PROMÉTEME QUE DESPERTARÁS

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Summary

Un segundo. Un despiste. Un accidente que lo cambia todo. Ahora él está inconsciente en una camilla de hospital... y ella solo puede preguntarse si acaba de arruinarle la vida. Promete no irse hasta que despierte. Pero lo que no sabe es que ese accidente no será el final de nada... sino el comienzo de algo que ninguno de los dos podrá olvidar. A veces el destino no avisa. A veces atropella.

Genre
Romance
Author
Aoife
Status
Ongoing
Chapters
3
Rating
n/a
Age Rating
16+

Chapter 1 El accidente


Mierda.

Mierda, mierda... ¡joder!


Bajo del coche corriendo. El corazón me late tan rápido que siento que va a salirse del pecho. ¿Cómo he podido ser tan gilipollas?


No me lo puedo creer.


Miro, sin palabras, al joven tendido en el suelo, inconsciente, rodeado de gente con el rostro lleno de preocupación. Saco el móvil con las manos temblorosas y marco el número de la ambulancia.


Mi mente no termina de procesar lo que acaba de pasar. Es culpa mía. Todo es culpa mía. Ese chico está ahí tirado por mi culpa. Por un despiste. Por un maldito capricho.


Siento que, si sigo de pie, voy a desmayarme. Las piernas me tiemblan de una forma alarmante, así que me arrodillo junto a él, esperando que la ambulancia llegue cuanto antes. Esperando que alguien me diga que va a estar bien. Esperando despertar y descubrir que todo esto no es más que una pesadilla.


Pero no lo es.


Después de lo que me parece una eternidad empiezo a escuchar las sirenas a lo lejos de la calle. Por suerte, entre la gente que se ha ido acumulando alrededor, hay una mujer que ha hecho un curso de primeros auxilios. Se arrodilló junto a él desde el primer momento y, hace apenas unos segundos, me aseguró que está estable, que respira... pero que siga inconsciente no es buena señal.


Cuando la ambulancia por fin llega, me permito soltar todo el aire que llevaba reteniendo en los pulmones.


Entonces noto una sombra a mi espalda. Y acto seguido escucho una voz ronca a mis espaldas. Es un policía.


—Perdone, señorita. Me gustaría hacerle unas preguntas sobre este accidente. ¿Podría decirme qué estaba haciendo cuando ha atropellado a este joven? Y enséñeme su carnet de conducir y su DNI, por favor —exige el agente, con un tono seco, claramente molesto por la situación, como si le hubiese molestado que esto hubiese cambiado el maravilloso plan de estar todo el día sentado en su coche patrulla.


Aprieto la mandíbula.


—Yo... un segundo, lo voy a buscar... —respondo atropelladamente, intentando controlar el temblor de mis manos. Me indigna que me retenga con preguntas cuando ese chico sigue inconsciente en el suelo.


Como si alguien hubiese decidido darme un respiro, una enfermera aparece a mi lado.


—Perdona, Pablo, pero necesito que venga un acompañante en la ambulancia. Me vendría bien que fuera ella para que nos explique exactamente cómo ha ocurrido todo y así valorar mejor las posibles causas de las heridas y de la pérdida de consciencia. También nos encargaremos de hacerle el test de alcohol y drogas. Si nos permites...


El policía duda apenas un segundo, pero termina asintiendo.


La enfermera me coge suavemente del brazo y me guía hasta la ambulancia, donde ya están subiendo al chico en la camilla. Me señala con la cabeza que suba, y obedezco sin pensarlo.


Mientras preparan todo para salir hacia el hospital, me fijo en su rostro.Es bonito. Demasiado tranquilo para todo el caos que lo rodea.


Me siento horrible.


Parece buena persona. Parece... alguien que no merecía esto. Ojalá no le haya arruinado la vida por un maldito despiste. Ojalá se recupere. Ojalá despierte.


En ese momento, mirando fijamente sus ojos cerrados, me hago una promesa silenciosa:No me iré. Me quedaré en el hospital el tiempo que haga falta. Hasta que abra los ojos. Hasta que esté bien. Hasta que pueda mirarlo a la cara y pedirle perdón.


No sabía entonces que ese accidente iba a cambiar mi vida. Ni que ese chico... acabaría siendo lo peor y lo mejor que me pasaría jamás.