Prólogo
C: Hola. Qué bueno que apareciste.
No importa cómo llegaste, si buscabas algo entre la basura o simplemente te quedaste encerrado con nosotras. Total, nosotras no nos vamos a mover. Ni aunque nos prendan fuego. Bueno. Todavía.
Lo que vas a ver no es un catálogo de moda, aunque las luces de neón del atelier hagan su mejor esfuerzo por convencerte de lo contrario. Hace una semana ocurrió la tragedia. Cynthia, la obra maestra indiscutida, la perfección hecha porcelana, se rompió. Las otras seis hermanas siguen por ahí, cada una rumiando su luto a su manera.
¿Llorar a la reina de porcelana? Total, ya sabemos que ninguna es humana.
Sí, hablo en rima. El encierro hace cosas raras.
En fin: ellas creen que son estrellas. Que tienen un destino. Que la vida empieza y termina en la vitrina donde el diseñador las dejó paradas. No entienden que, para el resto del mundo, somos perchas de lujo. Adornos caros. Maniquíes, en definitiva — aunque a alguna no le guste esa palabra.
Hay algo raro esta noche. Ruido a secretos. Pasos en la oscuridad que no deberían estar dándose. Y te aseguro que la tragedia de Cynthia va a terminar siendo el menor de nuestros problemas.
Quedáte. Yo ya sé cómo termina todo.