Calvert Duwn
— Dominous ¡Ven!
Graig soltó el bulto de papas que llevaba en su espalda y se dirigió al cuarto de su madre enferma.
— ¿Necesitas algo mamá?— La madre lo miró y se puso feliz. Graig nunca la había visto tan feliz, así que fue hacia ella y la abrazó, el abrazo fue débil por su estado pero con un cariño inexplicable.
Graig alzó el bulto de papas y se lo montó en la espalda para seguir trabajando con su padre. Drift era el padre de Graig, un trabajador muy reconocido en la aldea Marquet del clan Montelobo. A Graig no le gustaba trabajar, él siempre quiso estudiar, lo único que tenía para leer eran libros infantiles y diccionarios viejos.
Cuando llegaron al local del comprador, Drift dijo bromeando: —¿Me vas a comprar con Legones? en tono de risa, el comprador también tiró una carcajada diciendo que no tenía ni para monedas de oro. Graig y su padre vendieron los bultos de papa y caminaron por un sendero llamado “El sendero de la verdad”, era claro que Graig y Drift no se llevaban muy bien y a veces discutían demasiado cuando Graig le hablaba de los libros que el quería o cuando le hablaba de la escuela, pero esta vez Graig le quiso preguntar algo que no era tema de discusión. —¿Qué son los legones Drift? —El padre de Graig se tardó en responder pero fue sincero y se lo dijo: —Son monedas muy especiales creadas por los magos de este mundo. —Graig se sorprendió y comentó que quería tener muchas de esas, pero Drift lo interrumpió riéndose —Primero nos cae un meteorito antes a obtener un solo galeón.
A continuación, Drift y Graig llegaron a su humilde casa, en ella los estaba esperando Luiza, la madre de Graig y la esposa de Drift. —¡Mamá, deberías estar descansando en tu cama! —Dijo Graig con preocupación, pero Luiza con mucha tos no se quejaba y solo les ofreció unas galletas recién horneadas. Después de que Graig comiera las galletas de su madre, se fue a su cuarto y abrió el único libro interesante que tenía. Graig buscaba por todas las hojas y páginas la palabra Galeón en el diccionario, pero claramente no apareció.
Al día siguiente, Drift y Graig repitieron la misma rutina; llevar bultos de papas en la espalda y venderlos, pero esta vez pasó algo que los dejó atónitos. Graig apuntó con un dedo la bolsa de papas señalando que la bolsa estaba rota, pero algo inesperado sucedió; la bolsa se levantó de repente y comenzó a levitar. El padre quedó petrificado por un momento pero regresó y se fue corriendo a la humilde casa. Graig sabía que había hecho algo muy malo...
Graig entró a la casa con miedo. El padre de Graig tenía una carta en sus manos. La tinta del bolígrafo caía al suelo acompañada de las lágrimas de Drift. El padre se dirigió a él: —Graig, hijo, te tengo una noticia, esto te impactará. —Graig estaba conmocionado pero escuchó: —Eres un mago hijo. El corazón de Graig empezó a palpitar con una gran velocidad, las manos le sudaban y no sabía qué decir. La carta que estaba escribiendo Drift era una carta para el Ministerio de Magia, él quería que se lo llevaran.
Diario de Graig;
Empecé a escribir esto en hojas viejas; mi mundo cambió por completo. La decisión de mi padre era definitiva, iba a empezar el primer grado en la escuela de Magia, Calvert Duwn. Esto era muy serio, ya no sé qué hacer, ¿Es mi destino?.
Presente;
—¡Hijo alístate! —Salía Drift de su cuarto gritando. Graig tenía una maleta gigante con toda su ropa y muchos bolígrafos, y sin falta su diccionario viejo y dañado. Los “Geerfonders” (apellido de la familia de Graig) se prepararon para recibir a dos magos del ministerio. Uno se encargaba de realizar los exámenes y otro de pasar nota.
Estaba claro, Graig era un Mago. Antes de irse, Graig quería despedirse de su madre dejando una mirada fría hacia su padre. Graig le tuvo que mentir, le dijo que había obtenido una beca para un colegio de alto prestigio. La madre le acarició la mejilla y le dio un beso en el cachete.
Al salir del hogar los dos magos del ministerio alzaron una varita mágica y apuntaron hacia el cielo. De repente un tren que volaba se acercó hacia ellos y se montaron con Graig rápidamente. Graig veía desde el cielo su humilde pueblo, que cada vez se esfumaba más. Pasaron aproximadamente 4 horas de viaje hasta llegar a la estación del tren en tierra. El tren era de color oscuro y tenía en las llantas chispas verdes. Musubi, el mago que le hizo los exámenes a Graig, sacó del bolsillo 6 libros turquesas y una varita vieja. Graig las recibió y le agradeció. Los dos magos se fueron y Graig se subió al tren. Los asientos parecían de oro puro, Graig se sentía como estar montando en primera clase, pasó entre vagón y vagón pero no encontraba ningún puesto libre, hasta que vio un vestíbulo que en él solo se hallaban dos chicos de su misma edad. —¿Puedo sentarme con ustedes? —Preguntó Graig con clara sensación de nervios. El chico moreno lo miró y le dijo: —Obvio no, está prohibido. —Su acento era un poco raro pero lo de la prohibición era una broma. —Claro que sí puedes sentarte. —Habló el otro chico llamado Ponger que tenía un aspecto con muchas características similares a las de un duende: orejas puntiagudas y pelo revoltoso, pero era alto y blanco. El otro chico que se llamaba Valdriu era moreno y tenía rastas, pero era más pequeño que el otro. Los tres se llevaron bien, continuaron charlando y bromeando. Ellos tres eran muy diferentes, las características físicas de Graig eran totalmente diferentes, al contrario de ellos dos, Graig no tenía orejas puntiagudas, tenía el cabello rubio y sus ojos eran cafés.
En el mundo mágico se les decía a los magos que tenían familia o simplemente que sus padres fueran humanos “Magos de sangre sucia”. Un sobrenombre controversial y causante de muchos conflictos internos en el mundo Mágico.
Desde la ventana del vestíbulo, Graig veía un castillo gigante que transmitía una paz y seguridad incomparable, era Calvert Duwn, el colegio más reconocido del mundo.—Sin duda es impresionante de ver —dijo Graig maravillado. —Sí, es bonito hasta que empiezan las clases, mi hermano me contó que hay un profesor tan, pero tan malvado que para un castigo para sus estudiantes utilizó Babosas Manzan, las cuales te dan ganas de ir al baño inmediatamente —Dijo Valdriu, el chico moreno. A Graig no le importó, prefería estar en ese colegio que vivir toda su vida cargando bultos de papas.
Al llegar al colegio, un profesor gordo y con mucha barba descuidada se presentó ante ellos y los guio hacia la sala principal del castillo. Ingwid, el profesor que los guiaba, caminaba cojeando y les hacía chistes sobre plantas. Ponger, el otro chico que se amistó con Graig, pudo intuir que ese profesor enseñaba Herbología. A Graig no le importaba, solo quería iniciar las clases y aprender a realizar magia. Los tres chicos y los de primer año se sentaron en las primeras sillas de la sala principal. Había mucho ruido hasta que un anciano flaco y con una capa dorada y negra hizo sonar una campana, todos se quedaron en silencio. Era el director, Sir Andgon, el cual se dirigió hacia todos los estudiantes de forma amable y motivadora. —Bienvenidos a otro nuevo año escolar en nuestro amado colegio Calvert Duwn, es un honor recibirlos y comenzar una nueva era con nuevas expectativas. Las palabras del director fueron sencillas pero generó un gran ambiente en la sala. Después de la gran ceremonia y el gran banquete, los grupos de primer año se dirigieron hacia sus salas comunes. Graig, Ponger y Valdriu se acomodaron juntos en una habitación de dos camarotes y un baño, pero claro, ellos tenían que compartir habitación con otro compañero más, Simeone Silfus, un chico serio y callado el cual ni siquiera se presentó.
Al día siguiente, Graig se despertó con todos los ánimos posibles. Ponger, al contrario, estaba agotado y quería quedarse durmiendo, pero Graig lo convenció de salir a pasear por el colegio antes de iniciar la primera clase. Los dos pasaron por el salón de encantamientos, pero antes de dar un solo paso más, Ponger sugirió entrar a ese salón y robar un libro avanzado de encantamientos. Graig lo miraba suspicaz, pero accedió. Los dos entraron al mismo tiempo esperando que el profesor no se encontrara. Graig lo esperó en la puerta y Ponger buscaba por los cajones algún libro que les sirviera, hasta que sus ojos se fijaron en un libro café el cual decía “Estudios Mágicos para encantamientos - primer grado”. Ponger lo agarró y salió con Graig del salón. —No te preocupes Graig, no se dará cuenta hasta que nos toque clase con él —Ponger se burló, su sarcasmo puso de pelos de punta a Graig, el cual nunca había cometido un robo. La primera clase comenzó justo después del desayuno, era pociones con la profesora Maglerd. La maestra tenía un aspecto espantoso, parecía una bruja malvada, solo que su actitud parecía ser amable aunque era un poco sarcástica y vacilante. Como era la primera clase no prepararon ninguna poción, fue más que todo teoría. A Graig le gustó la clase pero a sus amigos Ponger y Valdriu no les gustó absolutamente nada, ellos decían que ya sabían todo eso y que la profesora les daba miedo. En la siguiente hora de clase, Ponger y Graig cruzaban la puerta del salón de encantamientos por segunda vez, a ellos dos se les notaba el miedo y los nervios, con solo ver que Budger, el profesor de la materia Encantamientos, buscaba en su escritorio y en los cajones algo que probablemente era el libro robado por ellos dos. Graig miraba a Ponger, el cual sudaba como un cerdo. El profesor dejo de buscar y comenzó a escribir en la pizarra unas oraciones extrañas, irreconocibles para todos los de primer año pero reconocibles para Graig y Ponger. Budger agarro su varita y la apunto hacia un timbre, el timbre sonó tan duro que la profesora de Pociones fue a revisar que pasaba, de pronto el profesor Budger escribió otra oración en la pizarra mientras recibía los regaños de la profesora Maglerd. Lo que había escrito Budger no era un oracion como suponían todos, era una palabra, una palabra terrorífica para todos, “Examen”. Todos murmuraban y discutían, Budger comenzó a mirar fijamente a Graig lanzando una mirada fria y suspicaz pero no dijo nada, hasta que de repente, unas hojas aparecieron en cada puesto de los estudiantes y en las hojas aparecían oraciones. Graig y Ponger sabían todas las respuestas gracias al libro que robaron. Al finalizar el examen, Budger recogió las hojas, mirando de forma diferente y controversial a los dos amigos. La clase termino, pero no para Graig y Ponger, a los mencionados, Budger los llamo, parecía serio, miraba las dos hojas con detenimiento, — Sacaron un 10 perfecto, felicitaciones, pero... — comentaba Budger con un tono de voz alto, — Me hace falta un libro, me sorprendería mucho si ustedes hubieran robado aquel libro — Dijo Budger sospechando. No dijeron ni una palabra, Budger solo los despacho, sin saber que estaba conjurando un hechizo hacia ellos, ¡Mentirius Nosa! — De pronto las narices de ellos comenzaron a alargarse como Brujas mediterráneas, los dos estaban aterrados no podían hacer nada, Budger les había cerrado la puerta del salón en la cara. El resto del día, tuvieron que cargar con una nariz tan pero tan igual a la de la profesora Maglerd, que hasta ella los llamo hermanos. Valdriu se rio de ellos por el resto de la jornada haciendo chistes sobre su aspectos. — ¡El castigo de Budger, eh? — dijo el hermano de Valdriu mientras pasaban al lado de las habitaciones del 4to grado, — Recuerdo mi tercer día de clases tenía un lagarto de mascota ¿lo recuerdas hermano?, el profesor Budger me lo quito y me puso un hechizo muy desagradable, no recuerdo bien el hechizo pero recuerdo que en mi parte trasera aparecía una cola de lagarto, me dan ganas de vomitar al recordar eso — dijo Pol, el hermano de Valdriu con literalmente ganas de vomitar.
A continuación, el día siguiente comenzó, era un día frio y lluvioso, de vez en cuando caían relámpagos. Graig se desperto temprano y se vio en el espejo, su nariz estaba normal otra vez. Graig fue a la biblioteca, quería leer algún libro interesante, pero algo sucedio. Graig escucho una voz que le resultaba familiar al lado de unos estanterías, Simeone silfus, el chico callado y misterioso que comparte habitación con ellos, hablaba con otro chico, un poco más mayor que él, tenía ojos casi rojos, su pelo totalmente rojo sangre, hablaban en susurros pero Graig alcanzo a escuchar su nombre y a relacionar otras palabras extrañas; “Debemos detenerlo” “Hoy mismo sera” “Debemos limpiar”. Graig se alejo rápidamente, sin apresurarse para no llamar la atención, pero cuando iba a cruzar la salida de la biblioteca se choco con una señora, era la bibliotecaria, el ruido del choque y la caída de los libros llamaron la atención de Simeone Silfus y del otro chico de pelo rojo, Graig supo actuar, apenas cayo al suelo se fue corriendo de la biblioteca y se escondió en un pasillo. Los dos que lo estaban buscando lo perdieron de vista. Graig regreso a la sala común de primer año, se le notaba su preocupación, cuando vio a Ponger le conto lo que habia pasado. — Seguro escuchaste mal ¿por que estarían en tu contra? — comento Ponger, — Te lo juro, ellos hablaban de mí, decian que me iban a hacer algo— . Después de esa charla y la preocupación de Graig, se dirigieron a la primera clase del día, herbología con el profesor Ingwid. Cuando llegaron al sitio, se percataron de que no era un salón, si no una pérgola en la naturaleza, afuera del castillo. Vieron al profesor con la cara roja como un tomate, parecía enojado, al entrar los tres se fijaron en las plantas, las cuales estaban tiradas y mordidas en el suelo, pero no cualquier mordida, parecían huecos pequeños y precisos, — f... fu... e un Alpirico — Dijo Ingwid el cual apretaba los dientes y los puños — ¡como Mandragonas entro, no tiene permiso, yo utilice un hechizo en la pérgola! — Ingwid estaba al borde de la locura e ira. Los de primer año estaban asustados, Ingwid los culpaba, culpaba a todo el mundo, ninguno quiso hablar o decirle algo, hasta que un chico, llamado Ronny comenzó a decirle algo a alguien que tenía al lado, Ronny al hablar muy duro llamo la atención de todos, él decía que esas mordidas no parecían de un Alpirico y que lo sabía porque su padre era profesional en detectar criaturas mágicas. — Eso no es de un Alpirico, ellos tienen colmillos más grandes... — Dijo Ronny antes de ser interrumpido por Ingwid el cual se puso todavía mas rojo, — ¡ Enserio crees que no reconozco una mordida de un alpirico, yo soy un profesor y lo se todo ! — Dijo Ingwid casi gritando. — Es de un “Vampiro” — Murmuro Ronny, impactado por el enojo del profesor, después de que Ronny dijera “Vampiro” todos se exaltaron, hasta el profesor paso de estar rojo a estar morado de miedo, — ¡Imposible! — Alzo la voz esta vez Ponger, — Los vampiros están casi extinguidos, no se arriesgarían a entrar a este colegio Mágico, pero rápidamente Ronny señalo la planta, tenía sangre, algo imposible de creer.