Capítulos I: The Meeting
El aire en la galería de arte estaba denso, impregnado del olor a pintura fresca, vino barato y la tensión innegable de decenas de personas intentando parecer más importantes de lo que realmente eran. Jungkook ajustó el cuello de su camisa negra por enésima vez, sintiendo cómo el material rozaba incómodamente contra su piel sensible. Odiaba estos eventos. Prefería mil veces estar en su estudio, con las manos manchadas de carboncillo y el silencio como su único compañero. Pero su profesor, el Señor Lee, había insistido. "Es una oportunidad invaluable, Jungkook.
Kim Taehyung rara vez expone en Seúl, y mucho menos después de... bueno, de los rumores", le había dicho, con esa mirada severa que no admitía réplica. Y así estaba él, escondido en una esquina, observando a la multitud con ojos grandes y cautelosos.
La obra principal, titulada Instintos Ocultos, dominaba la sala. Era una explosión de colores oscuros, rojos profundos y negros abisales que parecían tragarse la luz. Había algo salvaje en los trazos, algo que resonaba profundamente en el pecho de Jungkook, despertando una inquietud que no lograba descifrar. Era crudo. Era visceral. Era... perturbador. Parecía elgrito ahogado de alguien que se estaba ahogando en su propia mente.
—¿Te asusta? O tal vez, ¿te excita? La voz, profunda, aterciopelada y peligrosamente cercana, sonó justo a su lado. Jungkook dio un respingo, derramando un poco de vino en su propia mano. Se giró bruscamente.
Frente a él estaba un hombre que parecía haber sido esculpido por el mismo artista quehabía pintado el cuadro. Llevaba un traje oscuro que se ajustaba perfectamente a sus hombros anchos, pero lo que realmente capturó la atención de Jungkook fueron sus ojos. Eran intensos, insondables, y lo miraban con una mezcla de aburrimiento y una curiosidad depredadora.
—No me asusta —mintió Jungkook, su voz temblando ligeramente—. Y ciertamente no me excita. Es... caótico.
El hombre soltó una carcajada baja, un sonido que vibró en el pecho de Jungkook. —Caótico. Qué palabra tan segura. Tan... académica —murmuró, dando un paso más cerca. La distancia entre ellos se redujo a casi nada—. Soy Kim Taehyung. Y odio las respuestas académicas.
El nombre cayó entre ellos con el peso de una guillotina. Jungkook sintió que el aire abandonaba sus pulmones. Este era el artista. El genio del que todos hablaban. El hombre rodeado de rumores de violencia, excesos y locura. Y estaba allí, invadiendo su espacio personal.
—Jeon Jungkook —logró articular, retrocediendo un paso que Taehyung igualó inmediatamente—. Soy estudiante de arte.
—Lo sé —dijo Taehyung, sus ojos recorriendo a Jungkook de pies a cabeza con descaro—. Hueles a trementina barata y a miedo. Dime, Jeon Jungkook, ¿qué ves realmente en ese lienzo? Y si me dices 'caos' otra vez, te juro que haré que te echen de aquí.
Jungkook sintió el miedo en su estómago, pero la ira era más fuerte. —Veo a un cobarde —soltó Jungkook, sorprendiéndose a sí mismo—. Veo a alguien que tiene tanto miedo de sus propios monstruos que intenta vomitarlos en un lienzo para no tener que lidiar con ellos. Es una rabieta, no una revelación.
El silencio que siguió fue absoluto. La música de fondo pareció detenerse. La mandíbula de Taehyung se tensó, y por un segundo, Jungkook pensó que el hombre iba a golpearlo. Los rumores sobre el temperamento de Taehyung eran legendarios.
Pero entonces, Taehyung sonrió. Fue una sonrisa afilada, fría y absolutamente aterradora. —Eres arrogante para ser alguien que se esconde en las esquinas —susurró Taehyung, inclinándose hasta que sus labios casi rozaron la oreja de Jungkook—. Pero tienes razón. Soy un cobarde. Y esta pintura es una rabieta. ¿Sabes por qué?
Jungkook negó con la cabeza, incapaz de apartar la mirada de los ojos oscuros de Taehyung.
—Porque la verdadera bestia no se puede pintar —continuó Taehyung, su voz ronca—. La verdadera bestia necesita sangre. Necesita carne. Necesita a alguien que esté dispuesto a ser devorado.
Jungkook sintió un escalofrío recorrer su columna vertebral. Había una promesa en esas palabras, una amenaza velada que lo aterrorizaba y, para su propia consternación, lo atraía.
—No sé de qué hablas —murmuró Jungkook, intentando mantener la compostura.
—Lo sabrás —dijo Taehyung, enderezándose y ajustándose los puños de la camisa—. Lo sabrás muy pronto, Jeon Jungkook. Porque los animales reconocen a los de su propia especie. Y tú, por mucho que intentes esconderlo bajo esa fachada de niño bueno, estás tan hambriento como yo.
Antes de que Jungkook pudiera responder, Taehyung se dio la vuelta y desapareció entre la multitud, dejando a Jungkook con el corazón latiendo desbocado, el vino derramado en su mano y la certeza absoluta de que acababa de cometer el mayor error de su vida. O tal vez, el único acierto.
El corazón de Jungkook seguía golpeándole las costillas incluso después de que Taehyung desapareciera entre la multitud. Era absurdo. Ridículo. Apenas habían cruzado unas cuantas palabras y, aun así, sentía la presencia del hombre pegada a su piel como humo.
Se obligó a respirar.
Uno. Dos. Tres.
El murmullo de la galería volvió poco a poco, como si alguien hubiese quitado una mano invisible de sus oídos. Las conversaciones regresaron en oleadas suaves: críticas pretenciosas sobre composición, risas huecas, el tintinear de copas. Nadie parecía haber notado el intercambio. O tal vez sí, y simplemente fingían no mirar. Después de todo, Kim Taehyung tenía esa clase de reputación. La gente aprendía rápido a observarlo desde lejos.
Jungkook bajó la mirada hacia su mano mojada de vino. Le temblaba.
—Mierda… -susurró.
Tomó una servilleta de una bandeja cercana y se limpió con movimientos torpes. Necesitaba irse. El ambiente comenzaba a sofocarlo; las luces cálidas parecían demasiado brillantes, las voces demasiado altas, el perfume ajeno demasiado invasivo. Pero justo cuando giró hacia la salida, escuchó un murmullo detrás de él.
—Ese chico habló con él.
—¿Quién es?
—No lo sé, pero Taehyung no se le acerca a nadie.
—Y sobrevivió. Eso ya es impresionante.
Jungkook apretó la mandíbula y caminó más rápido. Atravesó el pasillo lateral de la galería hasta llegar a una terraza exterior. El aire frío de la noche golpeó su rostro con violencia agradable, obligándolo a cerrar los ojos por un instante. Se apoyó contra la barandilla metálica, intentando calmar el desastre que tenía dentro del pecho.
No entendía qué había sido eso.
Taehyung era… peligroso. No en el sentido exagerado de las revistas o los rumores de internet. No era simplemente el “artista problemático” del momento. Había algo genuinamente roto en él. Algo que Jungkook había sentido apenas lo miró a los ojos.
Y eso era exactamente lo que más le aterraba. Porque una parte de él había querido quedarse. El sonido de una puerta corrediza abriéndose lo hizo tensarse de inmediato.
—No sabía que los estudiantes de arte huían tan rápido. La voz grave atravesó la noche como una cuchilla.
Jungkook abrió los ojos lentamente. —Taehyung.
El mayor cerró la puerta detrás de sí y avanzó hacia él con una calma irritante. Bajo la luz tenue de la terraza, se veía incluso más intimidante. El viento movía algunos mechones oscuros de su cabello, suavizando apenas un rostro demasiado hermoso para alguien que hablaba como si disfrutara destruyendo cosas.
—No parecías el tipo de persona que persigue gente — dijo Jungkook, intentando sonar firme.
Taehyung arqueó una ceja. —No persigo gente. Me aburro fácilmente. Tú eres la primera cosa interesante que veo en semanas.
Jungkook soltó una risa incrédula. — Qué honor.
Taehyung inclinó ligeramente la cabeza, observándolo otra vez de esa manera incómodamente intensa. —No estás actuando como antes.
—¿Antes?— preguntó confundido Jungkook
—Cuando me llamaste cobarde.— sonrío sarcástico Taehyung
El silencio cayó entre ellos. Jungkook tragó saliva. Ahora, lejos del ruido y las miradas, decirle aquello a Kim Taehyung parecía una sentencia de muerte.
Pero Taehyung no parecía molesto. Parecía fascinado.
—No retiro lo que dije — respondió finalmente Jungkook.
Taehyung sonrió apenas.— Lo sé. Por eso vine.
El viento se volvió más fuerte. Jungkook podía oler el perfume caro del otro mezclado con tabaco y algo más oscuro, algo difícil de nombrar. Había cicatrices invisibles en Taehyung. Jungkook podía sentirlas aunque no las viera.
—Taehyung… ¿por qué pintas cosas así?— preguntó sin pensar.
Por primera vez desde que lo conoció, la expresión del mayor cambió. No mucho.
Solo un segundo. Pero Jungkook lo vio.
Algo cruzó esos ojos oscuros. Algo cansado. Algo furioso.
Taehyung desvió la mirada hacia la ciudad iluminada. —¿Sabes qué es lo peor de destruirte a ti mismo?— preguntó en voz baja.
Jungkook no respondió.
—Que llega un momento donde ya no sabes cómo detenerte— La respuesta cayó pesada entre ellos.
Jungkook sintió un nudo extraño en el estómago. Porque esa voz… ya no sonaba amenazante.
Sonaba triste. Y eso era infinitamente peor.
Taehyung soltó una risa seca. —Mírame. Hablando demasiado. Debes pensar que estoy loco.
—Los genios suelen estarlo.— respondió rápido Jungkook y sin pensar en lo que decía.
Taehyung giró lentamente el rostro hacia él. —Eso fue coqueteo o compasión.
—Ninguna.— dice serio el pelinegro
—Mentiroso— sonríe levemente Taehyung
Jungkook apartó la mirada de inmediato, molesto consigo mismo cuando sintió calor subirle al rostro. Taehyung se acercó un paso más. Luego otro.
Hasta que Jungkook pudo sentir el calor de su cuerpo incluso con el frío de la noche.
—Deberías mantenerte lejos de mí —murmuró Taehyung.
—Y aun así sigues acercándote — Frunce el ceño Jungkook.
Los ojos del mayor brillaron peligrosamente. —Porque tú también quieres acercarte.
Jungkook abrió la boca para negarlo. Pero no salió nada.
Y ese silencio fue suficiente.
Taehyung levantó lentamente una mano. Jungkook se tensó cuando los dedos rozaron apenas su mandíbula, limpiando una diminuta mancha de vino seco que había quedado cerca de su piel. El contacto duró apenas segundos. Pero fue devastador.
Jungkook sintió electricidad recorrerle el cuerpo entero. Taehyung observó el rastro rojo en la yema de sus dedos y sonrió con una oscuridad inquietante. —El color te queda bien.
Jungkook retrocedió abruptamente. —No juegues conmigo.
La expresión de Taehyung se endureció apenas. —No juego, Jungkook. Ese es el problema.
Y había tanta honestidad brutal en esa frase que Jungkook sintió miedo otra vez. Un miedo distinto. No miedo a que Taehyung pudiera lastimarlo.
Miedo a que pudiera entenderlo demasiado bien. Dentro de la galería, alguien llamó el nombre de Taehyung varias veces. El mayor cerró los ojos un instante, claramente irritado.
—Debería volver antes de que esos buitres comiencen a vender pedazos de mi alma por internet —murmuró— Entonces volvió a mirarlo. —Y tú deberías irte a casa.
Jungkook frunció el ceño. —¿Eso es una orden?
—Es una advertencia—Taehyung metió una mano en el bolsillo de su abrigo y sacó algo pequeño: una tarjeta negra, elegante, con un número escrito al reverso.La deslizó dentro del bolsillo del saco de Jungkook antes de que este pudiera reaccionar. —Si dentro de tres días todavía sigues pensando en mí, llama.
—¿Y si no llamo? — Lo retó el pelinegro nuevamente
La sonrisa de Taehyung fue lenta. Hermosa. Terrible.
—Lo harás — Después se marchó.
Y esta vez, Jungkook no intentó detenerlo. Se quedó solo en la terraza, con el viento helado golpeándole el rostro y el peso de aquella tarjeta quemándole el bolsillo como una marca.
Porque en el fondo sabía algo horrible. Ya estaba perdido.