Kuñataî

All Rights Reserved ©

Summary

Elizabeth Ayala tiene veinte años y una vida que jamás le ha pertenecido. Criada bajo el peso de un apellido conservador, un padre controlador y una existencia diseñada por otros, pero Elizabeth sobrevive entre expectativas ajenas mientras intenta sostener en secreto una relación amorosa que también comienza a fracturarse. Cuando su padre decide castigar su necesidad de independencia obligándola a trabajar, ella pierde las esperanzas en su futuro. Hasta que llega a la casa de Amelia Bertorello, una elegante, enigmática y peligrosamente amable, abogada financiera de Paraguay. Pronto lo que comienza como un simple empleo como asistente se convierte en algo mucho más complejo: una convivencia llena de silencios cargados de tensión, gestos demasiado íntimos y emociones imposibles de nombrar. Mientras Elizabeth intenta sobrevivir al derrumbe de su relación, al peso de su pasado y a los secretos de una familia que nunca la dejó ser libre, Amelia se convierte en todo aquello que no debería desear. Refugio. Tentación. Caos. Entre la culpa, la fe, las heridas familiares y un amor tan incorrecto como inevitable, Elizabeth deberá descubrir si algunas personas llegan para salvarte... o para destruir cuidadosamente todo lo que creías ser. "Porque hay amores que deben ser y otros que solo te alientan a escuchar el sonido de tu soledad"

Status
Ongoing
Chapters
3
Rating
n/a
Age Rating
18+

Prólogo.

El primer amor no siempre llega primero, aveces llega después de los errores. Después de los traumas; después de aprender a sobrevivir con migajas de afecto.

El primer amor a heces llega cuando ya has amado antes, cuando juraste que otra persona era el amor de tu vida, y entregaste tanto de vos que pensaste que ya no quedaba nada por ofrecer. A veces llega después de que confundiste dependencia con eternidad y dolor con profundidad.

Yo tenía veintidós años cuando conocí a la mujer que terminó de destruir cada definición que tenía sobre el amor. O quizá me reconstruyó. Todavía no estoy segura, pero de lo que estoy segura es que antes de ella, mi vida era una colección de ruinas cuidadosamente maquilladas: una familia incapaz de amarme correctamente, un padre que confundía control con protección, una relación que se sostenía a base de miedo a la pérdida, y una versión de mí misma que no sabía existir sin pedir perdón por hacerlo.

Pero llegué a su casa, y recuerdo perfectamente mis zapatos horribles, lo esparcido que estaba mi orgullo en el mundo y recuerdo haber pensado que aquella entrevista sería otra calculada humillación de mi padre.

Y después la escuché.

Primero su voz.

Luego sus pasos.

Y finalmente su presencia.

Había leído tanto sobre personas cuya belleza resultaba ofensiva. La de ella parecía diseñada específicamente para poner a prueba mi cordura.

Amelia Bertorello tenía la elegancia de una oración perfectamente pronunciada y el peligro silencioso de todo aquello que puede arruinarte la vida lentamente.

Era esposa.

Era madre.

Era abuela.

Y era profundamente religiosa.

Y yo... Yo era una niña rota con demasiadas cicatrices invisibles y una absurda tendencia a enamorarme de aquello que no podía tener.

Debí correr.

Debí renunciar ese mismo día.

Debí entender que ninguna persona te mira de esa forma sin cambiarte para siempre, pero me quedé.

Porque a veces el ser humano reconoce su destino del mismo modo en que reconoce una tormenta en el horizonte: sabiendo perfectamente que debería huir... y caminando hacia ella de todos modos.

Esta no es una historia de amor perfecta.

Es una historia sobre deseo.

Sobre fe.

Sobre culpa.

Sobre mujeres rotas intentando salvarse entre sí mientras el mundo alrededor les exige convertirse en alguien más.

Y si algo aprendí de Amelia Bertorello... es que hay amores que no llegan para darte paz. Llegan para obligarte a renacer. Aunque primero tengan que incendiarte por completo.