Capítulo 1: Nuevos comienzos y un tropiezo
El olor a crema de coco y vainilla inundaba mi habitación mientras terminaba de vestirme. Me miré al espejo, acomodando el cuello de mi camisa, asegurándome de que todo estuviera perfectamente organizado en mi bolso. Siempre he sido así: meticulosa, ordenada y con metas muy claras.
Hoy era un día crucial. Mi primer día en la universidad.
—Hoy es el día, Bárbara —me dije a mí misma en un susurro, respirando profundo para calmar los nervios—. Espero que todo salga bien, concentrarme en mis estudios y, por qué no, hacer buenas amistades.
Con el corazón latiendo a mil por hora, salí de casa rumbo al campus. Al llegar, el lugar estaba lleno de estudiantes corriendo de un lado a otro. Yo iba caminando rápido, repasando mentalmente el horario para no llegar tarde a mi primera clase, cuando de repente... ¡pum! No vi el escalón. Mis pies fallaron y salí volando hacia adelante. Mis cuadernos y lapiceros salieron disparados por todo el pasillo. El piso del campus se sintió frío y la vergüenza me tiñó las mejillas de rojo instantáneamente. "Qué gran manera de empezar", pensé, queriendo que la tierra me tragara.
—¡Ay, Dios mío! ¿Estás bien? —escuché una voz preocupada a mi lado.
Levanté la mirada y vi a una chica de sonrisa amable que ya se estaba agachando para recoger mis cosas.
—Sí, creo que el piso me saludó antes de tiempo —bromeé, intentando ocultar la pena mientras me levantaba y me sacudía la ropa.
La chica soltó una carcajada limpia y me extendió mis cuadernos.
—Menos mal que tienes buen humor. Soy Valeria, por cierto. También es mi primer día y estoy perdidísima.
—Mucho gusto, Valeria. Yo soy Bárbara. Y créeme, yo también estoy en las mismas —le respondí, sintiendo un alivio gigante.
Entramos juntas al salón de clases y nos sentamos en los asientos de atrás. Pasamos toda la mañana compartiendo notas, hablando de los profesores y riéndonos de lo caótico que era el primer día. Para cuando sonó el timbre del almuerzo, sentía que conocía a Valeria de toda la vida. El destino me había dado un golpe en las rodillas, pero a cambio me había regalado a una gran mejor amiga.
Lo que yo no sabía era que, a través de esa nueva amistad, mi vida estaba a punto de cruzarse con alguien que cambiaría mi mundo para siempre... pero no de la forma en que yo esperaba.
🌹 Nota de la Autora (Amor Propio)
A veces la vida te hace tropezar para poner en tu camino a las personas correctas. No le tengas miedo a los comienzos caóticos, porque de los momentos más inesperados nacen las conexiones más bonitas y sinceras. Quédate con quien te ayude a recoger tus cuadernos cuando te caigas.