Una noche para enamorarnos

All Rights Reserved ©

Summary

Una noche. Eso fue todo lo que necesitó Noah para no poder olvidarlo. Ni siquiera sabía su nombre. Solo recordaba su mirada... y la extraña sensación que dejó en él después de desaparecer entre las luces de la ciudad. Días después, el destino vuelve a cruzarlos en la misma universidad. Dayon tampoco esperaba volver a verlo. Mucho menos sentir que aquella noche todavía seguía presente entre ellos. Pero algunas personas llegan a tu vida de la forma más inesperada. Y algunas conexiones... simplemente no desaparecen.

Status
Ongoing
Chapters
5
Rating
5.0 1 review
Age Rating
18+

Capítulo 1 - Una noche para enamorarnos

(Noah) 

Esa noche no tenía pensado enamorarme. 

Todo lo contrario, tenía pensado olvidar quién era.

La música de la fiesta seguía tumbando en mi cabeza. Incluso cuando ya me había alejado lo suficiente, las luces, el humo, las risas… todo se mezclaba, hasta volverse y soportable.

No era la primera vez.

Pero esa noche pesaba más.

Salí sin despedirme. Como siempre.

No necesitaba explicaciones. nadie las esperaba realmente… Sólo esperaban que estuviera ahí, que cumpliera, que fuera quien se suponía que debía ser.

Y estaba cansado.

Caminé sin rumbo hasta terminar en el puente.

No recuerdo en qué momento decidí venir aquí, pero el silencio se sentía mejor que cualquier cosa que hubiese dejado atrás.

El puente estaba casi vacío.

La ciudad seguía viva allá abajo, indiferente a todo.

Me apoyé en la baranda, encendí otro cigarro, sin pensar si realmente lo quería, sólo necesitaba hacer algo con las manos.

Inhale.

Solté el humo lentamente, viendo como desaparecía en la oscuridad.

El aire era pesado, húmedo, más fuerte de lo normal, o tal vez solo lo sentí así.

Por unos segundos… todo estuvo en calma.

-Oye…

La voz rompió el momento. 

Fruncí el ceño, molesto, pero no voltee de inmediato.

-¿Estás bien? 

Solté una risa baja, sin humor.

-¿Te parece que alguien que viene a un lugar así a esta hora de la noche está bien?

Gire un poco la cabeza.

Y lo vi 

No encajaba.

No con la noche, no con el ruido que aún parecía perseguirme… no conmigo.

-No lo sé -respondió con mucha tranquilidad—. Pero tampoco parece que quieras que te dejen solo.

Lo miré mejor una vez más.

—¿Y tú que sabes?

Se encogió de hombros.

—Nada. Pero alguien tenía que preguntar, no?.

Silencio.

No incómodo.

Solo…distinto.

—Puedes irte —murmure.

—No.

Lo miré de nuevo.

—¿Siempre te metes donde nadie te llama?

—Solo cuando parece necesario.

Resople, apoyando el peso en la baranda.

—No es necesario.

—Tal vez no para ti —respondió 

Otra pausa.

—¿Entonces para quién?

Tardo un segundo.

—Para mí.

No supe qué responder a eso. 

Apague el cigarrillo, más por hacer algo que por otra cosa 

—Que raro eres.

—Podría decir lo mismo.

Y por primera vez en toda la noche… casi sonrío 

Nos quedamos ahí. 

Sin prisa 

Hablando de cosas sin importancia… y de todo al mismo tiempo.

No me pregunto mi nombre.

Ni mi apellido.

Y eso…no pasaba nunca.

Normalmente, la gente ya sabía quién era antes de siquiera hablarme.

No me miro como si ya supiera quién era.

Y yo no sentí la necesidad de fingir.

Solo… estuve 

Como si por un momento no tuviera que ser el hijo, el amigo y el chico perfecto.

Como si por un momento no tuviera que ser nadie. 

Y eso…

Eso no me pasaba nunca.

(Day)

No tenía pensado ir a la fiesta.

Ya lo había dicho más de una vez.

Pero Lía insistió lo suficiente como para negarme

—Solo un rato —me prometió—. Si no te gusta nos vamos.

Acepte.

No porque quisiera.

Si no porque a veces es más fácil decir que si.

El lugar era exactamente como lo imaginaba.

Demasiado ruido.

Demasiada gente.

Demasiado de todo.

Intenté quedarme. Intenté adaptarme.

Pero no era lo mío 

Nunca lo había sido.

Busque a Lia entre la gente… y cuando la encontré, se acercó de inmediato.

—¿Estas bien? —preguntó, mirándome con atención 

—. ¿Quieres que nos vayamos?

Negué suavemente.

—No, tranquila, quédate.

Frunció un poco el ceño.

—¿Seguro?

—Si, solo viene un rato.

Me sostuvo la mirada unos segundos más… y luego asintió.

—Está bien. Pero escríbeme cuando llegues.

-Lo haré.

Salí sin hacer ruido 

El aire afuera era diferente 

Más frío. 

Más real. 

Camine sin prisa, dejando que la música quedara atrás.

Y entonces lo vi.

Apoyado en la baranda del puente.

Quieto.

Demasiado quieto.

Algo en esa imagen no se sentía bien. 

No era evidente.

No era claro. 

Pero tampoco era normal.

Seguí caminando unos pasos.

Podía ignorarlo.

No era asunto mío.

No lo conocía.

Pero me detuve.

Mire otra vez.

Seguía ahí.

Solo.

Como si todo lo demás no existiera.

Suspire.

—Oye…

La palabra salió sin pensarlo demasiado.

—¿Estás bien?

En cuando lo dije, supe que no era una buena pregunta.

Pero ya era tarde.

Su risa, lo confirmó.

No estaba bien.

Y aún así… no parecía alguien que quisiera ayuda.

Parecía alguien acostumbrado a que nadie preguntara.

Y eso fue lo que hizo, que no me fuera.

Cuando volteo, lo entendí mejor.

Había algo en su mirada…

Algo cansado

Algo que no encajaba.

Debería haber seguido mi camino.

Era lógico.

Pero no lo hice.

Porque algo en ese momento… no se sentía como algo que no debía ignorar.

La conversación empezó mal.

Cortante.

Defensiva.

Pero poco a poco cambió.

No supe en qué momento.

Sólo pasó.

Y lo más extraño fue esto:

No sentí que estuviera hablando con un desconocido.

Sentí que estaba viendo algo, que casi nadie más veía.

Y que, aún así, estaba ahí.

Cuando me dijo que me fuera… lo consideré.

Por un segundo.

Pero no parecía correcto.

—No.

La respuesta fue simple.

Y me quedé.

Sin entender del todo, por qué.

Si necesitar hacerlo.

Sólo…

Porque quería.

El tiempo pasó sin que ninguno de los dos notara.

La ciudad seguía ahí.

La noche también.

Pero algo había cambiado.

No sabía que.

No sabían por qué.

Pero lo sintieron.

Y ninguno de los dos hizo nada para detenerlo.

El silencio ya no era incómodo.

Tampoco las pausas.

Era como si, en medio de todo lo que no entendían… hubiera algo que simplemente encajaba.

Entonces, el sonido de un teléfono rompió el momento.

Day frunció ligeramente el ceño al mirar la pantalla.

La luz iluminó su rostro por un segundo.

Y algo en su expresión cambió.

No parecía una llamada cualquiera.

Esta vez no dudó.

—Tengo que irme— dijo más serio que antes.

No explico nada.

No había tiempo.

Miró a Noah.

Cómo si quisiera decir algo más.

Pero no lo hizo.

Noah lo sostuvo con la mirada, en silencio.

Cómo si intentara entender,por que… no quería que se fuera.

Day dio dos pasos atrás.

Luego levantó la mano deteniendo un taxi que pasaba.

La puerta se abrió.

Subió sin mirar atrás.

La puerta se cerró.

El taxi avanzó.

Y desapareció entre las luces de la ciudad.

Noah dio un paso al frente.

Como si fuera decir algo.

Como si fuera de tenerlo.

Pero no lo hizo.

Se quedó ahí.

Mirando el vacío que había dejado.

El teléfono vibró en su bolsillo.

Una vez.

Luego otra.

No lo sacó.

No quería romper poco que aún quedaba de esa noche.

Porque, aunque no lo entendiera…

Sabía algo con certeza.

Esa noche no había sido como las demás.

Y por primera vez, en mucho tiempo…

No quería olvidarlo.