ENTRE SANGRE Y DESTINO

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Summary

DESDE ANTES DE NACER, SU DESTINO ESTABA MARCADO CON SANGRE. Adeline Rossi llegó al mundo marcada por un contrato imposible de romper. Prometida desde el vientre a Alex Vitale, heredero de una de las familias mafiosas más peligrosas, su vida jamás le perteneció realmente. Creció rodeada de lujos, secretos y reglas capaces de destruir a cualquiera que intentara desobedecerlas. Pero mientras los años pasan, el odio entre ambas familias comienza a convertirse en algo mucho más peligroso. Porque Alex Vitale no es el monstruo que ella imaginaba. Y Adeline Rossi tampoco es la niña obediente que todos esperan. Entre traiciones, guerras mafiosas, promesas familiares y un amor prohibido que amenaza con destruirlo todo, ambos tendrán que decidir si seguir el destino que otros eligieron… o incendiar el mundo entero para escapar de él. 🖤 Un contrato. 🖤 Dos herederos. 🖤 Y un amor que jamás debió existir.

Status
Ongoing
Chapters
24
Rating
n/a
Age Rating
18+

contrato de sangre

La lluvia fuerte golpeaba las ventanas de la mansión Rossi; el humo del cigarrillo se esparcía por la habitación donde el vino no se bebía aún. El silencio que había era tan pesado que Valeria se sintió incómoda; no sabía qué decirle al hombre que estaba al frente, ese hombre que le robaba suspiros, pero que ahora había cometido un error.

La noche anterior habían firmado un contrato que ahora los sentenciaba a muerte entre tanta tensión y ojos que estaban felices por la decisión.

La hija de Vicent Rossi, que nacería en dos meses, estaba oficialmente comprometida con el hijo de la familia Vítale, que tenía dos años de edad. Ni siquiera podían tomar sus propias decisiones, pero nacieron en un mundo en el que no podían hacerlo y, si se negaban, morirían.

—No sé si pueda quedarme; nuestra hija va a nacer entre muerte y sufrimiento. —Lo miré con miedo, pero no quería demostrárselo.

Vicent permaneció en silencio durante unos segundos. Sus dedos sostenían el cigarrillo con fuerza mientras observaba la lluvia caer detrás de las enormes ventanas de cristal. Su traje negro seguía impecable, aunque por dentro estaba destruido.

—Valeria, tienes que entender que ya no hay vuelta atrás, nuestra hija pertenece a la familia Vítale.

—No lo puedo entender, ni siquiera ha nacido, no sabemos de qué color serán sus ojos o su cabello. Amor… ¿qué fue lo que hiciste? —Sus lágrimas caían por sus mejillas como si así pudiera retroceder el tiempo.

Vicent cerró los ojos con cansancio. Aquella noche había envejecido años enteros. Recordaba perfectamente las miradas frías de los Vitale durante la cena, las copas chocando en señal de unión y la sonrisa falsa de Vittorio Vitale mientras estrechaban sus manos sobre el contrato.

No había sido un acuerdo.

Había sido una amenaza disfrazada de alianza.

—Ya, mujer, no llores, tienes que ser fuerte. No puedes darte el lujo de ser débil o te comerán viva. Tuve que aceptar o moríamos, y sé que vamos a tener una buena vida siempre y cuando respetemos y cumplamos con el contrato. Te lo suplico, amor, sé fuerte. —Suspiró mientras se acercaba a darle un beso en la frente y apoyarla en esa caída emocional.

Ella no sabía que tendría que aprender a vivir esa vida porque ya no había salida y no podía llorar por esos temas.

—Adeline va a nacer dentro de poco y el hijo de los Vítale ya sabe caminar; no entiendo esto, estoy confundida porque nuestra bebé fue la elegida.

La lluvia había cesado, pero las preocupaciones no. En dos meses nacería la unión entre dos familias llenas de poder y sangre.

El reloj de la habitación marcó las dos de la madrugada. El sonido hizo que Valeria levantara la mirada lentamente. La mansión se sentía demasiado grande esa noche, demasiado fría. Los largos pasillos oscuros, las luces tenues y los guardias vigilando afuera hacían que el lugar pareciera una prisión elegante.

Valeria llevó ambas manos a su vientre. Cerró los ojos intentando imaginar el rostro de su hija. Una pequeña niña inocente que todavía no respiraba el aire del mundo y ya estaba condenada.

—¿Y si huimos? —preguntó con la voz quebrada—. Podemos irnos lejos… empezar de nuevo.

Vicent soltó una risa amarga.

—No existe un “lejos” para hombres como nosotros.

Ella guardó silencio.

Porque sabía que era verdad.

Las familias mafiosas no olvidaban las traiciones. Nadie escapaba de ellas. Ni vivos ni muertos.

Vicent caminó hasta el minibar de la habitación y sirvió vino en dos copas, aunque solo bebió él. Necesitaba sentir algo que apagara el peso en su pecho.

—Los Vítale no eligieron a nuestra hija por casualidad —dijo finalmente.

Valeria levantó la mirada rápidamente.

—¿Qué quieres decir?

Vicent dudó unos segundos.

—Vittorio cree que Adeline traerá estabilidad entre las familias. Dice que la unión evitará una guerra.

—¿Y tú le creíste?

—No tenía otra opción.

Valeria negó lentamente mientras las lágrimas seguían cayendo.

—Vendiste el futuro de nuestra hija.

Esas palabras golpearon a Vicent peor que cualquier bala.

Porque en el fondo sabía que era cierto.

Afuera, los truenos se alejaban poco a poco, dejando únicamente el sonido del viento. La tormenta había terminado, pero otra mucho peor acababa de comenzar.

De repente, el sonido de unos neumáticos frenando frente a la mansión hizo que ambos se tensaran.

Vicent caminó hasta la ventana y apartó apenas la cortina.

Un automóvil negro estaba estacionado frente a la entrada principal.

Dos hombres descendieron lentamente del vehículo.

Valeria sintió cómo el miedo recorría todo su cuerpo.

—¿Quiénes son…? —susurró.

Vicent observó el símbolo plateado grabado en la puerta del auto: un cuervo con las alas extendidas.

Los Vítale.

Habían llegado antes de lo esperado.

Y en ese instante, Vicent comprendió algo aterrador.

El contrato no comenzaría cuando Adeline naciera.

Ya había comenzado.