EMPERADOR

Summary

One shot fanfiction histórico y sexy....

Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Emperador Jimin

1897, IMPERIO GOJONG.

Dormía plácidamente en mi catre, era primavera por ende la temperatura era muy placentera, pero mi paz terminó cuando mis padres entraron en mi precaria habitación, se notaban algo extraños, mi madre jugaba con sus manos sin poder verme a los ojos, mientras mi padre tenía un leve temblor en la voz.

-Flor de Loto, prepara tus cosas, vendrán por ti- sentenció mi padre.

Mientras tallaba mis ojos trataba de entender que sucedía pero mi cerebro seguía dormido.

-Quién vendrá, padre?- pregunté soñolienta.

Ambos se miraron entre sí, mi madre comenzó a llorar bajando la cabeza en señal de derrota, mi padre trató de consolarla poniendo las manos en sus hombros.

-Hija, vendrán a buscarte para llevarte al palacio-

- Trabajaré allí?- mi emoción crecía al imaginar la posibilidades, pero el llanto incesante de mi madre y la derrota que reflejada en la mirada de mi padre me decía que algo no iba bien, de pronto lo entendí todo.

-Me han vendido!- salté de la cama al tiempo que  amargas lágrimas empezaban a caer.

-Hija, lo lamentamos, sabes que no teníamos opción, debemos darle de comer y vestir a tus hermanos y las mareas han hecho imposible la pesca, allí estarás bien…- dijo mi padre con la voz quebrada, la vergüenza en su mirada lo obligaba a mirar el suelo.

Asentí en silencio, discutir sería en vano, ya estaba todo hecho. Comencé a juntar las pocas cosas de valor para mí en una canasta, y luego espeyre a los guardias en compañía de mi familia.

HORAS DESPUÉS…

Estaba parada en una gran sala, sus paredes mostraban frescos de antiguas batallas, y finas telas de color carmesí colgaban del techo y hacia las veces de cortinados terminados en preciosos bordados color oro. A mis lados muchas mujeres jóvenes como yo esperaban lo que sea que fuera a ocurrir.

De pronto uno de los guardias entró y ordenó a los músicos comenzar a tocar, una suave daechwita se empezó a oír y eso solo podía significar una cosa :el emperador se acercaba.

Mis ojos bajaron instantáneamente, algo en el ambiente había cambiado, sentía, podía sentir miedo, pero a su vez era un temor diferente al que mi cuerpo respondía y en cierto modo era agradable.

-Gojong jimin, hijo del emperador y soberano de nuestras tierras- gritó el guardia imperial.

Mi cuerpo se tensó, y mis ojos viajaron al frente sin poder evitarlo, ante mi se hizo presente un sueño, un hombre cuál belleza era única, su cabello color oro contrastaba con su labios llenos color cereza, su piel parecía tener la blancura y suavidad de los pétalos de loto, su caminar demostraba poder coraje y aplomo.

Todos allí hicimos una amplia reverencia hasta que el joven hizo un ademán con su mano haciendo que todos volvamos a nuestras posiciones.

-Miren al frente en silencio- ordenó hacia la fila otro guardia.

El joven comenzó a pasear su mirada sobre nosotras, dando leves pasos para poder ver a detalle a cada una, a cada paso suyo mi cuerpo temblaba más y mi corazón latía con más fuerza, como un imán cercano al metal, al llegar frente a mi no pude soportar sus ojos profundos y mi vista se perdió más allá de las cortinas.

-Ella- dijo seguido de un ademan con una voz grave y profunda.

Sin entender nada fui separada de la fila y llevada hacia un Jjimjilbang , donde cuatro doncellas me esperaban, allí me desnudaron y bañaron con aceites perfumados de peonias y jazmín, tallaron mi cuerpo delicadamente, luego lavaron mi cabello para después peinarlo, al terminar otras dos me esperaban para secar mi cuerpo y vestirlo con un fino, casi transparente Hanbok color blanco. Minutos después me llevaron a una habitación donde una enorme cama con bellas molduras y dosel con cortinas doradas caían desde la parte superior dominando todo el espacio, una criada entró y encendió un confortable fuego en la hoguera, al salir me regaló una sonrisa acompañada de una triste mirada.

Los minutos pasaban sin saber que hacer, me senté en el borde de la cama sin saber que esperar hasta que las puertas se abrieron, el emperador acompañado de dos doncellas estaba allí, ellas quitaron su jogori dejándolo con un hanbok similar al que yo traía puesto, al terminar ellas se fueron dejándonos solos.

-Sabes para que estás aquí verdad?- preguntó cerrando las puertas.

- No, en verdad no, su majestad- contesté rápidamente sin levantar la cabeza en señal de respeto.

-A partir de hoy serás mi concubina- sentenció.

Mis mejillas ardieron ante está sentencia, no había pasado por mi mente algo así, mis pensamientos fueron interrumpidos al sentir como sus fuertes manos rompían mi hanbok.

-Que haces?- dije sorprendida tratando de detenerlo.

-Abro mi regalo- dijo con una descarada sonrisa de lado.

Mis ojos se abrieron con miedo al comprender lo que quiera decir con ello.

Sus manos inquietas fueron despejándome de las cada pieza de tela de manera brusca, haciendo que mis mejillas ardieran y pequeñas lágrimas cayeran miéntras forcejeaba con él.

-Es en vano pelear, pequeña, eres mía y haré lo que quiera contigo de ahora en adelante- dijo abrazándome por detrás y acercando si boca a mi oído.

Sus manos recorrían mi piel de porcelana, bajando desde mi mejilla, pasando por mi cuelo hasta llegar a mis pechos, tomó mi pezón entre sus dedos haciéndome cerrar mis ojos y suspirar, nunca nadie me había tocado así y no podía negar que se sentia bien.

Su otra mano bajaba por mi abdomen hacia mi intimidad, quería quitarlo pero su toque me tenía hechizada a pesar de ser brusco sus manos eran tan suaves….

-Te quejas mucho pero tú cuerpo no dice lo mismo- gruñó en mi cuello.

Dejó de tocarme de repente, dejándome estática no me atrevía a darme la vuelta.

-Sube a la cama- ordenó

Lentamente obedeci, quitando los restos de tela que se habían enredado en mis piernas, no podía ver más allá del bello acolchado bordado, no podía verlo a los ojos.

-Así me gusta, debes obedecer a cada palabra que salga de mi boca- podía sentir como se iba acercando miéntras hablaba.- cierra tus ojos- dijo mientras sentía su peso sobre la cama.

Un  temblor incontrolable recorria mi cuerpo, el miedo me hacia tener escalofríos carcomiendo mi espina pero era una sensación placentera, su mano suave pero fuerte se apoyó entre mis pechos empujándome levemente hacia el lecho, para luego recorrer la longitud de mi brazo izquierdo hasta enredarse entre mis dedos, luego sentí como ataba mi muñeca fuertemente, para luego hacer lo mismo con mi otra mano, mis ojos se abrieron de golpe presos del temor.

-Así me aseguraré que no te escapes- dijo sonriendo lascivamente para luego lamer mi mejilla.

Al sentir ese contacto caliente en mi rostro mis ojos se cerraron, para quedar asi luego de que los cegara con un pañuelo.

Sus dedos dibujaban líneas en mi cuerpo haciéndome temblar con la anticipación de cada nuevo toque, Sus manos eran suaves y tibias, mi temor aumento cuando lo sentí acercarse de nuevo a mi íntimidad, aquella zona inexplorada de la que él se estaba adueñando a su gusto, sus dedos me recorrían de punta a punta, para luego edentrarse en mi vagina, un dolor nuevo se expandía por mi cuerpo, sentía como sus falanges entraban y salían de mi haciendo que leves gemidos salieran de mis labios, mientras su boca se cerraba sobre uno de mis pechos y su lengua jugaba con mi pezón haciendo que mi cuerpo se retorciera, el deseo empezaba a crecer en mi no sabía bien que era pero se hacía cada vez más y más grande.

Su cuerpo se posó sobre mi sin aplastarme, su piel se sentía caliente sobre la mía, como si mil rosas ardientes me acariciaran al unísono, ya no podía negar que me gustaba.

-Veo que te gusta ser tratada así, es mejor así…créeme no querrías verme enojado- dijo suavemente en mi oído, se oía casi como un ronroneo.

Al sentir sus caderas chocar con las mías abrí las piernas, haciendo que el contacto fuera directo, todos mis instintos habían salido a la luz, lo sentí sonreír contra mi piel al tiempo que se acomodaba y acariciaba mis muslos, antes que pudiera entender me penetró fuertemente haciendo que un grito ahogado saliera de mi garganta, mi respiración se aceleró casi ahogandome, mientras él se movía dentro de mi, su cabello tocaba mis labios y rostro mientras el dolor iba pasando dejándole lugar a sensaciones que jamás imaginé que fueran de esta tierra, liberó mis manos y ellas fueron a clavarse en su piel, en este momento no solo no quería escapar sino que deseaba estar así para siempre, mi uñas se clavaron en su tierna piel haciendo escapar leves gruñidos de su parte, mis piernas se aferraron a su cadera queriendo más de él mientras empujaba más y más fuerte en mi interior, a tientas busqué su boca, al encontrarse, nuestras lenguas iniciaron un baile alocado que hacía que mi interior se sintiera caliente, era desenfrenado, él había liberado mi cuerpo de lo que parecían mil cadenas que lo mantenían preso y no quería volver a sentirme asi, en ese momento aceleró más sus movimientos haciéndome sentir que todo mi interior se derretía alrededor de él, haciéndome gritar al tiempo que lo sentía explotar en mí, un beso eterno comenzó lentamente miéntras salía de mi.

-A partir de hoy eres solo mía, mi favorita- dijo mirándome fijamente, sonreí para él, en ese momento decidí que mi cuerpo sería su templo y el mi dueño.