A Destiempo

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Summary

Megan nunca imaginó que el amor podría ser tan dulce como doloroso. Después de años protegiéndose del romance, se encuentra inesperadamente atrapada en una relación con Carter, un hombre encantador que la hace sentir viva de una forma que nunca antes había experimentado. Pero mientras la pasión inicial parece prometer un futuro brillante, el tiempo empieza a revelar grietas que Megan no puede ignorar. En medio de la confusión y el dolor, Leo, su mejor amigo y confidente, se convierte en su refugio más constante. A medida que Megan lucha por reconstruir los pedazos de su corazón, se encuentra cuestionando todo lo que creía saber sobre el amor, la amistad y los secretos que se esconden en el silencio. Un viaje de emociones profundas, decisiones difíciles y un amor que parece llegar siempre… a destiempo.

Status
Ongoing
Chapters
9
Rating
n/a
Age Rating
16+

Capítulo 1

Lanzaba papeles por todos lados mientras caminaba de un lado a otro.

Llevaba más de cinco minutos buscando un marcador rojo para terminar un trabajo de la universidad. Si no lo conseguía no iba a poder terminar el boceto del afiche que tenía que entregar a media noche.

Levanto las dos almohadas de mi cama y los tres peluches para luego sacudir las sábanas sin tener éxito. Agarro mi cabello y suspiro desesperadamente y vuelvo a revisar el escritorio encontrando el marcador debajo de unas hojas.

Me siento en la silla y veo que las hojas con el boceto del afiche no están sobre el escritorio.

— No puede ser.

Busco mi celular en medio de las hojas del escritorio y llamo a Leonardo. A los pocos minutos cae la contestadora, así que vuelvo a llamar. Eso pasó unas tres veces más hasta que escucho un ronco “mhh”.

— Necesito tu ayuda.

— ¿Con quién habló? — Se escucha del otro lado del celular con un tono somnoliento.

Preocupada reviso que sí había marcado el número correcto. Al ver que si era, resoplo y vuelvo a poner el celular en la oreja.

— ¿Perdona, te levanté bello durmiente?

— ¿Megan? Es sábado y son qué… ¿11:00 am?

Vuelvo a separar el teléfono, veo la hora y acerco el celular a la oreja.

— Son casi las 10… Necesito tu ayuda ya.

— Es muy temprano — Leonardo se queja y se escucha como se estira debajo de las sábanas —. Dame media hora y llego a tu casa.

Después de eso dejo de escuchar algo del otro lado del teléfono, lo guardo en el bolsillo de mi pantalón y salgo a la cocina. Me preparo un sándwich, pico una manzana roja y sirvo un jugo de naranja.

Empecé a comer cuando el timbre sonó. Corrí a la puerta y veo a Leonardo bostezando, con el cabello desordenado y en pijama.

— ¿Para qué me necesitabas?

Lo agarro del brazo y lo arrastro hasta mi habitación.

— ¿Me hiciste desayuno? Que bueno no he comido… o no. ¿Tienes que grabar algo? Megan dime algo joder.

Al ver el estado de mi cuarto se suelta y sale corriendo a la cocina. Lo sigo y cuando lo veo está comiéndose el resto del sándwich.

— No sabía que los huracanes pasaban dentro de casas.

— Leonardo, por favor. Tengo que entregar un boceto mañana y voy por la mitad.

Da un gran mordisco terminando el sándwich para luego tomarse lo que quedaba de jugo.

— Dime que este no era tu desayuno.

Camino por el pasillo rápidamente escuchando pasos detrás mío. Entro a mi habitación y escucho un insulto a mis espaldas, seguido a eso veo como Leonardo recoge las almohadas del suelo y las coloca sobre el escritorio para así tender la cama.

Tengo el mejor amigo del mundo.

— ¿Qué es lo que estamos buscando exactamente? — pregunta viendo los papeles en el suelo.

Le explico y sin decir más se sentó en el suelo y empezó a ordenar los papeles según lo que él creía que eran y las ponía sobre la cama. Mientras tanto yo ordenaba el escritorio.

A los cinco minutos Leonardo suspira, agarra su celular y pone su lista de reproducción en aleatorio, sonando primero Tiburón de Proyecto Uno. Deja el teléfono a un lado y sigue ordenando papeles mientras mueve un poco los hombros al ritmo de la música. Lo observo por unos segundos hasta que voltea a verme y deja de moverse. Suelto una risita y sigo ordenando mientras escucho a Leonardo tarareando la canción.

— ¿Es esto?

Volteo a ver y hago mala cara al ver que es algo totalmente diferente a lo que estoy buscando. Leonardo sigue buscando.

Después de diez minutos de soportar frases como “¿Esto?”, “Megan tengo hambre”, “¿Y si lo empiezas de nuevo?” y otras cosas por el estilo, teníamos pilas de hojas y cuadernos en mi cama quedando el piso totalmente limpio.

Pero no habíamos conseguido la puta hoja.

— ¿Y si nos tomamos un descanso? — pregunta Leonardo acomodándose su cabello rizado.

— Ve si quieres, yo me quedo buscando el afiche.

Leo me ve con compasión y sale de mi habitación. Mientras yo agarro una de las pilas de hojas y comienzo a revisar una a una.

— Megan Gastrell — me llaman desde la cocina —. No me digas que es esta puta hoja con rayas azules y naranjas.

Dejo de revisar las hojas y las coloco una sobre otra en la cama. Salgo prácticamente corriendo hasta la cocina y está Leonardo en la mesa del comedor con una espátula de cocina en una mano y el afiche en la otra. La agarro para verla con los ojos casi llorosos.

— ¿En dónde estaba?

— En la cocina… ¿Me pusiste a ordenar el cuarto a propósito?

Iba a contestar, pero empezó a oler a quemado.

— ¡Las quesadillas! — grita Leonardo corriendo de vuelta a la cocina.

Suelto una risita y voy de vuelta a mi habitación con el papel en la mano. Me siento en el escritorio y saco los lápices de colores para seguir coloreando el afiche.

A los minutos entra Leonardo con un plato en un brazo y una taza de café en la otra mano.

— Seguramente me vas a pegar con un zapato, ¿pero por qué no hiciste el afiche digital?

Ni siquiera me volteo para verlo a la cara y responder.

— No es lo mismo.

Escucho a Leonardo suspirar y luego el plato, supongo que está comiendo.

— Y gracias, por ayudarme a ordenar.

— ¡Lo sabía! — me interrumpe.