Al límite

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Summary

Ámbar del Rosario es la indiscutible reina de las carreras profesionales de fórmula 1, con una personalidad inevitable y fuerte carácter . Ella es veloz, arrogante , caprichosa y acostumbrada a ganar sin mirar atrás. Su vida gira entre competencias ilegales como profesionales de alto nivel, autos de lujo y un orgullo imposible de quebrar... Pero su vida termina dando un giro de 360 grados por una misteriosa pelirroja, convirtiendose en una amenaza inminente en la carretera. Despierta una rivalidad intensa y una atracción que Ámbar intenta ignorar . Mientras las apuestas aumentan y los secretos salen a la luz, cada carrera se vuelve más personal y peligrosa. En un mundo donde perder significa caer, Ámbar deberá descubrir si es más difícil ganar una carrera... o mantener el control cuando el corazón empieza a acelerar. ⚠️: Prohibido adaptaciones , está historia es 100% mía , propiedad mía. ⚠️: La portada es propiedad mía , queda prohibido que sea tomado. ⚠️: Prohibido tomar mi historia y hacerlo pasar por tuyo/a

Genre
Action
Author
abii
Status
Ongoing
Chapters
5
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo 1 : El Encuentro.

— Oh, por Dios, ¡tanto drama por esa cosita! —comenta mientras camina hacia su camerino con el celular en mano y varios empleados tras ella.

—Ámbar, todos aquí sabemos que eres una prodigio; haces magia con los autos. Pero deja de ignorar mis sugerencias cuando te las planteo —responde una voz suave desde la otra línea.

—Sabes, lo único que logré escuchar de todo ese sermón fue: Ámbar, eres una prodigio y haces magia —Solto con desdén, entrando a su camerino tirándose en el mueble de terciopelo rosa de último modelo.

— A veces me dan ganas de apretar ese lindo cuello que tienes — Admitió, soltando un suspiro. — Mejor dime dónde estás; necesito informarte de algo importante y no, no puede ser por teléfono. —

— Estoy en mi segundo camerino. Ven antes de que me duerma, que el entrenamiento de hoy me dejó cansada. — Murmura, cortando la llamada. Acomodándose mejor en el mueble, tirando su celular a su costado y cerrando los ojos lentamente.

—Cuando vas a aprender a tocar la puerta —pide la morena aún con los ojos cerrados.

—¿Ash, será que nunca te podré asustar? —bufa, tirándose en el mueble.

—Sigue deseando —dijo, abriendo sus ojos y pasando la mirada por el techo rosa pastel.

—Como sea, en la noche de hoy habrá una carrera —informa—. Y te retaron nuevos corredores; te quieren quitar la corona.

—Pues que sigan deseando; sabes que eso no va a pasar —Se incorpora mejor en el mueble

—Sí, yo lo sé, pero ellos quieren que se lo demuestres. Yo solo vine a informarte —aclara, parándose del mueble—. En el mismo lugar de siempre a las 11:50 p.m. —indica, saliendo del camerino y dejando a la morena sola con sus pensamientos.

—Ahora, ¿cómo voy a convencer a Rous? —lloriquea, dando patadas al aire.

—Vamos, mi amada y hermosa hermanita, cúbreme esta vez, solo esta vez— pide, tratando de formar un lindo puchero, mientras sigue a su hermana por toda la habitación.

—Ámbar, ¿no tienes algo más importante que hacer? ¿O no tienes a quién más joder?— murmura la mayor con clara irritación en su voz.

—Rous, tengo sentimientos— solloza, colocando su brazo derecho dramáticamente sobre su pecho—. Además, eres la única con la que cuento. Sabes que Alex es un tremendo soplón y no dudará ni un segundo en decirle a mamá dónde voy.

—Ajá, y no dudas en meterme en tus líos la última vez mamá dijo que parecía un lombriz con sal por estar gritando como loca por el pasillo — responde.

—Vamos, Rous, dime que sí, amor mío— colocándose de rodillas y amarrando sus piernas alrededor de los pies de su hermana.

—Suéltame Ámbar, o juro que voy a usarte de escoba en mi habitación— demanda, harta de la situación, para luego, tras unos segundos, soltar un fuerte suspiro y posando su mirada sobre la morena que permanece en la misma posición, pero esta vez con los ojos llorosos.

—¡UGH! Está bien, tú ganas, pero hazme el favor y suéltame las piernas; también quita esa cara de zorra hambrienta que tienes—Espeto

—No sabes cuánto te amo; si pudiera, me casaría contigo— Festeja de manera chillona, parándose rápidamente del suelo y comenzando a besar las mejillas de su hermana, recibiendo un fuerte golpe en su brazo derecho por parte de esta. —Sé que me amas— Exclama la morena antes de salir corriendo de la habitación de su hermana.

Camina por el pasillo dando saltitos de felicidad, pasando sus dedos por las paredes decoradas de italian fieldstone, mientras escucha uno que otro murmullo de las empleadas de limpieza, a las que no les da tanta importancia. Luego de unos segundos, abre la puerta de su habitación, entrando tan rápido como la abrió. Sale después de media hora con jeans ajustados, sudadera rosa, unas botas negras con plataformas y maquillaje impecable. Camina por el pasillo tratando de hacer el menor ruido posible, deteniéndose a medio camino para sacar su celular del bolsillo trasero de sus jeans y logrando divisar una llamada entrante, la cual contesa.

— Ya voy de camino, Lu. Mi hermana cada día está más falta de sexo y eso la vuelve más gruñona —Refunfuñie, volviendo a caminar por el largo pasillo de su casa, intentando hacer el menor ruido posible.

— Por Dios, niña, pensé que nunca ibas a llegar. Ignorando tu comentario hacia Rous, ya todos están preguntando por ti. Esta vez las apuestas hacia ti están más altas —chilla desde la otra línea, causando que la morena quitara momentáneamente el celular de su oído.

— Deja de gritar, mis tímpanos duelen —reprocha, escuchando un resoplo desde la otra línea—. Además, es lo más lógico que las apuestas estuvieran altas, y más cuando se trata de mí. O sea, cariño, soy Ámbar del Rosario —alardea en voz baja, pasando por el despacho de su madre a paso suave y lento. Al llegar a las escaleras que se encontraban cerca del despacho, está decidida a bajar lo más silenciosamente posible.

— Ash, eres buena, pero no es para tanto —dice—. Mejor sal antes de que se den cuenta de que no estás en tu camita, princesa —se burla la voz en la otra línea, colgando rotundamente la llamada.

Baja las últimas escaleras, soltando una que otra maldición. Dirige su rumbo hacia la puerta a paso apresurado, dobla hacia la izquierda, saliendo por la puerta de mantenimiento. Camina por un pasillo oscuro hasta chocar con la puerta que conduce hacia el estacionamiento. Abre la puerta, dirigiéndose hacia un ZR1 negro 2025, con velocidad de 375 km/h y contando con 5.58v. Entra al auto, enciende los motores y coloca sus manos en el volante color rosa pastel. Pasados unos 30 segundos, sale a 275 km/h del estacionamiento, saliendo por detrás de su casa. Aumenta la velocidad a medida que pasan los segundos, pasando semáforos en rojo.

Baja la velocidad para estacionarse en medio de la calle, que se encuentra llena de personas con autos deportivos y algunos comunes. Apaga el motor y sale lentamente del auto, pasando sus dedos por su melena rizada, que estaba un tanto desordenada, para sentarse delante de su auto, buscando con la mirada a su mejor amiga, que apareció de la nada junto al gay de su novio.

—Si hubiera sabido que vendrías con el trans de tu novio, me hubiera quedado en mi camita —pasa la mirada por el rubio, haciendo una mueca de asco.

—Sé que me deseas, Ámbar —responde el rubio, soltando una risita burlona y provocando un bufido molesto de la morena.

—Ni en mis peores ovulaciones —soltó del mismo tono que el rubio.

—Oh, vamos chicos, no peleen por mí —interrumpe la pelirosa en tono dramático, para luego soltar una fuerte carcajada, seguida del rubio y la morena.

—Dejando sus deseos de poseerme atrás, creo que hay nuevos corredores. Veo muchos autos nuevos, hasta más que la última vez —informa a la morena que se encontraba peleando en señas con el rubio—. Por Dios, cuando terminen de pelear en señas, me avisan —suspira, dándose la vuelta hacia otra dirección, observando algunos autos nuevos en la zona.

— Cuando dejes al pene corto de tu novio por mí —dice con total normalidad, recibiendo un fuerte manotazo en su muslo izquierdo por parte de Luna.

— Hablo en serio, Ámbar, y deja a mi Zam; no es su culpa tener frío todo el tiempo —chilla la peli rosada, mientras que el rubio permanecía con la boca abierta por la revelación.

Cerca de 15 minutos, las bocinas fueron encendidas para empezar a llamar a los corredores de la noche, a medida que la calle empezó a vaciarse para ser llenada por autos que comenzaban a posicionarse por categoría, desde el último en llegar a la meta hasta el primero en llegar a la meta la carrera anterior.

— Ugh, esto se va a poner bueno — Ironea, echando su melena rizada tras sus orejas mientras entraba en su auto, encendiendo el motor. Luego, se coloca al extremo derecho junto a la Lamborghini verde de Zam, mira hacia adelante, apretando el volante con sus nudillos, escuchando algunos motores que rugen, provocando mucho ruido y gritos del público.

Logra divisar a una chica con mini falda azul, camisa blanca y unas botas largas, seguramente compradas en el tianguis. Se para en un espacio dejado, se coloca en posición y sube ambos brazos con banderas verdes para bajarlas tan rápido como las subió, haciendo que todos los autos aceleran, desapareciendo de la vista de todos y dejando consigo humo por los motores. La morena se mantiene delante de todos sin mucho esfuerzo, acelera en una curva manteniendo el control y el ahorro de energía mientras busca la máxima velocidad, pero con un nivel de relajación en el tren superior, evitando la acidificación. Se mantiene con su técnica, mirando por el retrovisor y sonriendo con arrogancia para volver a acelerar, hundiendo sus botas en el acelerador y observando que cada vez está más cerca de la meta, para ser rebasada por un Ferrari rojo del último modelo a 5 segundos de llegar a lameta, quedando ella en segundo lugar.

Todos son recibidos por los gritos del público, mientras se escucha un fuerte grito que resuena en todo el lugar, logrando detener el ruido de la multitud haciendo un silencio sepulcral.

— Esto no va a terminar bien — comenta una chica de la multitud, mientras se divisa cómo sale la morena de su auto, luciendo furiosa, cerrando la puerta de un fuerte portazo y dirigiéndose al Ferrari a toda prisa.

— ¡Ámbar! —grita—. ¡Espérame! —vuelve a gritar Luna desde la multitud, siendo ignorada por Ámbar, que se encontraba casi corriendo al auto deportivo.

Baja la velocidad, observando cómo unas piernas largas salían del auto, luciendo unas botas Louis Vuitton de último modelo. Logrando ahogar un grito, sube su mirada y se encuentra con una sonrisa burlona de una pelirroja con ojos azules y verdes.

— Hasta que por fin te conozco, Ámbar del Rosario. Para mí es un placer verte en persona —Replica con una sonrisa torcida, mientras se recostaba sobre su auto.