Capitulo 1
Un día antes, el reino estaba teñido de negro. Con banderas en todos lados: desde las casas más humildes, establecimientos de comercio, el templo y todas las casas ostentosas, hasta las torres de las altas murallas que circundaban el territorio del reino.
Pero hoy esa oscuridad había sido cambiada a blanco y rojo. El anuncio de un nuevo inicio y los deseos de prosperidad.
Porque el rey ha muerto y su sucesor está siendo coronado en el plazo de tiempo dictado por la tradición.
El joven rey, la estrella naciente del reino de Infernalis, con 19 años es coronado, aplaudido y vanagloriado por la nobleza invitada a la ceremonia en el palacio y, fuera de los blancos muros, por los siervos de su reino.
Una ceremonia se divide en dos. Jolgorio en las calles, música y bailes de los plebeyos. Y un evento más privado, elegante y ostentoso para la realeza local y visitantes.
El nuevo rey, solitario en su trono, mira las caras de quienes festejan con diminutos bocadillos en las bocas o delicadas copas de licor en sus manos, risas y comentarios que no llegan con claridad a sus oídos.
Es desagradable.
Solo un día de luto a su padre... En realidad, menos tiempo debido a los preparativos para este día.
Y eso se ganaba un gran rey... Ese sería su propio final. Vaya mierda.
Y en medio del segundo evento, el anuncio llega; el nombramiento de quien ha llegado, de su futura esposa, la próxima reina: el primogénito de la casa Alistair.
Se levanta de su ahora trono. Lo supo desde hace unos pocos meses mientras su padre seguía enfermo en cama, pero aun en este día, seguía pareciéndole risible.
Un pasillo queda delimitado en medio del salón por los mismos invitados. Alastor, un niño de solo 6 años, adornado como una pequeña muñeca, camina por él, arrastrando los holanes de la parte trasera de su traje negro y rojo, simulando la cola de un vestido de novia.
Era pequeño, pelirrojo... De brillantes ojos carmín fijos al frente, en él. El pequeño prodigio en la magia de las sombras de la casa Alistair.
Un pequeño muñeco con vida es lo que aparentaba, de extremidades delgadas que sobresalían del corto pantalón que vestía.
Un pequeño omega, de tenue aroma, que no tenía la edad ni siquiera la resistencia suficiente para mantenerse despierto durante esa celebración completa.
El rey mira con más atención al pequeño desfilar. El niño no da pasos en falso a pesar del evidente tacón alto en sus botas; no hay miedo ni curiosidad en su mirada por quienes lo rodean sin dejar de observarlo... ¿Cuántas veces le habrán hecho repetir esta actuación sus padres?
—...
—...
Ese pequeño muñequito no muestra dudas al acercarse a su rey y prometido de dorada mirada, y quien le triplica la altura y edad.
El joven rey se inclina, algo no planeado y que escandaliza las mentes de sus consejeros. Su rodilla derecha toca el suelo de mármol, no importándole manchar su blanco pantalón.
Extiende su mano, tocando la diminuta del niño. Toca un mechón del rojizo cabello en ese impecable peinado y lo lleva tras la oreja del niño, sonriendo cuando consigue que parpadee. Cuando menos estaba consciente y no en un hechizo de trance para este espectáculo.
—... —lo ve morderse el labio levemente, quizás reprimiendo su intención de girar hacia sus padres, lo que indicaba que tampoco ellos habían esperado este actuar del rey—. Alastor Alistair —pronuncia, callando las voces en el salón—. Yo seré tu alfa y tú serás mi omega y reina.
—Yo seré tu omega y tú mi alfa y rey, Lucifer Morningstar —responde el pequeño sin duda en la voz y con la suficiente fuerza para ser escuchado sin gritar.
El rey lleva su mano contraria sobre la pequeña, envolviéndola por completo antes de que una luz se filtrara entre las ranuras de sus dedos. Un pequeño calor y firmeza envuelven el pequeño y delgado dedo anular. Aparta su mano dejando ver al niño el anillo dorado que ahora adornaba su mano.
Por primera vez mostrando asombro y un brillo de curiosidad en esos grandes ojos carmín.
Porque era la primera vez para Alastor presenciando lo que solo había leído en libros de leyendas olvidadas y escuchado en relatos antes de dormir: la prohibida magia de creación.
Aplausos resuenan por todo el salón. Vitoreos hacia el rey, hacia su próspero futuro y el del reino, hacia su pequeño prometido y futura reina.
Lucifer se levanta sin soltar la mano de Alastor y por un momento lo mira de reojo, al sentirlo aferrarse a él con sus diminutos dedos.
—No tengas miedo —menciona bajo y solo para el pequeño.
—No tengo miedo —replica sin mirarlo de inmediato, pero al hacerlo su mirada lo delata esta vez. Claramente sus padres solo lo habían hecho ensayar su entrada y su aceptación al compromiso.
—Entiendo. Qué niño tan valiente eres.
No vuelven a intercambiar palabras. Incluso cuando alguien se acerca para hablar con el rey, Alastor se limita a sonreír y asentir a los corteses halagos que le dan, dejando claro para Lucifer que esas sonrisas eran otra cosa que había estado ensayando su pequeño prometido.