Chapter 1
Un pitido insoportable llenaba la habitación.
Abrí los ojos lentamente, sintiendo la cabeza pesada y el cuerpo entumecido. La luz blanca del techo me hizo fruncir el ceño de inmediato.
Hospital.
Qué horror.
Intenté moverme, pero un dolor punzante me atravesó la cabeza.
—Mamá… —murmuré apenas.
Una enfermera se acercó rápido.
—Señora Alessia, no debe levantarse todavía.
Parpadeé confundida.
¿Señora?
Eso sonaba rarísimo.
—Quiero ver a mi mamá —dije esta vez más fuerte.
La enfermera dudó unos segundos antes de mirar hacia la puerta.
Y entonces alguien entró.
Un hombre alto, elegante, con traje oscuro y expresión seria. Cabello café perfectamente peinado. Ojos marrones. Demasiado… impecable.
Se acercó a mi cama como si tuviera todo el derecho del mundo a estar ahí.
Yo jamás lo había visto.
O eso creía.
—Por fin despertaste —dijo con voz seca.
Fruncí el ceño.
Ni siquiera sonaba feliz.
—¿Quién eres?
El hombre me observó unos segundos.
—Nikolas.
Esperó.
Como si yo debiera reaccionar.
Pero no pasó nada.
—Bueno… felicidades por llamarte Nikolas, supongo.
La enfermera soltó una pequeña tos nerviosa.
Él cerró los ojos un segundo, claramente perdiendo paciencia.
—Soy tu esposo, Alessia.
Sentí que el cerebro se me apagó.
—¿Mi qué?
—Tu esposo.
Lo miré horrorizada y luego empecé a reírme.
No porque fuera gracioso.
Porque estaba entrando en pánico.
—Eso no tiene sentido. Tengo quince años.
El silencio se volvió pesado.
Nikolas me miró fijo.
—Tienes veinte.
La sonrisa nerviosa desapareció de mi rostro.
—No.
—Sí.
—No.
—Alessia—
—¡Tengo quince! —exploté—. ¿Por qué todos hablan raro?
Mi respiración empezó a acelerarse.
No entendía nada.
Miré mis manos temblando. Mi cuerpo. La habitación. Todo se sentía incorrecto.
Nikolas sacó su celular bruscamente y me mostró una foto.
Yo.
Vestida de novia.
Al lado de él.
Retrocedí inmediatamente.
—No…
—Nos casamos hace un año.
Sentí ganas de vomitar.
—Eso está editado.
—¿Editado? —soltó una risa seca—. Alessia, por Dios.
—¡No soy yo!
Pero sí era yo.
Mis ojos azules. Mi cabello negro.
Solo que… más grande.
Más adulta.
Me llevé ambas manos a la cabeza.
—No entiendo nada… quiero a mi mamá…
Mi voz se quebró horrible al final.
Nikolas pasó una mano por su rostro, claramente frustrado.
—El médico dijo que podías tener pérdida de memoria, pero esto…
—¿Esto qué? —lo miré furiosa—. ¿Esperabas que despertara feliz de estar casada contigo?
La enfermera abrió los ojos enorme.
Nikolas también pareció sorprendido por un segundo.
Y luego sonrió apenas.
Pero no fue una sonrisa amable.
Fue una sonrisa incómodamente fría.
Sentí un escalofrío recorrerme entera.
Y por primera vez desde que desperté…
quise salir corriendo de esa habitación.
Nikolas guardó su celular lentamente.
—Necesitas descansar.
—Necesito irme.
—No.
La respuesta fue inmediata.
Lo miré incrédula.
—¿Cómo que no?
—Acabas de despertar después de un accidente. No vas a ningún lado.
—Pues tampoco quiero quedarme contigo.
Su expresión cambió apenas, pero fue suficiente para notar el fastidio.
—No estoy de humor para discutir contigo ahora mismo, Alessia.
Mi respiración seguía acelerada.
Todo me estaba sobrepasando demasiado rápido.
Cinco años.
Cinco años desaparecidos.
Y ahora resulta que estaba casada con un hombre que hablaba como si me estuviera dando órdenes desde siempre.
Miré alrededor desesperadamente.
—¿Dónde está mi celular?
—Lo tengo yo.
—¿Qué?
—Tus cosas estaban conmigo.
—Dámelo.
—Después.
—Quiero llamar a mi mamá.
—Después.
Apreté los dientes.
—Deja de decir “después”.
Nikolas pasó una mano por su rostro, claramente irritado.
—Porque necesitas calmarte primero.
—¡Claro que no estoy calmada! ¡Me acabas de decir que tengo veinte años y que soy tu esposa!
—Y gritar no cambiará eso.
Lo odié un poquito en ese instante.
Tal vez bastante.
Intenté quitarme la manta de encima para levantarme, pero el mareo me golpeó tan fuerte que tuve que volver a sostenerme de la cama.
Nikolas se acercó por reflejo.
—Te dije que no te levantaras.
—No me toques.
Él se quedó quieto inmediatamente.
Por un momento nadie habló.
El silencio empezó a sentirse horrible.
Yo quería llorar.
Gritar.
Desaparecer.
Pero él seguía ahí parado, observándome con esa expresión fría que me hacía sentir incómoda.
Como si estuviera intentando controlar su paciencia a la fuerza.
—No recuerdo nada de ti —dije finalmente en voz baja.
Nikolas sostuvo mi mirada unos segundos.
Y aunque su rostro casi no cambió, algo en sus ojos se endureció.
—Ya me di cuenta.
Desvié la mirada inmediatamente.
No sabía por qué su forma de hablar me ponía tan nerviosa.
Era como si cada palabra tuviera peso.
Como si estuviera acostumbrado a que todos lo escucharan sin cuestionarlo.
La puerta volvió a abrirse y un médico entró revisando unos documentos.
—Señor Nikolas, necesitamos hacer unas preguntas para confirmar el estado de la memoria de la paciente.
Paciente.
Sonaba horrible.
Nikolas asintió una sola vez y se apartó apenas de la cama.
El médico se acercó a mí.
—¿Recuerdas tu nombre completo?
—Alessia… —tragué saliva— Alessia Beltrán.
—Muy bien. ¿Sabes qué edad tienes?
—Quince.
El médico anotó algo rápidamente.
—¿Recuerdas el nombre de tu esposo?
—No tengo esposo.
Escuché un suspiro pesado detrás de él.
Ni siquiera necesité mirar para saber que había sido Nikolas.
El médico continuó haciendo preguntas: la fecha, mi colegio, mi cumpleaños, nombres de amigos.
Y yo respondía todo con facilidad.
Hasta que preguntó:
—¿Recuerdas algo de los últimos cinco años?
Silencio.
Intenté pensar.
De verdad intenté.
Pero mi cabeza se sentía completamente vacía.
Como una pared negra.
Fruncí el ceño, frustrada.
—No…
El médico intercambió una mirada rápida con Nikolas.
Eso me molestó.
—¿Qué? ¿Por qué se miran así?
—Es normal en algunos casos de amnesia parcial —explicó el médico con calma—. Tus recuerdos parecen haberse detenido aproximadamente a los quince años.
Mi pecho se apretó.
Quince.
Entonces era verdad.
De verdad había perdido cinco años de mi vida.
Sentí ganas de llorar otra vez.
Pero me obligué a mirar hacia otro lado.
No iba a llorar enfrente de Nikolas.
El médico siguió hablando, aunque apenas lo escuchaba.
Solo reaccioné cuando dijo:
—Lo mejor será que regrese a un entorno familiar. Eso podría ayudarla a recuperar recuerdos.
Giré la cabeza rápidamente.
—Quiero ir con mi mamá.
—No. —La voz de Nikolas sonó firme al instante.
El médico lo miró sorprendido.
Yo también.
—¿Perdón?
Nikolas mantuvo la mirada fija en el médico.
—Alessia volverá conmigo a casa.
Casa.
La forma en que lo dijo me revolvió el estómago.
Porque esa casa no se sentía mía.
Ni él tampoco.
—No quiero ir contigo.
Las palabras salieron antes de que pudiera pensarlas.
Nikolas finalmente me miró otra vez.
—Eres mi esposa.
—Y tú sigues siendo un desconocido para mí.
Su mandíbula se tensó apenas.
El médico aclaró la garganta incómodamente.
—Tal vez sería bueno evitar presionarla demasiado en este momento—
—Estoy perfectamente consciente de la situación, doctor.
La forma fría en que lo dijo hizo que el hombre guardara silencio de inmediato.
Okay…
Eso no ayudó para nada a que me sintiera tranquila.
Nikolas volvió a verme.
—Vas a regresar a casa conmigo. Punto.
Sentí una mezcla horrible entre miedo y rabia.
Odiaba que decidiera todo como si yo fuera una niña pequeña.
—Pues yo no quiero.
—No estoy preguntando.
Abrí los ojos indignada.
—¿Siempre hablas así o hoy te esforzaste?
Nikolas soltó un suspiro pesado, claramente cansándose de mí.
—Antes eras más razonable.
—Antes seguro tenía pésimo gusto.
Silencio.
Otra vez ese silencio incómodo.
Por un segundo pensé que iba a enojarse de verdad.
Pero solo me miró fijo.
Frío.
Controlado.
Eso era peor.
Porque sentía que en cualquier momento iba a perder la paciencia completamente.
El médico terminó de revisar unas hojas antes de hablar de nuevo.
—La daremos de alta esta tarde si todo sale bien.
No me gustó escuchar eso.
Nada de esto estaba saliendo bien.
Nikolas asintió y tomó su saco del respaldo de una silla.
—Volveré en unas horas.
Mi corazón dio un pequeño salto de alivio.
Gracias a Dios.
Pero antes de salir, se detuvo junto a la puerta.
—Y Alessia.
Lo miré sin ganas.
—No intentes escapar otra vez.
Parpadeé confundida.
—¿Otra vez?
Nikolas sostuvo mi mirada unos segundos.
Como si acabara de darse cuenta de algo.
Luego simplemente abrió la puerta y salió de la habitación sin responderme.
Y eso…
eso me dejó un miedo mucho peor en el pecho.
La puerta se cerró detrás de él.
Lo primero que hice fue soltar el aire temblando.
Sentía la cabeza hecha un desastre.
“no intentes escapar otra vez.”
Otra vez.
OTRA VEZ.
¿Eso significaba que ya había intentado huir antes?
Mi estómago se revolvió horrible.
Miré hacia la ventana del hospital intentando ordenar mis pensamientos, pero era imposible.
Mientras más cosas descubrían sobre mi “vida”, menos quería conocerla.
Unas horas después, terminé sentada en una silla mientras una mujer acomodaba mis cosas dentro de una pequeña maleta.
Seguía sintiéndome mareada.
Y nerviosa.
Demasiado nerviosa.
La puerta volvió a abrirse.
Nikolas entró otra vez.
Traje oscuro. Expresión seria. Ni una pizca de calidez.
Parecía más un empresario yendo a una reunión que un esposo viniendo por su esposa recién accidentada.
Sus ojos recorrieron rápidamente la habitación hasta detenerse en mí.
—¿Lista?
—No.
Él ignoró mi respuesta completamente.
—El auto ya está afuera.
Lo miré mal.
De verdad mal.
—Te cae mal la palabra “por favor”, ¿no?
Nikolas tomó la maleta sin responder.
Qué hombre tan desesperantemente frío.
Me levanté lentamente de la silla intentando no marearme otra vez.
Todo iba bien hasta que mis piernas flaquearon un poco.
Nikolas me sostuvo del brazo antes de que cayera.
—Te dije que no estabas bien.
Me aparté rápido.
—Puedo caminar sola.
Él me soltó inmediatamente.
Sin insistir. Sin suavidad. Solo retrocedió un paso.
Eso debería haberme tranquilizado.
Pero de alguna forma me puso más incómoda.
Salimos de la habitación en completo silencio.
Yo abrazando mis propios brazos. Él caminando a mi lado con expresión tensa.
Cuando llegamos afuera del hospital, vi un auto negro enorme estacionado justo enfrente.
Abrí los ojos un poco.
Claro.
El señor “soy perfecto y millonario” no podía tener un auto normal.
Nikolas abrió la puerta trasera.
—Sube.
Miré el auto. Luego a él.
Y luego otra vez el auto.
—¿Y si no quiero?
Nikolas me sostuvo la mirada unos segundos.
—Alessia, no empieces.
por alguna razón…
sentí que era mejor no seguir empujando su paciencia.
Apreté fuerte las mangas de mi ropa mientras miraba el auto negro frente a mí.
Todo esto se sentía mal.
Demasiado grande. Demasiado rápido. Demasiado desconocido.
Nikolas seguía esperando junto a la puerta del auto.
—Alessia.
Mi respiración empezó a ponerse pesada otra vez.
—No quiero ir… —murmuré.
Él me observó unos segundos, serio.
—No tienes otro lugar a dónde ir ahora mismo.
Eso me dolió más de lo que debería.
Porque yo sí tenía un lugar.
Mi casa. Mi mamá. Mi vida.
Solo que nadie parecía entenderlo.
—Quiero llamar a mi mamá primero.
—Cuando lleguemos a casa podrás hacerlo.
Casa.
Otra vez esa palabra.
Negué rápidamente con la cabeza.
—Esa no es mi casa.
Nikolas tensó la mandíbula.
—Lo es.
—¡No lo es! —mi voz salió quebrada—. Yo no recuerdo nada de esto.
La gente alrededor empezó a mirar discretamente.
Eso pareció irritarlo más.
Se acercó un poco, bajando la voz.
—Basta, Alessia.
Pero eso solo hizo que me sintiera peor.
Porque hablaba como si yo estuviera haciendo un escándalo por gusto.
Como si no acabara de descubrir que había perdido cinco años completos de mi vida.
Mis ojos empezaron a arder.
Odiaba llorar enfrente de desconocidos.
Y Nikolas era exactamente eso.
Un desconocido.
Uno que decía ser mi esposo.
—No quiero ir contigo… —repetí más bajito.
Por un momento pensé que volvería a discutir.
Pero simplemente abrió más la puerta del auto.
—Sube antes de que empeores.
Fruncí el ceño.
—No estoy enferma.
—Ahora mismo no estás pensando con claridad.
Eso me hizo sentir rabia instantáneamente.
—Claro que pienso con claridad.
—Alessia—
—¡Tengo miedo, Nikolas!
El silencio cayó de golpe.
Mi respiración temblaba horrible.
Pensé que al menos eso lo haría suavizarse un poco.
No pasó.
Nikolas me miró fijamente, completamente serio.
—No hagas un espectáculo aquí afuera.
Sentí un nudo en la garganta.
—Yo solo quiero ir con mi mamá…
—Y ya te dije que no.
Su tono fue seco. Cortante.
Como si mi opinión no importara en absoluto.
Di un paso hacia atrás automáticamente.
Error.
Nikolas me sujetó del brazo con fuerza antes de que pudiera alejarme más.
Solté un pequeño quejido por reflejo.
—Me estás lastimando…
—Entonces deja de actuar como una niña.
Las lágrimas me ardieron inmediatamente en los ojos.
—Tengo quince…
—Tienes veinte. Empieza a entenderlo de una vez.
Intenté soltarme, pero él apretó más fuerte mi brazo.
No lo suficiente para herirme gravemente.
Sí lo suficiente para asustarme.
Mucho.
—Nikolas…
—Sube al auto.
Negué rápidamente con la cabeza.
Él dio un paso más cerca de mí y bajó la voz.
—No voy a repetírtelo otra vez, Alessia.
Mi corazón empezó a latir tan rápido que me dolía el pecho.
La forma en que me miraba… la frialdad en su voz… todo en él empezó a sentirse incorrecto.
Muy incorrecto.
Miré alrededor buscando ayuda, pero la gente solo observaba unos segundos antes de apartar la vista.
Claro.
Porque él se veía perfecto.
Elegante. Calmado. Controlado.
Y yo probablemente parecía una loca llorando afuera de un hospital.
Nikolas abrió la puerta trasera del auto de golpe.
—Sube.
Intenté apartarme otra vez.
Mala idea.
Él me empujó bruscamente hacia el asiento trasero.
No fue suficiente para hacerme daño grave.
Pero sí para hacer que el miedo explotara completamente dentro de mí.
Lo miré horrorizada mientras él cerraba la puerta con fuerza.
Y por primera vez desde que desperté...
Senti la impotencia de no poder hacer nada y solo resignarme.