Carta a mi dueña:
Pensé que seríamos solo dos el día que me elegiste. Pero siempre es la misma rutina. Me usas, salimos a bailar y termino apestando a alcohol en el suelo. Me llena de envidia ver cómo unas manos ajenas me arrancan de tu lado y otro ciñe su piel a tu cintura. Solo para que luego me vuelvas a usar. Ahora me pregunto ¿Alguna vez me amaste?
Atentamente: el vestido verde








