El precio de la ilusión

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Summary

Ana es una brillante estudiante de Derecho, cuya vida se rige por la disciplina académica y una fe inquebrantable en sus valores. Su escepticismo ante el amor se desmorona cuando conoce a Fabián, un apuesto estudiante de Psicología que parece encarnar al compañero ideal. Lo que comienza como un romance juvenil, culmina en una propuesta de matrimonio y un viaje hacia una nueva vida. Sin embargo, tras la fachada de hermosos paisajes se esconde una red de traición inimaginable. Ana descubrirá, de la forma más cruel, que su pureza no era un tesoro, sino una mercancía con un precio fijado por la deuda y la ambición. Una historia sobre el engaño, la traición y el momento exacto en que el alma es vencida por la oscuridad.

Genre
Drama
Author
nigdalia97
Status
Ongoing
Chapters
11
Rating
4.0 1 review
Age Rating
18+

El encuentro

Saliendo de la facultad me encontré con Camila, una vieja amiga de la secundaria con la que ahora compartía la carrera de Derecho. Aunque nuestras agendas rara vez coincidían, esa tarde el azar nos unió en la terminal para esperar el bus juntas. Entre risas y puestas al día, un desconocido se acercó a nosotras con mucha confianza. Camila lo presentó como Fabián, su amigo, y él, sin perder un segundo, desplegó un galanteo directo que me tomó por sorpresa.

Una vez a bordo del bus, la charla se volvió más íntima.

—Estudio Psicología —me confesó Fabián, clavando su mirada en la mía—. Suelo verte aquí en la terminal con tus amigos.

—Soy Ana —respondí, intentando disimular la intriga—. Es extraño, jamás te había detallado. Generalmente, mi mente está perdida en los códigos y leyes de la Universidad.

La conexión fue inmediata. Hablamos de todo y de nada, terminando por organizar un encuentro grupal para romper la rutina y celebrar el fin de la carrera, el cual estaba a la vuelta de la esquina, y festejar así nuestra libertad académica. Antes de despedirse, Fabián me pidió mi número con la excusa de coordinar la reunión. Días después, el movil vibró: era él. Me preguntó cómo iba la organización para el compartir. —le explique que, no sería en la fecha acordada debido a varios inconvenientes, pero que fijaríamos una nueva fecha en la que todos pudiéramos asistir—. Confesandome su interés hacia mí.

Admitió que le había gustado desde aquel primer dia en la terminal juntos a mis amigos, Pero temía ser rechazado, y cuando Camila nos presento aprovecho la oportunidad para saber más de mí. La chica que le gusta, y con una mezcla de valor y cortesía, me invitó al parque. Quería celebrarme; sabía, de una forma que me resultó tan extraña como detallista, que mi cumpleaños estaba cerca.

—¿Cómo puedes saber eso si apenas somos extraños? —le cuestioné entre risas.

—Recuerdo cada palabra que dijiste el día que nos presentaron, Ana —sentenció él—. Incluyendo ese humor negro y algo malvado que escondes tras los libros de leyes. Seguidamente exclamé — excelente memoria la que posees, yo no recuerdo mucho de aquella conversación. Todo siempre fue en chiste—.

—Que triste no recuerdes, contrario a mí recuerdo cada detalle de aquel maravilloso día. Pero aún así aceptas mi invitación?.

En un tono jocoso conteste a su pregunta —esta bien acepto, ya que, hay regalo de cumple de por medio, es broma acepto la invitación me gustaría conocerte aún más Fabián—.

Aquella noche, mientras el insomnio me ganaba la partida, intenté recordar cada palabra intercambiada en la terminal. Debo admitir que Fabián no me cautivó en el primer instante, pero luego de aquella conversación a través del movil con ese dulce galanteo despertaba una parte de mí que mantenía bloqueada; mi mente estaba programada para detectar distracciones. Durante toda mi adolescencia, el amor había sido un concepto archivado en el fondo de mis prioridades. Había decidido, con la frialdad de quien redacta un contrato, que mi única meta era la excelencia académica.

Veía a mis amigas claudicar ante promesas vacías, descuidando su formación académica por muchachos que terminaban por dejarlas atrás, ya fuera por una infidelidad, un embarazo no planificado o una partida repentina. El resultado siempre era el mismo: el llanto de ellas y el desentendimiento de ellos. Yo no sería una estadística más.

Sin embargo, con el título de abogada casi en mis manos y el postgrado en el horizonte. Me dije que, ahora que la carrera estaba por concluir, me debía un breve receso antes de sumergirme en la especialización. Me convencí de que un poco de esparcimiento no arruinaría mis planes. Así que acepte su invitación, sin atreverme a admitir —ni siquiera a mí misma— que tras esa fachada de control, la atracción por Fabián empezaba a filtrarse como una grieta en un muro de concreto. Engañandome al pensar que podía gestionar aquel encuentro como si fuera un expediente más, sin reconocer que, muy a pesar de mis barreras, me sentía irremediablemente atraída por él.

El día de nuestra cita llegó, el aire parecía vibrar con una energía distinta. Caminamos por el parque mientras el sol se filtraba entre los árboles, y por primera vez el rigor de los códigos legales fue sustituido por una charla que fluía sin esfuerzo. Descubrí, con una mezcla de asombro y cautela, que compartíamos una devoción casi mística por la literatura; hablábamos de libros y de la vida como si estuviéramos descubriendo un lenguaje secreto.

En un momento de silencio, Fabián acortó la distancia y me robó un beso. Fue mi primer beso. A mis veintitrés años, aquello se sentía como un anacronismo, pero mi corazón, que hasta entonces estaba blindado por la disciplina broto de su armadura, mis labios respondieron con la torpeza de quien vive su primer romance. Ese día fueron muchos los beso que correspondí, Fabian me pidió ser su novia. Acepté, pensando que no tenia nada que perder intentándolo ya que, si la experiencia fuera buena o mala iba hacer solo eso una nueva experiencia, una vivencia por la que atraviesan todas las personas. Me convencí a mi misma de que podía manejar esta "experiencia" sin perder de vista mis objetivos.

Fue ahí cuando establecí mis términos: mi fe católica y el respeto a mi familia dictaban que no habría intimidad hasta el matrimonio. Fabián aceptó con una caballerosidad que, en aquel momento, me pareció la prueba definitiva de su amor, pero que ahora, en retrospectiva, la entiendo como la paciencia del cazador al sabe que su presa ya está en la red.

Días después, Fabián me presento a su hermano Victor el único familiar que le quedaba con vida ya que sus padres habían perdido la vida en un accidente hace varios años. Conocer a Víctor me hizo sentir que las intenciones de Fabián en está relación eran tan reales como serias.

—Así que tú eres la famosa Ana —dijo, con una galante sonrisa—. Fabián no ha dejado de hablar de tí, lo tienes muy enamorado. Es un placer, Ana. Fabián se quedo corto al contarme sobre lo linda y maravillosa mujer que eres—dijo, estrechando mi mano con la presión y cortesía justa de un alto ejecutivo cerrando una alianza estratégica—.