Chapter 1
Capítulo 1: La noche que lo cambió todo
Lucía tenía una vida feliz.
Era una niña de ocho años que creía que el amor lo podía todo.
Creció rodeada de abrazos, de palabras dulces y de una madre que le enseñó que el mundo podía ser un lugar hermoso.
Y durante mucho tiempo… lo fue.
Pero hay noches que no se olvidan.
No importa cuánto tiempo pase.
Y esa… fue una de ellas.
Era 12 de agosto.
Estaba en casa de su tía Rosa, junto a su otra tía Fernanda y sus primas.
Su mamá llevaba días en el hospital, acompañada por otra tía, y aunque nadie decía mucho… el ambiente se sentía extraño.
Esa noche, algo no estaba bien.
Ya estaban acostados, pero nadie podía dormir.
Era como si el silencio pesara más de lo normal.
Todos estaban sentados en la cama, despiertos… esperando algo que no sabían nombrar.
Hasta que alguien tocó la puerta.
Su tía fue a abrir.
Era su papá.
Lucía lo miró con una mezcla de alivio y confusión.
Pero él no dijo lo que había ido a decir.
Solo preguntó si estaban bien.
Y se fue.
Así, sin más.
Pasó un rato.
Un rato que se sintió eterno.
Y volvió.
Esta vez… no pudo evitarlo.
Dijo lo que nadie quería escuchar.
Su mamá había muerto.
Lucía no entendió.
Miró a su alrededor buscando respuestas, pero solo encontró lágrimas.
Sus tías lloraban.
El aire se volvió pesado.
Todo cambió… pero ella no sabía cómo.
Se acercó a su prima Sole.
—¿Qué está pasando? —preguntó, con la voz temblorosa.
—Murió nuestra abuela… —le respondió.
Pero esas palabras no tenían sentido en su cabeza.
Nada lo tenía.
Así que se sentó en el piso.
Y sintió algo que nunca había sentido antes.
Vacío.
Los días siguientes pasaron como una sombra.
Llegó el funeral.
Y todavía… no entendía por qué.
Se acercó al ataúd con pasos lentos.
Como si en cualquier momento alguien fuera a decirle que todo era un error.
La vio.
Ahí.
Quieta.
Distinta.
Le dolió.
Le dolió de una forma que no sabía explicar.
Tenía una flor en sus manos.
La apretó fuerte… y con cuidado la dejó sobre las manos de su mamá.
—Mami… háblame —susurró—. No me dejes.
Pero no hubo respuesta.
Porque ya no estaba.
Salió corriendo.
No podía quedarse ahí.
Entró a la casa, fue directo a la habitación de su mamá y se subió a la cama.
Se acurrucó como siempre hacía cuando tenía miedo.
Como si eso pudiera hacer que todo volviera a ser como antes.
Como si su mamá fuera a entrar en cualquier momento.
Pero no pasó.
Nunca pasó.
Su tío Pedro entró a la habitación.
Lucía lo miró con los ojos llenos de lágrimas.
—¿Dónde está mi mamá? —preguntó—. ¿Por qué no está acá?
Nadie sabía cómo responderle.
—Despertame… —dijo entre sollozos—. Despertame de esta pesadilla, por favor…
Pero no era un sueño.
Y ese día…
Lucía no solo perdió a su mamá.
Perdió su mundo.
Ese día no solo enterré a mi mamá…
también enterré la vida que conocía.