El villano que aprendió a sangrar

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Summary

Un chico peligroso es el terror de todos en el mundo Y una florista hermosas Los dos acaban enamorados

Genre
Romance
Author
Paulette
Status
Ongoing
Chapters
6
Rating
n/a
Age Rating
16+

Capítulo 1 — El hombre al que todos temían

La niebla cubría las calles de la ciudad como un velo de secretos.

Los carruajes avanzaban lentamente sobre el empedrado mojado mientras las lámparas de gas apenas iluminaban los callejones oscuros de la alta sociedad inglesa.

La gente susurraba un nombre con miedo.

Dorian Ashbourne.

Un hombre tan poderoso como aterrador.

Un noble de reputación impecable frente a la sociedad… y un monstruo cuando las puertas de su mansión se cerraban.

Decían que no tenía alma.

Que jamás conoció la compasión.

Que los hombres que lo traicionaban desaparecían sin dejar rastro.

Las damas suspiraban por su belleza.

Los hombres evitaban su mirada.

Y los niños eran advertidos de no mencionar su nombre por la noche.

Porque los monstruos no dormían.

Y Dorian Ashbourne era uno de ellos.

La enorme mansión Ashbourne permanecía silenciosa bajo la tormenta.

En el despacho principal, el fuego de la chimenea iluminaba tenuemente los muebles de madera oscura.

Dorian estaba sentado frente a su escritorio.

Vestía un impecable traje negro victoriano, guantes de cuero y una expresión tan fría que parecía hecha de mármol.

Sus ojos grises observaban al hombre arrodillado frente a él.

—M-mi lord… le ruego perdón…

El hombre temblaba.

—No volverá a ocurrir.

Dorian giró lentamente el anillo de plata en su dedo.

—Curioso —murmuró con calma—. Todos dicen eso antes de decepcionarme.

El hombre comenzó a llorar.

—¡Fue un error!

Dorian levantó la mirada.

Silencio.

Un silencio tan pesado que dolía.

—Los errores tienen consecuencias.

Dos guardias abrieron la puerta.

El hombre gritó mientras lo arrastraban fuera del despacho.

Dorian ni siquiera volteó a verlo.

Solo tomó una copa de vino.

No sentía culpa.

No sentía tristeza.

No sentía nada.

Hacía muchos años que el corazón dejó de importarle.

Aquella noche, incapaz de soportar el ruido de su propia mente, decidió salir.

Sin escoltas.

Sin anunciarse.

Solo un abrigo oscuro cubriendo su elegante vestimenta.

La lluvia caía suave cuando el carruaje se detuvo cerca de una pequeña floristería iluminada.

Era extraño verla abierta tan tarde.

Dorian frunció el ceño.

Una campanilla sonó cuando abrió la puerta.

El aroma a rosas secas y lavanda llenó el aire.

—¡Oh! Lo siento, ya casi cerramos—

La voz se interrumpió.

Y por un instante…

El tiempo pareció detenerse.

Detrás del mostrador había una joven con un vestido sencillo color crema, mangas remangadas y algunas manchas de tierra en las manos.

No parecía una dama refinada.

Ni alguien de la nobleza.

Solo una muchacha común.

Pero había algo extraño en ella.

Algo cálido.

Algo peligrosamente humano.

Ella acomodó un mechón de cabello detrás de la oreja.

—¿Necesita flores, señor?

Dorian no respondió de inmediato.

No recordaba la última vez que alguien le habló sin temblar.

Sin inclinar la cabeza.

Sin miedo.

Sus ojos bajaron al pequeño broche en su vestido.

Violette Evermore.

Ella sonrió apenas.

—¿O solo entró porque está lloviendo?

Dorian arqueó una ceja.

—¿Siempre habla tanto con desconocidos?

Ella soltó una pequeña risa.

—Solo con los que parecen necesitarlo.

Él guardó silencio.

Qué chica tan extraña.

Nadie lo miraba directamente a los ojos.

Nadie le respondía de esa forma.

—¿Y qué le hace pensar que necesito hablar? —preguntó con voz fría.

Violette lo observó unos segundos.

Y respondió con total sinceridad:

—Porque parece alguien muy solo.

Silencio.

Nadie.

Jamás.

Se había atrevido a decirle algo así.

Por un instante, algo incómodo atravesó el pecho de Dorian.

Una sensación desconocida.

Molesta.

Casi… dolorosa.

Él apartó la mirada.

—Qué observadora.

—Trabajo con flores —dijo ella encogiéndose de hombros—. Las cosas marchitas se notan rápido.

Dorian debió irse.

Debió ignorarla.

Debió olvidar ese lugar.

Pero por alguna razón—

Se quedó.

Sin saber que aquella muchacha ordinaria…

Sería la única capaz de hacer sangrar al hombre al que todos llamaban monstruo.