En las Sombras del Destino

Summary

Draco Malfoy siempre ha soportado los castigos brutales de su padre, alimentando en silencio un odio cada vez más profundo. Pero una noche, la Muerte se le aparece con una propuesta tan tentadora como aterradora: puede acabar con la vida de su padre... a cambio de que Draco consiga que Harry Potter se enamore perdidamente de él. Porque será precisamente ese amor el que terminará destruyendo a Harry.

Genre
Lgbtq
Author
MiaMolina
Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
16+

Capítulo 1 - El Sueño

Las lágrimas resbalaban por el rostro de Draco Malfoy, escociéndole sobre la piel pálida. La humillación aplastaba cualquier resto de dignidad, mientras una rabia feroz se extendía por cada fibra de su sangre pura. Tenía el cuerpo cubierto de moratones violáceos, recuerdos recientes de la violencia que soportaba. Su padre prefería usar las manos antes que la magia, y cada golpe no hacía más que alimentar la furia que crecía dentro de él. Aun así, el dolor emocional era peor que el físico.

Se secó las lágrimas deprisa y salió del baño, avanzando con dificultad hasta la cama. Cuando por fin se tumbó, todo el cuerpo le palpitaba, como si cada movimiento avivara de nuevo el dolor. La puerta de la habitación seguía cerrada con llave. No quería ver a su madre —cuya indiferencia dolía casi tanto como los golpes de su padre—, ni a los elfos domésticos, con aquellas miradas cargadas de lástima.

Cerró los ojos, intentando apartar el mundo exterior y encontrar un mínimo de paz. Pero entonces ocurrió algo inesperado.

El sueño lo envolvió, aunque en el fondo sabía que aquello no era simplemente un sueño.

Cuando abrió los ojos, estaba en el Bosque Prohibido. Solo llevaba puesto el pijama y sentía la tierra fría bajo los pies descalzos. Frente a él, una mujer emergía de entre las sombras, hermosa e inquietante. Su piel, blanca como el mármol, contrastaba con el cabello y los ojos negros, profundos como la propia noche.

—¿Quién eres? —preguntó Draco.

Ella sonrió, y aquella sonrisa parecía congelar el aire a su alrededor.

—Soy la Muerte.

Un escalofrío recorrió el cuerpo de Draco, y supo con una certeza aterradora que estaba diciendo la verdad.

—¿Estoy muerto? —preguntó Draco, intentando dibujar una sonrisa segura en el rostro.

La Muerte le devolvió la sonrisa, una sonrisa siniestra que no alcanzaba sus ojos sombríos.

—No. Si estuvieras muerto, no estaríamos aquí.

Draco sonrió un poco más, tratando de ocultar la tensión que sentía.

—Qué pena. Me gustaría saber de una vez si acabaré en el infierno o en el cielo.

La expresión de la Muerte no cambió, pero había algo penetrante en su mirada.

—El destino es algo que ni siquiera yo puedo predecir con certeza, Draco Malfoy. Todo depende de las decisiones que tomes.

Draco frunció el ceño, sintiendo una mezcla de curiosidad y miedo.

—¿Decisiones? ¿Qué decisiones?

—Serás puesto a prueba, Draco. De formas que ni siquiera puedes imaginar. Pero el verdadero desafío será descubrir qué es lo que realmente te importa.

Draco sintió un escalofrío recorrerle la espalda.

—¿Cómo que descubrir qué es lo que realmente me importa? —preguntó, con la curiosidad mezclándose con una creciente sensación de inquietud.

La Muerte se acercó envuelta en un aura seductora, y Draco se sintió extrañamente atraído hacia ella, aun sabiendo que no debía confiar en aquel magnetismo.

—Si quieres, puedo matar a tu padre —dijo con suavidad, y su voz resonó como un susurro arrastrado por el viento.

Draco notó cómo el corazón se le aceleraba. Sí, lo deseaba. Mucho más de lo que jamás se habría atrevido a admitir, incluso ante sí mismo. Pero nunca había imaginado que una oportunidad así pudiera presentarse.

—No confío en ti —dijo Draco, con la voz teñida de desconfianza.

La Muerte volvió a sonreír.

—Yo siempre soy justa. Y puedo ayudarte, si así lo deseas.

Draco frunció el ceño. El corazón le golpeaba con fuerza en el pecho mientras meditaba las palabras de la entidad que tenía delante.

—¿Y cómo podrías ayudarme?

Ella sonrió de nuevo, una sonrisa terrible que le erizó la piel.

—Puedo segar la vida de tu padre... y, a cambio, tú podrías ofrecerme algo de un valor incalculable para mí.

Draco sintió que se le cerraba la garganta. La idea de librarse de su padre era tentadora, demasiado tentadora. Pero la oferta de la Muerte escondía un precio desconocido. Sabía que no podía confiar plenamente en ella y, aun así, la promesa de libertad, de venganza, resultaba difícil de ignorar. Ardía en su pecho como una llama voraz, alimentada por un deseo desesperado de justicia.

—¿Qué quieres decir con “algo de un valor incalculable”? —preguntó Draco con cautela, aunque el temblor expectante de su voz lo traicionó.

La Muerte dio otro paso hacia él, clavando sus ojos oscuros en los de Draco.

—Un alma —respondió en voz baja—. Un alma más valiosa de lo que puedas imaginar.

—¿Un alma? ¿La de quién? ¿La mía?

La Muerte sonrió.

—La de Harry Potter —respondió con calma, como si estuviera revelando un secreto antiguo y poderoso.

Un nuevo escalofrío atravesó a Draco. Guardaba un profundo resentimiento hacia Harry, sí, pero arrebatarle el alma significaría desencadenar una cadena de acontecimientos irreversibles y oscuros.

—¿Por qué Harry Potter?

La Muerte lo observó con seriedad.

—Harry Potter es una figura crucial para el mundo mágico. Su alma tiene el poder de alterar el curso del destino de formas que todavía no alcanzas a comprender.

Draco sostuvo la mirada de la oscura figura de la Muerte, mientras el corazón le latía con más fuerza a cada palabra.

—¿Quieres que lo mate? —preguntó, con la voz temblándole entre el miedo y la expectación.

—Al contrario. Tienes una misión. Te falta el amor verdadero. Tu padre no te ama, y el amor de tu madre es tan frágil que ni siquiera le permite intervenir cuando él descarga su rabia sobre ti.

Draco apretó los puños, sintiendo el peso de aquellas palabras hundirse en su pecho. La Muerte continuó:

—La verdad es que necesitas conquistar el amor verdadero de Harry Potter. Necesitas su amor de una forma que solo tú llegarás a comprender.

—¿Qué quieres decir con eso? —preguntó Draco, incapaz de ocultar la mezcla de rabia y vergüenza en su voz.

La Muerte sonrió.

—Puede que no sea omnisciente, pero sí muy observadora. Sé de tu interés por los hombres.

Draco sintió un nudo en el pecho y la respiración se le aceleró. Era un secreto que había enterrado en lo más profundo de sí mismo, temiendo el rechazo, el desprecio y todo lo que pudiera venir después.

—Eso no es... —empezó a protestar, aunque sabía que era inútil intentar engañar a la Muerte.

—Harry también siente esa clase de interés, ¿lo sabías? —continuó ella, como si estuviera compartiendo una verdad sagrada—. Pero permanece oculto, incluso para él. Un secreto que todavía no ha descubierto, pobre muchacho.

Draco se quedó paralizado ante aquella revelación. Un torbellino de pensamientos le atravesó la mente. Harry Potter, su rival de toda la vida, compartiendo un secreto tan íntimo... Era una contradicción que desafiaba todo lo que creía saber sobre él y sobre el mundo.

—¿El alma de Harry Potter? —repitió Draco, aún aturdido por la propuesta de la Muerte—. ¿Y si consigo que Harry se enamore de mí de verdad... podré vengarme de mi padre?

La Muerte asintió lentamente, sin apartar sus ojos oscuros de los de Draco.

—Sí, Draco Malfoy. Ese es el trato que te ofrezco.

Draco sintió una mezcla insoportable de conmoción y desesperación. La idea de manipular los sentimientos de Harry para alcanzar sus propios objetivos era tan tentadora como aterradora. Sabía que aquello significaría cruzar una línea que jamás había imaginado traspasar.

—¿Por qué me ofreces algo así? —preguntó Draco, con la voz vacilante.

La Muerte no respondió. Simplemente se inclinó hacia él y besó la mejilla de Draco.

Pero el contacto no fue como él esperaba.

Un calor abrasador y una agonía insoportable se extendieron de inmediato por su piel, como si cada célula de su cuerpo estuviera siendo devorada por llamas invisibles. Un grito escapó de sus labios mientras sentía cómo la quemadura se hundía hasta los huesos.

Al instante, Draco abrió los ojos y se encontró de nuevo en su habitación de la imponente Mansión Malfoy. El corazón le golpeaba el pecho con violencia, y respiraba de forma rápida y entrecortada. El miedo seguía resonando en su mente, tan real como el dolor que había sentido en aquel sueño.

Con las manos temblorosas, corrió hacia el baño. Cuando alzó la vista hacia el espejo, vio la marca del beso de la Muerte en su mejilla: una quemadura oscura y siniestra grabada sobre su piel pálida. Como si la propia muerte hubiera dejado allí su firma.

—El sueño era real... —susurró Draco para sí mismo.