Chapter 1
«Adam y Nicole, los declaro marido y mujer»
Aún recuerdo ese momento, mi padre volcó su mirada hacia mi rostro, sus labios formaron una sonrisa y un escalofrío recorrió mi cuerpo entero. Las imágenes y recuerdos de mamá aparecieron en mi cabeza y me sentí sola por un instante.
—Tranquila Geovanna, todo estará bien —Pedro el jardinero se inclinó a mi altura y me llenó de ánimos, limpió con sus dedos la lagrima que rodaba por mi mejilla, rodee su cuello con mis pequeñas manos y él se puso de pie cargándome en sus brazos.
Entre aplausos y lágrimas de felicidad, Nicole y papá se dieron un beso lleno de pasión.
La misa había terminado y tomados de la mano, caminaban hacia la salida. Tras ellos, la multitud con gestos de emoción. Nicole caminaba con una sonrisa muy especial mientras arrastraba el largo vestido blanco que portaba. Al atravesar la puerta final de la iglesia, granos de arroz y pétalos de las más blancas rosas caían sobre sus rostros como gotas de lluvia.
Puedo decir que eran momentos mágicos pero, no para mí, todos los días recordaba a mamá y no me hacía a la idea de que ahora papá llevaría a casa a otra mujer.
—Felicidades a los esposos, que Dios los colme de bendiciones, éxito, larga vida para ambos..., —tan sólo eran unas frases de las muchas que esa ocasión le decían a papá y a su nueva esposa, Nicole.
Yo tenía la mirada perdida en el rostro de mi padre cuando de pronto, un auto blanco se estacionó frente a ellos, era muy bonito, en la parte de enfrente tenía rosas blancas y un enorme moño del mismo color.
—Te amo mi amor —mi padre retiró el velo del rostro de Nicole y nuevamente la beso.
Yo aún en los brazos de Pedro, solo observé aquel momento. Entonces, él caminó hacia ellos y se detuvo tan solo a centímetros. Papá acarició mi mejilla, me sonrió como siempre lo había hecho y Nicole también hizo lo mismo.
—Te la encargamos Pedro —fueron las últimas palabras de mi padre. Se subieron al auto y se fueron, ella y él.
Habían pasado ya dos días desde que no veía a papá y eso me ponía muy triste, lloraba en silencio entre las cuatro paredes de mi habitación, parecía que los días eran eternos, las horas no pasaban y mi tristeza crecía cada vez más.
—Pedro ¿Cuándo regresa mi papi? —todos los días le preguntaba lo mismo, él siempre me ignoraba pero su esposa, María, nuestra ama de llaves, me consolaba y decía que papá muy pronto estaría de regreso.
Era muy temprano y habían pasado exactamente quince días desde que papá se fue de luna de miel cuando esa mañana, muy temprano tocaron la puerta. Mi corazón latía con fuerza cada que yo escuchaba ese sonido, tenía la esperanza de que papá volviera pronto, era lo único que tenía en el mundo y me hacía mucha falta.
— ¡Voy! —María respondió desde la cocina y apresuró sus pasos a la puerta principal. Yo me puse de pie desde el rincón de la sala donde jugaba con mis muñecas.
¿Quién es? —pregunté con mi voz inocente.
– ¡Soy yo! ¿Cómo han estado? —Papá y Nicole estaban de regreso.
Al ver su rostro me emocioné como nunca antes y corrí hasta ellos, me alzó entre sus brazos, besó mi frente y yo me aferré a su cuello. Era como si la vida misma hubiera regresado a mi ser.
—Te extrañé mucho papito —mis ojos brillaron y mis lágrimas se hicieron notar
—Pedro, sube las maletas a la habitación principal —Nicole llegó dando órdenes, parecía una mujer de carácter diferente a la que papá me había presentado hace unos años. De bienvenida solo me esbozó una sonrisa.
—Sí señora —Pedro tomó las dos maletas y accedió sin decir una palabra más.
—Dame un minuto mi cielo —Papá me puso de pie y siguió a Pedro.
—María, necesito que arreglen las habitaciones para invitados, mañana viene mi familia a la despedida de Adam —ordenó nuevamente Nicole.
— ¿A la despedida de papá? ¿A dónde irá? —Pregunté muy sorprendida. Nicole y María se quedaron totalmente calladas. Insistí una vez más con el rostro arrugado casi a punto de volver a llorar —, ¿A dónde irá papá?
—Solo estaré unos días fuera de la ciudad, regreso pronto corazón —respondió mi padre justo detrás de mí mientras bajaba las escaleras.
— ¡Así es princesa! Papito estará nuevamente con nosotras en unos días, así que tú y yo nos haremos compañía durante su ausencia —Nicole besó mi mejilla y, aunque tenía momentos de histeria siempre había sido muy buena conmigo. Nunca intentó ocupar el lugar de mamá, siempre decía que un día no muy lejano ella se casaría con papá y ella y yo seríamos dos grandes amigas y nos apoyaríamos una a la otra.
Muy temprano por la mañana, la familia de Nicole estaba presente y compartían el desayuno con nosotros, era la despedida de mi padre quien viajaría a España por motivos de la apertura de una nueva empresa. En la mesa todo era de risa y felicidad hasta que el momento llegó. Papá me tomó entre sus brazos y me dio un fuerte abrazo, me sentí débil por un instante y me recosté en su pecho. Nuevamente estaría sola.
—Te voy a extrañar papito.
—Yo también princesa —respondió con un nudo en la garganta. Acarició mi espalda por unos momentos hasta que Nicole se puso de pie, se acercó a nosotros.
—También te echaré de menos mi amor —Sentí cómo sus brazos rodearon nuestros cuerpos y una fuerte exhalación marcaba el triste momento.
Caminamos hacia el jardín principal de la casa y papá sacó su móvil de la bolsa trasera del pantalón, nos tomamos una foto y nuestras sonrisas quedaron plasmadas en una sola imagen.