Rosas sin espinas

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Summary

Alice es una princesa despreocupada que prefiere refugiarse entre libros antes que involucrarse en los asuntos del reino. Pero su tranquila rutina cambia cuando una convocatoria de caballeros lleva al palacio a Kair —o como ella lo conoce, Raven—, un misterioso joven de mirada fría y heterocromía inquietante. Lo que Alice desconoce es que él oculta una peligrosa identidad y una misión secreta: infiltrarse como guardia real para obtener información capaz de decidir el destino de varios reinos. Entre secretos, mentiras y una atracción tan inevitable como peligrosa, ambos se verán atrapados en un cruel juego de manipulación. Ahora la pregunta es.. ¿Quién podrá salir ileso y ganarlo?

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
16+

Chapter 1

Khair



—Ya le dije que yo no la asesiné, padre —respondí con calma, sosteniéndole la mirada.

Mentir y salir ileso era una sensación a la que me había acostumbrado desde hacía algunos años.

—No me llames padre. Sabes que detesto el parentesco que nos une. Bien, te creeré esta vez, Evren. Ahora, lárgate.

Hice una reverencia por mera formalidad. No porque la mereciera.

Estaba a punto de cruzar las enormes puertas de cristal cuando su voz me detuvo una vez más.

—¿Ahora qué? —murmuré sin volverme.

—No olvides presentarte mañana a la entrevista del palacio. Necesitan guardias. Y no olvides las reglas.

Mierda.

Lo había olvidado por completo.

Asentí sin decir una palabra y crucé las puertas antes de que decidiera añadir algo más.

Mientras avanzaba por el pasillo, rebusqué entre mis pensamientos hasta recordar la misión que me habían asignado apenas una semana atrás.

Debía presentarme con una solicitud falsa, fingir experiencia como guardia real e infiltrarme en el palacio para obtener información sobre los próximos movimientos de la familia en la guerra.

Simple.

Arriesgado, pero simple.

Me acomodé los lentes, repasando cada detalle en mi cabeza.

Necesitaba pensar bien el plan antes de cometer un error.

Sin embargo, como si el destino disfrutara interponiéndose en mi camino, algo —o alguien— me detuvo antes de siquiera llegar al corredor.

—No me lo puedo creer. Mis ojos han sido bendecidos.

Podría reconocer esa voz en cualquier parte.

—¿Estás seguro de que eres el Khair que conozco? Porque el que conocí hace cuatro años jamás —pero jamás— habría usado un traje de gala. ¿A dónde vas tan elegante? ¿Acaso piensas conquistar a alguien?

Era Cassian.

Aunque llamarlo “mi mejor amigo” me sonaba ridículamente cliché, era lo más cercano a eso que tenía. Después de todo, no cualquiera renunciaba a un título principesco, abandonaba su reino y terminaba refugiándose en el palacio de otro príncipe al que apenas conocía.

Podía hablar de cualquier cosa con él y, aunque por naturaleza siempre había sido de pocas palabras, Cassian tenía una habilidad casi irritante para hacerme hablar más de la cuenta.

Sin embargo, aquel día no estaba de humor para soportarlo.

Acababan de acusarme de un asesinato.

Quizá, técnicamente, sí había sido yo quien acabó con la vida de aquel insignificante ser humano. Pero eso no significaba que estuviera dispuesto a soportar otra de las interminables lecciones de mi padre sobre cómo debía comportarse un heredero digno.

—Muévete, Cassian —fue lo único que dije al salir abruptamente de mis pensamientos.

Cassian arqueó una ceja y sonrió de esa forma suya que siempre anunciaba problemas.

—Uh… ¿de mal humor? Qué sorpresa. ¿Por qué no vas y se lo cuentas a tu madre?

El pasillo quedó en silencio.

Lo miré fijamente.

Él sostuvo mi mirada durante un segundo antes de soltar una fuerte y sonora carcajada.

—Vamos, no me mires así… fue una bromita. Una bastante buena, admítelo.

Apreté la mandíbula.

Mi madre llevaba muerta demasiado tiempo como para que el comentario causara algún efecto en mí.

Pero Cassian lo sabía.

Y precisamente por eso lo había dicho.

Lo iba a matar.


Después de correr detrás de Cassian por medio palacio, terminé dejándome caer sobre el césped de los jardines.

Él hizo lo mismo a mi lado, todavía riéndose como si casi hacerme caer dentro de la fuente hubiera sido una gran victoria digna de celebrarse.

Quedamos tendidos boca arriba, con los hombros rozándose apenas. Sobre nosotros, el cielo comenzaba a teñirse de naranja mientras el sol desaparecía detrás de las torres.

Con un suspiro, me quité los lentes y los dejé sobre mi pecho.

A partir del día siguiente, todo cambiaría.

Se acabarían las tardes absurdas persiguiéndonos por el palacio, las discusiones sin sentido y los momentos como aquel.

En su lugar, me esperaban los muros de otro castillo, una identidad falsa y una princesa a la que tendría que escoltar.

Patético.

—Estás poniendo esa cara otra vez —dijo Cassian, rompiendo el silencio.

Giré apenas el rostro hacia él.

Incluso con la vista borrosa, podía distinguir su sonrisa burlona.

—¿Qué cara?

—La de “quiero matar a alguien”.

—Quizá quiera hacerlo.

Cassian soltó una risa baja.

—Yo creo que estás nervioso.

—¿Nervioso? —bufé—. ¿Y por qué estaría nervioso?

Se acomodó mejor sobre el césped, cruzando las manos detrás de la cabeza.

—Porque vas a conocer a una princesa.

Solté un bufido.

—Voy a vigilarla, no a cortejarla.

—Nunca se sabe. Tal vez sea hermosa, se enamore perdidamente de tus ojitos extraños y termines consiguiéndote una novia antes que yo.

Giré la cabeza para fulminarlo con la mirada.

—Jamás.

Cassian arqueó una ceja.

—¿Jamás qué?

—Jamás tendría algo con una princesa.

—¿Tan horrible te parece la idea?

—Me da asco.

Cassian soltó una carcajada tan fuerte que varias aves alzaron vuelo desde los rosales cercanos.

—Pobre muchacha. Ni siquiera la conoces y ya la rechazaste.

—Me ahorro el esfuerzo.

Seguía riendo cuando añadió:

—Qué desperdicio. Yo sí quiero una novia. Alguien que me admire, me escriba cartas y suspire al verme.

—Ese es tu problema.

—Podrías ayudarme presentándome a alguna dama de compañía.

Solté un bufido.

—Qué lástima por la pobre mujer que llegue a fijarse en ti. En cuanto descubra cómo eres realmente, preferirá arrojarse por un barranco.

Cassian sonrió de lado.

—Mucho mejor. Ya empezaba a preocuparme.

Negué con la cabeza, aunque una pequeña sonrisa terminó por traicionarme.

El viento movió las hojas sobre nosotros y, por un instante, todo quedó en silencio.

Luego Cassian habló, esta vez con una voz más baja.

—Voy a extrañar tanto hacer esto.

Fruncí apenas el ceño.

—¿Tirarnos en el pasto como dos idiotas?

—Sí —respondió, soltando una pequeña risa—. Aunque debo admitir que me veré bastante ridículo haciéndolo solo.

Me acomodé los lentes antes de responder.

—Si sobrevives sin mí, supongo.

Cassian giró apenas el rostro hacia mí.

—Meh, no prometo nada.


—Lo imaginé —respondí seco.

Cassian soltó una risa y se incorporó, apoyándose sobre los codos.

—Aunque, siendo honestos, si en ese castillo hay alguna dama bonita, probablemente olvides mi existencia en menos de una semana.

Lo miré con desdén.

—Eso jamás ocurriría, ¿podemos dejar el tema?.

—Claro, claro. Porque al gran Khair le “dan asco” las princesas.

—Y cualquier mujer que se te acerque a menos de tres metros debería preocuparse por su integridad.

Cassian se llevó una mano al pecho, fingiendo ofensa.

—Tus palabras me hieren.

—Ojalá.

Soltó una carcajada.

—Admite que me extrañarás cuando encuentres a tu futura esposa y ya no tengas tiempo para mí.

—Si alguna vez llego a ese extremo, preferiría que me atravesaras con una espada.

—Vaya..Te dicen Romeo

Rodé los ojos.

—Eres insoportable.

Cassian sonrió, pero esta vez la expresión se desvaneció con rapidez.

Se quedó observando el cielo durante unos segundos antes de incorporarse por completo.

El césped crujió de nuevo bajo sus botas.

—Será mejor que vuelva antes de que algún guardia me vea aquí tirado como un mendigo —murmuró.

Asentí sin mirarlo.

Se sacudió la hierba de la ropa y dio un par de pasos, pero se detuvo.

—Khair.

Alcé apenas la vista.

Su tono había cambiado. Ya no había rastro de burla.

—Intenta no hacer ninguna estupidez.

Solté un bufido.

—Eso suelo dejarlo en tus manos.

Una pequeña sonrisa cruzó su rostro.

—Lo digo en serio.

Guardé silencio.

Cassian me sostuvo la mirada durante unos instantes y luego asintió, como si hubiese encontrado en mi expresión una respuesta suficiente.

—Nos veremos pronto.

No respondí.

Él tampoco esperó hacerlo.

Simplemente se giró y comenzó a alejarse por los jardines, perdiéndose entre los senderos de piedra hasta desaparecer tras los rosales.

Volví la vista al cielo.

El último rastro anaranjado del atardecer comenzaba a desvanecerse, dando paso a la oscuridad.

Buah

Que caotica seria mi vida sin mi mejor amigo.

...

Me retracto,eso fue ridiculo.