Chapter 1
-Emm…-llamó mi mejor amiga que caminaba detrás de mí entre la multitud de gente que entorpecía el paso hacia la salida.-Emm, tan solo para de caminar tan rápido. -volvió a decir por sobre la música.- ¡Emma!- espetó jalándome del brazo hacia ella. En ese momento un fuerte trueno ensordeció el lugar causando un alboroto de gritos. Y yo sentía que si no salía de allí, la falta de aire terminaría de matarme-¿Qué pasa con vos? .-siseó observando como todo vuelve a la normalidad y choca sus ojos turquesas con los míos, su preocupación era notoria.
-Necesito salir a tomar aire un momento. Ahora regreso Ti, ya regreso ¿Vale?- expliqué y le di un apretón en la mano antes de abrir la vieja puerta de madera y desaparecer por ella.
Me adentré en el húmedo bosque, siguiendo el camino que me guiaba a la casa principal del predio. Necesitaba alejarme lo más posible de aquella ruidosa, vieja y tétrica cabaña que solo parecía querer sofocarme. Quién iba a pensar que así terminaría mi año, quedarme en casa hubiese sido más conveniente. ¿Qué se me cruzó por la cabeza en acceder a venir a una fiesta de fin de año en donde están todos los estudiantes de toda la maldita universidad?
La lluvia se había encargado de arruinar por completo mi perfecta media coleta recogida, y seguramente me había dejado con unas ojeras de mapache más grande que todo este predio, pero no me importó en absoluto. Necesitaba respirar, necesitaba recuperar la compostura.
-¿Necesitas ayuda, princesa?- una voz familiarmente ronca y varonil que me obligó a poner los ojos en blanco, interrumpió el ruido de imágenes que pasaban como un flash dentro de mi cabeza.
-Ahora no, Tyler. -mascullé colocándome bajo el techo iluminado del porche de la casa principal. Realmente estaba sin ánimos de escuchar a la persona más irritante que pudiera existir en este planeta: Tyler Walker, el mismo imbécil por el que medio campus parecía olvidar cómo respirar. No estoy segura de que es lo que lo hace tan llamativo realmente ¿Acaso serán sus ojos azules que parecen dos faroles de diamantes o su cuerpo claramente trabajado que siempre se encarga de presumir? Como sea, todo lo que pueda llegar a tener de guapo, lo tiene de irritable, insoportable y mujeriego, eso seguro.
Por más que su presencia me distrajo por un momento, tuve que volver a presionar fuertemente los ojos, haciendo un gran esfuerzo por frenar la imagen de aquellas manos que conocía tan bien recorrer otras piernas. De ver cómo sus bocas se devoraban sin piedad frente a mis ojos. Parecían disfrutarlo bastante, sin vergüenza alguna.
Quizás fue el alcohol, quizás vi mal por la falta de luces…solo…Demonios Ethan, demonios. ¿Cómo fuiste capaz?
El chasquido de su lengua me volvió al presente, y oí como sus pasos se acercaban a mi. Su perfume se mezcló con olor a tabaco y fruncí la nariz ante aquel espantoso aroma. Me deshice rápidamente de las lágrimas que amenazaban con brota de mis ojos con el dorso de mis manos y respiré profundamente. Enseguida noté sus manos sosteniendo la caja de cigarros frente a mí con una colilla hacia arriba, en modo invitación.
-No fumo.- negué alejando su mano con aquel nocivo producto y oí su risa entre dientes de seguro por mi cara de asco.
-Cómo no me sorprende.-añadió con cierta ironía por lo bajo. - Bien, al juzgar por el desastre que eres…-comenzó a decir burlón, ganándose una de mis fulminantes miradas directo a su rostro caribonito. Él sonrió ladino ante mi expresión. - ¿Puede ser que haya pasado algo con ese maravilloso novio que tienes por ahí?- se aventuró a decir con naturalidad mientras se llevaba la punta del cigarro a sus labios y lo encendía.
Lo miré de rabillo por un momento y suspiré totalmente frustrada cogiendo la botella de whisky medio vacía que yacía en una banqueta , mientras me acercaba al fuego de la fogata que flameaba encendida en el medio del lugar.
-Exnovio.- enfaticé con desdén tras beber un largo y espeso trago del whisky más asqueroso que jamás haya probado. - Ese desgraciado, después de todo lo que… Ni siquiera fue capaz de… ¿¡Por qué demonios hacen eso!?- logré finalizar al menos una oración, volteándome hacia Tyler con notoria frustración, en busca de una explicación lógica de su parte. Quizás él pudiera responderme por qué los hombres tienen la necesidad de arruinar todo lo bueno que tienen. Por qué se encargan de tirar años y años de relación por la borda de la forma más cruel.
-Así que finalmente lo descubriste. - confirmó entonces hablando con el cigarrillo aún entre dientes, sin tapujo alguno. Su comentario causó una puntada en mi estómago, eso no era buena señal.
-¿Finalmente?-repetí incrédula. De repente ya no estaba sintiendo bien las piernas. - ¿Qué quieres decir con finalmente?- entorné los ojos hacia él. -Vos… No.- me frené negando con ambas manos intentando formular mi pregunta de la mejor manera.- ¿Acaso todos saben que…? -Rogaba que mi voz no se escuchara tan rota como yo la estaba escuchando en mi cabeza.
Respira Emm, contrólate.
Tyler fijó sus ojos azules en mí, y soltó el humo por su boca después de darle una larga calada a su vicio.
-Ey, Princesa ¿Es en serio?- Lo observé ladear y negar con su cabeza temiendo que esa sea su respuesta. Ese apodo tan irritable y fastidioso que utilizaba para referirse a sus víctimas y obsesionadas presas solo me garantiza una cosa: Claramente Tyler se estaba divirtiendo con esto, claramente lo estaba haciendo. Sin embargo, yo solo podía sentir que el mundo me estaba dando vueltas. Algo no andaba bien, el revuelto de mi estómago me subía por la garganta.
-No puede ser.- sollocé impactada.
Me precipité hacia el barandal de madera que estaba allí, torpemente me sujeté el cabello y lancé las hamburguesas que había cenado hace tan solo dos horas. Todo me daba vueltas, las imágenes azotaban sin compasión mi mente mientras que me sentía patética por la espantosa escena de la cual estaba siendo protagonista en ese preciso instante.
-¡Mierda! - fue lo último que escuché salir de su boca. Luego todo se puso negro de repente por unos segundos y al instante sentí como su firme agarre me sostenía.
-Lo siento, qué pena contigo.-balbuceé reiteradas veces. -Creo que necesito agua. -fruncí mis labios y caminé de la manera más rápida (por no decir torpe) hacia dentro de la casa. Y sin mirar hacia atrás me encerré en el baño del lugar poniendo la perilla.
Me recliné sobre el lavatorio y abrí los dos grifos, colocando mis manos en forma de cuenco debajo del chorro de agua para enjuagar por completo el rostro. El agua fresca sobre mi frente parecía estar ayudando a recuperarme. No pude evitar ver mi reflejo en el espejo que estaba frente a mi, mis labios ni siquiera tenían color y el rimmel que me había colocado se encontraba disperso por casi toda mi cara.
-Patético Emm. -me reprendí. El ruido del otro lado de la puerta me hizo pegar un salto.
-Hey Princesa ¿Todo bien? - Me había olvidado que estaba Tyler aún afuera.
¡Demonios, qué vergüenza!
-Oye.-insistió volviendo a tocar, a lo que volví a mojar y secar rápidamente mi rostro antes de destrabar la perilla y hacer acto de presencia.
-Estoy bien. - Alce mi dedo pulgar hacia él con notoria ironía, evitando por completo su mirada, pero cuando quise irme su brazo se interpuso entre el marco de la puerta y mi paso, obligándome a retroceder. No tardó en encontrar mis ojos con los suyos, se veían muchísimo más azules de cerca. -¿Qué haces? -me quejé.
-Te ves del asco, bebe esto y cámbiate.- ordenó extendiéndome el vaso de agua que llevaba en su mano y una sudadera negra.
-Huele a tabaco. -fruncí la nariz con asco ante el feo olor.
-Y tú a vómito. -sonrió con burla. Fruncí los labios y le cerré la puerta en la cara pero internamente agradecí beberme toda esa agua, y cambiarme el sweater mojado, realmente lo necesitaba.- Vaya, mira eso, ya volvió ese color que me encanta de tus labios, Princesa. -sonrió ladino cuando acerqué de mala gana el vaso contra su pecho, ignorando su comentario. -No sabía que habías bebido tanto para terminar así.
-No lo hice. -expliqué abriéndome paso finalmente, para encaminarme directo al playroom. -Digamos que no soy buena asimilando noticias traumáticas, pierdo el control de mi cuerpo y…ya ves. - No sé por qué le había explicado eso pero solo me salió decirlo mientras intentaba que Tiana me respondiera el móvil.
-No es el fin del mundo, Princesa. -respondió entonces encendiendo otro cigarrillo. Su cuerpo reposado sobre la isla flotante que adornaba la inmensa sala. Parecía tan relajado ante el mundo, sin problemas, sin preocupaciones.
-Quizás. Pero muchas cosas cambiarán para mi.-le admití, intentando contener las lágrimas. -¿Sabes qué?- suspiré con total agotamiento.- Si ubicas a Tiana, dile que me volví en un Uber, igualmente le dejé un mensaje.
Me puse la capucha de la sudadera que me quedaba enorme y antes de desaparecer por completo por la entrada principal, me giré sobre mis talones una vez más hacia aquel fastidioso hombre que muy probablemente se estaba absteniendo de ser el insoportable de siempre.
Pero aún así…
-Gracias por la ropa…Y por todo. -admití con una breve sonrisa.- Te debo un favor.
-Así es, me lo debes.