Capítulo 1: Conseguir humanos
Dentro de nuestro precario sistema educativo lastimosamente existen normas que perjudican a las personas como yo, adolescentes extrovertidos con problemas hormonales. Durante un año había disfrutado de la tranquilidad de muestro club escolar, solo cinco tipos leyendo libros en una cómoda ignorancia. Sin embargo, la burocracia tuvo que venirnos a tocar la puerta vestido de chillones girasoles.
Se informa a todos los estudiantes que el club de lectura “Página 1” entrará en fase de cierre debido a la falta de participantes inscritos hasta la fecha. Asimismo, los materiales y recursos proporcionados por el club deberán ser devueltos en un plazo máximo de dos meses a partir de esta notificación.
Sin embargo, el club podrá continuar con sus actividades si al menos 10 estudiantes realizan su inscripción dentro del tiempo establecido.
La señora Moon nos entregó la hoja con una sonrisa de oreja a oreja, sin más, nos dijo que comencemos a buscar otros clubs. Hace una hora nos enteramos que la razón es porque el presidente de la universidad quiere la sala para los asuntos del comité estudiantil.
Somos cinco, las justas para sostener un club, pero en una escuela donde el promedio es de 16 personas, nosotros somos la nimiedad, los desechables que no aportan al “orgullo escolar” como los clubs deportivos. Aunque tampoco es que haya muchas competencias para nuestro club, lo más competitivo que hemos hecho es ver cuantos Cheetos se puede comer Jimin en 10 minutos.
Lamentablemente Shakespeare no se encuentra entre nosotros.
—Cinco personas —murmuré, mirando la lista de asistencia pegada con cinta en la pared—. Técnicamente somos un pentagrama.
—Pero… ¿de los musicales o los diabólicos? —preguntó Park Jimin, el vicepresidente del club, mientras masticaba unos Cheetos con absoluta tranquilidad— Mi mamá me dijo que nada de cultos satánicos hasta que me gradúe.
Le devolví mirada. Estaba sentado sobre una mesa de la biblioteca cual diva, balanceando las piernas y manchando sin piedad la notificación del director. La señora Lee ya nos había mirado con odio cuatro veces en menos de diez minutos.
—Jimon —susurró ella desde lejos, como una amenaza sobrenatural—. Si vuelve a ensuciar mis libros, llamaré a seguridad.
Jimin levantó las dos manos manchadas de naranja con indignación.
—Jimin, señora Lee —resopló frustrado—. Me conoce desde hace dos años y aún no sabe mi nombre.
—Y desde que haces dos años me has llenado los libros de colorante, Jamon.
—¡Jimin, mi nombre es Jimin!
Suspiré y volví a la lista impoluta en la pared blanca, leí los nombres una y otra vez buscando que mágicamente aparecieran los integrantes faltantes.
Al comienzo del año habíamos tenido los quince integrantes, sin embargo, después de las arduas campañas y ferias deportivas, se fueron. Ahora quedábamos cinco personas: Jimin, su hermano Hoseok, un raro llamado Yeojun y una chica llamada Eunha que viene únicamente porque el salón tiene aire acondicionado.
Y si fuera poco, si el club desaparecía, también desaparecía mi única excusa legítima para hablar con Jeon Jungkook, que venía a dormir a la sala cuando no estábamos.
Jungkook.
Solo pensar su nombre ya me hacía actuar como un retrasado.
Él era una de las razones por las cuales la mayoría de los integrantes se fueron, al principio pensaban que era un miembro, pero al verlo irse apenas llegábamos hizo que sus fans huyeran.
Jungkook era parte del club deportivo y miembro comité escolar, leía novelas thrillers y tenía la costumbre criminal de sonreír mientras acomodaba su cabello hacia atrás. Yo llevaba enamorado de él aproximadamente desde el inicio de los tiempos.
El problema era que nunca habíamos pasado de:
“Hola.”
“Hola.”
Y una vez él me dijo “gracias” cuando le sostuve una puerta cuando huía de nosotros.
Ese recuerdo todavía me daba hacia temblar las rodillas cual Bambi recién nacido.
—Estás poniendo cara de estúpido —dijo Jimin—. Otra vez.
—No estoy haciendo ninguna cara.
—Amigo, pareces perro viendo pollo.
Le lancé un libro que aterrizó exitosamente en su cara.
—¿¡Podrías dejar de maltratarme, animal!? —se pasó la mano manchada por toda la cara.
Ignorándolo, me dejé caer sobre una silla.
—Estamos muertos. El club va a cerrar.
Jimin me miró fijamente, se levantó y dejó su bolsa de Cheetos sobre la mesa. Eso significaba que la situación era seria.
—Bueno… —dijo lentamente— podríamos reinventarnos.
—¿Cómo? ¿Haciendo peleas clandestinas de poesía?
Sus ojos brillaron.
—Anótalo para futuras ideas.
—Jimin.
—Está bien, está bien. Escucha. ¿Qué le interesa más a la gente de esta universidad?
—Dormir.
—Además de eso.
—Pasar estadística con el profesor Wong
—Manifiesto —junto las manos y las alzó—, pero además de eso.
Lo pensé un momento.
—… ¿Conseguir citas?
Jimin aplaudió tan fuertes que la chica que estaba en la mesa de a lado se sobresaltó. Me disculpé discretamente.
—¡Bingo! La gente está obsesionada con eso. Relaciones, citas, crushes, dramas, indirectas por Instagram…
Lo miré desconfiado.
Cada vez que Jimin tenía “una gran idea”, alguien terminaba expulsado temporalmente de algún edificio, yo era la prueba de ello. Aún no puedo entrar en la facultad de medicina, hay un cartel con mi cara que dice prohibido el paso.
—No pongas esa cara —habló el rubio con una sonrisa sospechosa—. Esta vez sí tengo un buen plan.
—Eso dijiste antes de intentar hacer una “sesión inmersiva de terror literario”.
—La gente exageró muchísimo con lo del extintor.
—¡Activaste la alarma contra incendios!
—¡Porque Steven King así lo quiso!
Respiré hondo.
—¿Cuál es tu idea?
Jimin sonrió lentamente.
Y ahí supe que mi vida estaba a punto de empeorar.
Mas tarde estábamos en la cafetería, rodeados de hojas, laptops y una cantidad poco saludable de bebidas energéticas; que a mi parecer era una exageración por parte de Jimin.
—Necesitamos algo atractivo —dijo Jimin escribiendo en una libreta—. Algo que haga que la gente quiera unirse al club.
—Jungkook haría que la gente viniera.
El rubio rodó los ojos de manera exagerada para después golpear la pesa con fuerza.
—No, mierda, entiende —me dio un zape atrás de la cabeza—. Tenemos que hacer que la gente venga como abejas a la miel.
—Somos un club de lectura, no una secta piramidal.
—¿Y si actuamos como una?
—Jimin.
—Perdón.
Tomó un gran sorbo de café desde su termo que decía “bébeme para crecer”, regalo que se lo dio su mamá. Linda.
—Mira. Los libros BoysLove venden muchísimo en estos días. Entonces… ¿y si hacemos una guía?
—¿Una guía de lectura BL?
—No, tarado. Una guía para enamorar a tu crush.
Lo miré fijo. Él me devolvió la mirada como si acabara de descubrir la verdad del universo.
—Eso es ridículo.
—Eso es brillante.
—Eso es manipulación emocional.
—Eso es marketing.
Y lamentablemente… tenía todo el sentido del mundo.
La gente adoraba los consejos amorosos, aunque vinieran de personas claramente incapaces de aplicarlos en su propia vida.
Como nosotros.
—Además —continuó Jimin— podemos decir que analizaremos estrategias románticas usando literatura clásica y moderna. Suena intelectual.
Encontramos a Shakespeare.
—Pero en realidad estaremos enseñando a coquetear.
—Exacto.
—Eso es absurdamente deshonesto.
—Eso es absurdamente universitario.
No pude evitar reírme de la absurda de idea de nosotros cinco haciendo un libro y dando ideas que claramente no seguimos. Cinco raros contra el amor.
Jimin señaló mi cara inmediatamente.
—¡Ahí está! ¡Te gustó la idea!
—No me ha gustado nada.
—Literalmente ya estás imaginando a Jungkook quedándose en el club.
Maldición, sí.
Lo estaba imaginando.
Jungkook sentado en nuestras reuniones, vestido de negro, con los tatuajes en sus brazos y su mirada brillante.
Jungkook pidiéndome recomendaciones de libros, mientras con una mano se recoge su largo cabello negro con una liga.
Jungkook enamorándose de mí gracias a mi increíble personalidad y elocuencia, y definitivamente no gracias a un plan improvisado por dos idiotas que no saben ni siquiera cómo se hacen los intervalos de confianza.
Perdón, señor Wong.
—Funcionará —dijo Jimin con demasiada confianza—. Necesitamos un nombre impactante.
—No.
—“Guía para conquistar a un corazón”.
—Peor.
—“Sexo en 10 minutos”.
—Suena ilegal.
—“10 pasos para no morir solo”.
—Ese me ofende personalmente.
Jimin escribió todos los nombres sin descartar ninguno, aunque fueran horribles. Después empezó a diseñar un flayer llamativo en su laptop.
Por otro lado, observaba horrorizado cómo agregaba corazones, rosas y una foto genérica de una pareja corriendo en cámara lenta por un campo.
—¿Por qué parece un anuncio de perfume barato?
—Porque el romance de mala calidad vende —se remangó las mangas de su camisa—. Entre más simple mejor, solo mucho color rosa y la imagen de una pareja random de internet mueve masas.
—Parece un cartel engañoso para secuestrar gente.
—El terror también vende.
La cafetería estaba llena de estudiantes hablando, riendo y escribiendo trabajos de último minuto. Algunos profesores caminaban cansados y el sol abrazador de la tarde pegaba con un calor esperanzador en nuestros rostros.
Y por primera vez en días, el club no parecía condenado.
—Ya está —anunció Jimin girando la laptop hacia mí.
Leí el título del cartel:
“¿Tu crush no sabe que existes? Nosotros tampoco podemos ayudar mucho… pero al menos tenemos snacks.”
CLUB DE LECTURA PÁGINA 1 PRESENTA: “GUÍA LITERARIA PARA ENAMORAR A TU CRUSH”
Me quedé en silencio.
—Es hermoso —dijo Jimin emocionado—. Tiene humor. Tiene drama. Tiene vulnerabilidad emocional.
—Tiene una falta absoluta de dignidad.
—Así como pierdes la dignidad cuando te mire —resaltó el rubio con un tono pegajoso—. Es perfecto para universitarios.
Y justo cuando iba a responder su estupidez, escuché una voz detrás de mí.
—¿Una guía para enamorar personas?
Me congelé.
Conocía esa voz.
Lentamente me giré para ver al presidente de la universidad y a su lado estaba Jungkook.
Sonriendo.
Sonriendo.
ÉL ESTÁ SONRIENDO
Mi cerebro agarró sus maletas y se fue de viaje a Jungkooklandia.
—Sí —respondió él antes de que yo si quiera articulara una palabra que no fuer aun balbuceo vergonzoso—. Mi amigo Taehyung es un experto en este tema.
Lo miré horrorizado por la tremenda estupidez que acaba de soltar.
EL presidente y Jungkook me observaron con genuino interés.
—¿En serio? —Kim Namjoon preguntó en voz grave, pero la verdad es que no podía apartar la vista de Jungkook— ¿Taehyung?
Abrí la boca.
No salió nada.
Absolutamente nada.
Ni una palabra.
—Oh, sí. Él sabe muchísimo sobre romance —Jimin sonrió como un demonio—. De hecho, tiene bastante experiencia en esto de conquistar gente.
Namjoon alzó una ceja sorprendido y Jungkook me miró con una expresión seria.
Iba a cometer un homicidio.
Murió el Shakespeare del marketing.