Un sueño exño
Desprecio, soledad, frío, miedo, tristeza... Son algunas de las emociones que siento en este momento. Para ser exacta, estoy rodeada por una densa niebla y oscuridad; creo que estoy en un bosque, pues oigo cómo las hojas secas crujen bajo mis pies y siento el frío viento chocar contra mi cara y jugar con mi cabello. Pero en este instante solo me hago una pregunta: ¿cómo llegué aquí? Y otra cosa: no recuerdo nada del día anterior, esto es extraño. Al paso que caminaba, todos esos sentimientos que me invadieron al despertar aquí se fueron, dejando en su lugar una sensación de protección...
—¡Eemi! ¿Cariño, eres tú? —Esa voz... es de una mujer. De algún modo me parece familiar, pero no se me viene ninguna persona a la mente.
—¡Cariño!... Soy yo... Tu madre, respóndeme, por favor... ¡Sé que estás cerca! —Al escuchar esa pequeña palabra de tan solo dos sílabas, la cual no pude decir durante casi todo lo que llevaba de vida... Porque para esa persona yo era un monstruo, un pecado viviente, un alma olvidada por Dios. En pocas palabras, esa persona me ha odiado desde el primer segundo de nacida, pero... yo...
—M... ma... madre —La verdad, no sé qué me pasó. Instantáneamente comencé a llorar mientras corría, aunque no viera nada, pues todo estaba oscuro. Me tropecé, pero me levanté rápido. Quería, no... anhelaba llegar rápido al lugar de donde venía esa dulce voz. En ese momento no me importaba nada, solo quería ver su rostro por fin y poder abrazarla... pero no pensé en algo importante...
—¡Mi niña, estoy por aquí! —Esas palabras me hicieron perder toda cordura de mis pensamientos, y más de ese pensamiento importante...
—¡MAMÁ! —grité con todas mis fuerzas.
Pero al llegar al lugar de donde venía la voz de mi "madre", todo se iluminó, encandilándome los ojos.
—¡Ahg! —Sí que dolía. Por suerte, mi primera reacción fue taparme los ojos con los brazos.
Luego de que el resplandor cesara un poco, vi cómo, en vez de estar mi "madre", logré visualizar a lo lejos la figura de un chico; era alto, acuerpado y, al parecer, tenía el cabello negro. Realmente me da mucha pena admitirlo, pero cuando se acercó un poco más pude ver sus hermosos orbes de color gris claro. Literal, me quedé embobada con la manera en que me estaba mirando. Estaba estático, parecía una estatua; solo se podía ver cómo su pecho subía y bajaba en señal de que estaba respirando. Pero cuando sus hermosos orbes de color gris se encontraron viendo a los míos, con ese simple contacto visual sentí como si me hubiera dicho millones de palabras a la vez. Me sentía extraña, ¿qué me sucedía? Su simple mirada me hacía perder la cordura. Rayos, qué está pasando por mi mente... y es más, yo estaba era buscando a mi madre... Ah, debería preguntarle, tal vez él la haya visto...
—Oye... —"Qué rayos", pensé. Vi cómo una segunda figura se acercaba, pero esta vez era una femenina, la cual no sé por qué no podía distinguir muy bien.
De repente, vi cómo esa mujer misteriosa le susurró algo al chico. En ese momento, la figura femenina desapareció y el chico levantó su mano. Vi una expresión de pesar en su rostro... "Espera, ¿eso es una lágrima?".
Pero al instante de pensar eso, comencé a caer en un oscuro pozo. No gritaba ni me movía, solo me dejaba caer al vacío. Mis ojos se llenaron de lágrimas y pensé: "Creo que este es mi fin". Y con eso, comencé a cerrar los ojos. "Tal vez esto sea lo mejor, estoy harta de estar siempre con miedo a lo que los demás piensen de mí; creo que sí merezco morir".
Pero al parecer eso no era lo que quería el destino, pues no sé en qué momento ocurrió, lo único que sé es que dejé de caer. Cuando sentí eso, de inmediato abrí los ojos, pero grande fue mi sorpresa: estaba en las manos de aquel chico y me miraba con esos hermosos círculos de color gris que tenía en la cara. No podía moverme, pero no es como si quisiera; me encantaba esta sensación y no me sentía incómoda bajo su tacto. De hecho, una extraña sensación de protección me invadió, pero eso duró poco...
—Eres un monstruo. No importa que te ocultes tras todas esas cosas, siempre serás un monstruo, algo que no debió nacer. —Esa persona que me había hablado de "cariño" y "mi niña", ahora decía cosas muy hirientes. ¿Cómo sabía que era la misma persona? Su voz era la misma, pero cargada de un desprecio enorme. Al parecer, esa persona aún me detesta.
—¡Cállate, tú eres el verdadero monstruo! ¡No tienes derecho de hablar de esa manera! —No lo negaré, eso me tomó por sorpresa. El chico me estaba defendiendo de la que se hacía llamar "mi madre". Esto era muy confuso, ahora sí que me sentía perdida. ¿Qué está pasando? Y otra cosa, ¿ellos se conocen?
—¡Eres un cobarde! ¡Sabía que no debía haber confiado en ti! Pero no te preocupes, yo terminaré el trabajo —finalizó la mujer con una sonrisa sádica. Eso sí me dio miedo, pero más miedo me dio ver decenas de flechas venir hacia mí. Estaba en shock, no sabía qué hacer... ¡Este sí que sería mi fin! Y comencé a gritar...
O eso creí...
—¡Ahhhhh!
—Cariño, ¿qué tienes? ¿Qué te sucede? ¿Te encuentras bien? —Creo que todo solo fue un sueño, pero se sintió tan real. Bueno, eso ya no importa, voy a responderle a mi papá antes de que le dé un paro cardíaco.
—Sí, papá, todo está bien. Solo fue una pesadilla, eso es todo. —Creo que eso debería ser suficiente.
—Eemi, últimamente has tenido muchas pesadillas. Si hay algo que debas decirme, dímelo, estoy aquí para ayudarte. —Mi padre me miraba con preocupación, pero creo que sería una tontería quejarse solo por un sueño, algo que no tiene poder sobre la vida... ¿verdad?
—No te preocupes, papi, solo es un mal sueño, no tiene nada que ver con mi vida. Además, tengo que levantarme para terminar de acomodar mis cosas; la mudanza ya está cerca y aún me faltan muchas cosas por organizar. —No quería que se sintiera mal, pero... aunque él quisiera ayudarme, no podría. Hace tiempo que dejé de pensar en mi felicidad, esa cosa ya no vale la pena; prefiero ver a mi padre feliz, él sí puede verle sentido a ese sentimiento.
—¿Estás segura? Yo... —Esta conversación estaba durando mucho. "Si sigo con esto, voy a llorar", pensé. Eso no puede ser, así que interrumpí a mi padre mostrándole una sonrisa de oreja a oreja que reflejaba sensatez y seguridad, pero que por dentro ocultaba tristeza y miedo. Esa sonrisa que le daba todos los días, tan falsa como mi cabello.
—Papá, estoy bien, no te preocupes por mí. Recuerda: yo estaré feliz si tú lo estás... Ahora ve, termina de empacar tus cosas —decía todas esas palabras con esa sonrisa y voz de alegría. Él no tiene la culpa de que yo sea así.
—Está bien, está bien, ya voy... Recuerda quitarte el pijama. —Con esas últimas palabras, mi padre salió de mi habitación.
Cerré lentamente la puerta. A medida que iba desapareciendo mi sonrisa y luego de eso me deslicé lentamente por la puerta, comenzaron a deslizarse por mi mejilla unas pequeñas lágrimas prófugas. No le di importancia, solo pensaba una cosa: "¿Creo que de verdad soy un monstruo?".
Comencé a reírme mientras caían lágrimas por mis mejillas. Esto era extraño; quería gritar y desahogarme con cualquiera, y decirle millones de cosas horribles como las que me dijeron a mí, pero también quiero reírme por las idioteces que pienso. Ellos no tienen la culpa, la tengo yo por haber nacido...
Continuará...