Lo que nunca debió pasar entre nosotros

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Summary

Dos chicos que nunca debieron acercarse... pero lo hicieron. Entre miradas, silencios y miedo, descubrieron que lo que sentían era real... aunque no era el momento correcto

Genre
Lgbtq
Author
Emanuel
Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
16+

Cuand nunca debio pasar entre nosotros...

Ángel llegó nuevo al colegio, tranquilo, callado, intentando no llamar la atención. Victor, en cambio, ya tenía su lugar asegurado: popular, rodeado de gente, seguro de sí mismo.

Y desde el inicio… no se llevaron bien.

—Muévete —dijo Victor una vez en el pasillo sin ni siquiera mirarlo.

—Podrías pedirlo mejor —respondió Ángel sin intimidarse.

Desde ahí, fue tensión constante. Miradas, respuestas rápidas, pequeños choques.

Pero con el tiempo, algo cambió.

Victor empezó a notar cosas sin querer: cómo Ángel no se dejaba de nadie, cómo era distinto a todos los demás, cómo su presencia le molestaba… pero también le llamaba la atención.

Y eso lo confundía.

Ángel, por su parte, también empezó a verlo distinto. Detrás de la fachada perfecta de Victor, había algo más: inseguridad, presión, miedo a decepcionar.

Y sin darse cuenta, empezaron a buscarse más de lo que querían admitir.

Una tarde, en el colegio vacío, coincidieron detrás de las gradas.

No había nadie más.

—¿Siempre eres así de molesto? —dijo Victor, pero sin el mismo enojo de antes.

Ángel lo miró de lado.

—¿Siempre eres así de insoportable?

Silencio.

Y por primera vez, no se fueron.

Con los días, la tensión cambió. Ya no era solo pelea. Era otra cosa.

Miradas que duraban un segundo de más.

Silencios incómodos que no querían romper.

Y acercamientos que ninguno admitía haber buscado.

Hasta que un día, Ángel lo entendió antes que Victor.

Y Victor lo entendió también… pero no quiso aceptarlo.

Porque cuando se dio cuenta de lo que sentía, lo primero que pensó no fue en Ángel.

Fue en lo que dirían los demás.

Empezó a alejarse.

No de golpe. Poco a poco.

Respondía menos. Evitaba quedarse solo con él. Se reía más con sus amigos cuando Ángel estaba cerca, como si eso pudiera borrarlo.

Ángel lo notó.

Y aun así, no se fue.

Un día, en el pasillo, Ángel lo detuvo.

—¿Qué pasa contigo?

Victor lo miró, incómodo.

—Nada.

Ángel negó con la cabeza.

—No es “nada”.

Victor apretó la mandíbula, bajando la voz.

—No puedo… no puedo estar con alguien como tú y que todos lo sepan.

El silencio cayó entre los dos.

Ángel no se sorprendió. Solo lo miró con algo entre tristeza y entendimiento.

—Entonces no es que no sientas nada —dijo—.Es que no te atreves.

Victor no respondió.

Pero tampoco se fue.

Y esa fue la primera vez que el problema no fue lo que sentían… sino todo lo demás.

Victor no supo en qué momento exacto empezó a cambiar todo.

Al principio solo era Ángel… el chico que le respondía mal, el que no le tenía miedo, el que no encajaba en su mundo perfecto del colegio.

Después, sin darse cuenta, empezó a buscarlo.

Ahora se la pasaban juntos.

En los descansos, Victor ya no estaba con su grupo de siempre todo el tiempo. Terminaba junto a Ángel, en una esquina del patio o caminando sin rumbo por los pasillos.

—¿No te aburres de estar conmigo? —preguntaba Ángel a veces, medio en broma.

—No —respondía Victor demasiado rápido.

Y luego se quedaba callado, como si hubiera dicho demasiado.

Ángel también había cambiado.

Sus amigas lo notaban.

—Últimamente estás siempre con Victor —le decían.

Ángel solo se encogía de hombros.

—Es solo un amigo.

Pero no sonaba tan simple como antes.

Porque ya no era solo un amigo.

Un día, estaban sentados juntos en las gradas del colegio, más cerca de lo normal.

Ángel reía por algo que Victor había dicho, y por un segundo Victor solo lo miró… en silencio.

No era una mirada de amigo.

Ángel lo notó.

—¿Qué? —preguntó, bajando un poco la voz.

Victor tardó en responder.

—Nada.

Pero no se movió.

Y Ángel tampoco.

Desde ese día, ya no se trataba solo de pasar tiempo juntos.

Se trataba de miradas que duraban más de lo normal.

De silencios que ya no incomodaban.

De estar demasiado cerca sin que ninguno se apartara.

Hasta que un día, Ángel dejó de irse con sus amigas.

Empezó a quedarse con él.

Y Victor entendió algo que le dio miedo admitir:

ya no era casualidad.

Era elección.

viernes en clase de física hacía calor, pero el salón tenía ese aire raro de ventilador viejo que a ratos refrescaba y a ratos empeoraba todo.

Victor ya estaba inquieto. Se movía en su silla, se pasaba la mano por la nuca y miraba de reojo a Ángel, que estaba tranquilo como siempre.

Después de un rato, Victor se levantó y se acercó a su mesa.

—Pásame tu chumpa —dijo directo, como si fuera algo normal.

Ángel lo miró un segundo, con calma.

—¿Y yo qué gano?

Victor frunció el ceño.

—Tengo calor… y frío al mismo tiempo.

Ángel soltó una pequeña risa.

—Qué problema tan serio.

Silencio corto.

Luego Ángel se acomodó en su asiento.

—Te la doy… pero con una condición.

Victor lo miró curioso.

—¿Cuál?

Ángel señaló su propia chamarra.

—Me das la tuya.

Victor parpadeó.

—¿Quieres intercambiar?

—Exacto.

Victor dudó apenas un segundo… y luego asintió.

—Está bien.

Se las cambiaron ahí mismo.

El salón ni siquiera le dio importancia, pero ellos dos sí.

La mejor amiga de Ángel los vio desde su lugar, y cuando lo notó con otra chamarra, abrió los ojos emocionada y le dio un pequeño codazo a otra compañera, sonriendo como si hubiera descubierto algo importante.

Ángel solo la ignoró… pero no pudo evitar ajustar la chamarra de Victor.

Le quedaba grande. Las mangas le sobraban un poco.

Victor, en cambio, llevaba la de Ángel más ajustada de lo normal.

Se veía raro… pero no lo suficiente como para que alguien dijera algo en voz alta.

Al final de la clase, cuando se levantaron para salir, tuvieron que devolverse las chamarras.

Se acercaron sin hablar mucho.

Ángel le tendió la suya primero.

Victor la tomó.

Luego Victor le devolvió la suya a Ángel.

Sus manos se rozaron.

Un segundo más de lo normal.

Victor se quedó quieto.

Ángel también.

Sus ojos se encontraron.

Victor tragó saliva, bajando la mirada apenas un instante.

—Ya… me tengo que ir —dijo al fin, rápido, como escapando del momento.

Y se fue.

Pero ninguno de los dos se olvidó de ese segundo donde no hicieron falta palabras.

Tiempo después ya no era una simple amistad ambos se dieron cuenta lo wue sentía uno por el otro Angel nunca había tenido pareja Victor era su primer amor,mas sin embargo Victor tenía fama de mujeriego por todo el colegio,todo hiba bien una tarde de actos cívicos en su colegio Angel andaba solo caminando y se encontró a Victor lo miro desde lejos y le grito

-Ven por qué andas solo, mientras que hagarraba su cintura y lo pegaba mas a el.

Angel nervioso por lo que acaba de pasar le dijo:

-No ando solo ando buscando a mi mejor amiga,lo cual a Victor lo molesto porque ek decia que no se juntara con ellas, Victor lo miro a los ojos

-Quedate aquí conmigo, mientras ponia su frente en el hombro de Angel y hagarraba su Cintura, Angel dijo que si se quedaría estuvieron un tiempo juntos.

Tiempo después se dejaron de hablar por una discusión,ya que Angel puso a sus mejor amiga primer que el Victor se enojo.

-Es enserio que me vas a cambiar por ella.

Angel sin pensarlo dijo que si lo cual hizo que Victor se enojara y dijiera: Entonces no tenga nada que hacer aquí.

Desde ese día dejaron de hablar.

No fue solo distancia… fue orgullo, enojo y algo más que ninguno supo nombrar.

Se volvieron enemigos silenciosos durante los pocos meses que quedaban de clases.

Pero incluso así, seguían notándose.

En los pasillos, en las miradas rápidas, en los momentos donde ambos fingían no recordar lo que habían sido antes.

Y aunque nunca volvieron a ser lo mismo, quedó algo suspendido entre ellos… algo que no se dijo.

Porque a veces no es que el amor no exista.

Es que llega en el momento equivocado.

Un chico enamorado de alguien que no podía aceptarlo… y otro que no supo qué hacer con alguien que sí lo hizo sentir algo real por primera vez.