y avanzar al mismo tiempo. Siento su piel con la mía; nunca había sentido un encaje tan perfecto en mis manos y creo que él siente lo mismo por la mini sonrisa que se le escapa.

—Yo, Pipilti Nahuel, bendigo este vínculo sagrado de los mejores y más poderosos elegidos. Su ritual de apareamiento inicia hoy con su ceremonia de unión al final de la temporada del agua. Ikal, Dios de Sangre, ¿aceptas esta bendición?

—La acepto con honor y gratitud, Pipilti Nahuel.

Ufff, esa voz entre ronca y oscura; sigo sumándole puntos para su ego y, a lo mejor, para que me atraiga. Hay muchas uniones a la fuerza que durante el proceso se enamoran; puede ser uno de esos casos.

—Quetzalli, Diosa de Plumas, ¿aceptas esta bendición?

—Yo...

Intenté que las palabras salieran, pero mi garganta se cerró como si estuviera llena de arena. El aire se volvió pesado, casi sólido, asfixiándome. Mis pulmones se negaban a expandirse y sentí un frío repentino instalarse en mi pecho, una presión interna que me advertía que algo no estaba bien. Mis marcas en los brazos empezaron a latir con un ritmo frenético y el agua de la fuente decorativa que yo misma había creado comenzó a agitarse con violencia, reflejando mi pánico interno. El silencio de la plaza se volvió ensordecedor; sentía que todos los ojos que nos rodean me queman la piel, esperando una respuesta que mi propio cuerpo se niega a entregar. Por los Dioses, ¿por qué me quedo sin palabras y no puedo emitir ningún sonido de mi boca? Todos me ven con preocupación. Siento una presencia detrás de mí; me giro un poco para mirar al Chamán del imperio.

Chamán: Persona con visiones de mensajes de los Dioses y brujo del imperio.

—¡Alto! ¡Paren este anuncio! Acabo de tener una visión de los Dioses y me han dicho que aún no se deben vincular los elegidos.

Todos tienen cara de shock y los más jóvenes están empezando a abuchear. No necesité responder: los Dioses se apiadaron de mí con este ridículo vínculo.

—Yo sé que es una noticia triste, pero los Dioses solo me dijeron que aún no estaban listos. Le pido una disculpa, Pipilti, por interrumpir así.

—No tiene por qué disculparse, gran Chamán. los Dioses deciden lo mejor para nosotros, así que seguiremos con el festejo del inicio de la temporada del agua. Gran imperio Chiquola, son bendecidos por Quetzalli, Diosa de Plumas, e Ikal, Dios de Sangre. Su unión será bendecida cuando sea su momento. ¡Que inicie el festejo!

Solo escucho los aplausos y reverencias de todos. Sigo analizando cómo es que fui incapaz de contestar si aceptaba el vínculo. ¿Acaso me creo capaz de desobedecer a mis Dioses? No, no, solo fueron los nervios. No fue nada.

El caos de la fiesta estalló a nuestro alrededor. La música de las flautas y los tambores inundó la plazuela, pero yo me sentía como si estuviera bajo el agua: sorda a todo lo que no fuera el latido de mi propio corazón. Intenté soltar la mano de Ikal para desaparecer entre la multitud, pero sus dedos se cerraron con firmeza alrededor de los míos un segundo más de lo necesario.

—Vaya suerte la tuya, Diosa de Plumas —su voz llegó a mi oído, baja y cargada de una vibración que me erizó la piel.

Me giré para encararlo. Sus ojos rojos brillaban con una intensidad peligrosa, como brasas que se niegan a apagarse. Estaba tan cerca que podía oler el aroma a madera quemada y especias que siempre lo rodeaba.

—No sé de qué hablas, Ikal —respondí, recuperando mi tono altanero aunque mis manos seguían temblando ligeramente—. Los Dioses hablaron, eso es todo.

—Los Dioses hablaron, sí... pero tú te quedaste callada —dio un paso hacia delante, obligándome a retroceder contra una de las columnas de piedra del templo—. Vi cómo se te cortó el aire. ¿Tanto miedo te da quedar unida a mí?

Sentí que el agua de las fuentes cercanas se agitaba, respondiendo a mi irritación.

—No es miedo, es... decisión —solté con un siseo, logrando zafar mi mano—. Algunos preferimos elegir nuestro destino en lugar de que nos lo entreguen en una bandeja de oro.

Él soltó una risa seca, una que no llegó a sus ojos.

—Cuidado, Quetzalli. El destino tiene un sentido del humor muy pesado. Y hoy, por alguna razón, los Dioses decidieron darte un tiempo... Aprovéchalo, porque la próxima vez que nos toquemos las manos, no creo que el Chamán llegue a tiempo para salvarte.

Se dio la vuelta sin decir más, dejándome con el pulso acelerado y una extraña sensación de vacío donde antes estaba su calor. Atzy llegó corriendo a mi lado, pero yo no podía dejar de mirar su espalda mientras se alejaba. Sabía que esto no era el fin, sino solo una pausa en algo que se sentía inevitable.